“Quiero desenmascarar a un monstruo”

El joven que denunció haber sido ultrajado por el sacerdote Eduardo Lorenzo cuando era menor ofreció por primera vez su testimonio. Una historia de espanto cuyo responsable sigue sin ser investigado a fondo. Es el cura cuyo traslado desde Gonnet a Tolosa fue impedido a principio de año por la movilización de los vecinos .

Por Carlos Gassmann
Fotos Gabriela Hernández y AGLP

Ver también > Testimonios tras el frustrado traslado a Tolosa de un cura denunciado por acoso (edición web)
Ultraje a la inocencia (edición impresa, noviembre 2018)

El arzobispo de La Plata, Víctor Fernández, coincidió con Lorenzo en que se trata de «una campaña contra la Iglesia».

Estos últimos años los viví sobrellevando como pude lo que había pasado. Me costó mucho rearmar mi historia . Ahora quiero que se sepa quién es este señor y que nadie vuelva a poner en él su confianza como lo hice yo. Este tipo me cortó al medio, separó mi vida en dos. Hoy por lo menos puedo contarlo y transmitirlo. Para mí lo peor ya pasó. Lo malo es que él puede estar haciéndole hoy lo mismo a otros”, dice León (así se ha convenido llamarlo para preservar su identidad). Además de él, en una mañana calurosa de febrero, están sentados alrededor de la mesa sus padrinos, Julio Frutos y su esposa Adriana ; Julieta Añazco , fundadora de la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico de la Argentina y dos periodistas de medios digitales junto a La Pulseada .

Salvo por una breve intervención los días previos en el programa La voz del erizo que transmite FM De la Azotea de Mar del Plata, es la primera vez que la única víctima que llevó a los tribunales su denuncia de abuso contra el cura Eduardo Lorenzo decide hacer público un durísimo testimonio que se prolongó por más de tres horas. Lorenzo ha vuelto a estar en el tapete después de que en enero pasado fracasara, por la reacción de los padres del colegio, el intento del arzobispo Víctor Fernández de trasladarlo de Gonnet a Tolosa (ver recuadro).

León nació hace 28 años en un partido del conurbano en el que ahora reside y denunció haber sido víctima desde los 15 de delitos atroces. Su relato estremece, duele ver cómo las secuelas del trauma que le provocaron siguen afectándolo, así como conmueve el amor y la contención que desde que lo conocieron a los 12 años, siendo un chico de la calle, le ofrecieron y continúan brindándole hasta hoy: sus padrinos Julio y Adriana.

De la calle a la iglesia

Mis padres eran un tiro al aire comienza y trajeron hijos al mundo pero los dejaron para que se arreglen como puedan. Yo vivía en la calle. No tenía ubicación, ni horarios, ni rumbo. A los 12 años conocí a Julio y Adriana. Era muy reservado, muy callado. Pero enseguida tuve con ellos confianza. Fue una suerte dar con ellos y lograr una relación como de familia. Me dieron la oportunidad de salir de la calle y de estudiar, que era lo que yo quería” relata León. Julio acota: “ L o recibieron muy bien en la Escuela Coronel Manuel Dorrego (13 entre 511 y 512) de Gonnet. Él puso muchas ganas e hizo quinto y sexto grado en un solo año”.

“Ahora quiero que se sepa quién es este señor y que nadie vuelva a poner en él su confianza como lo hice yo”

Por decisión de un juez de menores León pasó a vivir en el Hogar “Esos Locos Bajitos” (508 y 10) de Gonnet, donde permaneció alrededor de un año y medio. Después lo trasladaron al Hogar “Los Leoncitos”, en la misma localidad, que ya no existe, y que se ubicaba sobre el camino Centenario y dependía de Cáritas diocesana. Mientras, el adolescente había hecho catequesis bautismal en una parroquia a quince cuadras del Hogar y se bautizó a los 14 años, con Julio y Adriana como sus padrinos. Allí en Gonnet, empezó a asistir y colaborar con la Iglesia Inmaculada Madre de Dios (502 entre 15 y 16). “Empecé a hacer amistades nuevas con jóvenes de mi edad y me sentía muy cómodo como parte del grupo misionero”, detalla.

