La Casa, una película que hace pensar

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LPradioIntegrantes de un espacio barrial que acaba de cumplir seis años trabajando con pibes y adultos en El Retiro visitaron nuestro programa y se apropiaron de los micrófonos. Nos contaron sobre sus producciones y nos regalaron relatos y canciones.

“La Casa ya tiene seis años y hoy les venimos a contar qué estamos haciendo”, anticipa el Toppo, uno de los talleristas del colectivo La Casa, que funciona en el barrio El Retiro, de Melchor Romero. Es un lugar que, según dicen, “busca colectivamente y a través de la organización, construir una mirada crítica sobre nuestra realidad”. Se acababa de prender la luz roja del estudio Jorge Alorsa, en el centro cultural Daniel Omar Favero.

“Nuestro proyecto apuesta al arte y al juego como herramientas políticas posibilitadoras de reflexión, desnaturalización y acción transformadora”, explican. “Trabajamos a través de la educación popular, generando que niños y adultos opinen a través de diferentes actividades, creando un espacio para que puedan expresarse y hacer lo que ellos quieran —dice con voz temblorosa Daiana (21), que participa de las actividades del lugar desde sus inicios—. Los sábados nos juntamos y discutimos qué paso en la semana y qué se propuso en cada taller y a través de eso y siempre con la opinión de los chicos, armamos actividades. Buscamos visibilizar y valorar la multiplicidad de voces y miradas, encontrando en ellas herramientas de empoderamiento”.

132-LPR-LacasaUno de los resultados de esos encuentros de arte y debate fue el cortometraje “Una calle nos separa”, que los chicos prepararon el año pasado para el programa Jóvenes y Memoria (de la Comisión Provincial por la Memoria) y quedó seleccionado para el XVI Festival de Cine de Derechos Humanos. En junio pasado lo presentaron en el cine Gaumont, de la ciudad de Buenos Aires. “Sólo 10 proyectos quedaron seleccionados y entre ellos estábamos nosotros”, cuenta Lucila (17). “El documental habla de una calle que divide el barrio El Retiro y nos pareció importante referirnos a la violencia que se genera de un lado y del otro y ver el porqué de esas peleas”, explica Lucio (16). “Investigamos y comprobamos que no había motivos para que sucedan —asegura Daiana—, porque hoy en el taller hay chicos de uno y otro lado de la calle, y así nos dimos cuenta de que podíamos estar todos juntos y ser amigos”. Se trataba entonces de “peleas tontas”, concluye Lucila.

Además de este video, los chicos realizaron “Soy lo que digo, no lo que dicen”, un trabajo audiovisual que nació a partir de los prejuicios de la gente para con los jóvenes del barrio. “Hay muchos que dicen que los jóvenes se juntan en la esquina a fumar y a tomar y por eso hicimos este video, mostrando que no todos hacen eso —describe Daiana—. Fuimos a donde hacen actividades, a una capilla del barrio donde los chicos pasan la tarde y visitamos una banda de rock donde pudimos ver todo lo que hacen”.

“En uno de los talleres estamos tratando sobre la violencia de género —amplía Lucio—, y como tenemos la intención de realizar un nuevo video pensé que estaría bueno hacer una canción en ese sentido”. “Hablamos del machismo, todos somos machistas…” se suma Lucila. “A mí no me gusta la violencia”, responde Marcelito Santillán. “El machismo está en la cultura”, retoma Lucio, antes de interpretar la canción que compuso para el trabajo audiovisual:

“Tal vez será que estamos acostumbrados/ A que te humillen, te violen, a que te dejen de lado / A que limiten el paso en este estado. A que te mantengan encerrada en un solo lugar, con el trapo, la escoba los platos y el piso / Con la maldita Lavandina que te quiere ahogar / El asesino que se vuelve y te quiere acabar / Si nadie es de nadie, nadie es objeto de nadie / La presión de vivir con su sueldo menor / La desigualdad la mato. A nuestra hermana amiga y mujer / Nadie busca morir por una falda usar, por una calza usar / Hay que reaccionar no hay que lastimar´”.

