“Abortar es una desobediencia política”

Foto Constanza Niscovolos
Foto Constanza Niscovolos

En su nuevo libro, la ensayista y militante Mabel Bellucci recorre con testimonios y material de archivo 20 años de lucha del movimiento feminista por el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo. “Tenemos la responsabilidad de recuperar estas experiencias para transformar y crear nuevas estrategias y prácticas”, sostiene. 

Por Agustina Sarati

Producción Milva Benitez y Agustina Sarati

“Abortar es una desobediencia, es decirle no a la maternidad en ese momento ―apunta Mabel Bellucci, y aclara—: La desobediencia consiste justamente en poner en discusión el sistema de la heterosexualidad obligatoria como régimen político. No solamente es algo que molesta a la Iglesia o a la moral católica, es el poder de decisión que tenemos las mujeres sobre nuestros propios cuerpos lo que toma mayor protagonismo y juega un papel político central”.

Activista queer, apasionada y puntillosa, en Historia de una desobediencia. aborto y feminismo (Capital intelectual, 2014) Bellucci reconstruyó el camino que abrieron y continúan las feministas con la meta de conquistar la libertad de las mujeres para decidir sobre sus cuerpos. Entrevistada por La Pulseada en un auditorio repleto en el cierre de la última Feria del Libro, la autora advirtió que si “hoy la lucha por el derecho al aborto está en la agenda social y cultural es gracias a una historia de desobediencias”.

En 500 páginas Bellucci ordenó las pistas de este recorrido. Buceó en cartas, afiches y recortes periodísticos, banderas y relatos que más de 70 feministas atesoran en archivos personales y en sus memorias. También en la calle, junto a otras activistas que pusieron en la mira lo que sería la segunda causa de muerte materna en nuestro país (el uso del potencial lo debemos a los Estados, el nacional y los provinciales, que no registran estos datos y obligan a que estas prácticas sean clandestinas).

Tras veinte años de investigación la autora construyó una cartografía indispensable para pensar las prácticas actuales, a partir de reconocer las tensiones que fueron nutriendo la historia del feminismo y de la lucha por este derecho. “Si en 2005 llegamos a la Campaña Nacional por el Derecho al aborto legal, seguro y gratuito es porque antes existieron compañeras que dieron sus vidas por esto”, dijo Bellucci en la presentación en la Feria.

Memoria indispensable

En este recorrido Bellucci también homenajea a sus compañeras de lucha. A Dora Coledesky la define como “maestra de generaciones de feministas”, y recuerda que a su regreso del exilio en Francia, durante los primeros años de democracia en nuestro país, creó con compañeras la Comisión por el Derecho al Aborto (CDA), un espacio que se consolidó a la par de los primeros encuentros nacionales de mujeres, financiado por militantes. Durante casi dos décadas ofrecieron charlas en barrios y hospitales, y jornadas en universidades, en colegios de abogados o en las esquinas, donde encontraran espacio para hacerse escuchar.

En el libro encontramos también las claves del secreto y legendario Colectivo Jane, un grupo de mujeres que en los ‘60 informaba sobre anticonceptivos y practicaba abortos clandestinos en Chicago. O el surgimiento de Alfonsina, una publicación feminista dirigida por la periodista y ensayista María Moreno que editó la entrevista del poeta Néstor Perlongher a María Elena Oddone, fundadora del Movimiento de Liberación Feminista, en 1972. La imagen de Oddone subiendo las escalinatas del Congreso nacional con un pancarta que dice “No a la maternidad, sí al placer” en 1984 ilustra la tapa del libro de Bellucci.

“Si no fuera por ellas hoy no estaríamos hablando del derecho al aborto como sucede —insistió Bellucci en la presentación—. Este libro, por más que lleve mi nombre, es una producción colectiva y de todas”. También incluye una tapa de la revista Tres Puntos con el lema “Yo aborté” en los primeros años de la década de los ‘90. Y el impacto que generó la tapa de Página/12 cuando la ex primera dama Zulema Yoma contó que había abortado con la anuencia de su entonces esposo, Carlos Menem. Esa declaración fue fundamental para que el ex presidente viera frustrada su alianza con el Vaticano con la consigna “la vida desde la concepción”.

El aborto en los ‘60 y ‘70

“En líneas generales, las organizaciones políticas armadas y los partidos de izquierda no lo tenían en sus agendas —explicó Bellucci, pero rápidamente puso al descubierto la complejidad—: También hubo excepciones”. Entonces apuntó y recordó que en 1973, mientras se esperaba el regreso de Perón, el Partido Socialista de los Trabajadores hizo una campaña electoral con Juan Carlos Coral como presidente y Nora Ciaponni como vicepresidenta, y “fue Nora quien levantó la demanda del aborto como pauta programática del partido”.

