La lista de Casal, el hombre corcho, y el salvavidas de Berni

Nota de opinión de Esteban Rodríguez, abogado, docente e investigador de la UNQ y la UNLP, e integrante del Colectivo de Investigación y Acción Jurídica (CIAJ), la organización de derechos humanos que discute el paradigma policial con que se está tratando oficialmente el caso de los muertos por la inundación.

Por Esteban Rodríguez

El otro día un amigo diputado de la provincia, me decía: “…sabés lo que pasa flaco, la política es miserable, y estos tipos no van a dejar de serlo en una tormenta por más grande que sea”. Yo agregaba: “pero en circunstancias como éstas, su miserabilidad se acentúa y los expone”. Para ejemplo basta un nombre: Ricardito Casal, el hombre corcho, el funcionario que tiene la capacidad de seguir a flote cuando la Bonaerense no para de hacer olas. Cuando el resto de la dirigencia política local se hunde, él se mantiene flotando.

Ya lo dijo Roberto Arlt en la década del ’20, cuando el clientelismo del radicalismo estaba erosionando sus  bases políticas: “El hombre corcho, el hombre que nunca se hunde, sean cuales sean los acontecimientos turbios en que está mezclado, es el tipo más interesante de la fauna de los pilletes. Y quizá el más inteligente y el más peligroso. (…) Siempre fue así, bellaco y tramposo, y simulador como él sólo. (…) En estos líos, espantosos de turbios y de incomprensibles, es donde el ciudadano Corcho flota en las aguas de la tempestad con la serenidad de un tiburón. (…) Y tanto va y viene, y da vueltas, y trama combinaciones, que al fin de cuentas el hombre Corcho los ha embarullado a todos, y no hay Cristo que se entienda. Y el ganancioso, el único ganancioso, es él. Todos los demás, ¡van muertos! Fenómeno singular, caerá, como el gato, siempre de pie.”

En la última semana se ha instalado en la esfera pública un debate en torno al número de víctimas fatales de la catástrofe natural. Una catástrofe, dicho sea de paso, alimentada por la irresponsabilidad política toda vez que nunca se hicieron las obras que los expertos investigadores de la UNLP le había sugerido tanto a la provincia como al municipio años atrás, antes incluso de la inundación del 2008. Una catástrofe, entonces, que no es solamente natural.

Scioli salió a decir que las víctimas eran 51. No lo dijo una vez, sino tres o cuatro veces, con su cara de “yo no fui”: “La lista definitiva es de 51”. Cuando encontraron el cuerpo de Godoy dijo que la lista se había elevado a 52. Nosotros podemos decir que son 53, 54, 55, 56… Todos los días estamos encontrando una nueva víctima del temporal. Los testigos no siempre quieren hablar. A veces sienten temor porque son inmigrantes y tienen miedo a que eso les juegue en contra a la hora de solicitar la ciudadanía. Otros, siguen con el cassette del “no te metás” y “el silencio es salud”, y prefieren callarse la boca, más aún cuando tenemos al gobierno de la provincia apuntando con munición gruesa, repitiendo de manera enfática que los muertos son 51 o 52 y punto. Otros directamente, y con mucha razón, están procesando el duelo y no quieren en este momento participar de un debate público que los expone.

El viernes pasado el defensor juvenil Julián Axat, poeta y miembro de HIJOS, presentó una denuncia en el juzgado en lo Contencioso Administrativo a cargo de Luis Arias para que intervenga en la producción de la información pública. A esas horas ya era vox populi que los muertos eran muchos más. Como sucede en estos casos, los rumores son demasiados. Es cierto. Pero todo el mundo grita, junto a Perlongher, “hay cadáveres” y “hay desaparecidos”, y hay también un aparato de estado en la provincia de Buenos Aires encargado de encubrir los hechos. No encuentro otra forma de decirlo. Esos desaparecidos no son solamente las víctimas que no se encontraron después de la tormenta sino los cuerpos que se derivaron hacia Quilmes, los cuerpos que se entregaron a los familiares sin oficio judicial, con la sola mediación del parte médico. De repente, una catástrofe es constatada por los médicos de manera privada. Todos los que estuvimos esta semana y la semana anterior por los barrios lo sabemos: los muertos son más.

