La crisis paraguaya: “Llora, llora urutaú…”

Lo que el canto plañidero del pájaro posado en las ramas del yatay –según los conocidos versos de Guido y Spano- lamentaría seguramente hoy es que ya no exista… el Paraguay democrático. La Pulseada dialogó en exclusiva con Rafael Romá, quien durante los últimos siete años y medio ocupó la embajada argentina en Asunción, sobre los motivos y las repercusiones del insólito “golpe de Estado parlamentario” que terminó con la presidencia de Fernando Lugo.

Por Carlos Gassmann

Enclavado en una región considerada entre las más inequitativas del planeta, Paraguay ostenta el triste privilegio de ser una de las naciones más desiguales. 61 años de dominio de Partido Colorado, que incluyen las tres décadas y media de dictadura de Alfredo Stroessner, dejaron como legado, en un país fundamentalmente agroganadero, que el 80% de las tierras fértiles estén en manos de apenas el 2% de los propietarios rurales.

Ante esta situación, las esperanzas de cambio se renovaron el 20 de abril de 2008, cuando el ex obispo católico Fernando Lugo, alineado con el clero progresista, ganó con claridad las elecciones presidenciales.

Pero los tibios avances alcanzados desde entonces se vieron bruscamente interrumpidos el 22 de junio pasado. Ese día –y a pesar de que sólo faltaban nueve meses para las próximas elecciones- el Congreso paraguayo sometió a juicio político y destituyó en tiempo récord a Lugo.

Las características casi ridículas del procedimiento -¡qué le asignó al acusado 120 minutos para preparar su defensa!- justifican hablar, tal como lo hizo el propio perjudicado, de un “golpe parlamentario con ropaje jurídico”.

Pese a la rápida condena de la maniobra por parte de los países de la región –que incluyeron luego la suspensión del Paraguay como miembro del Mercosur hasta que recupere la democracia-, el vicepresidente Federico Franco, del Partido Liberal, que desde hace tiempo se encontraba distanciado de Lugo, asumió inmediatamente el Poder Ejecutivo.

Se trató del vigésimo cuarto intento –esta vez, al fin, consumado- de someter a juicio político al ex obispo. El hecho desencadenante fue en este caso, una vez más, un conflicto en torno a la propiedad de la tierra.

El Congreso juzgó a Lugo por “mal desempeño de sus funciones” tras un violento enfrentamiento entre campesinos y policías producido en Curuguaty. El llamado grupo de los “carperos”, campesinos que ocupan tierras y arman allí sus tiendas (un movimiento tan estigmatizado por la gran prensa paraguaya como lo han sido los piqueteros enla Argentina), protagonizó una toma en un predio cuya propiedad se atribuye Blas Riquelme, ex senador por el Partido Colorado y miembro del grupo selecto de familias que se beneficiaron con miles de hectáreas durante el régimen de Stroessner. El episodio, que tiene todos los visos de haber sido deliberadamente provocado, terminó con once campesinos y seis policías muertos y significó el principio del fin para la gestión de Lugo.

La Pulseada conversó en exclusiva con Rafael Romá, embajador argentino en Paraguay desde 2005.

De extensa trayectoria política, Romá fue intendente de Ramallo entre 1983 y 1987; senador provincial por siete meses en este último año; ministro de Acción Social bonaerense desde 1988, durante la gobernación de Antonio Cafiero; vicegobernador de la provincia de Buenos Aires entre 1991 y 1999, durante la gestión de Eduardo Duhalde; diputado nacional por el ARI, liderado por Elisa Carrió y secretario de Desarrollo Social del gobierno porteño de Aníbal Ibarra entre 2003 y 2004.

Romá nos aclaró primero la situación planteada con la decisión de la presidenta Cristina Kirchner de retirar al embajador argentino después del golpe, acción que fue minimizada en sus efectos por las nuevas autoridades paraguayas, que afirmaron que mal podía nuestro país concretar esta medida en tanto el cargo se encontraba vacante. “Oficialmente yo seguía estando al frente de la embajada. Ocurre que con la cancillería argentina habíamos acordado que, después de siete años y medio de desempeño de la función, yo regresaría al país en corto plazo. Y eso estaba en conocimiento de las autoridades paraguayas”, señala el ex vicegobernador. Y agrega inmediatamente que “la decisión de condenar lo ocurrido en Paraguay y de retirar al embajador por parte de la presidenta significa que hasta que el país no vuelva a la normalidad democrática,la Argentinadejará su delegación diplomática en manos de un funcionario de la cancillería”. Este fue el resto del diálogo que sostuvimos con Romá:

-¿Coincide en que lo ocurrido en Paraguay es un “golpe de Estado”?