“Las feministas tuvieron tal tenacidad que frente a un clima histórico tan adverso en nuestro país, cuando otros planteaban que la revolución estaba a la vuelta de la esquina, ellas hablaban de sus cuerpos, de sus sexualidades —historizó Bellucci—. La coyuntura histórica hablaba de otra cosa, y ellas planteaban que los cuerpos son territorios políticos, que están expoliados por los regímenes tanto del capitalismo como de la heterosexualidad. Estaban en un desierto total. Ese es el esfuerzo epistemológico que hace el feminismo, e instala el debate en un contexto poco favorable”. En aquellos años también se conformó el Grupo de Políticas Sexuales (GPS), una fuerza heterogénea integrada por feministas, militantes de izquierda y e integrantes del Frente de Liberación Homosexual (FLH) como Perlongher. Se debatía fuertemente entorno a las sexualidades y se intervenía con acciones directas en la escena pública”, contó la periodista.

Huelga de vientres

“El capitalismo no se puede sostener si no hay familia y si no hay reproducción biológica. Si nosotras hiciéramos una huelga de vientres, como en su momento convocaron las anarquistas, no sé qué pasaría con el capitalismo…”, se preguntó Bellucci. Pero rápidamente advirtió que el sistema capitalista y patriarcal “tiene la capacidad de reinventarse continuamente y de ser muy flexible”, y recordó que “ni siquiera en la década de los ’70 las organizaciones pudieron hacer tambalear a las instituciones sociales establecidas. Al contrario, las reforzaron y fortalecieron: se sostenían en la pareja, en la familia y en la heterosexualidad, los códigos y esa moral revolucionaria que tan fuerte calaron en nuestra subjetividad y se mantienen”.

―Entonces ¿por qué esta decisión de reunir y contar estas desobediencias? ―preguntó La Pulseada.

―Hay que recuperar todas estas experiencias para ponerlas en práctica o tirarlas a la basura. El movimiento feminista y su lucha por el aborto tienen una historia como la tienen el movimiento obrero y tantos otros movimientos sociales. Tenemos la responsabilidad de recuperarla para transformar y crear nuevas estrategias y prácticas. Tenemos que preguntarnos qué pasó, quiénes tomaron los primeros debates para que nosotras ahora estemos activando, pensando―, dijo Bellucci, como una síntesis de la catarata de deseos que recorren cada línea de Historia de una desobediencia…

En cada auditorio donde la autora presentó su investigación el mes pasado se encontró con mujeres y hombres (muchos menos) engalanados con los pañuelos verdes que identifican la campaña nacional por el aborto que ella integra. Y esas presentaciones no pueden terminar sino con voces que se confunden en un grito: “¡Aborto legal ya!”. Las salas se llenan de aplausos, risas, abrazos y complicidades. Las miradas explotan de alegría y de ganas de seguir esta historia, tal como invita Mabel… ¡Desobedeciendo!

 

Cifras

Cada año, por lo menos medio millón de mujeres con embarazos no deseados se someten a abortos clandestinos e inseguros en Argentina. Algunas mueren. Otras sobreviven con graves consecuencias, como infecciones, daños en el sistema reproductivo o en la salud mental. La única información estadística disponible es el número de egresos de pacientes con complicaciones por aborto que se atendieron en establecimientos públicos del país.

Según números oficiales analizados desde la Campaña en 2010 más de 300 mujeres perdieron la vida cursando un embarazo y por lo menos el 20,5% fue por abortos. “Considerando las estadísticas oficiales el número de mujeres fallecidas por abortos mal realizados en el quinquenio 2006-2010 fue de 384, un promedio de 77 por año”, informan desde ese colectivo. En los últimos 20 años esas cifras no han variado significativamente, pese a que desde 2009 el país se embarcó en el Plan para la Reducción de la Mortalidad Materno Infantil, de la Mujer y de la Adolescente.

En su último informe, lanzado en 2010, el Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva advirtió que en Argentina “las mujeres están expuestas a riesgos desproporcionados al quedar embarazadas”. En cifras: “en 2008, murieron 40 mujeres cada 100.000 nacidos vivos (NV) por causas relacionadas con el embarazo, parto y puerperio. En el mismo período, países como Chile y Uruguay presentaron niveles de 19,8 x 100.000 NV y 15 x 100.000 NV, respectivamente”. De estas mismas estadísticas el Observatorio concluyó que el 60% de las muertes maternas tienen relación con embarazos no planificados. Y señaló que en Argentina la Razón de Mortalidad Materna (RMM) resulta alta en relación con otros indicadores de salud reproductiva, incluso teniendo en cuenta las diferencias regionales donde Chaco, Formosa, Jujuy y Misiones, donde quienes cursan embarazos no deseados corren mayores riesgos.

Milva Benitez

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