Nació la casa para adolescentes de la Obra

In Edición Impresa -
- Updated

Son los hermanos mayores de los cientos de chicos y chicas que van a nuestras Casitas de Los Niños y la Casita de los Bebés. Tienen 12, 13, 16 ó 20 años. Pibes y pibas, adolescentes, pequeños jóvenes de nuestros barrios. Ellos mismos hicieron nacer a fines de octubre, su lugar, la Casa Joven del Hogar del Padre Cajade que este mes cumple 25 años. La Pulseada estuvo con ellos esa tarde de domingo. Escuchó sus pedidos: “¡Un curso de computación! ¡Películas! ¡Un metegol! ¡Cursos de herrería! Boxeo, Hip Hop… Escribir para la revista!!!”. También compartió sus sueños: “Que los chicos que salgan de acá no vivan en la droga, ni roben, ni maten. Que estén en sus vidas… que tengan una buena pareja”.

“¡Qué importante es darle proyectos a un adolescente y a un joven!

Porque la otra posibilidad es la muerte, tanto en las cárceles, por un tiro

o cualquier otra circunstancias. Es un país sin futuro si vos no le brindás

posibilidad al adolescente. A veces, el chico comienza a comprender

su historia y comienza a ser, muchas veces sin darse cuenta,

protagonista de un país con una historia distinta.

Hay que tratar de darles posibilidades, porque si fuesen nuestros hijos

y si fuésemos nosotros los que estuviésemos en el lugar de esa familia,

probablemente necesitemos la comprensión de un país que se piense con infancia,

con adolescencia, con juventud, con guardapolvo, con pan y con trabajo”

(Carlos Cajade)

El más chiquito junta caracoles. Otro cruza la calle y escribe el nombre de una piba en la pared de una obra en construcción. Atrás, un grupo de chicas se acerca riendo a espiar y modifica el grafiti con otra fibra. Omar machetea los yuyos, Marcelo arrastra hasta la avenida 7, una lona con ramas. Juan Angel pispea los choris en la parrilla y María barre el pasto recién cortado. Un gordito pregunta por el partido Boca-River y el Moqui agarra la bici para ir a buscar a alguien. Ya pasado el mediodía, con la ropa sucia y algunas gotas de transpiración, nos sentamos en círculo a comer choripán. En un soleado domingo, todavía sin la conexión de gas y con la electricidad prestada por un vecino, se abren por primera vez las puertas del nuevo emprendimiento de la Obra: La casa para adolescentes.

El Hogar tiene su Casita de los Bebés y dos Casitas de los Niños. Son centros de día, lugares donde se trabaja en los barrios, junto a las familias, para contenerlas y colaborar en la crianza de sus hijos. El nuevo espacio creado para adolescentes fue siempre una idea del Cura. Este año, el proyecto fue tomando forma por impulso de nuestro compañero de La Pulseada, Carlos Fanjul, colaboradores de la Obra como Diego, Florencia y Mariana y la demanda de “egresados” de las Casitas de los Niños como El Moqui, Juan Angel, Omar y Yésica. La idea se cerró cuando llegó la noticia de un ofrecimiento fundamental: los hermanos Gustavo y Roberto Martini, este último padre de Leandro, futbolista de Villa San Carlos, decidieron ceder el uso de su casa familiar. Queda en 97 entre 6 y 7; en la periferia de La Plata, a pocas cuadras de la Casita de los Bebés y la Casita de los Niños. Las paredes son blancas. Tiene pasto a uno y otro costado de la puerta de entrada. También tiene garage y un fondo lleno de verde. Está en pleno desarrollo, le están creciendo los bigotes y le está cambiando la voz. Comienza a ser protagonista de un país con una historia distinta.

“¿Puedo sacar el cartel de ‘en venta’?”, pregunta Mariana Chávez, antropóloga y vieja colaboradora de la Obra. El acto tiene su fuerza simbólica y por eso pide que le tomen una foto. La casa donde funcionará el nuevo emprendimiento estuvo en venta hasta que sus dueños decidieron cederla para el Hogar de Cajade. Mariana quitó el cartel cerca del mediodía, mientras se cocinaban unos 100 chorizos en la parrilla. Ya hacía rato que varios adolescentes habían empezado a cortar el pasto, sacar ramas y acomodar la casa. Ese domingo de sol, los nuevos dueños y dueñas del lugar comenzaron a apropiarse del espacio.

Pasadas las 2 de la tarde, el educador Diego Richiusa terminó los choris, los puso cada uno en pan con lechuga y tomate y propuso hacer una ronda sobre el pasto recién cortado.

“La casa de los jóvenes de la Obra tiene el objetivo de ser la continuidad de la Casa de los Bebés y de los Niños y es para realizar las actividades que ustedes quieran -dijo Diego-. Han conocido la casa, la hemos limpiado bastante… ¿Les parece que nos presentemos? Empiezo yo: me llamo Diego, tengo 15 años y estoy buscando mi rumbo, ja ja ja. No, algunos ya me conocen, soy educador en la Casita de los Niños y me he sumado a este nuevo proyecto”.

“Yo soy Luis, -continuó el primero a la derecha-. Creo que voy a enseñar cerámica, si tienen ganas y si alguno le gusta pintar…”.

