Construyendo poder en tierra tomada

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136-TatuUna organización de médicos voluntarios Tatu trabaja una nueva concepción profesional: voluntariado en los asentamientos y barrios tomados. Junto a los vecinos y arquitectos, ayudan a levantar salitas y centros de salud.

Por Lucía Medina

El aula magna de la Universidad de Lanús está llena de abuelos, padres, madres y niños de todas las edades. Sobre el escenario, una chica de 14 años, vestida con un pantalón deportivo, remera y en ojotas, interpreta una pieza de Chopin en su violín. Es una alumna de los talleres de oficio que la Universidad de Lanús dicta los días sábados y hoy celebra su cierre anual. A los talleres asisten 265 chicos del asentamiento 17 de Noviembre de Lomas de Zamora. Gino Stafaroni, director de Propuesta Tatu y encargado de articular con esta casa de altos estudios, se emociona al recordar esta escena: “Que una nena de una toma de tierra toque así el violín es maravilloso. Y es faltarle el respeto al sistema. Porque le faltamos el respeto al sistema cuando somos capaces de construir autónomamente”.

Propuesta Tatu nació en el año 2005 con la llegada a la Argentina del primer grupo de estudiantes de medicina graduados en la Escuela Latinoamericana de Medicina de Cuba (ELAM). Hoy son una organización autónoma, conformada por profesionales de la salud, psicólogos, dentistas, estudiantes, y personas de otras disciplinas como docentes y trabajadores sociales. Llevan adelante actividades de promoción y prevención de la salud en villas y asentamientos que surgieron de tomas de tierra en el conurbano bonaerense, con el objetivos de genera organización.

Tatú es como llamaban al ‘Che’ en el Congo; el nombre de la organización es también consecuencia de la solidaridad cubana, donde estudian unos 900 argentinos becados, como miles de jóvenes latinoamericanos.

Médico sin guardapolvo

La base de Propuesta Tatu está en esta nueva concepción de médico, algo que nace de la formación que reciben los estudiantes de medicina en Cuba, en donde se los educa como profesionales populares. En estos barrios, los médicos voluntarios caminan sin guardapolvo blanco. Para ellos es una forma de levantar esa barrera entre médico y paciente, intentando llegar a toda la gente.

Los médicos que participan de la propuesta buscan trascender lo biológico y trabajan de manera colectiva sobre la prevención y promoción de la salud. Atienden a vecinos sin cobertura, entregan medicamentos; sin recibir remuneración alguna porque creen en el trabajo voluntario. Se sustentan con el salario que cobran de sus trabajos en hospitales, y esto les permite destinar uno o dos días a la semana para visitar un asentamiento. Y todos los materiales con lo que trabajan son donaciones: desde los medicamentos que reparten, hasta la pintura con la que mejoran una salita.

Stafaroni es un hombre de unos 60 años, de estatura baja, con bigote entrecano y lentes gruesos que lo hacen ver como a un médico. Es contador, trabajó en un hospital y una de sus cinco hijas fue becada para estudiar medicina en Cuba. Hoy trabajan juntos en esta propuesta. Por eso sabe que el rol que tiene un médico en el barrio requiere de mucha responsabilidad. “Si yo digo que voy a una salita a las dos de la tarde, no puedo llegar dos minutos tarde. Porque esta gente está cansada de que le falten el respeto. Está cansada de que la usen y la lleven a marchas que no tienen nada que ver con ellos. A esta gente hay que respetarla, porque hay que construir dignidad”, explica.

Las herramientas que tienen los médicos, los arquitectos o los asistentes sociales como profesiones no abundan en un asentamiento o una villa. Pero también es importante el vínculo humano que se crea entre los miembros de Propuesta Tatu y los vecinos de los barrios. “Para los vecinos que viven en estos asentamientos, los médicos que trabajan en los barrios son sus médicos. Y no los toca nadie. Se crea un sentido de pertenencia con ellos, porque nunca antes un médico los atendió. Y esto se debe a que las salitas y los hospitales públicos son expulsivos. Pero acá, el médico, el asistente social, el arquitecto, es su amigo. Porque viene a su casa. Es el que lo atiende, el que lo escucha, el que comparte. Y eso no existe en otro lado. Desde el aprender a querernos, podemos ayudar a la gente”, dice el profesional.

Construir con los vecinos

La organización de Stafaroni entiende a la salud como una herramienta más en el camino a generar organización y participación popular en las tomas de tierra. A diario trabajan con los problemas y la falta de condiciones materiales que impera en estos asentamientos precarios, donde no hay luz, no hay cloacas, y muchos menos agua corriente. Tampoco entra la policía ni las ambulancias, no hay escuelas ni comisarías.

Actualmente, Propuesta Tatú opera en el barrio porteño de Lugano; en el Ceibo, un barrio de 25 mil habitantes en Burzaco; en Florencio Varela, donde comenzó a atender en sus comienzos; en el asentamiento 17 de Noviembre de Lomas de Zamora; y en Fiorito, para chicos de la Fundación “Che Pibe”.