Entonces, el 7 de enero de 2007, cuando apenas tenía 52 años, falleció el párroco a cargo del lugar, Norberto Chiodini . E n abril, para la Semana Santa, llegó para reemplazarlo Eduardo Lorenzo, quien continúa al frente del templo hasta la actualidad. “Este hombre narra se presentó y trató de ganarse nuestra confianza. Desde los primeros días nos pareció que era uno más de nosotros. Yo lo ayudaba en misa y en los casamientos y quería colaborar con él. Lo consideraba un hombre de bien y no sospechaba lo que vendría después”.

A León le sorprendió que el cura recién llegado “era muy mal hablado, maldecía y se la pasaba puteando a la gente antes de la misa. De golpe me topaba con alguien que suponía iba por el camino del bien pero que no comprendía. Te tocaba, te pellizcaba, te hacía cosas que no eran normales”.

El nuevo párroco además comenzó a diferenciarlos en dos grupos dentro del grupo misionero. “Por un lado estaban los hijos de las familias de la zona, los que jugaban al rugby, y por otro lado estábamos nosotros, los pobres, los ‘negros’, ‘la porquería’. Nos discriminaba: ‘vos no tenés nada’, ‘no servís para nada’, nos decía. En esos grupos solo había varones, siempre menores de 20 años, y nunca mujeres”, describe.

Las “fiestas” del descontrol

Las reuniones del grupo misionero se realizaban en la casa parroquial, después de misa, o en una quinta de vacaciones de Villa Elisa durante el verano. Además Lorenzo siempre proponía organizar campamentos. “¿Qué pasaba en esas reuniones? Pasaba de todo, era un descontrol”, señala León. Quizás para evitar el dolor de revivirlo o en parte por vergüenza, prefiere no entrar en detalles. “De esas fiestas puntualiza los chicos de las familias tradicionales se retiraban más temprano. Con los hijos de las familias importantes no se metía. En esas reuniones había siempre mucha comida y alcohol. El cura decía que todo eso salía de la plata de la gente. Una vez me llevó a su habitación y me mostró la caja fuerte. Quien entonces era la pareja de él, con 16 años yo tenía 15 , comandaba todo, decidía dónde ir y qué hacer. Pero en los ‘juegos’ siempre era Lorenzo quien tenía la iniciativa y quien apagaba la luz”.

El padre Eduardo Lorenzo

Quería prosigue que estuviéramos con él. Y estar con él incluía tener relaciones sexuales. Tenía relaciones con mis compañeros y me buscaba también a mí. Pretendía que nos enamorásemos de él y termináramos convirtiéndonos en su pareja. Llegó a querer que me fuera a vivir con él a la casa parroquial. ¿Hasta dónde llegó conmigo? Hasta donde quiso. Yo no fui el único abusado: hubo otros. Y no fue una vez, fueron muchas veces, muchas noches”.

No era el único cura que estaba allí especifica pero otros también estaban manchados y se tiraban la pelota entre ellos. Él nos hablaba mal del padre Mario y del padre Jorge . A éste último lo pescaron en una situación de abuso con un chico pero taparon todo. El propio Lorenzo nos lo comentaba”.

Dentro del grupo añade también había un hombre grande, ciego, amigo de él, cuyo nombre no recuerdo. Él también tenía relaciones y nos incitaba a hacer lo mismo: ‘no tengan miedo’, ‘es algo normal’, nos decía. Una vez llevé a la quinta a mi hermano, quien a pesar de ser cuatro años menor que yo se dio cuenta enseguida de todo: ‘¡Pero vos sos loco! ¿Qué estás haciendo acá? ¿No te das cuenta que le gustan los pibes?’, me advirtió”.

Acoso y humillación

Lorenzo se consideraba intocable y buscaba dominarnos metiéndonos miedo: ‘Yo manejo todo, desde la villa hasta la cárcel’, nos decía”, recuerda León que con sólo 15 años era sometido y maltratado: “Yo era el ‘negro miserable’, ‘la porquería’. Me decía : S i te tengo que tocar, te toco con un palo porque no quiero enfermarme’. Una noche me escupió en la cara y me trató de ‘basura’ delante de mis compañeros. A mí se me caían las lágrimas. Uno había logrado abrirse y dejó de ir. Yo también quería salirme pero sentía que no tenía escapatoria. Me lo cruzaba en todos lados: si no era en la iglesia, era en el Hogar, que también dependía de la parroquia. Él era el dueño de mi vida”.

