Un panorama del sistema de promoción y protección

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Se cumple un año de la nueva gestión provincial y La Pulseada pone el foco en los 12 hogares convivenciales del Organismo Provincial de Niñez y Adolescencia (OPNyA). La educación, la salud y el derecho al juego de los chicos y chicas en medio de la pandemia de Covid-19 y la situación de quienes trabajan para la niñez con medidas de abrigo. El Hogar Servente, un ejemplo de los avatares en medio de los contagios.

Por Abril Lugo

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Tengo un poco de dolor de garganta― le dijo una trabajadora a Diego Luna, mientras cocinaban para los niños y niñas del Hogar María Luisa Servente, de Villa Elisa. En ese momento él era el director del lugar y su primera reacción fue respetar las pautas del protocolo sanitario para posibles casos de coronavirus y recomendar el hisopado. Dio positivo.

Todavía era invierno y hacía más de tres meses que el Hogar permanecía aislado por la cuarentena. Las vacaciones de julio habían pasado con algunas actividades recreativas para los 17 niños y niñas de hasta 12 años que conviven ahí y agosto iniciaba con algunas complicaciones por contagios de Covid-19. Por ser parte del grupo de riesgo y contacto estrecho, Diego tuvo que permanecer aislado preventivamente. También tuvieron que hacerlo un número importante de integrantes del equipo a medida que llegaban las confirmaciones de los hisopados que se realizaron ellos y los niños y niñas. El resultado fueron 14 chicos contagiados y algunos trabajadores más, según información no oficial.

No sé si hubo un culpable o responsable en sí, puesto que hicimos todo lo humanamente posible. Pero el virus está en la calle, en el aire, y una persona que es asintomática puede contagiar más de lo que cree ―reflexiona Diego, en pleno cierre de su gestión a finales de septiembre, en diálogo con La Pulseada.

Cuando empezó la cuarentena, las visitas al Hogar se restringieron y los trabajadores se turnaban en la semana para cubrir las tareas de limpieza, administración y acompañamiento a los niños y niñas, que dejaron de asistir a sus actividades fuera del Hogar, como la escuela, clubes y talleres de arte. En la entrada se tomaba la temperatura a cada persona que ingresaba y los alimentos y productos de limpieza se aseaban con lavandina, para evitar el ingreso del virus. Diego insistió reiteradamente en que se realizara la desinfección ambiental con amonio cuaternario en el predio del hogar, y logró que se hiciera un par de veces. Aún así se dieron los contagios y la intervención del Organismo de Niñez y Adolescencia de la Provincia para asistir la emergencia a raíz de la abrupta caída de personal por las medidas de prevención.

Había una necesidad de lo recreativo. Yo me llevé eso. Hay que seguir generando espacios lúdicos” (Carmen Gutiérrez)

Es muy complejo que a los tres meses de gestión te aparezca una pandemia y quieras reestructurar un sistema de cinco o seis años —comenta Diego, respecto al impacto de la crisis sanitaria para la nueva administración del Organismo de Niñez, que en mayo además sufrió el cambio de conducción cuando la entonces ministra de Desarrollo de la Comunidad, Fernanda Raverta, abandonó el cargo y la reemplazó Andrés Larroque.

Nuevas caras en un hogar

Con la confirmación de los casos, en el hogar Servente aparecieron nuevas caras para los niños y niñas y se profundizó la separación con sus referentes cotidianos. Carmen Gutiérrez, una mujer de unos cincuenta años, rubia y de un metro sesenta, fue una de las personas que asistió a los niños y niñas del Hogar durante los 15 días en que el personal se redujo por los contagios.

Obviamente nosotros éramos los de afuera, los extraños. Entonces hubo muchos interrogantes ¿Quién sos? ¿A qué venís? ¿Por qué viniste? Aparte estábamos con las máscaras y todo lo que te ponés en el marco del cuidado; los niños estaban bien, nosotros los adultos mantuvimos los cuidados que corresponden ―cuenta Carmen, trabajadora social y militante de los derechos de las infancias, que desde marzo coordina el equipo técnico central de la Dirección de Recursos de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes (NNyA) del Organismo. “Fue importante porque pudimos escuchar a los chicos, saber qué les pasaba”, agrega.

