Del manicomio al mundo exterior

Trabajo de talleristas y voluntarios del Cisne del Arte
Trabajo de talleristas y voluntarios del Cisne del Arte

Hace 25 años, desde la “Casa de pre alta” del hospital de Melchor Romero se busca que los pacientes psiquiátricos vayan recuperando sus lazos sociales. Ya han pasado por allí cientos de personas externadas. “Les damos las herramientas para que puedan volver a relacionarse con el otro sin tensiones”, explica un profesional. Relatos de algunos protagonistas.

Por Daniel Rojas Delgado

Con paciencia, Miguel Godoy camina por los vagones del tren y se toma de las barandillas despintadas, equilibrándose, para ofrecer sus poesías a los pasajeros. Tiene 34 años, está en pareja y dedica bastante tiempo a cursar el secundario por las noches. Nacido en Quilmes, criado en Berazategui, llegó en 2003 al hospital neuropsiquiátrico Dr. Alejandro Korn, en Melchor Romero. La “Casa de pre alta” del centro médico, que conoció hace tres años, “te hace más liviana la carga de salir al mundo”, reflexiona sentado en la estación de trenes, con una gaseosa sabor limonada en la mano derecha.

El libro de Miguel. Pensamientos de poeta, en sus casi 100 páginas condensa una filosofía de vida “invisible a los ojos”, como dice Antoine de Saint-Exupéry en El Principito, una de las lecturas favoritas de Godoy. Mientras sus palabras le sirvan a alguien más ya se siente feliz: considera que lo que hace es un servicio.

—¿Te llevó mucho tiempo terminar el libro?

—Sí. Empecé cuando estaba adentro y afuera seguí escribiendo.

—¿Qué recuerdo tenés de cuando estabas internado?

—Para mí la vida es como una escuela. No todo lo que pasé fueron cosas malas: hay gente buena trabajando ahí. Además, mi mujer, que es mi musa inspiradora, me apoya mucho —agrega entre carcajadas.

“El hospital es un buen lugar para pasar por él, pero no para vivir”, dice el Dr. Jorge Pellegrini en el documental “Adiós al manicomio” (2005), dirigido por Pablo Moyano, donde se cuentan las transformaciones que sufrió un hospital psiquiátrico de la provincia de San Luis. En 1897, el médico y filósofo argentino Alejandro Korn, en su primer informe tras asumir la dirección del hospital de Melchor Romero, creado tres años antes, se quejaba: “Aquí se recogen los locos, pero no se curan”. Y se dedicó intensamente a que se los tratara “con el respeto que merece su estado”.

Hace 25 años, en la Casa de Pre Alta, un edificio antiguo de fachada beige ubicado en La Plata (en calle 56 N° 707, entre 9 y 10), comenzó a funcionar el primer centro de externación del hospital de Romero, por donde ya han pasado cientos de personas. En los primeros tiempos el establecimiento contaba con camas para pernoctar; ahora sólo abre sus puertas durante el día -aunque se siga llamando de “Pre alta”- y tiene 103 usuarios.

—No buscamos adaptar al paciente a la institución psiquiátrica sino adaptar la institución, según la personalidad y la historia de cada uno —explica, sin dejar de mover las manos, el licenciado Alberto Justo, jefe del servicio de Psicología del neuropsiquiátrico. Está sentado en su escritorio, en una habitación bastante pequeña, pintada de colores claros, en el primer piso de la casa de 56. En la pared hay varios cuadros del salteño César Ríos, que fue externado del hospital en 1997 y 14 años después realizó su primera exposición en el Centro de Investigación y Trabajo Analítico de La Plata. Durante la entrevista, algunos usuarios de la casa buscan a Justo para conversar con él, como una mujer a la que le dice que espere un rato:

—Termino de hablar y te voy a buscar. Esperame abajo, ¿sí?

—Tengo que contarte algo que te va a poner contento.

Con el tiempo, esa mujer ha aprendido a hacerse escuchar pacíficamente; antes “te daba una trompada si no le prestabas atención”, cuenta el psicólogo y psicoanalista.

—Sos una buena persona —le dice ella con una sonrisa, antes de bajar las escaleras para esperarlo.

Los que van a pre alta pueden tener el alta clínica o no, pero todos buscan, junto a los profesionales —formados en la universidad pública—, la forma más adecuada para recuperar sus lazos sociales. Los otros centros de externación de este hospital son el Pichón Rivière y el Franco Basaglia.

 Lanzarlos hacia el mundo

—El “para todos igual” aplasta a las personas que están largo tiempo en el manicomio —cuestiona Alberto—: es devastador tener los mismos horarios para comer, para tomar la medicación, para dormir.

—¿Y de qué manera intentan contrarrestarlo?

—Acá les damos las herramientas para que puedan volver a relacionarse con el otro sin tensiones. Y ante cualquier inconveniente, queremos que éste sea un lugar de referencia para ellos y sus familiares. Cuando alguien está demasiado insertado, la propia situación en que vive no le permite lanzarse hacia el mundo. En este sentido —compara el profesional—, los countries representan una situación curiosa: allí la gente se encierra sola, pero con más glamour.

