Derechos en carreta

138-CarrerosSon botelleros, cartoneros, carreros o cirujas. Salen todos los días con sus petisos, caballos y yeguas a juntar un peso por kilo de cartón. En medio del debate por el sistema de recolección, en La Plata, se están organizando para cuidar su trabajo, brindar atención veterinaria a los animales, dialogar con la Municipalidad y defenderse de persecuciones, abusos y discriminación.

Por Mariana Sidoti

 

Juana tiene 35 años, 11 hijos y un dolor lumbar que a veces la deja tirada en su casilla en La Unión, Tolosa. Un amor la trajo de Necochea, su ciudad natal, hasta La Plata; pero la relación no funcionó y ahora está varada entre las diagonales: no le alcanza la plata para volver. Hace 6 años trabaja con un carro sin caballo. Llegó a cartonear embarazada de 7 meses por el centro ante las miradas condenatoria o indiferente de muchos. “Me mantengo nada más que con la Asignación de cinco, y el carro”, responde con los ojos entrecerrados. Intentó pedir una pensión por ser madre de 7, pero se la negaron por no tener papeles suficientes. Además de cartones recoge comida y “manguea” dinero u objetos que le puedan servir. Juana descansa bajo un pino con sus hijos, que corren alrededor de unos troncos hasta que vuelven para abrazarle las piernas. “Cuando me paró la Municipalidad, fue para preguntarme por qué andaba con el carro embarazada. Después me pedían que ponga balizas o algo para que los autos me vean”, cuenta.

Así suelen encontrarse con el Estado. Los carreros no son invisibles. La gente los ve desde sus autos, deteniéndose a un lado de la calle para recoger la basura que algún otro descartó. Ve a los padrillos chocando herraduras contra el cemento, la mirada fija hacia adelante, el relincho improvisado, los bufidos por el calor. La gente ve a las madres dirigiendo el carro con sus hijos atrás, revisando entre cartones y botellas en busca de algún juguete –o alguna improvisación de juguete- para reservar de la venta diaria. Ve también los carros sin caballo, donde la tracción es a sangre humana y los bíceps no necesitan de ningún gimnasio. Entre dos mil y cuatro mil jóvenes, adultos y abuelos viven y sobreviven del carro en el Gran La Plata, según el Movimiento de Trabajadores Excluidos. Algunos empezaron hace poco y otros fueron criados entre atelajes, avena y miseria: las empresas que compran los residuos pagan entre 70 centavos y un peso el kilo de cartón, y entre 40 y 60 centavos el kilo de vidrio.

Ahora, incluso ese precario ingreso corre peligro de desvanecerse: el intendente Julio Garro firmó a fines de febrero una extensión del contrato que mantiene la comuna con la empresa Esur, que se encargará de recoger la totalidad de los residuos habituales, no habituales y bolsas verdes. Las cooperativas de reciclaje, en medio de conflictos (La Pulseada 137, marzo de 2016), serán “absorbidas” por la empresa. La cadena laboral se va haciendo cada vez más frágil; la formalidad da paso a la informalidad y ésta a la exclusión: quienes realizan tareas de recolección en sus carros se quedan sin admisión, sin alternativas y sin recursos. Más aún, cuando en La Plata, desde 1969, con la presidencia de Juan Carlos Onganía, la tracción a sangre está prohibida. En su primer y único artículo, la ordenanza 7280/69 impide “indefectiblemente” en toda la planta urbana la circulación de vehículos a tracción animal. La normativa, como tantas otras, no está implementada; pero existe la “Ley Sarmiento” contra el maltrato animal (N°14.346) que permite a las fuerzas de seguridad realizar la quita del equino para luego judicializarlo. Los culpables de maltrato pueden pasar de 15 días a 1 año en prisión por mantener mal alimentado al animal, golpearlo excesivamente, hacerlo trabajar por jornadas extendidas, estimularlo con droga o mutilarlo. En muchos casos la línea es difusa, por eso la intervención de un juzgado es importante para determinar la culpabilidad y, de ser necesario, el secuestro del caballo.