Carmen se sentaba con los chicos pequeños, en la sala de juegos de mesa e ideaba alguna actividad que los entretuviera, pero sobre todo, que ayudara a su expresión. Su manera de conectar y proponer juegos fue mediante el dibujo, cuentos y canciones.

Se engancharon por el tema de las canciones infantiles y canté como 500 veces la misma canción —recuerda entre risas y enfatiza: “Había una necesidad de lo recreativo. Yo me llevé eso. Hay que seguir generando espacios lúdicos, así que lo que hicimos fue convocar a voluntarios que se quedaran y convocar a actividades más recreativas y artísticas”.

La experiencia del Hogar Carrillo

Carmen también participó de las refacciones en el Hogar Ramón Carrillo, que se inauguró al mes del inicio de la cuarentena como un centro de aislamiento preventivo, orientado a los niños y niñas que ingresaran al sistema de hogares oficiales, en caso de ser necesario. Como coordinadora del equipo técnico central del Organismo de Niñez, recuerda los días en los que tuvo que pintar paredes, lijar muebles viejos y ordenar camas, para que las instalaciones fueran aptas para la cuarentena de los niños:

Queríamos que fuera agradable, colorido, así que recuperamos el lugar en 8 y 66 y hasta hace una semana —comenta Carmen a inicios de octubre—, teníamos 24 niños de entre 4 y 13 años. Se capacitó al personal con el Organismo y el Ministerio de Salud y se habilitaron actividades recreativas y que no atraviesen el tema de la salud todo el tiempo. La mayoría de los chicos que van al Carrillo no se quieren volver a los hogares porque hay mucha actividad lúdica y se trabaja mucho con voluntarios y la coordinadora articula muchísimo con la comunidad, entonces se reciben muchas donaciones”.

Desde la Comisión por la Memoria realizaron un relevamiento. Contactaron 9 de los 12 hogares, y cinco les respondieron. También se detectaron contrataciones precarias y becarios-Covid

El Hogar Carrillo fue una de las pocas instituciones que mantuvo las visitas de los y las voluntarias cada fin de semana desde inicios de mayo. Eli, que es voluntaria desde hace años en el Hogar Joaquín V. González y el Bernardino Rivadavia, fue una de las personas convocadas por la Directora del Hogar Carrillo, Paula Gallardo, que también coordina el Hogar Joaquín V. González.

El voluntariado entró sabiendo que iba a funcionar como centro de aislamiento. La verdad no sabemos si va a continuar como hogar o no después de la pandemia”, describe Eli.

El Hogar Carrillo alberga actualmente a los niños y niñas del Joaquín V. González, que está en etapa de refacciones y arreglos desde hace un mes. Bárbara, que coordina el voluntariado del hogar, rememora a La Pulseada los detalles de una jornada como voluntaria en tiempos de pandemia.

En el hogar Joaquín V. González representaron Caperucita Roja a través de una ventana

Una tarde de domingo soleada y fresca los chicos y chicas del Hogar convivencial Joaquín V. González se asomaban a las ventanas cuando escucharon su voz, que junto a los demás voluntarios, llegaban con pelucas de colores, sombreros y la cara cubierta por el tapabocas. La risa de los niños llegó al ver a los voluntarios con unos hermosos muñecos de cartón en las manos: las figuras prolijamente recortadas de Caperucita Roja, con su canasta y sus mejillas rosadas; el leñador cargando en su hombro derecho un hacha; y un lobo con ropas de abuela recostado en la cama.

Vamos cada siete o quince días a compartir con ellos desde la vereda y vamos a seguir así hasta que pase la pandemia ―describe Bárbara a La Pulseada. Retomaron la actividad en mayo, cuando la cuarentena tenía más de un mes, los casos diarios de coronavirus en el país aún se contaban en centenas y ya festejaron el Día del Niño y la primavera con chicos y chicas de entre cero y seis años. “Seguimos así actualmente y seguiremos por un tiempo más por lo menos hasta que esta situación mundial se acomode un poco”, acota.

Circula el virus pero no la información

Sergio Raimundo es subdirector del Programa de Niñez de la Comisión Provincial por la Memoria y cuando se supo de los casos positivos de Covid-19 en el hogar Servente elevó un pedido de información sobre las estrategias de cuidado y atención dentro de la institución al tener casos a Marcelo Cortizo, el responsable de la Dirección de Recursos de protección de NNyA.