-Sí, coincido totalmente. Porque si bien la figura del juicio político está contemplada enla Constituciónparaguaya, es para casos excepcionales, y mucho más tratándose del presidente dela Nación.Encambio el parlamento la ha venido utilizando permanentemente como forma de presión y condicionamiento. Veintitrés veces, con anterioridad a ésta, se amenazó a Lugo con la destitución. En algunos casos por cuestiones verdaderamente nimias y en otros, no tanto, como cuando su ministro de Defensa tuvo un fuerte altercado con la embajada norteamericana por un “proyecto de cooperación” que impulsaban en el área de seguridad. Con relación a la acusación que dio origen a este juicio, fue torpe e irrisoria. Los plazos procesales –de dos horas, por ejemplo, para desarrollar la defensa- muestran a las claras que sólo existía la intencionalidad política de desplazar al presidente dela Nación.

-¿Cuáles fueron en su opinión los motivos que llevaron a la destitución de Lugo? ¿Su gobierno había afectado o podría afectar intereses que operaron en su contra? Así como en el pasado se ha hablado de golpes en otros países que “olían a petróleo”, ¿piensa que lo ocurrido en Paraguay “huele a soja”? La proximidad de Lugo con los movimientos campesinos y la insinuación de avanzar con una reforma agraria, ¿pueden haber llevado a sectores terratenientes a fomentar su derrocamiento?

-A decir verdad, el gobierno de Lugo no afectó un solo interés de los sectores económicamente más poderosos del país. En relación al tema de las tomas de tierras, tan controvertido y que tanto atemoriza a los terratenientes, alcanzaron su pico entre 2003 y 2004, durante el gobierno de Duarte Frutos. Por el contrario, fue durante el gobierno de Fernando Lugo cuando se realizó la mayor cantidad de desalojos. El aumento del valor y de la rentabilidad de la tierra, con la soja y el incremento de las exportaciones de carne, le otorgan una importancia trascendental al tema de la reforma agraria, siempre anunciada y nunca llevada a cabo. Y creo, en ese sentido, que para los estancieros, Lugo y su entorno son y serán siempre percibidos como un peligro.

-¿Qué balance personal efectúa de lo realizado por el gobierno de Lugo?

-Me parece fundamental resaltar que, pese a su falta de recursos, Paraguay sigue siendo el país con la presión tributaria más baja del continente. Las exportaciones de carnes y de cereales no pagan ningún tipo de gravamen y tampoco las personas físicas tributan por sus ganancias. No obstante –y pese al continuo condicionamiento parlamentario que sufrió-, creo que la gestión de Lugo fue aceptable. A pesar de que no resolvió los problemas estructurales, el pueblo más humilde seguía valorando la buena voluntad del presidente y de su gabinete, fundamentalmente por algunas de las políticas desarrolladas en las áreas sociales.

-¿Por qué piensa que el propio Lugo pareció aceptar más o menos mansamente su suerte y no resistió? ¿Cree que fue para evitar enfrentamientos violentos, por sentirse coaccionado o por qué otras posibles razones?

-Lo que prevaleció al final de la jornada del juicio político y con la sentencia consumada, fue el criterio del presidente Lugo de evitar situaciones de violencia e impedir más muertes. Al mismo tiempo los parlamentarios, con el apuro y el acortamiento de los plazos procesales, reducían las posibilidades del gobierno de alentar una reacción. Lugo es un hombre muy pacífico y siempre trató de evitar situaciones violentas. Por eso prefirió iniciar nuevamente la lucha política desde el llano. Además existe el antecedente del “marzo paraguayo”, cuando fue destituido Cubas Grau y se produjeron decenas de muertes, que todavía está fresco en la memoria de la sociedad.

-¿Cómo evalúa la postura asumida ante la crisis paraguaya por la Unasur y el Mercosur? ¿Qué valor le asigna a la actitud tomada por estos organismos regionales en casos como los de Honduras, Ecuador, Bolivia y, ahora, Paraguay?

