El seleccionado de la solidaridad

Todo el aparato multimillonario comercial que montó la Copa del Mundo Rusia 2018 ya está desarmándose. Los mensajes que endiosan al fútbol hasta un peligroso extremo mientras la sociedad busca salir de una de las crisis sociales y económicas más severas. Esta nota pone el acento en cómo con los valores de la solidaridad y la creatividad la gente puede canalizar una ayuda y ganar otros partidos.

Por Gabriel “Colo” López

La cabeza es una funda que le aprieta las orejas, logrando el cometido de cubrírselas casi por completo, aunque el frío atmosférico es mucho y el calor se fuga por sus zapatillas de tela, por las extremidades de sus dedos, y como corolario está su nariz colorada como la de un payaso. El joven de no más de dieciocho años pasó a buscar su ración de comida, llegó haciendo ruido con los cubiertos como si tuviera un redoblante, canta pero su voz es débil y no gambetea la pregunta. Al contrario, arrima la cara como un boxeador que pretende escuchar mejor a quien lo estaría desafiando.

–¿Te gusta el fútbol?
–El fútbol es mi vida, pero no la Selección Argentina, aguante el equipo del que soy hincha.

–¿De quién sos vos?
–(Sacude la cabeza, como dando a entender que nunca podrán saber cuánto siente por esa camiseta que es idéntica al diseño de la que usan Messi y compañía). ¡Aguante San Martín de Los Hornos!

Como le esperan varios minutos hasta que le sirvan en el tupper, agrega una sonrisa y se predispone a otro diálogo.

El fútbol es ese espectáculo al que no le hace falta agregar mucho ruido, porque lo tiene todo. Ni exagerar matices, porque se encarga de replicarlos, en cada partido, o entre la misma hinchada. Es el show que tomó de las narices para llevar frente al aparato de TV a millones de seres humanos, de los pueblos más recónditos, durante ese dúo de meses del medio del calendario, donde hay -de este lado del planeta Tierra- que “atajarse” del frío.

Pero la “fiesta del fútbol”, la que en los estadios sólo viven unos pocos (condimento que suele ingresar en la mesa de conversaciones de la política global), nos volvió a confundir un poco en su peloteo de propagandas, de mensajes periodísticos, de noticieros con comunicadores que se prodigan en descomunicar. ¡No es un país en once camisetas! Están en orsai. A lo sumo, se trata de un combinado deportivo, con embajadores muy profesionales que atienden un juego, y que coinciden en un buen momento para ser elegidos por una o dos personas que planifican cómo superar a otros que quieren lo mismo. Habría que explicarlo y no cansarse ni pecar de reiterativos: son equipos y no naciones, es un juego y no capítulos de un batalla.

El football, para el inglés; el fudbal, del bosnio; el futbalo, del esperanto; vio pasar una nueva Copa del Mundo. Mientras, en la Argentina (la real, no la de 90 minutos, ni de tres o cuatro días que se prodiga en vestirse súper nacionalista) La Pulseada rescató otros “valores” que se jugaban cada semana, para hacer mejores acciones.

La organización barrial Bombas Pequeñitas del Barrio Aeropuerto

¡Vamos, vamos, Argentina! (¿a dónde?)

Croacia nos metió tres goles y muchos se tomaron la cabeza aterrados por el error del arquero Wilfredo Caballero. A la tarde de aquella jornada le quedaban varias horas libres, con cierta depresión popular… Vale detenerse mejor en las manos -un par de almas caritativas, apenas media docena- de quienes el 2 de junio -unos días antes de la inauguración de Rusia 2018- inauguraron la Organización Barrial Bombas Pequeñitas.

Están en el Barrio Aeropuerto, sobre la calle 608 entre 115 y 116, compartiendo la merienda y los abrazos. Tienen la escuela de lo aprendido en varios años de paso por el Hogar de Cajade. Son un fruto de la asamblea de niñeces que en 2017 participaran en la marcha “El Hambre es un Crimen”. Eso sí es un crimen, y no salir a pelear con el técnico por el mal partido contra los croatas.

Lucía González Vedio, una militante dela Asamablea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de La Plata, pidió a los vecinos, a cualquier argentino o a Dios, que están necesitando pintura, sillas, bancos, almohadones y material de librería para que los pibes dibujen y pinten más”.

Donaciones a los teléfonos 221 15 3097196 (Polaco), 221 15 5058520 (Lucas) y 221 15 428-0540 (Lucía).

Rojo fue un ángel, pero hay muchos más

Cuando la Selección clasificó ganándole 2 a 1 a Nigeria, con agónico gol del platense Marcos Rojo, parecía que el ángel era él. La sensación o la ilusión de felicidad disfrazó por unas horas la cruda realidad y tapó con goles el verdadero riesgo país.

Hubo un lugar, en Tolosa, donde también se salió a festejar a la vereda con las banderas albicelestes. Pero en ese mismo espacio después sigue una misma realidad: chicos que no tienen una familia que los contenga, que les explique cómo hacer las tareas escolares o no saltarse la merienda. La voz es de Pablo Pérez, un coordinador que siguió pidiendo “papas y fideos”. Están en 116 y 530, en Tolosa, más conocidos como “El Refugio del Angel” donde se asiste a quienes tengan de 2 a 12 años.

El celular 221 (15) 566-9819 sigue impreso en almacenes y lugares público con el deseo de recibir donativos.

