La Universidad y la Calle

La Facultad de Humanidades de la UNLP pidió a La Pulseada ampliar el sentido
de la perspectiva del informe publicado en el número de agosto sobre los pibes
que van a deambular, pedir plata o pasar el rato a las facultades. En esta nota, el
descargo de los profesionales del Equipo de Niñez de esa unidad académica.

Por: Equipo del Proyecto de Extensión FaHCE:
Niñez y adolescencia en situación de
vulnerabilidad: Dulce Pallero (psicóloga),
Luciana Qüin (trabajadora social), Paula
Talamonti, Juan Manuel Cisilino (sociólogos)
y Jerónimo Pinedo (sociólogo y secretario de
Extensión Universitaria FaHCE-UNLP)

Pibxs facultades dibujo

La presencia de niños/as y jóvenes transitando por los edificios de la Universidad como parte de su estrategia de supervivencia y recreación, habilita nuevos debates y experiencias. Desde hace mucho tiempo nuestra universidad no se restringe a la formación de profesionales y científicos, sino que además se ha constituido como un colectivo activo en la defensa de los derechos humanos. La extensión universitaria se ha mostrado como un ámbito propicio, con potencialidades transformadoras, muchas de ellas aun inexploradas. La creación de nuevas formas de abordar las problemáticas sociales y el encuentro con otros actores han sido uno de los procesos más estimulantes del desarrollo de esta función. La Universidad es una arena política atravesada por disputas y tensiones, y desde la extensión surgen procesos instituyentes que impulsan perspectivas innovadoras.

La niñez en situación de calle plantea una realidad dolorosa. Dentro de esta noción se alojan una diversidad de situaciones particulares, signadas por múltiples violencias, la necesidad de trabajar o conseguir dinero, la desvinculación o discontinuidad con la escuela, la precariedad en la alimentación y la salud, el hostigamiento policial, la segregación social y la estigmatización, que empuja a una vida desde “el margen”, criminalizada y patologizada. Sin embargo, quienes viven en esta situación no se colocan simplemente en el lugar de víctimas, encuentran los intersticios que les permiten concretar acciones individuales y colectivas. Entre otras acciones, la violencia interpersonal muchas veces expresa ese reposicionamiento subjetivo en un contexto de máxima adversidad generado por la propia violencia social enraizada en las desigualdades sociales. Cuando estos niños y jóvenes se vinculan con espacios no preparados ni destinados para ellos, como las Facultades, estas estrategias y modos entran en conflicto con los procedimientos institucionales rutinarios. Si asumimos la corresponsabilidad, como una obligación exigible a todas las instituciones y las personas adultas con respecto a la protección de los derechos de la niñez, entonces se nos plantea el desafío de imaginar, proyectar, adaptar e implementar dispositivos institucionales acordes.

En agosto de 2015, comenzaron a transitar por las Facultades un grupo de niños/as y jóvenes de entre 5 y 16 años que se hallaban en situación de calle. Se trataba de un grupo heterogéneo, con objetivos diversos: conseguir dinero pidiendo monedas en las aulas, adquirir comida en el buffet, encontrar espacios de contención y/o pasar tiempo de recreación en el predio universitario. Paulatinamente, algunos de ellos comenzaron a realizar pequeños hurtos, a mostrarse desafiantes y “amenazar” a estudiantes y docentes, encontrando un modo a través del cual podían hacerse visibles, recibir atención y expresarse. Diversas Facultades tomaron medidas frente a esto. En octubre la Facultad de Humanidades conformó un equipo interdisciplinario con los objetivos de establecer un vínculo con los niños/as y jóvenes, crear un lazo de confianza, realizar un diagnóstico sobre la situación de vulneración que atravesaban y colaborar con un plan integral de restitución de sus derechos elaborado por los organismos responsables del SPPDN.

Simultáneamente, la Pro-secretaría de Derechos Humanos perteneciente a la Vicepresidencia Académica de la UNLP, convocó a una mesa interinstitucional de la que actualmente participan las Facultades de Trabajo Social, Periodismo y Comunicación Social, Ciencias Naturales y Museo, Humanidades y Ciencias de la Educación y autoridades del Organismos Provincial de Niñez y la Dirección de Niñez del Municipio de La Plata. En dicha mesa, las facultades coordinadas por la pro-secretaría  presentaron múltiples informes solicitando intervenciones, al tiempo que brindaron datos concretos de los niños y sus familias para facilitar las actuaciones estatales, se pidió la elaboración de un Protocolo de Actuación por parte del Organismo Provincial y se presentaron una serie de “Criterios para la construcción de un Plan de Acción para  niños, niñas y adolescentes en situación de calle” con la exigencia de un plan integral de restitución de derechos para este conjunto. Además, en julio del 2016, por resolución del Presidente de la UNLP se aprobó el “Proyecto de Fortalecimiento de acciones de restitución de derechos de Niños, Niñas y Adolescentes en el ámbito de la UNLP” cuyo objetivo es implementar acciones que acompañen y fortalezcan las acciones que llevan adelante cada una de las Facultades involucradas en la mesa.

