La internación como “privación de la libertad”

Nota principal: Mariposas buscando primaveras

El caso de A.D. es un paradigma del deficiente tratamiento que reciben en la Provincia niños, adolescentes y jóvenes con problemas de salud mental o de adicción. En julio de 2012, cuando lo internaron en la clínica psiquiátrica privada de Junín Ferromed, el defensor oficial del fuero de Responsabilidad Penal Juvenil Julián Axat reclamó el “traslado inmediato” del adolescente, porque parecía estar en una cárcel: “Sin abordaje terapéutico real y hasta en condiciones degradantes para su persona”, en una habitación sin baño, higiene ni ventilación y “privado de su libertad”, porque lo habían ubicado en una celda de aislamiento “para evitar todo intento de fuga”, planteó Axat.

A.D. consumía drogas desde los 8 años. Su mamá, Romina, lo internó varias veces en la clínica psiquiátrica San Pablo y en el hospital de Niños platense, a cuya guardia acudía cada vez que lo veía intoxicado. Pero su hijo nunca recibió el tratamiento adecuado. A cambio recibió 12 causas penales que se abrieron contra él.

Hace más de un año, el juez Luis Arias convocó a una audiencia pública para discutir el tema entre funcionarios, profesionales, organizaciones sociales, organismos de Derechos Humanos, víctimas del sistema y familiares como Romina. Ese día, antes de retirarse, a pocos minutos de iniciada la audiencia junto al resto de los funcionarios, el subsecretario de Niñez, Sebastián Gastelú, prometió cerrar Ferromed. A fin de 2012, el predio que ocupaba esa clínica fue adquirido por la Universidad Nacional del Noroeste, y en marzo de 2013 se abrió, en el hospital de Niños de La Plata, la primera unidad de internación de salud mental pediátrica. Además, en el policlínico San Martín y en el hospital Reencuentro empezaron a funcionar dispositivos similares para adolescentes.

Tras aquella audiencia, la Justicia ordenó que se cree un servicio para atender adicciones. Axat dice que “son muy pocas camas” y que “el negocio de la Provincia con las denominadas comunidades terapéuticas privadas continúa igual que siempre”, pero rescata todo lo logrado y asegura que la historia de A.D. marca un antes y un después, y “es un ejemplo de las cosas positivas que se pueden hacer”.

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