Hasta la victoria siempre, Norita

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Esta semana nos dejó Nora Cortiñas, solidaria incansable y Madre de todas las luchas del pueblo. Se la despidió con el amor y la pasión que despiertan los liderazgos populares en el Microestadio de la Mansión Seré.

Texto  Ana Cacopardo

Fotos Selección del archivo de Ana Cacopardo

¿Cuál historia contar de Norita? La pregunta resuena mientras se agolpan imágenes e instantáneas de esta mujer extraordinaria que caminó la historia colectiva de la Argentina para transformarla y transformarse.

“Exactamente la mitad de su vida: mi papa desapareció cuando Norita tenía 47. Y durante otros 47 años ella lo estuvo buscando”. La cuenta redonda la ensaya Damián, nieto de Norita e hijo de Gustavo Cortiñas secuestrado un 15 de abril de 1977.  Conversamos en el microestadio del predio de la Mansión Seré, en Morón donde la cola para despedirla es interminable y habla de su capacidad infinita para expandir y abrazar luchas sociales variopintas. Desde las plazas feministas al reclamo de las madres contra el gatillo fácil. Desde Japón al Kurdistan. Desde el México zapatista al Brasil de Lula. Desde el reclamo de justicia por Rafael Nahuel hasta las primeras marchas que denunciaban la desaparición de Luciano Arruga.

Como siempre en la intersección del gran relato de la historia, están nuestras historias. Las pequeñas, las que finalmente se imponen en nuestra memoria

Pero como siempre en la intersección del gran relato de la historia, están nuestras historias. Las pequeñas, las que finalmente se imponen en nuestra memoria. Las que circularon en la vigilia que despidió a Norita y se materializaron en camisetas, cartas, banderines, afiches y objetos que la gente le ofrendó armando en torno a ella un círculo brillante y de colores. Como los colores de los pañuelos que comenzaron a acompañar el emblemático pañuelo blanco. Antes de cada acto, Norita iniciaba el ritual de los pañuelos: el verde del activismo feminista, el naranja de la separación Iglesia-Estado o el de los siete colores de la wiphala. “En esos pañuelos están tus definiciones, tu lugar en el mundo. ¿Cuáles son tus luchas?” le pregunté alguna vez. “Lucho contra la explotación de un ser humano por otro ser humano. Soy anticapitalista, un poco socialista y otro poco anarquista. Y también lucho contra la cultura patriarcal”. Junto con esa definición Norita ensayó la memoria larga de los pañuelos y recordó que el blanco nació en una peregrinación a Luján, durante la dictadura, cuando las madres de desaparecidos usaron pañales para encontrarse y llamar la atención de la prensa y los peregrinos.

“Lucho contra la explotación de un ser humano por otro ser humano. Soy anticapitalista, un poco socialista y otro poco anarquista. Y también lucho contra la cultura patriarcal”

Ofrendas, como historias, en la vigilia que despidió a Norita. 

Nadie quiere irse del microestadio de Morón. A Norita se la despidió con el amor y la pasión que despiertan los liderazgos populares. Entre los colores de la improvisada capilla ardiente están los del fútbol: hay varias camisetas y una pelota. Norita era de Boca pero le importaban las peleas que dan las pibas. “Ahora que las chicas avanzan en el fútbol hay que acompañarlas” dijo cuándo nació el Norita futbol club.

¿Qué historia contar?  ¿Cuándo la detuvieron y en el patrullero  se comió el boleto de avión de Chicha Mariani? ¿Cuándo en plena dictadura  fue a Mansión Seré con el cuento de comprar la casa para un geriátrico? ¿Cuándo participó de los primeros Encuentros de Mujeres? “Yo fui criada con una matriz machista” afirmaba Norita que a los 19 años estaba casada, era ama de casa y modista. Recordaba risueña los enojos de Carlos, su marido. “Qué tiene que hacer una Madre de Plaza de Mayo en un taller sobre sexualidad”. Así se fue haciendo feminista y se impuso como una suerte de rockstar de la marea verde.

¿Qué historia contar de Norita? ¿La de las esperas? “Muchas veces esperé a mi hijo en las fiestas. En la navidad del ’77 le compré mocasines y un jean.  Me quedé toda la noche mirando por la ventana. Incluso cuando después nos mudamos, buscamos que la casa que compramos tuviera una puerta de entrada similar a la vieja, por si Gustavo volvía desmemoriado”.  Gustavo Cortiñas fue secuestrado en la estación de trenes de Castelar. Norita nunca dejó de buscarlo. Así politizó su maternidad y nos enseño a desafiar el miedo. Así fue ensanchando su horizonte y el nuestro. Esa fue su forma de buscar a Gustavo y de entender su legado. Lo buscó en cada lucha justa y se convirtió en la Madre de todes. “Lo único que no pude es hacerme peronista como Gustavo. Por eso le pido a mi nieto Damián que se cuide y sea mejor peronista”

Caminó junto a Osvaldo Bayer, Adolfo Pérez Esquivel, Alberto Santillán, Carlos Cajade, Vanesa Orieta, Sergio Maldonado o Diana Sacayán. Junto a las Madres del Kurdistán y las Madres de Soacha en Colombia. Acompaño a las Madres de Ituzaingó de Córdoba o a la Asamblea “No a la mina” de Esquel. Desde la herida infinita de la desaparición nos enseñó la pelea inclaudicable por la justicia sin renunciar jamás a la alegría y la esperanza. La risa luminosa de Norita estallaba todo el tiempo. No habrá forma de recordarla sin la picardía cómplice que acompañaba cada una de sus ocurrencias.

La risa luminosa de Norita estallaba todo el tiempo. No habrá forma de recordarla sin la picardía cómplice que acompañaba cada una de sus ocurrencias

Nunca hubiéramos querido despedirnos de Norita. Su presencia era algo así como la constatación de estar dónde había que estar. Una brújula ética y amorosa. Pero ese día llegó y sentimos una profunda orfandad. Norita lo dio todo y más. Partió a los 94 años y nos dejó un legado que habrá que honrar en estos tiempos difíciles. Por suerte pudimos abrazarla y aplaudirla a rabiar en cada plaza. Y se fue sabiéndose amada. Hasta la victoria siempre, Norita.

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