El Hogar de Cajade canta los 30

126-HogarTres jóvenes que viven hace una década en el hogar de Villa Garibaldi que está cumpliendo tres décadas pelaron cuaderno y lapicera para tirar la posta. Su historia pesada desde chiquititos y lo que significa ser un pibe de Cajade.

Pisamos diciembre. Otra vez pisamos diciembre. En unos días será Navidad. Ahí estarán las luces de colores, los arbolitos, los cuetes, las sidras y los panes dulces. Una noche que tenía un poco de todo eso, en Berisso, Carlos Cajade iniciaba su camino de lucha sin tregua por un país con infancia. ¿Cuánto hace de esa Navidad que el Cura compartió con pibitos que no tenían dónde dormir y que no sabían qué se festejaba? Treinta años. Tres décadas de la semilla del Hogar de la Madres Tres Veces Admirable.

En estos casi 13 años de La Pulseada hemos escrito muchas veces sobre la historia del Hogar, que con los años se transformó en una Obra enorme, con hogar convivencial, cuatro centros de día y varios emprendimientos productivos, entre ellos esta revista… Hace diez años, en estas mismas páginas hablaron Sandro, Margarita y Fernando, los hermanitos que pasaron esa navidad de 1984 con Cajade, en el fondo de un ranchito, detrás de un monte de yuyos y árboles que el cura resignificó años después como un “pesebre”. Esos tres chiquitos y sus otros hermanitos, Beto, Cachito y Alejandra, vivían más en la calle que en otro lado, escapando de un padrastro ex policía torturador en la dictadura que los golpeaba y les pedía plata.

¿Qué decir hoy? ¿Desde qué lugar hablar? Ese mismo año, una década atrás, cuando Carlos Fanjul, entonces director de esta revista, reunió a Cajade con esos hermanitos que ya no eran tan chicos, llegaban al Hogar tres pibes: los hermanos Mariano y Daniel, y Néstor. Un hincha de River rapero con sueños de periodismo. Un hincha de Boca con sueños de cantante de ópera. Y un Pincha rapero, luchador y habilidoso delantero.

¿Qué decir hoy, entonces, ahora que volvemos a pisar diciembre? Les propusimos a ellos que nos ayuden y estas páginas son suyas. Los tres se sentaron en la placita del Hogar de Villa Garibaldi, entre calesitas y subibajas, a escribir en un cuaderno rojo firmando con apodos raperos, qué es ser pibe de Cajade. Compartimos esas páginas que hablan de infancias recuperadas, agarradas a los árboles para no ir a la escuela, educadores “que no son tu vieja” y la necesidad de pelearla día a día.

Néstor, Mariano y Dany

“Para nosotros ser pibe de Cajade es: pelearla todos los días, acostumbrarse a estar con pibes nuevos todo el tiempo, a que la persona que te marca los pasos no es tu vieja, aprender a compartir todo, seguir el legado que dejó el cura, cargar todo el tiempo con tu historia, entender que con las cosas que te pasaron no sos un pibe común y corriente, cuidar lo que tenés y entender que una vez que crecés sos ejemplo para los demás chicos… Un paso a seguir, ponerse la meta que es progresar, contar con las enseñanzas que nos dejaron en cada paso dado”.

Dany (Peke)

“Llegué al hogar a los 6 años con mi hermano Mariano. Somos de Ensenada (Villa Catella), vinimos por problemas familiares. Mi abuela había fallecido, fuimos a la casa de mi tío Cacho y el hijastro nos maltrataba. Mi hermano se escapó para la villa cerca de ahí y yo como era muy chico, me tuve que quedar. Después, por medio de mi prima (Valeria), que conocía a Carlitos Cajade, fuimos a visitar el Hogar y en la semana nos fuimos a vivir con una educadora que se llama Cecilia. Desde el día que vine me sentí muy cómodo, conocí muchos chicos como yo, con problemas y sin embargo la peleamos día a día”.

Néstor (Nael)

“Llegué al Hogar a los 7 años porque mis viejos no podían tenerme. Vivíamos en Los Hornos, con mis demás hermanos y tres de ellos que eran más grandes que yo ya estaban viviendo en el Hogar. Ellos fueron al Hogar por medio de un amigo que trabajaba en Chispita, donde mis hermanos iban a comer. Cuando llegué al Hogar, con mi hermana Mara, el cura y mi educadora nos recibieron muy bien. Al principio tenía timidez, pero después de un tiempo me acostumbré y me agarraba de los árboles porque no quería ir al colegio. Estoy muy orgulloso de tener la vida que tengo y le doy gracias a Carlos Cajade por ayudarme tanto a mí como a mis hermanos”.

Mariano (Mapuche)

“Me crié con mi hermano, mi abuela, mis primos y mi tío Cacho. A los 7 años nos fuimos con Dany a lo de mi tío Cacho. El hijastro nos pegaba, entonces me escapé y pasé un año en la villa, hasta que me encontró mi prima que conocía a Cajade (“El CURA”) y nos mudamos al Hogar. Desde los 9 años me crié en mi casa: La Obra. Ahí conocí a mis mejores amigos, pasé por la casa de Cecilia, Jesica, Lidia, Caty (dos semanas), el Chino, Graciela, unos días en la casa de Myriam y ahora vivo en lo de Estela. A los 14 me di cuenta de que quería ser periodista y ya era vocero del Hogar. Conformo el grupo de hip hop (VGH Clan), participo de La Pulseada Radio y participé de Baruyo. Hoy me siento agradecido por estar acá y aprendí a tomar lo mejor de los educadores… Con su ayuda y la de Cajade, forjé mi personalidad y mis pensamientos, pero principalmente, lo más importante, recuperé mi infancia”.

No me bajo (fragmento de una letra de VGH; canción en proceso)

“En una noche y mil estrellas, yo busco mi soledad / Necesito pensar, razonar, qué camino quiero tomar, en no dudar cuando hago las cosas o quedarme con lo que me hace mal / Necesito pensar y razonar, lo que me de el futuro y que conmigo pienso formar, a pesar de las cosas que viví, no me importa el dinero, solo quiero ser feliz /

A pesar de lo pasado, en el camino no me bajo, sigo buscando el sueño, en un mundo donde no encajo. A veces me enrosco y no se a dónde disparar / Esto es lo que me tocó, pero sí puedo soñar y buscar lo que anhelo, porque tengo bien claro lo que en el futuro quiero / Llevo el talento y lo hago a mi manera y lo pienso hacer hasta el día que me muera, quizás llevo una sobrecarga, hago lo que me gusta y en eso encuentro la calma”

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