Nos informaron extraoficialmente que hisoparon a 9 jóvenes y a cuatro adultos. De alguna manera no dieron positivo los chicos pero sí los adultos, entonces lo que hicieron fue aplicar protocolos de Covid: llamaron al 148, algunos chicos tuvieron dolor de garganta, entonces lo que pedimos fueron las medidas, mediante nota con fecha del 9 de septiembre elevamos el pedido de información y aún no hemos recibido respuesta”, explica Raimundo y alega no saber el número exacto de contagios durante septiembre en el hogar. “Aún no hemos recibido el informe, de hecho pensamos repetir la nota”, añade.

La situación sanitaria en el resto de los hogares es igual de incierta. Desde la CPM a principios de noviembre, iniciaron un relevamiento telefónico en los 12 hogares convivenciales oficiales de la Provincia. Intentaron contactarse con 9, de los cuales 5 brindaron información. Según Sofía Porta, que participó del relevamiento, al consultar a los directivos sobre casos positivos de Covid, ninguno los admitió, excepto por un director de una institución que afortunadamente no habría tenido contacto con los niños y niñas y cumplió con el aislamiento. Uno de los hogares con los que la CPM no pudo conseguir entrevista al cierre de esta nota fue el Hogar Servente. Tras el relevamiento, Porta profundiza sobre dos puntos que llaman la atención sobre el desempeño en la pandemia dentro de los hogares oficiales: la situación de los y las trabajadoras y la conectividad.

Lo que surge en cuanto a lo que se llaman operadores, que son los que realizan las tareas de cuidado cotidianas, es que hubo dos formas de contrataciones que son precarias a nuestro entender y bastante preocupantes: la primera eran los contratados Covid, para reforzar el sistema porque había personal afectado al ser población de riesgo. Luego de este proceso, lo que surgió en las entrevistas es que hay una nueva contratación precaria que se llaman becarios Covid, que únicamente trabajarían mientras dure esta situación excepcional, lo que nos hace bastante ruido, porque no entendemos bien a qué refiere el término becario”, explica.

Las modalidades de trabajo también afectaron a los equipos interdisciplinarios que tiene cada institución, excepto en el hogar oficial de la ciudad de Azul, que no tiene asignado personal en los cargos. Porta describe: “De nuevo hay algunas trabajadoras de los equipos que se vieron afectadas por ser población de riesgo y trabajaron de manera remota y después sí hubo una política constante en varios hogares, para que se fueran alternando los días en la semana, una vez la trabajadora social, después la psicóloga y así, para el cuidado, algo que de todas maneras debilita los abordajes para la intervención de los casos”.

Los esenciales de siempre

Desde el 22 de marzo, por resolución provincial, los trabajadores del Organismo de Niñez fueron incluidos entre los considerados esenciales para el trabajo diario en el marco del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO). Por eso mantuvieron la actividad, pero para reducir la circulación limitaron la presencialidad a un día o dos a la semana. Pero a pesar de considerarse esenciales, los trabajadores y trabajadoras del área de Niñez de Provincia no recibieron el bono como los docentes y profesionales de salud y el aumento por paritaria fue magro. La realidad es que la pandemia afectó a los trabajadores tanto en sus tareas diarias como en el poder adquisitivo.

“Logramos sobrevivir a esta situación con muy poco personal, no estábamos preparados, porque se enfermaba uno en una guardia de cinco y se aislaba a los cinco por prevención. Por ahí de los cinco se contagiaban tres. También tuvimos compañeros que fallecieron de coronavirus y que se contagiaron en lugares de trabajo”, dice Griselda Fernández.

Ella es la Secretaria General de la Junta Interna de ATE en el Organismo de Niñez y Adolescencia y, antes de que en marzo de este año iniciara la cuarentena, se desempeñaba en la línea de atención telefónica 102. “Vamos a ser sinceros, la Provincia no tiene plata y no había para todos, y en las paritarias Niñez se encontró dentro de un panorama bastante complejo: el aumento no es lo que nosotros esperábamos pero lo tomamos igual porque es una necesidad aumentar un poco el bolsillo de los compañeros, pero no alcanza. Nos caímos económicamente un 60% del sueldo. Y bueno, nos dieron un 40%”.