 

Mientras Tatiana (5) dibujaba y pintaba, los chicos fueron definiendo lo que significa para ellos La Casa. “Gracias a la casa estamos juntos, y aunque muchas veces hay discusiones —reconoce Ludmila (15)—, aprendimos a escuchar al otro”. “Están buenas las discusiones porque te hacen pensar y La Casa es un lugar donde te escuchan, te dan una opinión y eso te calma, porque te descargás, porque el otro está para escucharte y darte una abrazo —asegura Daiana, y agrega—: Entrar a La casa y es como entrar en una película”.

Según Lucila, “es un lugar donde podemos pensar cosas que en otro lado no pensamos, como por ejemplo en la escuela”. Ludmila recuerda una discusión que mantuvo con una profesora por defender La Casa: “Quiso tirar La Casa abajo entonces la invité y le conté que me gustaba la política y por eso era también parte del centro de estudiantes de la escuela y ella me contestó que el centro es para perder el tiempo, que en algún momento me voy a sentir utilizada y que a la gente no le interesa lo que hago”.

 

¡Gracias por venir!, dice Marcelito Santillán, y los invita a volver. Los chicos enviaron saludos y Lucio interpretó otro tema, en este caso, de Callejeros, mientras Tatiana hacía foco y retrataba ahora a uno de los conductores de La Pulseada Radio.

 

La voz de La Casa

Hoy les voy a contar una hermosa historia: es la historia de cómo nací. Es muy interesante, porque no soy una persona y sin embargo, tengo vida. Y estoy orgullosa de contarla, porque está llena de hermosos momentos. Yo nací un 26 de junio de 2009, ya tengo seis años, me dieron vida muchos amigos, que sin habitar en mí abrieron mis puertas para que los chicos y chicas del barrio donde estoy ubicada vinieran a hacer distintas actividades. Y así comenzó mi aventura. Desde que mis puertas se abrieron pasaron muchas personitas reunidas en talleres, algunos de ellos fueron música, plástica, apoyo escolar, alfabetización y otros… Y en cada uno de ellos me visitaron y conocí a niños y adultos. Los niños me llenaron de colores, de recuerdos, de risas y momentos felices. Tuve muchas fiestas, se acercaron muchas familias, compartimos Día del Niño, Ferias, hicimos videos, juegos, murales y tantas cosas que no se imaginan. Cada día esperaba en silencio la hora en que esas personas llegaran para disfrutar un día conmigo. Ellos no sabían que yo los veía, que yo los quería y compartía cada aprendizaje junto a ellos. Algunos pasaron y se fueron, pero cada uno de ellos dejó en mí una marca imborrable: muchos dibujos, murales, sus voces y sus risas. Ellos saben que pueden volver cuando quieran porque mis puertas están siempre abiertas.

Y por suerte, muchos se quedaron conmigo. Los miro y pienso ¡cómo crecieron! Y me siguen eligiendo para compartir momentos felices, y siguen corriendo en mi patio y revisando mis salones y mis libros, y jugando a la escondida, y llenándome de colores. Y este año estoy muy feliz de ver caritas nuevas que se han sumado a la aventura. Y estoy muy alegre porque voy a tener muchas nuevas historias que escuchar y nuevos amigos y ojalá estén siempre!

Por si no se dieron cuenta de quién soy, soy La Casa, soy ésa que ustedes pisan en este momento, ¡me encanta verlos acá y que me llenen de voces! Ya son parte de lo que viví y vivo, y ya que compartimos este lindo espacio donde juegan, dibujan, y disfrutan, me gustaría conocerlos más, saber cómo se llaman, qué día debo tirar de sus orejas, qué es lo que más les gusta de mí, qué les gustaría que hagamos juntos. Pero principalmente quiero que se sientan bien conmigo y entre ustedes. ¡Ah! Y también me gustaría que elijan un nombre para este taller, así puedo hablarles de ustedes a los otros chicos que me visitan.

Y recuerden esto: yo no existo sin ustedes. Yo no soy La Casa, nosotros somos La Casa, porque son ustedes quienes me dan vida cada vez que vienen a verme. ¡Muchas gracias, los quiero mucho!

Relato de Daiana Flores, integrante de La Casa.

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