Durante dos días agrega intenté evitarlo. Me llamaba obsesivamente. Fue a patear el portón del Hogar como si estuviera allanando una casa. Me sacó afuera a la fuerza. ‘¡Qué carajo te pasa! ¡A mí vos me vas a atender! ¿Quién te creés que sos?’. Me llevó a comer al restaurante de la esquina. Una vez por semana, como una donación, gratis, ese comedor se abría para los chicos del Hogar”. Cuando vio que León se alejaba, la actitud del cura cambió: “‘Acá no vas a comer las sobras de los lunes: pedí el vino que quieras. Total lo paga la gente de acá’. Quería que no le contara nada de lo que hacíamos a mis padrinos. Buscaba comprar mi silencio con dinero. Me ofrecía lo que yo quisiera. En el comedor me dijo: ‘ M añana venite y sigamos con la vida normal. Acá no pasó nada. Basta con que vos vengas a la parroquia durante una misa y digas delante de todos que lo que contaste fue una mentira’, proponiéndome un trato”. León ya había hablado con sus padrinos y Lorenzo continuaba presionándolo mediante mensajes amenazantes que le hacía llegar a través de sus amigos: “Yo tengo contactos en el Servicio Penitenciario, en el Senado, entre los políticos, en el Poder Judicial”.

“Lorenzo se consideraba intocable y buscaba dominarnos metiéndonos miedo: ‘yo manejo todo, desde la villa hasta la cárcel’, nos decía”

Era su esclavo y sentía que no tenía salida recuerda . También esclavizaba a otros. Como no aguantaba más, me distancié. Y al sentirme solo y aislado, me deprimí”. Fue entonces cuando León protagonizó un intento de suicidio: “No sé cómo se enteró que me había cortado. Se desesperó. ‘¿Por qué querés llamar la atención?’, me preguntaba”. El entonces administrador del Hogar Los Leoncitos, Diego Grieco , llamó a Julio para contarle que León se había querido matar. Frutos le dijo a Grieco que lo hacía responsable de que su ahijado no tuviera más ningún tipo de relación con Lorenzo. Pero la institución dependía de la parroquia, Grieco le tenía pánico al sacerdote y lo llamó para avisarle.

Las causas penal y eclesiástica

Fuimos entonces inocentemente primero a buscar una solución pastoral y después hicimos la presentación ante la Justicia”, cuenta Julio. El 11 de marzo de 2007 Frutos, con el consentimiento de León, presentó una denuncia ante el Arzobispado para que se abra el procedimiento canónico, y el 20 de agosto de ese mismo año hizo lo propio ante la justicia ordinaria. Julio y Adriana decidieron sacar a León del Hogar, lo llevaron un mes a vivir con ellos a su casa y luego le alquilaron un cuarto de pensión. Fue necesario que recibiera asistencia psicológica.

Lorenzo y el intendente Garro en el aniversario del Colegio Vaticano II de Gonnet

La causa (N° 25601/08) recayó en la UFI N° 1, a cargo de la fiscal Ana Medina. Prestaron declaración la víctima y su tutor. León no recuerda bien qué le preguntaron ni cuáles fueron sus respuestas: “Yo era muy chico y había pasado demasiado poco tiempo. A los 16 años no sabía cómo ir en contra de alguien que me llenó de miedo como un mafioso”. Aún hoy le es difícil referirse a lo acontecido, es posible imaginar que no estaba entonces en las mejores condiciones para brindar su testimonio.

También se presentaron otros testigos. “Salieron a la luz otros casos. Ubicamos en Olmos a una persona de unos 30 años, que ahora tendrá 40, que cuando joven había sido también abusado por Lorenzo en los campamentos que organizaba con ellos. Contó que se bañaba con los chicos y se les metía adentro de la bolsa de dormir. Quedaba claro que no estábamos hablando de un hecho aislado sino que quince años antes, en otra parroquia, ya venía haciendo lo mismo”, amplía Julio.