El acuerdo salarial estipulaba un aumento del 14% entre septiembre, octubre y noviembre y un 30 por ciento más a las asignaciones familiares, hasta reabrir la discusión a fin de año: “Tenemos el detalle del tiempo, porque estamos hablando de negociaciones en las que hace por lo menos 10 años que no tenemos recategorizaciones en lo que es la provincia de Buenos Aires. Entonces es importante, muy importante la paritaria”.

Griselda entró hace 30 años al Organismo de Niñez, justo cuando una colega se estaba por jubilar. Corría el inicio de los 90, la hiperinflación de 1989 traía un flamante presidente, Carlos Menem, y la promesa de una década de cambios. En ese momento Griselda supo que su compañera se retiraba con una compensación de 30 sueldos, uno por cada año de trabajo.

Yo me voy a jubilar con una compensación de seis sueldos después de tantos años de trabajo. Los tiempos cambiaron para peor ―reflexiona una tarde de jueves en su casa. Al ser parte de la población de riesgo, mantuvo la cuarentena desde marzo, realizando sus tareas mediante teletrabajo. Por la experiencia de estos meses de crisis sanitaria, sopesa: ―Yo creo que esto no fue peor gracias a los trabajadores, hubo un protocolo que respetaron, se cuidaron por ellos, por los chicos y por sus familias.

Para Fabricio Nosenzo, delegado de la Junta Interna de ATE en el OPNyA, la situación no se puede revertir con sólo un año de trabajo y los obstáculos de este año se sumaron a los de los anteriores: “Nosotros en principio cuando recibimos el nuevo gobierno, tuvimos como un desahogo. El gobierno de María Eugenia Vidal nos había dejado un déficit de vacantes de 850 trabajadores, que se jubilaron, que se murieron, que tuvieron algún problema y no fueron cubiertos. Después los lugares estaban detonados y no se reponían las vacantes laborales, aumentaban la cantidad de horas extras para los trabajadores, entonces eso repercutía en la salud mental de los compañeros y compañeras, y así llegamos devastados a principios de 2020. Y cuando llega la pandemia dijimos, “¿Qué hacemos?” Y nos sentamos con todos los sindicatos y la gestión y desde ATE impulsamos el comité de crisis”.

La planta de trabajadores del Organismo en Hogares y centros de asistencia de infancias ronda los 3.000 puestos. A lo largo del año se incorporó a planta temporaria a 72 trabajadores que en octubre tenían los contratos vencidos, por ser parte de las becas Covid con seis meses de duración y a los 187 trabajadores empleados durante la gestión anterior, a planta permanente.

Para trabajar bien, necesitamos ser 5.000 compañeros por lo menos. Para un Estado ideal, necesitamos por lo menos ser 5000—insiste Fabricio, que analiza la necesidad de un cambio: —Tenemos que lograr fortalecer a los servicios locales porque son el territorio. Si desprecarizamos a esos trabajadores, les damos salarios como la gente, le aseguramos estabilidad laboral y cierta jerarquización, aseguramos así los procesos de intervención en forma continua, para fortalecer al sistema. Sin esos recursos no se puede, y en pandemia toda esa cadena se resiente, y el impacto de la caída económica tiene necesariamente que ver con esto, porque repercute también el margen de acción de cada compañero y compañera. Muchos de ellos ponen de su bolsillo para la tarea cotidiana. Es un panorama tremendo.

La salida parece estar adelante: el ejecutivo provincial presentó el presupuesto 2021 donde estipula “más de 6.700 millones de pesos en atención a personas vulnerables y unidades de desarrollo infantil y primera infancia”, según el informe presentado desde el Ministerio de Hacienda. No hay detalles sobre la cuota destinada al Organismo de Niñez y el proyecto espera el debate en la Legislatura provincial, donde el Gobernador Axel Kicillof ya encontró resistencia de la oposición para aprobar el presupuesto de este año. De todas maneras, Fabricio aventura:

Creo que hay una voluntad de atender a los pibes, hubo un aumento de recursos en la parte de la subsecretaría de promoción, un aumento de becas a las conveniadas en el marco de la pandemia, a todos los centros de día y hogares convivenciales que tienen pibes. Hay una voluntad de atender los casos, veo una planificación. Ahora, obviamente tienen que actuar en consecuencia, ¿y eso dónde se refleja? en el Presupuesto. Si nosotros el año que viene nos encontramos con que no se aumentó el presupuesto del Organismo de Niñez, que no se incrementan los montos para los pibes, que no se incorpora personal, vamos a ver que era discurso vacío.

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