Oficio del cantor: una despedida a Palo Pandolfo

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El abrazo de La Pulseada a ese artista de corazón sin medida. 

Por José María Calderón
Fotos: Luciana De Michelis

En una búsqueda inmediata el algoritmo arrojará que el primer éxito artístico de Palo Pandolfo fue una canción que versó sobre la esperanza de una llegada que lo cambiara todo, una pequeña oda de expectación al amor. Ella Vendrá (Don Cornelio y la Zona) se hizo imperecedera y su trascendencia ubicó a Palo en un lugar de justo reconocimiento como compositor pero a la vez de cierta incomodidad personal.  El techo que otros proyectaron sobre su figura comenzó a aplastarlo, entonces pensó en desmarcarse. No sería la primera vez en repetir el truco.

La última canción que vio la luz y grabó junto a Santiago Barrionuevo, llamada Tu amor, trata directamente sobre la consagración del amor como elemento de salud universal. La cristalización de un sentimiento que lo guió desde siempre y lo presenta sin rodeos. Intuición y acción como respuesta artística y política, una constante que acompañó su camino irrumpiendo como una necesidad primaria y que luego talló como un orfebre que sabe cuál es su misión: construir el oficio del cantor.

Doble de cuerpo

No existió un lado B de Palo. La estrategia, el off the record, las bambalinas fueron categorías sin peso real en su desarrollo artístico. Fue un poeta sin manual, chamánico, crudo y visceral. El arrebato y la calidez convivieron sin filtros en su obra. No existió un Pandolfo para publicar y otro para editar; su arrojo no permitía el photoshop.

La desmesura para comunicar sus ideas convivió con la claridad para conceptualizarlas.  Las canciones de Palo están plagadas de contraseñas, llaves para explorar mundos y hacerse nuevas preguntas. El compromiso era el de compartir universos a través de películas, libros, autores, movimientos y política, sin necesidad de mostrar las cartas con las que jugaba. Un barrido atento marcaba una hoja de ruta que contenía una visión del mundo. La exponía primero con su cabeza y por supuesto con el cuerpo.

Fue un poeta sin manual, chamánico, crudo y visceral (…) La desmesura para comunicar sus ideas convivió con la claridad para conceptualizarlas

Era un trovador urbano y como tal la interpretación era su apuesta. Aparecía como un trueno con la criolla, “a pelo”, las comisuras blancas y un grito desde las entrañas. O se subía, en banda, con la eléctrica colgando de modo desprolijo, acordes abiertos, baile concreto y comunión con la orquesta. Todo ese dramatismo, toda la escena se cortaba con una carcajada intensa, en cuotas, los rulos hacia atrás y la mirada angelada de un tipo tierno y voraz.

Antojo

Aún en la etapa de Don Cornelio, en los 80, atravesado por el post punk, la new wave y cierta atmosfera dark, Palo emprendió una búsqueda para encontrar una voz personal. Quería hacer música argentina, encontrar en las palabras, el ritmo y la estructura un modo original de decir. En el periodo Cornelio su lírica está marcada por las imágenes oníricas y la crudeza del cotidiano.  La excitación y la paranoia. Un caldo urgente siempre a punto de explotar. “Crecimos en plena dictadura, éramos más bien darks: represión, autodestrucción, ambiguedad”. Excesos, salvajismo y caída.

Palo quería hacer música argentina, encontrar en las palabras, el ritmo y la estructura un modo original de decir.

En la etapa con Los Visitantes, los 90,  profundizó sobre ritmos rioplatenses, letras más luminosas y un espíritu de comunión que no abandonaría. “Cada persona se mide por el tamaño de su corazón” parece ser la síntesis de un camino colectivo, frase clave de Estaré y la foto de un momento creativo y expansivo.

El paso siguiente y para siempre sería edificarse como un cantor criollo, un trovador que puede hacer un disco de versiones donde conviven Radiohead, Elvis Costello, Silvio Rodríguez, Bob Marley y David Bowie para ir por más, hacer canciones junto a la orquesta de tango Fernández Fierro y explorar su camino con músicos de la nueva camada buscando “la fuerza joven”. Su pasión por esos cruces entre origen y vanguardia lo llevaron a rescatar las figuras centrales del rock argentino y explorar en artistas under del presente.

Asiduo visitante de la ciudad de La Plata, podía trazar una genealogía entre la Cofradía de la Flor Solar y las nuevas bandas de la escena sin acalambrar a nadie con postulados definitivos. Un interés genuino por saber qué pasó y qué estaba pasando con la música y un poco más allá con la cultura. Cultivó a lo largo de su vida no sólo un público, sino una comunidad compuesta de amigos, periodistas, fotógrafos y gente curiosa. Anulaba la distancia, apenas con un gesto.

Cultivó a lo largo de su vida no sólo un público, sino una comunidad compuesta de amigos, periodistas, fotógrafos y gente curiosa. Anulaba la distancia, apenas con un gesto

Uno de esos gestos sucedió en el festival Ciudad Alterna, año 2014, en La Plata. Palo había ido a presentar su libro de poesía y de modo absolutamente casual se subió a compartir escenario con los Peligrosos Gorriones, viejos compañeros de aventuras. Palo era un volcán. Tocaron juntos Playas Oscuras y al bajar del escenario, visiblemente eufórico, le dijo a alguien “viste ese pibito al lado del escenario, se sabía todas la canciones! ese es el legado”.

Palo Pandolfo en Ciudad Alterna (La Plata) junto a Peligrosos Gorriones.

Palo se fue. Narró su vida con lucidez y vehemencia. Ante lo inevitable tratamos de encontrar algún sentido para ponerle texto a lo indecible. En La Pachamama una canción bellísima dice: “Místico tiene que ser un hombre de acción, para desarrollar su espiritualidad”.

En el lugar que se desvaneció, la gente armó una especie de altar. De manera espontánea, silenciosa pero cercana, dejaron una muestra de amor sin estridencias, sin farandulización, una despedida espesa y luminosa. Murió un tipo que sentíamos cerca, que transformó la vida de muchos y que escribió en Cenizas y Diamantes una imagen para recordarlo siempre: “Parado aquí escucho las voces, son cantos de gloria, sonidos secos, son ríos huecos”.

El corazón de Palo

por Verona De Maestri

Si cada persona se mide por el tamaño de su corazón, el de Palo Pandolfo es sin medida. Era abril de 2002 y el país implosionaba luego del estallido y antes de la resurrección, cuando llegó a La Plata para participar de la presentación de La Pulseada, esa revista con cara de niña, metáfora de ese país que debía reinventarse.

La publicación soñada por un cura y un puñado de periodistas ateos y creyentes que se hizo elegía y mantra.

Muchos de los que estuvieron tienen memoria floja y no hay más registro que los retazos de esos recuerdos que se enciman para la construcción de esta breve semblanza colectiva que a la vez es un agradecimiento.

Algunos cuentan que estuvo genial y otros aseguran que a los pibes de Baruyo no les gustó, porque escuchaban otra música.

Esa noche en el Centro Cultural Malvinas tocó Palo, en eso todos coinciden. También en que la que firmaba los autógrafo sobre la tapa del número 1 era la Negri.

Desde hoy, Palo, estarás adónde salga el sol y beberemos de todos los colores cantando.

 

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