El comedor está en un patio cubierto por chapas traslúcidas, tiene algunas plantas y en sus paredes verde agua hay una cartelera grande de corcho y pinturas realizadas en los talleres. Minutos después del mediodía suena un radiograbador pequeño y crece el olor a cigarrillo. Llegan varias personas que se sirven un plato de pastas y se sientan a almorzar, mientras otros se llevan la comida en una vianda o retiran la mercadería para luego prepararla por sí mismos. Algunos viven en las cinco casas de convivencia que costea el hospital, distribuidos estratégicamente según aconseje el equipo de profesionales. “Vamos a visitarlos cuando todos están presentes y hablamos de cómo mejorar la relación entre ellos”, comenta la psicóloga Antonella Garbet.

Mariana Tundidor, terapista ocupacional, habla de la “dignidad del riesgo” de los usuarios de la Casa, ya que es necesario darles oportunidades para que estudien, trabajen y se relacionen cada vez más con la gente de su entorno. Por eso, carpintería, pintura y marroquinería son algunos de los talleres que realizan en el establecimiento. También inauguraron una biblioteca y hace un tiempo comenzó a funcionar una DVDteca, a cargo de uno de los beneficiarios de la Casa, que asumió la tarea con entusiasmo y meticulosidad.

Al terminar la entrevista, Alberto Justo se levanta y señala una de las pinturas de César Ríos, “Náufragos”. A simple vista se ve la sombra de cinco personas que reman en altamar, pero al exponerla a la claridad, como si fuera una radiografía, se puede observar una fuente de luz muy intensa que sale del bote. “Esto es magnífico”, dice el psicoanalista.

Un continente sin manicomios

La doctora Cecilia López Santi trabajó en la Casa de pre alta 20 años antes de ser directora asociada de psiquiatría y psicología médica del hospital de Romero, donde continúa en la actualidad.

—¿Cómo reaccionó la comunidad platense cuando comenzaron con las externaciones?

—Al principio nadie sabía lo que hacíamos —bromea la profesional.

Después, cuenta, los talleres que emprenden fueron cambiando, y cree que avanzan hacia el cierre del manicomio. El neuropsiquiátrico cuenta con diferentes servicios, de corta, media y larga estancia. Es decir, se busca que los pacientes no queden internados de por vida; que los que están capacitados para salir salgan.

—Al externarse —destaca López Santi —, el tiempo vuelve a aparecer en sus vidas: aprenden qué colectivo tomarse o cómo llegar para tal hora al centro. En 1987 había en el Hospital 2.200 pacientes de larga estancia, mientras que al cierre de esta nota son 507. Pero remarca que la mitad de los pacientes supera los 60 años de edad.

En 2010, la Organización Panamericana de la Salud elaboró el documento “El Consenso de Panamá”, en el que propuso esta década como la “del salto hacia la comunidad: por un continente sin manicomios”. En Argentina, la ley nacional de Salud Mental (N° 26.657, aprobada y sancionada en diciembre de 2010, pero aún no reglamentada por el Poder Ejecutivo) impulsa a adaptar progresivamente los manicomios ya existentes hasta sustituirlos por dispositivos de inclusión social: equipos interdisciplinarios en los centros barriales y casas de convivencia, acompañamiento terapéutico y atención con internaciones breves en hospitales zonales. “Ese marco legal avala todo lo que venimos haciendo en cuanto a externación”, expresa López Santi.

El año pasado, el Fondo Nacional de las Artes, que depende de la Secretaría de Cultura de la Nación, otorgó $10.000 para financiar parte del documental “Los fuegos internos”, que cuenta las vivencias de cuatro ex pacientes dentro y fuera del hospital Alejandro Korn. El equipo de realización, integrado por usuarios y profesionales de la Casa de pre alta como por estudiantes universitarios espera poder estrenar el material este año. Las historias de los protagonistas de la Casa son innumerables, ya que cada uno deja allí su impronta, sus miedos, su potencial. Pero se puede destacar la de Miguel Godoy, sintetizada en uno de sus tantos poemas:

“Como la noche oscura era mi vida / por un momento, mi mente voló / mi cuerpo sintió muchos golpes / Cuando la noche estaba muy oscura / yo no podía ver / luego el sol salió / y desperté”.

 

Golpes de belleza poética

Desde agosto de 2006, con la coordinación de la actriz y profesora de teatro Laura Lago, comenzó a funcionar en la casa de pre alta el taller El Cisne del Arte, que propone actividades literarias, teatrales, plásticas y radiales. Un cisne simboliza la elegancia y la pureza, explican. En 2010 y 2011, a través del proyecto de voluntariado “ANDAR, hacia la inclusión social”, se sumaron alumnos de Antropología y de Comunicación Social, y desde 2008 reciben la colaboración de Diseño Activo, un programa de extensión de la carrera de Comunicación Visual de la Facultad de Bellas Artes de la UNLP. Ellos diseñaron el logotipo del taller y la revista “Eternos caminantes”, que imprimen en el Ministerio de Salud. En varias oportunidades pudieron exponer y vender sus publicaciones en la Feria del Libro Independiente y Autogestiva (FLIA) de La Plata.

“Me sorprenden los golpes de belleza poética que se reciben —plantea Laura, con efusividad y una amplia sonrisa—. Una vez propusimos la consigna de escribir qué representaba para ellos la experiencia del taller de arte. Uno de los participantes contestó: ‘Es un azote contra el desgano’”.

Más información sobre el taller El Cisne del Arte, en: arteylocura.wordpress.com

Casa de pre alta: 56 nº 707, entre 9 y 10 / Tel.: (0221) 4823330

Hospital: 520 y 175 / Tel. (0221) 4780181

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