Transcurridos poco más de cuatro meses, el 9 de enero de 2009, la causa fue archivada “por no existir elementos suficientes que permitan acreditar la existencia del hecho ilícito investigado”. Frutos comenta: “Los delitos sexuales, que ocurren en la intimidad, no pueden investigarse como cualquier otro ilícito. Las declaraciones de afectados o testigos no son lo único ni necesariamente lo más importante. Son fundamentales las pericias. Pericias, por ejemplo, para saber si los que se consideran abusados están diciendo la verdad, pericias para establecer cuál es el perfil psicológico del acusado. Nada de eso se hizo”.

Cuatro meses después de la denuncia la justicia penal archivó la causa. El único resultado de la investigación canónica fue una «reprensión» por sus modos para evitar «malos entendidos»

Más allá de esa crítica, el hecho de que la causa haya sido archivada es un elemento que podría habilitar una revisión. Así fue explicado a La Pulseada por la propia fiscal Medina, quien dice apenas recordar el expediente de hace una década: “Son casos muy complejos en los que los chicos muchas veces no pueden expresar todo lo que les pasa, por eso nos preocupa dejar abierta la posibilidad de una reapertura porque ocurre que pueden hacerlo cuando son adultos. Y si dictáramos un sobreseimiento ya no podríamos volver atrás”.

La iglesia de Gonnet, en 502 entre 15 y 16, donde ejerce Lorenzo (Foto: G. H.)

En cuanto al procedimiento canónico, como suele ocurrir, ni el denunciante, ni la víctima, ni el otro joven abusado años atrás que fue ubicado en Olmos, ni el acusado fueron jamás citados, no se realizó tampoco pericia alguna, no se efectuó inspección ocular sobre el escenario de los delitos ni se comunicó a otros menores expuestos o a sus familias sobre los riesgos que eventualmente corrían. Ante los insistentes reclamos de Julio por una falta de respuesta que se prolongó durante una década, el 6 de septiembre de 2018 el Tribunal Interdiocesano Platense le informó que “luego de un análisis exhaustivo de los elementos que obraban en la investigación canónica no hemos llegado a la conclusión de que hubieran comportamientos que tuvieran que ver con abusos sexuales (…) El resultado de la investigación fue descartar la comisión de ‘delicta graviora’ (delitos graves) por parte del Pbro. Eduardo Lorenzo. Sin embargo, se le ha impuesto una reprensión canónica por sus modos en el trato de algunas personas, por lo que ha sido llamado a la prudencia, a la ejemplaridad de la labor pastoral y se lo ha instado a evitar todo tipo de actuaciones equívocas que puedan dar lugar a malos entendidos o sospechas”.

Seguramente a la causa la han archivado porque Lorenzo tiene contactos con el poder. Tanto desde la Iglesia como desde el Estado lo protegen porque le deben favores. Nunca tendría que encubrirse a nadie. Pero por algo lo deben hacer. Tienen compromisos con él, ha comprado protección y tiene sus escudos”, piensa León. Una demostración de su influencia fue lo vivido por Roxana Vega y Alejandro Di Salvo . En una reunión de padres del Colegio Vaticano II de Gonnet realizada a mediados de 2009 comentaron que Lorenzo tenía una denuncia penal. A los pocos días les mandó una carta documento en la que los intimaba a rectificar o ratificar sus dichos y a principios de 2010, a raíz de que habían enviado mails advirtiendo sobre el asunto, su casa fue allanada por efectivos de las policías Federal y Provincial, que les secuestraron una computadora que nunca restituyeron.

Una película de terror

León recapitula y reflexiona: “Estos 11 años sobrellevé todo esto como pude. Fue como estar todo el tiempo viendo una misma película de terror. Quiero que se termine de una vez. Que se sepa quién es Lorenzo y que nadie vuelva a depositar en él su confianza como lo hice yo. Les aconsejaría que no tengan cuatro ojos, como se dice, sino veinte, que los analicen bien, porque no son santos, son personas. De un supuesto lugar de bien salí trastornado. Cada uno puede decidir cuál será su comportamiento sexual pero nadie tiene que ser forzado a nada”.