-Tanto para Unasur como para Mercosur este es un tema de vital importancia. Toda la región sospechaba –o, mejor dicho, sabía- que después de Honduras venía Paraguay. La cláusula democrática del Protocolo de Ushuaia 2 fue una manera de responder desde los organismos regionales a esta nueva forma de frenar los procesos populares. La actitud del parlamento paraguayo de rechazar esa cláusula -aun cuando el presidente la ratificara e incluso considerando esa ratificación como una de las causas del juicio político- marca un desafío ideológico lanzado desde la legislatura hacia los gobiernos de la zona. Un desafío equivalente al que los legisladores paraguayos le plantearon al Mercosur al vetar el ingreso de Venezuela como socio pleno. Podríamos suponer entonces que este ataque a la institucionalidad democrática es un golpe ideológico producido por una dirigencia política que visualiza al proceso de integración regional como un peligro. Lo actuado por la región en ese sentido ha sido, a mi entender, muy correcto y necesario. La actitud del parlamento paraguayo está dirigida a intentar romper la unidad lograda en América del Sur.

-¿Coincide con los que señalan que la debilidad principal de Lugo fue no constituir una fuerza política propia? ¿Es que no quiso, no supo o no pudo conformarla?

– La debilidad de Lugo y de su gobierno se origina en la misma constitución de la alianza que lo llevó al poder. Los liberales nunca estuvieron a la altura de ser un partido de gobierno. Sus contradicciones internas, los personalismos, la lucha por ocupar cargos, los alejaron de la acción de gobernar y los enfrentaron permanentemente al presidente. Algún día deberán explicar cómo fue que -cuando debían ser para el país una alternativa progresista- se transformaron en una estructura ultraconservadora y refractaria a la realización de todos los cambios que habían motivado en principio la conformación de la alianza. Si a todo eso se suman las dificultades de articulación y el permanente internismo, con escasez de propuestas por parte del progresismo y de la izquierda tradicional, se entiende por qué el gobierno se volvió cada vez más dependiente de la figura presidencial. Un presidente que, por otro lado, tuvo que atravesar durante su gestión situaciones personales muy difíciles -como su grave enfermedad o el reconocimiento de la paternidad- y que adoptó un estilo con un manejo de los tiempos más propio dela Iglesiaque de la política. Todo eso y más contribuyeron a que se produjera esta situación.

-Sin que signifique invitarlo a hacer futurología, ¿cómo cree que es más factible que evolucione en el corto y en el largo plazo el proceso político paraguayo? ¿Qué reservas políticas y sociales le quedan al Paraguay para retomar un proceso democrático?

-El proceso político para la elección presidencial y legislativa de 2013 ya está en marcha. El juicio político a Lugo es en realidad parte de ese proceso. Los actores creen que con ese acto sacaron a Lugo de la escena política en su rol de gran elector. Y suponen también que, junto con él, quitaron del centro del escenario a la izquierda política y a los movimientos sociales, sobre todo los de origen campesino. Los colorados, a los que el llano les resulta muy hostil, pretenden volver al gobierno. Los liberales, por su parte, creen tener posibilidades, en un contexto de alianzas con sectores del Oviedismo y de Patria Querida, todos participantes del enjuiciamiento presidencial. Pero, como un dato fundamental, queda aún por saber qué huellas quedaron de la gestión del presidente Lugo y si la búsqueda de profundizar el cambio en Paraguay sigue todavía latente.

 

Para la prensa hegemónica paraguaya no hubo golpe

La destitución de Lugo puede implicar, entre muchos otros perjuicios, un retroceso en el incipiente proceso de democratización de la comunicación. La televisión pública existe en Paraguay desde hace poco más de seis meses, por iniciativa del gobierno del ex obispo, y tras la concreción del golpe encubierto ha sido objeto de censura, persecución y despido de periodistas. Sintomáticamente, las principales manifestaciones en rechazo del derrocamiento del presidente legítimo no se produjeron frente al parlamento ni frente a la casa de gobierno sino frente a las instalaciones del canal público.

