La sorpresa de lo impertinente

08032016 notifoto  un grupo de mujeres se disfrazo de brujas para  rememorar el dia de la mujer mientras caminaban por plaza san martin y el centro con canticos foto dolores ripoll
“Señor, señora: no sea indiferente, se mata a las mujeres, se mata a las travestis, en la cara de la gente”. Foto Dolores Ripoll

El 8 de marzo, acompañando el Día de la Mujer, una grupa de mujeres artivistas-  Las AmAndAs- intervinieron en el espacio público. Empuñando escobas de paja, sus voces, al pulso de un mantra,  envolvieron a los curiosos y ocasionales transeúntes. Entrevista con su impulsora, Diana Fainstein.

Por Paula Bonomi

Arroz con leche vamos a buscar,
 a aquellas compañeras que quieran soñar.
Que crean en sí mismas,
que salgan a luchar,
y conquistar sus sueños de más libertad.

Diana Fainstein es psicóloga social, coordinadora del Laboratorio de Teatro Espontáneo y Teatro Foro de La Plata, feminista e impulsora de la Colectiva aRtivista Las AmAndAs. En esta entrevista, cuenta que esta experiencia no es aislada, que conmueve y que busca sensibilizar la capilaridad social en un contexto donde las violencias crecen y donde las mujeres, las personas trans y travestis, son víctimas sistemáticas de femicidios y crímenes de odio. Un fenómeno que continúa sin obtener una respuesta contundente y transformadora, con políticas públicas integrales. A pesar de los diagnósticos y las denuncias, muere una mujer cada 31 horas y la Justicia se empecina en revictimizar a las víctimas y amparar a los violentos.

-¿Cómo nace el grupo de mujeres artivistas Las Amandas?
Nosotras somos una colectiva independiente e inestable de aRtivistas, una grupa de mujeres autoconvocadas por causas vinculadas con los derechos y empoderamiento de las mujeres, movilizadas por las injusticias, la violencia y la falta de equidad en general y particularmente en relación al género. LAs AmAndAs nace a partir de una convocatoria que hago a algunas mujeres que entrenan en el Laboratorio de Teatro Espontáneo y Teatro Foro que coordino y se consolida a partir de las intervenciones callejeras por el “NiUnaMenos”. Entrenamos para trabajar sobre escenas que son narradas por el público o semimontamos una estructura que, al modo de la performance, permita intervenir las calles y otros espacios públicos bajo la premisa de “sorprender, intervenir y desaparecer”. Confiamos en el efecto disruptivo de esa consigna.

-¿Qué significa ser artivista?
En el mundo muchas personas y colectivas canalizan su activismo a través del arte. Nuestra forma de manifestación es a través de la herramienta con la que nos expresamos creativamente, devenimos aRtivistas. Es una herramienta muy intensa, poderosa, movilizante.

-¿Cuál es el tipo de encuentros o entrenamientos que realizan?
Nuestros encuentros de trabajo se nutren de saberes, pócimas y elixires chamánicos, escenas, imágenes, textos feministas, múltiples poéticas, deseos, proyectos, danzas, improvisaciones, discusiones y otros estímulos a los sentidos. Llamamos entrenamiento al ejercicio sobre escenas, sensaciones, problemáticas propias y sociales a través de técnicas que nos permitan estar presentes en la intervención. Estar presente en la acción performática es estar convencidas, con la calidad de presencia que se está en una marcha o manifestación reclamando apasionadamente lo que nos corresponde. La experiencia previa nos indica que los dispositivos como el teatro espontáneo, el teatro de las oprimidas y de los oprimidos son asombrosos y facilitan trabajar con problemáticas sociales y comunitarias en grupos, en instituciones, en funciones, en las calles y espacios públicos.

-¿Es una decisión que el grupo esté integrado sólo por mujeres?