Frente a las últimas noticias que tuvieron a Lorenzo en algunos titulares, León encuentra algún consuelo. “Cuando me entero de que hay nuevos casos que se denuncian y se investigan, cuando supe lo de Tolosa, sentí alivio de que la gente se empezara a organizar para impedir que esto se repita con otros menores. También sería un alivio para la gente de Gonnet que una persona semejante no siga estando allí. Yo hice lo que pude para desenmascarar a un monstruo. Lo hice para que no pueda arruinarles la vida a otros chicos. Ahora que todas las historias están saliendo a la luz es él quien tiene que estar preocupado. Porque está muy sucio y tiene más manchas que un tigre”.

«Nunca tendría que encubrirse a nadie. Pero por algo lo deben hacer. Tienen compromisos con él, ha comprado protección y tiene sus escudos” (León)

Frutos, por su parte, destaca: “No sentimos ningún cargo de conciencia al contrario por querer llevar esto hasta sus últimas consecuencias, porque sabemos que estamos trabajando a favor de una Iglesia verdadera. De lo contrario nos transformaríamos en unos hipócritas más”.

La víctima ya dijo lo suyo. Son otros los que ahora tienen la palabra y son responsables de la acción. El arzobispo Víctor Fernández , por ejemplo, podría investigar y separar a todos los sacerdotes acusados de pedófilos de la arquidiócesis, imitar lo que el Papa hizo en Chile, donde se retractó de su primera defensa, desplazó a los abusadores y pidió perdón a las víctimas. Los funcionarios judiciales, por su parte, tienen la oportunidad de desarchivar la causa y llevar adelante un proceso serio, en el que podrían encontrar elementos para condenar a un acusado que nunca fue absuelto ni sobreseído. Desde el E jecutivo la gobernadora María Eugenia Vidal , que no designó pero heredó a Lorenzo como personal jerárquico del Servicio Penitenciario, tiene la ocasión de revisar su continuidad.

Y la feligresía de Gonnet, como los personas ligadas a las diferentes instituciones en las que Lorenzo continúa prestando servicios, pueden reclamar, como la comunidad de Tolosa, para que personajes semejantes se alejen de la vida de sus hijos y de las suyas propias para siempre. 


Quién es Eduardo Lorenzo

El presbítero Alfonso Eduardo Francisco Lorenzo tal es su nombre completo fue ordenado sacerdote en 1988. Está desde hace doce años al frente de la parroquia Inmaculada Madre de Dios (502 entre 15 y 16) de Gonnet. Antes de llegar a este destino ya se había encargado de templos de Berisso, Olmos, Los Hornos y La Plata. A partir de 1990 comenzó a desempeñarse como capellán del Servicio Penitenciario bonaerense y, en tal carácter, actuó como confesor de colegas que se encuentran presos, como Cristian Von Wernich, condenado a reclusión perpetua por delitos de lesa humanidad, y Julio César Grassi, sentenciado a quince años por violación de menores. Lorenzo niega ser el “confesor habitual” de Grassi aunque admite “haberlo confesado alguna vez”. Como capellán general del Servicio Penitenciario recibe del Estado provincial un sueldo equivalente al del agente que ocupa el más alto rango en el escalafón un inspector principal, es decir, alrededor de cien mil pesos mensuales. Se trata de un trabajo de tiempo parcial, que no le insume más de un par de horas por día, y que pastores de otras religiones, como los evangélicos, efectúan de modo gratuito. Ese cargo le otorga la posibilidad de designar a los capellanes que se desempeñarán en todas las unidades carcelarias bonaerenses. Un dato adicional reafirma la solvencia económica y los contactos con el poder del sacerdote: los letrados que lo defienden pertenecen al mismo estudio jurídico que patrocina al ex gobernador Daniel Scioli.

Además es representante legal de varias instituciones educativas católicas, capellán de los Boy Scouts, del cementerio de Berisso, de la Asociación de Guías Argentinas y vicepresidente del Foro de Seguridad de Olmos.


Tolosa dijo no

A principios de este año, padres de alumnos del Colegio Nuestra Señora del Carmen (115 entre 530 y 531, foto) de Tolosa se enteraron que el cura denunciado por abusos, Eduardo Lorenzo, sería trasladado al frente de la iglesia lindera a la escuela por decisión del arzobispo Víctor Fernández. La comunidad educativa formó entonces un grupo de WhatsApp y otro de Facebook para intercambiar información y organizarse para resistir. Redactaron una nota dirigida al Arzobispado, juntaron en alrededor de una semana más de 2.000 firmas y ofrecieron reportajes a diferentes medios.