Parte del grupo de las “Sacheteras”

La buena leche viene en sachets

En un rincón de la capital bonaerense descubrimos que el ingenio criollo realmente no tiene comparación con ninguna cultura. Un grupo de mujeres se dedica a fabricar bolsas de dormir con sachets para gente en situación de calle, además de capas de lluvia y mantas aislantes.

La solidaria y ambientalista iniciativa se conoce como “La Sachetera”.

Mientras hay espacios periodísticos dispuestos a seguir hablando de la eliminación de la Argentina, muy pocos en este planeta hubieran pensado en este reciclaje, que bien les hace merecer el mote de “figuras”.

Terminó la esperanza, queda otra…

Cuando la potencia (en varios sentidos) Francia llegó a golear 4 a 3 a la Argentina, muchos languidecieron pronto, como esa misma tarde de sábado de invierno en nuestra ciudad. Pocos salieron a las plazas, sólo un puñado llevó la camiseta puesta tras la eliminación. Mientras ello sucedía, Elina se comunicaba para contar qué está pasando con el Hogar Granja Esperanza, una asociación civil y entidad de bien público que ampara de forma permanente a varones jóvenes y adultos con discapacidad intelectual moderada, carenciados y que sufrieron abandono familiar.

Alrededor de quince personas conviven en la “casita” de calle 510 y 159, en Romero. Un punto fundamental del cambio que genera en los pacientes se explica en la estimulación que genera el contacto con la naturaleza y el cuidado de la huerta

Están necesitando alimentos no perecederos y artículos de limpieza.

Según se informó, se puede colaborar económicamente con una cuota mínima de 50 pesos, enviando a la dirección de correo electrónico hogar_granja_esperanza@yahoo.com.ar 

¿Quien relatará mejor?

Ya sin Víctor Hugo Morales para llevar adelante transmisión de equipos rioplatenses (Uruguay quedó afuera en la tercera fase), la ciudad de las diagonales sí puede decir que, durante ciertas tardes, hay bellos relatos que se encargan de organizar los narradores sociales, tal como se autodenominan quienes van a contar cuentos a hospital, cárceles y hogares de tránsito.

Recientemente celebraron el noveno aniversario y están avalados por la Biblioteca Central de la Provincia de Buenos Aires.

El frío de estar afuera de todo

El Abrigomóvil en las calles de Tolosa

La Argentina de Sampaoli no estuvo a la altura de las circunstancias y tuvo que salirse de la ruta. Y al mismo tiempo que armaba las valijas para la vuelta a Ezeiza, en nuestra región salía a las pistas una camioneta a la que bautizaron “Abrigomóvil”. Cargada de donaciones iba al encuentro directo con la gente que está padeciendo el frío por estar en situación de calle.

La experiencia funcionará durante todo julio. Existe una fan page La Plata Solidaria donde se puede aportar más ropa de abrigo o frazadas .

Las experiencias permiten constatar que la solidaridad es una característica que así como abunda tiene cierta dosis de originalidad. A propósito de las bajas temperaturas, hubo quienes se organizaron y convocaron por redes sociales a quienes tuvieran condiciones y ganas de tejer, para donar unos cuadraditos de lana de 20 por 20 centímetros. La intención es unirlos y fabricar coloridas mantitas. Esta “jugada” se armó con la ayuda de comerciantes que pusieron a disposición un espacio de sus locales céntricos para recibir los pequeños trabajos.

Los triperos solidarios

Por otra parte, en nombre del Club Gimnasia y Esgrima La Plata, un puñado de socios se unió aprovechando que no había fútbol de Primera y tomó el 3 de junio (fecha del aniversario 131 de la institución de sus corazones) para salir a repartir buzos azul y blanco y frazadas. También a acompañar a los niños y jóvenes de los barrios donando un tiempo para charlar y compartir una chocolatada con torta. “La cantidad de personas en situación de calle creció y los más afectados en la última inundación no han recibido la ayuda necesaria”, decían los

sanguíneos integrantes del grupo solidario tripero.

¿País paralizado?

Como si no existiera la vida, como si con el encuentro quedáramos aislados de otras necesidades inherentes al sentir de un ser humano, podríamos desmistificar alguna frase que los medios de comunicación se encargaron de usar hasta el hartazgo al jugar el seleccionado argentino: ¿“Se paraliza el país”?

Claudio Frontini, en su taller de arreglo de calzado. En la tele Argentina intenta infructuosamente ganarle a Islandia

Para saber si realmente es así bastó que La Pulseada atravesara la ciudad durante el partido del debut, cuando costó tanto empatar con Islandia.

Claudio Frontini, de 56 años, continuaba trabajando la suela de un calzado en el taller que atiende desde hace más de 30 años en un pequeño local de diagonal 74 entre 8 y Plaza Italia. Tenía la TV encendida con el partido en volumen bajo, mientras a diez metros trabajaba y escuchaba blues. “A mí me interesa el ciclismo y las carreras de aventura”, manifestó mientras mentalmente ya contaba los días para el próximo Tour de Francia.

En la zona de la Terminal de Omnibus, mientras el 0 a 0 seguía firme, Silvina López sostenía con una mano el secador y con la otra manejaba un cepillo en su peluquería. “Me da lo mismo el fútbol, no voy a dejar de trabajar por mirar a la Argentina, aunque mi marido tenía la picada en casa y me decía que me quede”. De las cinco personas presentes, cuatro mujeres y un joven, éste sostenía su celular sobre una oreja al mejor estilo radio Spika.

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