-Sí, es una decisión. En lo particular tengo mucho tiempo de trabajo sólo con mujeres y advierto que creamos una suerte de intimidad espontánea que nos permite compartir algunos acontecimientos que no comunicamos en otros grupos. Marcela Lagarde habla de sororidad, una hermandad-solidaridad a la que se llega mediante el trabajo y la reflexión. Me atrevo a decir que no todas las integrantes están atravesadas por una mirada feminista, suelen pararse en la dicotomía feminismo versus machismo o la falacia de la integración en función de igualar. Y cuando digo falacia, es porque en los grupos integrados, los varones sostenidos por sus privilegios, suelen copar la palabra e inclusive dar cátedra, suponiendo que las mujeres no tenemos ese conocimiento u omitiendo que lo tenemos. El trabajo que realizamos permite vincular con la idea de una sociedad patriarcal y descubrir las propias miradas feministas aunque las mujeres no sepan  que las tienen. Si la cultura es patriarcal, la asimetría de poder es una de las condiciones y está naturalizada. Los temas que nos reúnen son los vinculados a derechos, empoderamiento de las mujeres,  violencia de género, derechos sexuales y reproductivos, interrupción legal del embarazo, equidad.

-¿Por qué eligieron intervenir en el espacio público/de lo público?

Porque son los lugares en que la sorpresa, algo de lo “impertinente”, dispone a escuchar y atender de otro modo. Interpelamos a esas personas que están en la parada del colectivo, en el bar, caminando por las calles, en el hall de un cine. Las conmovemos con una idea que en ese momento no las atravesaba, y en general, pueden identificarse. La acción performática tiene un carácter inolvidable. Por otro lado, las intervenciones duran aproximadamente 5 minutos y se replican en distintos lugares, tienen la capacidad de intervenir “al paso”. Podríamos ejemplificar diciendo que una persona que ejerce la docencia siempre del mismo modo, parada delante del grupo-audiencia hablando, va a ser tenida en cuenta de otro modo si un día despliega una acción diferente, una acción que sorprenda y convoque a atender.

¿Este tipo de expresiones artísticas son necesarias para trabajar en el territorio?
-A esta altura pienso que son imprescindibles. Hay que repensar no solo qué hacemos o decimos sino cómo lo hacemos, qué metodologías utilizamos. En cada territorio hacemos una adaptación que nos resulte apropiada para ese contexto y ese momento. El dispositivo está integrado por técnicas que permiten hacer diagnóstico y luego intervenir; agudizar la escucha para crear estructuras teatrales con las que las personas puedan identificarse, conmoverse y así compartir buscando soluciones apropiadas a problemáticas repetidas. Trabajar con esas personas en lugar de para esas personas. En Buenos Aires hay una colectiva de aRtivistas que se llama Mujeres de Artes Tomar, ellas hacen un ciclo que se denomina Marzo, Mujer y Memoria. Estamos en contacto con ellas. En Bolivia hay experiencias riquísimas, podría citar a María Galindo y Mujeres Creando que dicen “Nuestra venganza es ser felices”. Ellas también intervienen en diversos espacios públicos como  las puertas de las fiscalías y juzgados, interpelan a toda la sociedad.

-Desde tu experiencia personal ¿qué te ha provocado, qué genera y que te devuelve el trabajo con mujeres? Con muchas seguro podes compartir la herramienta teatral, lo artístico, pero quizás no las ideas políticas.
-El arte es una poderosa herramienta política. Disentimos en muchas cuestiones, acordamos en las fundamentales que son las que he enunciado como temáticas. En lo singular me renueva la pasión, me flexibiliza, me induce a repensar-me, me entusiasma, me hace sentir parte, me renueva el amor y la fuerza. Me realiza esta posibilidad de trabajar, de bucear en lo que hay entre el activismo y el arte.