En principio sólo les respondieron por las redes sociales “los representantes legales del colegio y del párroco” pidiéndoles “prudencia” y evitar “comentarios infundados que no tengan certeza plena”. Luego el Arzobispado, que jamás había contestado los correos electrónicos de los padres, les respondió mediante un comunicado publicado en el diario El Día donde afirmaba que tanto la justicia civil como la eclesiástica llegaron “a una misma conclusión”: “La inexistencia del delito de abuso sexual por parte del sacerdote Eduardo Lorenzo”. Tras varias inexactitudes, como confundir el archivo de una causa con la absolución o asegurar que la víctima prestó declaración en la investigación canónica, el escrito dice que “pasada una década” Fernández solicitó una “consulta complementaria a jóvenes, laicos adultos y sacerdotes” de la que “no surgieron elementos nuevos” y ratifica implícitamente la designación de Lorenzo como párroco de Nuestra Señora del Carmen.

El 21 de enero un grupo llevó la nota al Arzobispado. Allí le pidieron sus datos a las madres asistentes. Maruca Cabrera, la vicecanciller del Arzobispado, escuchó que estaban allí y les requirió la nota. Se fue a otro despacho, la leyó y luego dio muchas vueltas para recibirla: que no sabía si las firmas de las personas que adherían se correspondían a la nota, que no estaba foliada, que en el título no se aclaraba que entre los firmantes había otras personas además de los padres, etc. Se solicitó una audiencia con el Arzobispo y se recibió como contestación que no estaría en la ciudad hasta fines de febrero. Pidieron entonces una reunión con algún obispo auxiliar y les dijeron que quedaba a confirmar. Una copia de la nota también fue entregada a la Dirección de Escuelas de Gestión Privada.

Luego llamaron a algunas madres para avisarles que el viernes 25 de enero las recibiría el obispo auxiliar Alberto Bochatey. Concurrieron y conversaron con él mientras las filmaban. Seis días después fueron convocadas de nuevo al Arzobispado. Al llegar se encontraron con la ingrata sorpresa de que estaba presente el mismísimo Eduardo Lorenzo, acompañado de un abogado. Les mostraron una carta de Lorenzo en la que renunciaba al nombramiento en Nuestra Señora del Carmen y otra del Arzobispo Fernández en la que le aceptaba la dimisión.

En ambas misivas afirman que se ha calumniado, difamado, actuado en forma maliciosa y puesto en duda la integridad moral del sacerdote. En su carta, Lorenzo plantea engañosamente que está probada su inocencia (“la justicia ya resolvió la causa y la archivó hace años por falta de méritos”), se victimiza considerándose objeto de una campaña de difamaciones e injurias y presenta su renuncia, no por sus antecedentes, sino “por amor a la Iglesia” y “por el bien de todos”, incluidos la “comunidad” y los “chicos” de Tolosa. En su respuesta, Fernández suscribe la teoría conspirativa, se conduele de Lorenzo y hasta termina pidiéndole “disculpas” por haberlo “expuesto al dolor y la humillación pública”. Otra vez, acepta su renuncia, no en virtud de los delitos de los que es sospechado, sino para librarlo de trabajar donde no es bienvenido.

La reunión del 1º de febrero constituyó un claro acto intimidatorio. Agustina Feregotto, una de las impulsoras del reclamo, fue advertida que tanto ella como los medios que se habían ocupado del caso recibirían cartas documento. “Que haya estado Lorenzo allí, y con un abogado, sin haberles avisado antes a las mujeres que concurrieron me parece de una falta de ética total. Y también entiendo que el hecho de filmar las reuniones fue otra manera de poner nerviosas a simples madres que velan por el bienestar de sus hijos y que por primera vez tenían que enfrentar algo así”.

Ver también > Testimonios tras el frustrado traslado a Tolosa de un cura denunciado por acoso (edición web)

Ultraje a la inocencia (edición impresa, noviembre 2018)

 

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