Durante el año 2015 las reuniones fueron infructuosas y los funcionarios desplegaron muy pocas acciones para restituir derechos y/o remover obstáculos que impedían su pleno disfrute. El cambio de gestión dilató la toma de decisiones, hasta que finalmente en agosto de 2016 los funcionarios presentaron un plan de acción con propuestas de política pública para la niñez en situación de calle en la región y abordajes singulares para cada niño y sus familias. Al mismo tiempo que se desarrollaron todas estas gestiones, los equipos de cada Facultad desplegaron estrategias de contención y acompañamiento de los niños/as valiéndose de los saberes profesionales, de los recursos institucionales y de la experiencia del movimiento social por los derechos de la niñez, del cual también somos parte.

Desde la Facultad de Humanidades se partió de considerar que a todo proceso de exclusión social se responde con estrategias de supervivencias comunitarias y personales. Esta advertencia evita que nuestras intervenciones profundicen la lesión de derechos, incrementen la vulnerabilidad psico-social y revictimicen a los sujetos.

Para ello fue necesario desplegar acciones en tres sentidos diferentes pero vinculados.

En primer lugar, se trabajó en la dimensión grupal y socio-comunitaria con los diversos integrantes de la facultad. Se identificaron una multiplicidad de imágenes construidas sobre los niños, atravesadas por la angustia de sentir que no se podía dar una respuesta satisfactoria al problema. Estas nociones son parte del imaginario social, contradictorio y difuso, que reproduce ideas normativizadas de la infancia ideal, la infancia peligrosa y la victimizada. Se habilitó un espacio de intercambio con estudiantes, docentes y no docentes que permitió drenar ansiedades y poner en circulación la palabra para pensar el conflicto que estábamos atravesando. A principios de este año ese espacio avanzó hacia una capacitación sobre niñez y vulnerabilidad, ofreciendo herramientas para poder pensar y actuar en contextos de alta complejidad. Así, logramos moderar las ansiedades de los distintos actores y disminuir notablemente la violencia vincular y los episodios disruptivos con los niños.

En segundo lugar, se asumió la tarea de realizar un abordaje predominantemente individual con cada uno de los niños para construir un lazo de confianza. Establecer contacto con aproximaciones directas para presentarse e intentar conocerlos y recabar información sobre ellos. En los casos de alta vulnerabilidad psicosocial, las estrategias defensivas tienden a cobrar características de elusión del contacto visual, el poco o nulo intercambio verbal para facilitar la “despersonalización” del otro y poder sostener intercambios de tipo agresivo. Fue fundamental tomarse el tiempo para que ellos pudieran determinar que el equipo no representaba una amenaza para su integridad personal y que las ansiedades persecutorias pudieran mermar y promover un posible contacto, aunque fugaz, con otros semejantes. La experiencia de vida en calle se entreteje a través de episodios de expulsión de los lugares públicos, agresiones, utilización para fines ajenos a los propios intereses a cambio de dinero, tóxicos u otros favores. Fue importante entonces, poder construir una figura de adulto que no respondiera a esas imágenes y donde primara el cuidado y una posición de ordenadores de las situaciones de modo no coercitivo. En tercer lugar, se buscó la articulación con los actores estatales para el armado de una red organizada que pudiera plantear objetivos explícitos e intervenciones concretas en distintos niveles y ámbitos socio-comunitarios e institucionales. Desde los equipos de las facultades de Humanidades y Trabajo Social se coordinaron acciones en relación a los niños que frecuentaban ambas unidades académicas y se elaboraron informes conjuntos presentados ante la Dirección de Niñez. Por otro lado, se iniciaron articulaciones con espacios socio-comunitarios de los barrios de los cuales provienen los/as niños/as, siguiendo la singularidad de cada uno, para desarrollar estrategias más amplias de contención y restitución de derechos. En la actualidad la estrategia de nuestra Facultad está haciendo fuerte énfasis en la intervención a través las herramientas de la extensión universitaria y el trabajo territorial.

Este recorrido intenta mostrar que es posible pensar, construir y desarrollar estrategias de intervención desde un paradigma de DDHH aun en un panorama político y social adverso. No cultivamos un optimismo romántico, pero creemos que la puesta en juego de mejores prácticas institucionales nos permitirá dar nuevos pasos en la lucha por una  infancia con derechos.

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