Omar, el sistema y la última letra

Nota principal: Con Aguer hay una especie de Inquisición en La Plata

 “Omar estaba bien, tranquilo, había salido”, asegura Simone cuando se da cuenta de que la entrevista transcurre justo a la vuelta de donde lo mataron. El asesinato de Omar Cigarán, de 17 años, a manos de un policía de civil (La Pulseada 117) en 2013, le pegó fuerte porque, con una Asociación Civil de ayuda a jóvenes había entablado con él y otros una relación que dio sus frutos. “Me lo había llevado al ECAS, a un proyecto de equinoterapia. Como vivía en el Hipódromo sabía mucho de caballos y se hacía cargo de los que teníamos ahí —recuerda—. Habíamos logrado sacarlo de la calle, y creo que el sistema es en parte culpable de que haya vuelto, porque le dieron un ‘alta’ de un hogar semiabierto donde estaba bien, sin ningún acompañamiento o seguimiento después”.  Fue un amigo común el que, tiempo después, le contó que cuando lo mataron todavía llevaba la Tau que le regaló una noche e identifica a la última letra del alfabeto.

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