“En Villa Cartón, una villa construida por la Ciudad de Buenos Aires debajo de la autopista, había dos comedores a los que asistían un total de 900 chicos. A veces el almuerzo era una porción de pizza y un vaso de agua. Y empezamos a ir a atender en ese barrio, lo hacíamos en los comedores, en el lugar donde se guardaban las papas y las cebollas”, recuerda Stafaroni. Caminando por ese barrio un día se encontró con una sala de atención médica que estaba cerrada con candado y que había sido construida por el gobierno de Mauricio Macri. “Hablamos con la gente y decidimos tomarla. Hicimos arreglos de electricidad. Llevamos la pintura y los vecinos la pintaron”, recuerda.

Los profesionales que trabajan en Propuesta Tatu saben que es posible construir poder con la gente. Que si el Estado no cumple su rol, la gente puede cumplirlo. Y este pensamiento lo ponen en práctica a diario en todos los barrios en los que trabajan. En la villa 17 de Noviembre, el barrio que surgió luego de la toma de tierras en Puente La Noria, los miembros de Propuesta Tatú construyeron una salita de dos pisos junto a los vecinos. “Hay que crecer a la par de la gente, ellos ponen la mano de obra y nosotros conseguimos los materiales. De esta forma son participes y se apropian. No sirve de nada ir a hacer las cosas por la gente”, asegura Stafaroni.

“Las madres que apenas terminaron el primario se pueden convertir en enfermeras. Después hay que ver que utilicen bien ese poder, porque tiene un poder. Que no le cobren a sus vecinos por tomarles la presión, explicándoles que hay un médico que trabaja todo el día y después viajan dos o tres horas al barrio para atenderlos gratis. Se trata de entender a la gente, no pretender que la gente nos entienda a nosotros”, concluye Stafaroni.

La toma de 2008

La dificultad de acceso a la vivienda constituye uno de los principales problemas que afecta a nuestro pueblo. El 17 de noviembre de 2008 miles de familias realizaron la toma de tierra más importante de los últimos tiempos ocupando unas 70 hectáreas abandonadas desde hacía años. Sobre Camino Negro, a pocas cuadras de Puente La Noria, estas 5 mil familias le dieron vida al “Barrio 17 de Noviembre”.

Stafaroni recuerda esa toma como un momento terrorífico: “Eran 25 mil personas. Las madres, los padres, y los chicos con sus cosas salían corriendo y tomaban un pedazo de tierra. Una tierra llena de agua. Tomaban lo que podían, después se las distribuían y se organizan o intercambiaban con familiares y vecinos”.

Los voluntarios de Propuesta Tatu trabajan con el programa de alfabetización cubano “Yo sí puedo”. Docentes y asistentes sociales asisten a estos barrios todas las semanas; además de brindar atención médica, realizan talleres de dibujo, plástica y actividades recreativas con los más chicos.

Sin embrago, para Stafaroni y la gente que forma parte de esta organización, no todo está perdido. “Tomar una tierra es violencia, subsistir ahí todos los días desconociendo si te echan o no te echan es violencia. Es una sociedad de violencia. Hay una necesidad de contener y guiar a los niños que es inmensa. Yo personalmente creo que hay que trabajar sobre los niños y sobre los jóvenes porque son el futuro. Y creo que podemos construir otro mundo”.

Espejos en la Universidad

Gracias a la gente de Propuesta Tatu, hace cinco años que los chicos del barrio 17 de Noviembre cursan talleres de oficio en la Universidad Nacional de Lanús. El primer año de los talleres, Stafaroni y su esposa acompañaban a los chicos todos los sábados en tren hasta la universidad. Apenas ingresaban en el edificio, automáticamente, los varones corrían al baño de hombre y las chicas al baño de mujeres. Gino y su esposa no entendían como todos podían tener ganas de ir al baño al mismo tiempo. Un día los siguieron y descubrieron que las chicas se peinaban, y se maquillaban; los chicos también se lavaban y se peinaban. En los baños de la universidad había espejos, había agua corriente e inodoros. Cosas que en sus casas no tienen.

“Ver el choque entre esos dos mundos, es terrible. Porque ellos también tienen derecho a tener todas estas cosas”, dice Stafaroni. “Pero ese chico comienza a ver otro mundo porque va a la universidad. Están orgullosos de eso. Y sus familias están orgullosas de que sus hijos vayan a la universidad”.

El programa cubano

A partir de los huracanes George y Mitch en 1998, que afectaron no sólo a las economías de los países centroamericanos sino que ocasionó la pérdida de miles de vidas, Cuba desarrolló un Programa Integral de Salud, enviando brigadas de médicos y paramédicos a los lugares más afectados. Este fue el origen de lo que es actualmente la ELAM, en la cual se forman gratuitamente jóvenes de distintos países (mayoritariamente latinoamericanos pero también de África y Estados Unidos) que no tienen la oportunidad de realizar sus estudios allí. El objetivo es formar Médicos Generales Básicos, orientados hacia la atención primaria de salud a partir de una preparación no sólo científica sino también humanista, ética, solidaria e internacionalista; capaces de intervenir dando respuesta a las necesidades de cada región. Se apunta hacia la formación de seres humanos capaces de aportar desde sus prácticas a transformaciones sociales y comunitarias, materializadas en mejores indicadores de salud, calidad de vida y bienestar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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