“Para los medios hegemónicos de Paraguay, sobre todo para ABC Color, el principal diario de Asunción -dice Gerardo Halpern, doctor en Antropología, investigador del Conicet e integrante del Grupo de Estudios Sociales sobre Paraguay- no hubo golpe: apenas crisis y resolución. En coincidencia, por cierto, con lo planteado por algún medio importante de la Argentina. Es lógico, porque los medios dominantes han formado parte del golpe. ¿Cómo? Anunciándolo, presionando, promoviéndolo y sustentándolo en una clave clasificatoria que nunca lo asumió realmente como lo que era, es decir, como un golpe. Para demostrarlo con un solo ejemplo bastaría con detenerse en la foto publicada por ABC mientras estaban desarrollándose los acontecimientos. Para evitar cualquier movilización se incluyó una foto de un policía apuntándole a la gente. La imagen estaba tomada desde la perspectiva de la mira del arma. Es decir, estaban directamente lanzándole una amenaza a todos los que pretendieran resistirse al golpe”.

“Es cierto entonces que la prensa dominante en Paraguay jugó en estas circunstancias un papel tan previsible como deplorable –agrega Halpern para La Pulseada-, pero es necesario reconocer también que la gente no come vidrio. Por eso no es casual que el lugar emblemático de la resistencia y del apoyo a la democracia no esté siendo el Parlamento ni el Palacio López sino la sede dela TV pública. Se trata del primer espacio de expresión democrática y plural del Paraguay en los últimos 70 años. Que la población vea allí un reducto de libertad y democracia habla de cuán rezagada está todavía la construcción de ciudadanía en Paraguay y de cuán importante es la construcción de nuevos criterios de ciudadanía. Veo a la educación pública, la salud pública y la televisión pública como claves centrales de un Estado que está surgiendo en el marco de un proceso que los conservadores quieren impedir. Se trata de la emergencia de un Estado contra una concentración plutocrática que expresa lo peor de la política del Paraguay y de la región. Conla TV pública se empezó a expresar la construcción de algo diferente, que tiene ya algunos antecedentes en Paraguay y, sobre todo, entre los paraguayos que han sufrido el exilio y la persecución política. La historia del exilio está claramente ligada a esta indispensable construcción de nuevas formas de ciudadanía en un país que las ha venido negando mediante la prebenda, el robo y el brazo armado del Partido Colorado”.

Los ecos en la colectividad paraguaya en la Argentina

Los paraguayos conforman quizás el grupo migratorio latinoamericano cuantitativamente más importante dela Argentinay alcanzan, según algunas estimaciones, al medio millón de personas, ubicadas principalmente enla Capital, el conurbano y en provincias linderas del noreste como Formosa, Misiones, Chaco y Corrientes. La ciudad de Buenos Aires constituye la segunda concentración de paraguayos en el mundo después de Asunción. Muchos integrantes de ese colectivo se movilizaron para manifestar su rechazo a la destitución de Lugo, incluida una importante concentración en el obelisco porteño.

Consultado al respecto, Gerardo Halpern nos dijo que “hubo una reacción acorde a las movilizaciones históricas de los sectores anti-stronistas y progresistas de paraguayos enla Argentina, que son muchos. Esas reacciones no sólo se expresaron en las movilizaciones que -con mayor o menor cantidad de participantes- posibilitaron que los concurrentes pudieran reivindicar su pelea por la democracia y la transformación del Paraguay, sino también bajo la forma de la construcción de la comunidad paraguaya enla Argentinaque ellos realizan en su vida cotidiana. O sea que la movilización fue tanto político-ideológica como social, es decir, ha sido culturalmente muy significativa en lo que hace a la producción de una historia, de un presente y de un futuro sumamente activos. Cuando digo esto quiero subrayar ese lugar de los inmigrantes como actores sociales, como actores políticos y como miembros de la esfera pública –o, mejor dicho, de múltiples esferas públicas-. Creo que eso es necesario resaltarlo porque supone una ruptura con lo que hegemónicamente se le atribuye y se le permite al inmigrante. Comúnmente se lo presenta como socialmente ‘pasivo’, como un actor ‘no-político’ y como ajeno a la esfera pública. Ahí me parece que radica un elemento clave de la reacción. Que, además, quizás no sea conveniente denominar ‘reacción’. Porque lo que motivó la movilización no fue únicamente el golpe sino esa construcción histórica que lleva décadas. En ese sentido, antes que de reacción hablaría de intervención, expresión y legitimación de un lugar propio”.

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