En búsqueda de cumplir con esa prohibición, surgió la ONG “Caballos En Libertad” dedicada a “devolverle la dignidad y la libertad al animal”, en palabras de su polémica presidenta Lucila Laberne (Ver “La protectora”). Los intereses de proteccionistas y carreros están en constante fricción. La organización muchas veces actúa como depositario judicial si el caballo es secuestrado. Laberne se apura en aclarar, en diálogo con La Pulseada que el delito de la tracción a sangre corre no sólo para los caballos sino también para los que llevan el carro a bicicleta o directamente sin nada. “Nunca sacamos caballos que no estén en mal estado, si lo hacemos es porque justo vemos que lo están matando a cadenazos, que iba sobrecargado o se desplomaba en el suelo por deshidratación”, asegura. Son 300 los equinos con secuestro efectivo que la ONG dice haber rescatado. Los que sirven por el carácter son destinados a la equinoterapia y el resto se dan en adopción (ver aparte).

“Los compañeros se inventaron un trabajo porque el sistema ni siquiera los incluyó para explotarlos”, dispara Rodrigo Bernales, miembro del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) La Plata, integrado a la Federación Argentina de Cartoneros y Recicladores (FACyR) y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP). Para Bernales los carreros y cartoneros están “súper-explotados” y ni siquiera trabajan de manera informal o precarizada. Están excluidos, en todas sus formas, del sistema laboral. Para trabajar en ese contexto, los militantes del MTE comenzaron hace poco más de un año a acercarse a los carreros. “Pasaron dos o tres meses para que recién nos digan ‘hola’ o nos presten atención, porque estaban en su mundo… era una cuestión de construir lazos de confianza, porque a ellos siempre los cagaron”, se sincera Bernales.

“Te preguntan ‘¿Por qué curan mi caballo y me dan la libreta?’ ‘¿Cuánto me van a cobrar?’ ‘¿Dónde está la trampa?’…No hay trampa – agrega Bernales-. Lo que conseguimos lo conseguimos en la calle y todos juntos”. El ejemplo más claro son las vacunas y desparasitantes, que ahora les provee el área de Zoonosis de la Municipalidad de La Plata. También la libreta sanitaria, un documento que no acredita título de propiedad pero sí garantiza la buena salud y el mantenimiento de los equinos. Para conseguirla, bajo la gestión del intendente anterior, Pablo Bruera, el MTE cortó la calle en tres ocasiones. Según Bernales, en todas recibieron amenazas, patoteos e incluso intentos de golpiza. Otro de sus reclamos es una guardería que permita a los carreros salir a trabajar y dejar a sus hijos en un lugar seguro: “Tiene que haber política pública, y si no hay, hay que inventarla, para este sector que está totalmente marginado”, insiste.

En busca de visibilidad –y en rechazo de aquella que proponen los grandes medios de comunicación locales- el MTE festejó una “Navidad Carrera” el 21 de diciembre de 2015, frente a la Municipalidad. Fue una jornada de difusión, sin cortes de calle pero con los carros a la vista y un frenético reparto de volantes: explicaron quiénes son, qué derechos reclaman y cuál es su trabajo como recicladores urbanos, además de resaltar la importancia de conservar sus caballos frente a un proyecto comunal –el más reciente de tantos, difundido por los diarios y vuelto a cajonear- que permuta carros por motos (ver aparte).

Congregando voluntades

Fue Ábalos, un carrero de la comunidad toba/qom, quien ofreció a sus compañeros reunirse en el Centro Comunitario de su colectividad para celebrar el primer Congreso de la Federación en la ciudad. El domingo 28 de febrero amaneció soleado pero ventoso en barrio Malvinas. Y entre mates y tereré, se cruzaron miradas nuevas y conocidas en busca de compartir experiencias y promover “organización”, la palabra más usada del día. Bajo una larga hilera de pinos se acomodaron los carreros; a un costado y respirando sol, algunos de sus caballos. Padrillos, yeguas, petizos y criollos, lisos o manchados, pastaron la tarde. “El trabajo del carrero es muy sufrido – dice Víctor, nacido en Perú-. Trabajamos toda la semana incluyendo sábados y domingos, con agua o sin agua, de forma insalubre, y es tiempo de que esto termine. Es tiempo de que podamos organizarnos y trabajar como personas dignas”.

A mediados de los 90, Víctor perdió su trabajo. Desde entonces, sale a juntar cartón y botellas. Hace más de 30 años. Dice sufrir discriminación y abuso policial cada vez que lo paran sin razón. “El carrero está considerado como un negro, un delincuente, un vago. Prácticamente no somos nada para la sociedad, las autoridades y la gente de clase media para arriba. Nos marginan”, asegura. Según Víctor, el MTE les da “contención, están prestos a ayudarnos y organizarnos para que nosotros, como cualquier trabajador, podamos tener beneficios básicos como vacaciones y jubilación”.