-Parece que nada alcanza para erradicar los femicidios, la trata de personas, los travesticidios, la desigualdad. ¿Qué nos falta como sociedad para poder transformar esta realidad tan persistente?
-Falta trabajo, mucho trabajo, menos enunciación y más acciones que sensibilicen y movilicen. Utilizo mucho el término conmover, mover del lugar. Tenemos leyes muy interesantes como la ley de Educación Sexual Integral, aprobada en el año 2006, sin que se aplique. Si no comprendemos que es una función de todxs (familias, estudiantes, docentes, no docentes) exigir su aplicación, permanecemos en una posición de esperanza pasiva. La esperanza debiera ser activa. Cada conversación, cada encuentro, cada noticia, cada publicidad, cada obra de arte, cada programa televisivo nos da oportunidad de repensarnos y reposicionarnos. Algunas naturalizaciones no son más que violencia, la TV es un muestrario de violencias hacia las mujeres. Así construimos subjetividades.
-¿Qué sensaciones te deja ser parte de una colectiva artivista en acción?
-Atesoro los ojos brillantes, cargados de lágrimas de muchas mujeres que se acercan. En la primera manifestación por el “NiUnaMenos” había organizaciones y partidos políticos, pero también había muchas mujeres y niñas que no pertenecían a esos colectivos. Se las veía portando un cartelito que tenia la consigna escrita, asentían con sus gestos y se emocionaban con la performance. Interacción con las personas que se detienen y nos rodean, escuchar que repiten las frases como “aborto si, aborto no. Eso lo decido yo”. Algunas veces hemos sufrido agresiones verbales, sobre todo desde los autos, hubo varones gritándonos. Algunos nos dicen brujas, término que ellos consideran ofensivo y nosotras reivindicamos. También nos ha ocurrido que jóvenes conmovidas por la acción se nos acerquen a compartir algo que les ha ocurrido o les ocurre. Para este último 8 de marzo salimos a intervenir con un Escobazo cuyo objetivo es barrer injusticias. Es un acontecimiento que ya habíamos desplegado con un grupo de feministas en el año 2002. El origen se vincula a dos mujeres anarquistas, Virginia Bolten y Juana Rouco Buela, que en 1907 generan un escobazo en el marco de lo que se conoce como la Huelga de inquilinos. En Buenos Aires, hace ya varios años, lo organizan las Mujeres de Artes Tomar en su ciclo “Marzo, Mujer y Memoria”. La primera acción la desplegamos cuando la marcha de las organizaciones y partidos políticos llegaba a casa de Gobierno, acá en La Plata. De ahí salimos a intervenir en esquinas, paradas de colectivos, puertas de bares y algunos sitios emblemáticos de la ciudad como la Confitería París o los Tribunales.

 

La joven de la rambla de avenida 66

“Estábamos en la rambla de avenida 66 y calle 10 ensayando para la intervención del 8. Esta vez invitamos a participar a compañeras y amigas, otras mujeres a participar que no están en el grupo. Nos reíamos porque no lográbamos repetir al unísono ‘somos las nietas de las brujas que la iglesia no pudo quemar’. Estábamos con las escobas, casi de noche y pasó caminando una chica, jovencita, con unos bidones de agua vacíos. Se detuvo, se quedó mirando el ensayo. Cuando nos dimos cuenta estaba llorando. Fuimos a abrazarla, la invitamos a sumarse a la  intervención, le contamos qué hacíamos. Se tranquilizó y se quedó observando. Luego habló en privado con una de nosotras y se despidió sonriendo, con los ojos emocionados.  Ella es otra víctima de violencia.” (AmAndAs)

*

“Caminamos en silencio, en manada. No somos un ejército, no marchamos. Somos una manada, irregular, un pulso único, un andar juntas, acompañándonos. Caminamos con la alegría de mirarnos, de vernos reflejadas en los ojos de las otras; las mujeres nos organizamos, sentimos esa fuerza. Interpelamos a las personas con la voz, con la mirada, con el cuerpo. Seguiremos brindando el alma, seguiremos gritando que estamos hartas de que nos maten, si tocan a una, nos tocan a todas” (AmAndAs)

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