Las alas de Omar Cigarán

LPradio

Cuando estaba en situacion de calle, Omar participó de talleres. Le gustaba hacer cosas con madera
Cuando estaba en situacion de calle, Omar participó de talleres. Le gustaba hacer cosas con madera

Tenía 16 años y vivía en barrio Hipódromo. A los 8 dejó la escuela, por problemas de conducta. Tardó poco en conocer las drogas y el delito. La mano del Estado llegó recién cuando comenzó a tener conflictos con la ley. Omar fue asesinado en febrero: gatillo fácil. La Pulseada Radio habló con Sandra y Milton, su mamá y su papá, sobre la historia de su hijo, el reclamo de justicia y una cumbia que golpea.

El 27 de enero pasado, Omar entró a la casa cantando… “No digas que no te amé, ni digas que no te entregué, mi amor en cuerpo y alma. Es que yo daba la vida por ti, estuve ahí, nunca fallaba, si me entregaba…”. Cumbia. Omar venía de estar en la plaza Moreno en un recital del emblemático grupo santafesino Los de Fuego. Fue pocos días antes de ser asesinado por el disparo de un policía, en un supuesto intento de robo. Con esa canción, en La Pulseada Radio compartimos una charla con sus padres.

“Yo siempre digo que la historia de Omar la relató él mismo… Fue una historia a pulmón: todo lo que se hizo por él costó mucho, con la única ayuda de su mamá y sus hermanos —dice Milton, un uruguayo que llegó a La Plata en los ‘90, donde conoció a Sandra, que sería su mujer—. Omar hizo todo el esfuerzo que pudo, todo lo que le salió…”.

“Tuvo problemas de droga y con situación de calle —agrega—. Tuvo mucho conflicto con todo: con la ley, con su familia, con su barrio, con la sociedad en general. Fue un chico muy conflictivo, pero yo no hice todo el esfuerzo que hice porque fuera mi hijo, ni porque tuviera mi apellido: lo hice porque él lo valía como persona”.

Omar Cigarán fue asesinado el 15 de febrero, un día después de haber sido amenazado de muerte por la Policía. “Si hoy al guacho no lo entregás a la comisaría, mañana lo tenés muerto”, le dijo a Sandra un grupo de policías que entraron a la casa con itakas. Al día siguiente, al mediodía, Omar pidió una moto prestada, dio vuelta a la manzana, pasó por la puerta de su casa, le sonrió a su mamá, que estaba en la vereda, y se fue. Minutos después, una vecina les avisó que en 43 y 115 lo habían matado.

“Cuando llego lo encuentro a Omar tirado en el piso tapado con una bolsa… como si fuera una basura…”, recuerda Sandra. Según el relato policial, Omar fue baleado por un policía de civil que se resistió a un robo. Sin embargo, el defensor del fuero de Responsabilidad Penal Juvenil Julián Axat enmarca el hecho en un “clima de eliminación e impunidad”, por lo que pidió que se investigue la acción de la Bonaerense en el crimen de Omar y los de otros seis pibes baleados en circunstancias casi idénticas (La Pulseada 111).

“Omar no estaba solo —aseguró Sandra a La Pulseada Radio—, estaba con otro chico que nadie nombra. Él vino a casa a contarme lo que pasó y también me dijo que tenía miedo porque lo había amenazado la Policía. Por eso yo no sé si fe un posible robo o estuvo todo armado. Para mí, como mamá, lo armaron bien armado”…

“Yo amontoné 16 denuncias por persecución policial contra Omar —cuenta Milton—. La Policía lo levantaba por levantar, lo golpeaba. La realidad era que lo detenían para robarle lo que tenía”.

—¿Cómo está el barrio después de lo que pasó?

Milton: Los pibes no se ven. En la cuadra de casa es el segundo chico que matan. Los chicos se han desbandado y no ven tanto ahora… En realidad, a la inseguridad le habían puesto un nombre: Omar Cigarán. Su nombre había sido mencionado en una reunión entre el Servicio de Calle de la comisaría y las reuniones vecinales… Lo primero que generó inseguridad es el consumo y la venta de droga como si fueran golosinas. Ese grupo de vecinos que fueron e hicieron toda la movida por el tema de la inseguridad fueron mayormente funcionarios del hospital Gutiérrez. Justo el hospital Gutiérrez, donde desde hace 20 años salen pastillas a troche y moche, que son las pastillas que consumían Omar y todos los chicos del barrio.

—¿Cómo ayudó el Estado en la problemática de Omar con las adicciones?

Milton: El tema es que no hubo nunca un tratamiento; lo que hicieron fue remplazarle las drogas que consumía por otro tipo de pastillas, y lo que hacían es tenerlo dopado y encerrado. Mientras estaba encerrado, Omar era fenómeno, pero eso podía haberlo hecho yo, porque le compraba una cadena y listo. La contención que debía el Estado brindarle a Omar funcionó para sacarlo de circulación y que no hiciera ruido. ¡Yo recorrí tantos centros contras las adicciones con Omar..! Psicólogos, asistente social… Todas fueron soluciones momentáneas. En el momento en que Omar hizo ruido por algún tema lo derivaron ahí y después se terminó”.

“Yo sé que la misma Justicia que investiga es la que cubre todo”, dice Milton. “Ahora que Julián Axat hizo público el caso la causa se está moviendo un poco, pero…”, agrega Sandra, apretando un álbum lleno de fotos de su hijo. La bala del 15 de febrero no frenó la lucha de ambos por su hijo, una entrega absoluta que hasta los hizo perder sus trabajos. En un estudio de radio, en el mismo barrio donde nació, se crió y murió, Omar, se agarran de la mano para reclamar Justicia. Y poco antes de las 11 de la noche de un jueves vuelve a sonar “Muchas alas”, la canción de Maná que Los de Fuego hizo cumbia: “No me aceptaste como soy, y cada vez que yo extendí mis alas tú me las recortabas… Nunca quisiste aceptar, todos tenemos un pasado, pasado es pasado… Pero hoy el sol ya está saliendo, y sé que tengo muchos cielos por volar, y sé que el viento nos reparte a todos alas… El viento me hará volar”.

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