Mientras Víctor habla, los niños corren, trepan a los árboles o acarician los caballos de la “Loca” Elena, una histórica referente cartonera de Villa Elvira. El futuro, a algunos de los chicos, les llegó hace rato: el hijo de Paola –carrera de El Mercadito, cara curtida por el sol y madre de otros 7 hijos- tiene 15 y mientras ella barre las calles de Ensenada, él recorre La Plata con su yegua en busca de cartones. “Hay mucha gente que tiene carro, pero quizá no sabe cómo cuidar al caballo o qué vacunas necesita. Yo aprendí muchas cosas con ellos”, reconoce Paola mientras Raúl, el veterinario de barba tupida y cara angulosa de la Federación de Cartoneros, da vueltas por el predio acariciando crines y revisando herraduras.

El problema más urgente para ella es la condición de menor de su hijo, al que paran sistemáticamente cuando sale a cartonear. Pocos días atrás, la protectora de animales quiso secuestrarle la yegua. “Sólo sale 3 horas a la mañana y muy poco a la tarde, pero igual deberían darle un carnet, porque de mis hijos es el único que sabe andar”, cuenta Paola. La tradición familiar la encontró regalándole a su hijo de 10 un carrito de mano para que juegue. “A veces es preferible – dice -que anden arriba de un carro y no que estén parados en la esquina fumándose un porro”.

Dignidad carrera

Una serie de reuniones con el municipio habían determinado la pronta realización de un relevamiento de la población cartonera, con la participación de la Defensoría del Pueblo. Sin embargo en el Congreso se alertó sobre el doble discurso del ejecutivo municipal: por un lado alientan la posibilidad del censo y por otro prolongan el contrato con la empresa privada Esur, que en términos reales, impediría todo trabajo de los carreros con residuos en calle. Con esa incertidumbre en vista se formaron comisiones para discutir la posibilidad de crear cooperativas de recolección y reciclaje, dándole valor agregado a los productos y fomentando el trabajo colectivo. También se planteó la presentación de un proyecto de ordenanza que propone el uso de uniformes, la creación de guarderías, el pago de un salario digno y la inserción al sistema previsional a través del monotributo social, como medidas a mediano plazo. El objetivo central es que el Estado reconozca a los carreros como trabajadores y se termine con las persecuciones a causa del animal.

Tomás, un carrero sexagenario del barrio La Unión, trabaja desde los 15 y no piensa dejar: “Es mi vida”, dice. Dos o tres veces lo hicieron bajarse del carro en plena vía pública, gritándole “¡libre!, ¡libre!” – por el caballo- o directamente “asesino”. También le preguntaron si tomaba alcohol. “Vos te encontrás con un miedo, una vergüenza… contestando ‘sí señor’, ‘no señor’, porque no sabés con quién estás hablando”.

Las alternativas que propone el gobierno comunal para reemplazar los caballos son tenidas en cuenta, pero generalmente descreídas por quienes manejan carros hace décadas. Es el caso de Porky, un hombre de 35 años que cartonea desde los 6. Vive en Altos de San Lorenzo y resistió 3 inundaciones. “Sobrevivo gracias al carro, he perdido un montón de cosas, ¿y ahora la Municipalidad quiere sacarme mi animal? No se los voy a dar”, afirma. Para él, más allá de una herramienta de trabajo, su yegua Muñeca es parte de la familia: la hierra a nuevo todos los meses, mantiene limpio el establo, la ata cuando se va y desata cuando regresa. Por eso cuestiona el rol de las protectoras de animales, que siempre los paran a ellos y “nunca se preocupan por los animales del Zoológico, que están tan flacos que dan miedo”. También pide que revisen las condiciones de los caballos del Hipódromo, donde según él, está “el verdadero maltrato”. “El animal transpira todo el día y los dueños se llevan de 4 a 9.000 pesos; nosotros para hacer 1.000 tenemos que trabajar una semana completa. Nosotros somos trabajadores; ellos, apostadores. Los carreros sólo apostamos a tener un plato de comida todos los días”.

