Cabo Verde y el desafío de crecer sin someterse

Nota principal: Volver al útero de la tierra madre

Las diez islas de Cabo Verde se dividen en la región de Barlovento, que incluye Santo Antão, São Vicente, Santa Luzia (deshabitada), São Nicolau, Sal y Boa Vista; y la de  Sotavento, que abarca Maio, Santiago, Fogo y Brava. Pero existe la Isla 11, sin espacio físico concreto, formada por los miles de caboverdianos radicados por el mundo, desde Argentina a Nueva Zelanda, Brasil, Estado Unidos, Portugal o Mozambique.

Cabo Verde vive en una democracia parlamentaria, con una convivencia política que la ubica como uno de los países más avanzados políticamente del continente. Las diásporas están representadas en todos los niveles. Existe un diputado que representa a los caboverdianos residentes fuera del país, como así hay un ministerio de las comunidades a nivel ejecutivo. En la Asamblea General, nos recibieron representantes de las distintas fuerzas políticas. Fue el primer contacto con el Estado caboverdiano y muchos de la comisión argentinobrasileña tomaron la palabra: agradecieron y reclamaron. Reciprocidad cultural; mantener vivo el criol, que prácticamente desapareció en las colectividades argentinas; fomentar el intercambio de conocimientos y capacidades.

“La deuda externa alcanza el 85% del PBI nacional” reza un diario que alcanzó a hojear en una estación de servicio en Mindelo. Cabo Verde, como todos los países africanos que vieron la independencia en los ‘60 y ‘70, explotados por siglos y sin ningún desarrollo industrial, debió recurrir a los préstamos de los triunfadores de la Segunda Guerra (los mismos que la promovieron): la monarquía económica financiera, en cualquiera de sus caretas: los yanquis, la Unión Europea, la OTAN, la ONU, el Banco Mundial o el FMI. El neocolonialismo se hace a base de deuda, eso lo sabemos como argentinos y latinoamericanos que somos.

Cabo Verde no tiene industria, ni grandes recursos naturales. La sequía es letal para el desarrollo de plantaciones y las montañas están vaciadas. Su viejo patrón es el origen de la gran mayoría de sus importaciones: desde Portugal llega desde el agua mineral hasta la leche o la harina.

El principal recurso económico es la pesca. En San Pedro, playa de Sao Vicente, veinte hombres se suben a una barcaza para pescar en el mar. ¿Cuánto deben pescar, atiborrados en ese barquito, para dar de comer a 20 familias? El dinero que envían los caboverdianos residentes en el exterior a sus familiares en las islas, es moneda fresca y fuerte, y por lo visto mucha. Habla de una ausencia de estructuras económicas de desarrollo. La Isla 11 tiene un fundamento económico fuerte y se denota en las tan importantes recepciones oficiales. Cierra el podio productivo, el turismo. Las islas de Sal y Boavista, son un destino paradisíaco y económico para los europeos. En los últimos años, el Gobierno le dio un fuerte impulso, pero se nota en la infraestructura que todo es reciente.  Aclaración: el turismo es un servicio, no una industria.

La educación en Cabo Verde creció al ritmo de la democracia. Hasta 1960 solo existía un liceo de nivel secundario en las diez islas, considerando que entre islas los viajes son en barco de un día a una semana. Se encontraba en la isla de Sao Vicente, en Mindelo. Para 1990 había dos liceos en todo el país, mientras que hoy hay más de 40 liceos. La educación secundaria se paga. Cada familia paga la cuota en relación a sus ingresos.

El progreso de Cabo Verde viene a ritmo del mundo financiero europeo, Estados Unidos y China. A 40 años de su independencia, el desafío es la autonomía económica

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