De comprobarse estos hechos estamos frente a uno de los escándalos políticos más importantes en los últimos años. Un escándalo que se suma a la tormenta que cayó justo encima del armado de listas para las PASO y en el medio de una interna entre el gobierno nacional y el sciolismo de nunca acabar. Y lodos tienen temor, porque semejante escándalo puede enchastrarlos. Más aún cuando Sergio Berni, que tiene el lápiz más grande según él (porque además de médico es militar, abogado, karateca, político y tiene línea directa con la Rosada –por suerte no toda la Rosada es Berni-) sale a cubrir a Casal y repite como un lorito que los muertos son 51 y que hay que ser responsables y no se puede jugar con el dolor de las víctimas. Lo cual es cierto, muy cierto y por eso Axat y el CIAJ hicieron sus respectivas denuncias. Por eso Arias se puso al hombro una tarea que le compete al gobierno de la provincia. Pero la primera persona irresponsable (hay que decírselo a Berni) que dijo que la cifra no es 51, fue nuestra Presidenta, que comentó que la madre que vive en Tolosa le había dicho que había una vecina había muerto y que no estaba en la lista oficial.

Claro, la lista se confeccionó con criterios políticos muy interesados y miserables, para minimizar el impacto. No sólo por las consecuencias económicas que puede tener, sino por las consecuencias electorales. Según los funcionarios provinciales, para estar en esa lista, la persona tiene que haber muerto en la vía pública o haberse ahogado o electrocutado en la casa. Para el gobierno provincial una persona que muere de un paro cardiorrespiratorio en su casa durante la tormenta porque las ambulancias no podían llegar a su casa (estuviera o no inundada), porque los hospitales estaban desbordados o el barrio inundado, no es una víctima de la tormenta. Una persona que muere de un ataque al corazón los días siguientes por el estrés emocional que le produce el hecho de mirar que perdió todo, que toda su vida se hundió con la tormenta… no es una víctima del temporal. Son muertes fortuitas, aleatorias, donde intervino la mano de Dios solamente. La verdad… es que semejante criterio es una afrenta para los familiares de las víctimas.

La lista se sigue engrosando y hay que frenarla. Eso es lo que se escucha en los pasillos. Legisladores provinciales del sciolismo ya presentaron pedidos de juicio político contra Arias y Axat. El juez Atencio pidió la inhibitoria de Arias, quiere tomar la causa para pasársela a la Corte de la provincia, y que sea ésta la encargada de realizar la tarea. Lo sabemos de memoria: la familia judicial es el perro faldero de la política local. Le debe muchos favores. El puesto para su sobrino o el hijo del mejor amigo, su ascenso, las exenciones impositivas, los salarios altos, sus vacaciones y horarios privilegiados, dependen de los deberes bien hechos. Eso no es justicia, sino obediencia debida y punto final. Lo viene denunciando “Justicia Legítima”. La justicia penal en la provincia de Buenos Aires y los integrantes del ministerio público, le cuidan las espaldas también a la peor política. Y no todo es una herencia de la dictadura cívico militar. La justicia penal en esta provincia es una herencia del duhaldismo que busca ahora camuflarse y vestirse de otra cosa.

Casal está indignado y habla de irresponsabilidad de estos funcionarios judiciales y las organizaciones de derechos humanos que estamos impulsando este reclamo, amparados por el derecho a la información, el derecho a la verdad que tanto le debe al kirchnerismo. Sería muy bueno que no nos prestemos a discusiones muy menores –como si hay que usar o no chalecos de La Cámpora- porque terminamos corriendo el eje de los temas centrales. En la provincia hay una discusión parteaguas y nos gustaría escuchar qué opinan los compañeros solidarios de Unidos y Organizados, más aún cuando caminaron solidariamente los barrios de la ciudad y compartieron el dolor de los vecinos y los escucharon atentamente y saben lo mismo que estamos denunciando nosotros: “que hay más cadáveres”.

Casal sabe que su permanencia en el cargo peligra más que nunca. Y eso no significa que vaya a caer. El hombre corcho siempre sale a flote. Más aún cuando el supersecretario de Seguridad te “hace la segunda”. Ya sabemos que uno de los deportes favoritos de Berni, además de improvisar operativos espectaculares al mejor estilo Casal, es desautorizar a la ministra Nilda Garré. Aunque también, como nos venimos a enterar ahora, se dedica a cuidarle la espalda a Casal. Al fin de cuentas resultó ser el Robin de Casal. O para decirlo con la iconografía peronista: el que le sostiene el paraguas a Casal es Berni. Pero en fin: Berni es un personaje caricaturesco de la política argentina y merece un ensayo aparte. Por ahora lo dejamos acá, no sin antes recordarle que, como dice otro dicho popular “el pez por la boca muere”. Dudo que Berni sea un corcho, por más que ahora se disfrace con un chaleco salvavidas.

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