Porky cuestiona las clásicas cooperativas municipales de reciclaje: “Yo trabajé ahí cuando pagaban $300 mensuales. Es un bochorno, todo lo tenés que pagar vos, el monotributo e incluso la obra social. No es una cooperativa normal”. Paola también desconfía de la gestión municipal en cooperativas: “Cada vez que se plantea algo así, siempre hay alguien que quiere meter la mano en el bolsillo. Y nosotros estamos tan golpeados que siempre nos parece que nos quieren cagar”.

La “Loca” Elena trajo al Congreso su propia bandera y la colgó de los alambres junto a la de la Federación. Con aerosol rojo y negro escribió los ingredientes que se necesitan para cumplir el famoso slogan “Pobreza Cero”: amor, salud y dinero. A fines de febrero cumplió 71 años y muestra buen humor, pese a tener a uno de sus 5 hijos preso. (La historia de Elena está contada en La Pulseada 101, julio de 2012) Se convirtió en referente por su genuino interés y sus piernas rápidas: “Me hice famosa porque cuando a un carrero le pasaba algo, yo llevaba la tenaza, el martillo y el alambre y preguntaba ‘¿Qué pasó?’”. En la Defensoría del Pueblo se recibió de bachiller especializada en computación y estudió materias de Derecho. Carlos Bonicatto, ex Defensor del Pueblo, la ayudó a recuperar su caballo cuando la protectora se lo quitó y lleva con orgullo su brazo izquierdo tatuado con un “Carlos te amo”. De cara al futuro, es pesimista: “No va a existir ningún carro más – advierte.- Hay que pensar en el futuro, pero sólo con la ayuda de Dios. Y para que nos dejen andar por la calle, vamos a tener que luchar”, dice.

Caravana por el  derecho a trabajar

Mediodía del viernes 4 de marzo. Un petiso marrón estaciona frente a la Municipalidad. Su carro tiene un techo improvisado con una lona de pelopincho. Atrás está Bonicatto, el caballo de la “Loca” Elena, que se vistió con la remera blanca y violeta del MTE y unas babuchas que hacen juego. El pelo rojo y desordenado como siempre. El tercero en la fila es el caballo de Porky: su carro lleva izada una bandera argentina con las palabras “Cartoneros recicladores” en ambas franjas celestes. Se bajan también su mujer y su hija. Un criollo morocho y brillante frena inmediatamente después. Tiene las anteojeras prolijamente colocadas, con apliques y tachas que las adornan.

“Queda lindo, pero con ese metal no compro ni una leche”, bromea su dueño. Poco a poco, desde la periferia, van llegando los carreros a Plaza Moreno: planearon una Caravana Carrera para exigir el reconocimiento de su trabajo. Enfrente, sobre la plaza, los productores y agricultores familiares que integran la CTEP están haciendo lo mismo. Montaron carpas y venden sus productos a precios que aniquilan la inflación. También protestan algunos cooperativistas de reciclaje, porque les adeudan sueldos desde noviembre y ya no saben a quién acudir. El calor y las protestas tensan un clima de despidos masivos y derechos vulnerados.

Fueron Víctor, Antonela, Rodrigo y Elena quienes llevaron un petitorio a la oficina de Fernando Ponce, concejal de Cambiemos y presidente del Concejo Deliberante local. Pedían el reconocimiento de la recuperación de materiales como un trabajo, rechazando la privatización del reciclaje y alentando la regulación. La reunión y la Caravana Carrera rindieron sus frutos y el viernes 11 de marzo, representantes del MTE se reunieron con las áreas de Planificación y Desarrollo Económico, Control Urbano, Ambiente y Protección Animal. Se decidió empezar el relevamiento, un primer paso entre tantos, para determinar la población carrera. Así, el trabajo de reciclaje que realizan miles de personas en La Plata pasará a ser reconocido como tal. También se hará un seguimiento a los caballos, para evitar robos o secuestros indebidos.

Caballo por moto

Son varios los argumentos que postula la Municipalidad para intentar desplazar los carros a caballo de las calles céntricas de la ciudad. El primero, claro está, es el caos de tránsito. Luego los derechos del animal. El canje de caballos por motos o bicicletas supondría, por último, “buscar una alternativa para que la gente que utiliza este medio no pierda su fuente de trabajo”, según explicó Roberto Di Grazia, subsecretario de Control Urbano. La nueva gestión comunal reflotó un proyecto –que ya había sido cajoneado en reiteradas oportunidades durante el mandato de Pablo Bruera- que permitiría deshacerse de las más de 4 mil motos secuestradas en los galpones de 20 y 50. Sin embargo, desde el MTE aseguran que los mismos cartoneros deben ser parte de la solución, y no avisados “sobre las tablas” en una cuestión que les compete. Los gastos de la nafta, la poca resistencia y la imposibilidad de que menores o adultos mayores puedan manejarlas, son los contraargumentos más escuchados por parte de los carreros. Además, la propia constitución del carro, que tanto a moto como a caballo seguiría siendo la misma, obstruyendo el tránsito en las calles.

La Municipalidad promete continuidad

“La actividad del carrero va a seguir – le dice a La Pulseada el Presidente del Concejo Deliberante, Fernando Ponce– Queremos trabajar en conjunto para que también se puedan transformar en una cooperativa”.

“Nuestro compromiso es realizar un empadronamiento, un registro de carreros y ver las condiciones de los caballos y después lenta y paulatinamente, tenemos el plan de poder cambiarlos por otra alternativa y que se pueda delimitar la tracción a sangre. Una posibilidad son las bicicletas eléctricas”, reconoce Ponce. Sin embargo, aclara que “las soluciones se van a buscar teniendo en cuenta los intereses de cada uno”.

Según el concejal, el nuevo contrato con Esur, que antes le costaba a la Comuna 33 millones de pesos mensuales y ahora 50 millones, “va acompañado por una fuerte campaña de concientización sobre la separación de la basura en origen en cada una de las casas, y el horario en la cual tienen que sacarla.”

“Los cartoneros van a tener un trabajo mucho más fácil, efectivo y rentable”, asegura Ponce.

La “protectora”, cuestionada por el municipio

La reunión que sostuvo Lucila Laberne en 2012 junto a otros proteccionistas con Ignacio Martínez, por entonces subsecretario de Control Urbano, la incentivó a formar una ONG. “Caballos en Libertad” había comenzado a secuestrar con el municipio pero la inundación del 2 de abril de 2013 lo cambió todo: las urgencias fueron más importantes y la precaria relación se disolvió entre la lluvia. Laberne comenzó a tejer alianzas políticas y a relacionarse con fiscales y fuerzas de seguridad. Hoy en día realiza secuestros a través del Comando de Prevención Comunitaria (CPC), a cargo del comisario Ricardo Astopini, y trabaja, entre otros, con los fiscales Marcelo Romero y Ana Rubio (del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil). Otros fiscales, como Marcelo Martini, han iniciado causas contra ella por retención indebida de animales. Pero Laberne asegura a La Pulseada que no le importan sus imputaciones: “si el animal estaba maltratado, yo no lo voy a devolver”. Desde Caballos en Libertad plantean que el problema de la tracción a sangre no es fácil de resolver y por eso es necesario un reemplazo paulatino de los caballos, algo que se había planteado en un acuerdo entre organizaciones cartoneras y la Municipalidad durante la gestión Bruera: la creación de cooperativas de reciclaje que nunca llegaron a concretarse.

La primera reunión de Laberne con los nuevos funcionarios municipales no fue muy productiva. Le adelantaron que la intención era “cercar la ciudad” para que los cartoneros no entren más. Las mismas palabras recibieron en su momento Rodrigo y Antonela, militantes del MTE, desde el Concejo Deliberante.

El concejal Fernando Ponce, le explicó a La Pulseada que Laberne “no tiene nada que ver con la Municipalidad. Sí creo que formaba parte de la gestión anterior. La directora de Proteccion Animal, Dolores Oliva, es la encargada de trabajar todo el tema. Esa persona (Laberne) no tiene nada que ver. Nosotros pedimos que cualquier situación dentro de la vía pública con respecto a la prohibición de tracción a sangre o algún conflicto judicial que haya se remitan a la comisaría o la fiscalía y al área específica de la Direccion de Protección Animal de Oliva. Cualquier otra persona que intervenga a motus propio corre con la responsabilidad penal y civil”.

Residuos privatizados

El nuevo servicio de recolección comenzó a funcionar el domingo 13 de marzo. La ampliación del contrato de la Municipalidad de La Plata con la empresa Esur extiende hasta un 15 por ciento la prestación de la compañía privada y a las 18.500 cuadras, se suman otras 2.000. En la presentación ante la prensa, se incorporaron 35 camiones, de los cuales 13 son 0 km.

MTE

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