“Yo soy Nacha, soy del Hogar y vine a ayudar en lo que sea”. “Yo Olga, educadora del Hogar. Vinimos con los chicos a ver qué hacemos con la casa, si nos lanzamos no sé a dónde…”. Cerquita andaba Belén, trabajadora de la Casita de los Bebés. También Marcelo Santillán, uno de los símbolos del Hogar: “Bailo Candombe –contó Marcelo-. Tenemos que tener mucha fuerza para ayudar entre todos, como decía el cura. No pelearse, no discutir. Si no tienen para prestar, está todo bien…”.

“Mi nombre es Elena -se suma una de las chicas que trabaja en un proyecto de antropología de la juventud junto a Mariana Chávez-. Vine a ayudar y creo que voy a aportar una veta de tecnología, computación, fotografía… Ya tenemos algunas compus para empezar”. Del mismo grupo de Elena estaba Tomás. “Quiero ver qué es lo que quieren hacer los chicos y poder trabajar con ellos”, dice. “A mi me invitaron a dar una mano y acá estamos”, cuenta Valentín. Escuchaban con atención Betzabé y Daniel, Diana y Maira. También Mariana: “Tengo 40 años, estaba en la murga de la Casita de los Niños y por eso conozco a algunos de los chicos. Me enganché para laburar en este proyecto con adolescentes, jóvenes…”. “Yo soy Sabrina, estoy trabajando en la biblioteca de la Casita de los Niños y la idea es ayudar en lo que pueda”. “Soy amiga de Mariana y vine a ayudar”, agrega otra voz.

Juan Angel tiene un pantalón de Boca, remera a rayas y gorrita visera. Usa varias pulseras, arito en la oreja izquierda y piercing en la boca. En la ronda de presentaciones se pone serio y habla poco: “vengo de la Casita de los Niños para sumarme al grupo de jóvenes”. Un ratito antes, ya había hablado con La Pulseada: “Yo estuve desde chico en la Casita y todavía sigo yendo. En el barrio hace falta un espacio para jóvenes, para que los chicos no anden en la calle”. Juan todavía va a la escuela y trabaja en la imprenta Grafitos. Omar tiene rulos oscuros y amplia sonrisa. Usa una remera de Los Piojos y agarra con su mano un machete que llevó para desmalezar la casa. No va a la escuela y hasta hace poco trabajaba en un taller de chapa y pintura. Es otro de los adolescentes que impulsaron el nuevo espacio. Dice que querría cursar algún taller y cuenta que le gusta hacer pequeñas ciudades con fierros, como si fuesen maquetas. Pregunta si no se podrá hacer una ciudad chiquita en el fondo de la casa. “Este lugar es muy importante -dice Omar, que parece más grande de lo que es–. Nosotros les decimos a los pibitos del barrio que no se droguen. Acá van a tener un lugar para ocupar el tiempo y no andar en la calle”.

A un costado de la ronda, un equipito de música se enchufa al alargue que viene de la casa del vecino. Suena regaetón, mientras sigue la ronda.

“Mi nombre es Esteban y vivo en el Hogar”. “Soy El Moqui, soy del barrio y vengo de la Casita de los Niños. Estoy ayudando al gordito acá, ja ja…” Y señala a Diego.

No todos se animan a hablar. En silencio escuchan Ariel, Marlén, Maira, Mariela, María (La Negri), Candela, César, Maxi, Lucas.

“Tenemos algunas ideas -dice Carlos Fanjul-, pero nos gustaría escuchar a los pibes para saber qué soñarían con esta casa. ¿Qué les gustaría que esté pasando acá dentro de un año, por ejemplo?”.

-Cursos de electricista, plomería y salir titulado… estaría muy bueno –dice Esteban.

-Puede haber talleres de computación, de murga –dice Carlos-. El lugar es grande y podemos pensar en un montón de cosas. La casa la tenemos todos los días y puede haber un poco de todo. El mago que fue el otro día al Hogar se ofreció a enseñarnos magia; Luis me acaba de decir que hay un profesor de canto. ¿Quieren aprender a cantar cumbia, a cantar rock, aprender a tocar instrumentos?

-Batucada, candombe –se suma Marcelo-.

Que haya un televisor para ver los partidos, una pantalla gigante… Pide Lucas.

Podemos poner el cable también, agrega el Moqui.

-¿Y si ponemos una pileta allá, más adelante?, aventura Esteban.

-Películas… Pasar películas para todos –dice Marcelo.

De a poco, las propuestas se suman una tras otra y dejan de tener nombre. Pasan a ser colectivas, de todos, de la casa.

-Podemos escribir cosas para salir en La Pulseada, agrega alguien.

-Claro, eso… Queremos tener una columna.

-Escribir historias del barrio, de los pibes…

-También podemos hacer un taller para ayudar a otra gente que necesita algo.

-¿Armar como un grupo que haga actividades solidarias en el barrio?

-Claro.

-¿Podemos hacer cursos de baile?

-Si, si, si!!! (aplauden y ríen las chicas)

-Concursos de cumbia y samba brasilera, regaetón.

-¿Musica pop?, dice César. ¡Qué se yo!.., Michael Jackson, ja ja.

-Hip Hop.

-Taller de radio, artesanías…

-Una cancha de fútbol.

-No hay lugar… Un campeonatos de penales, podríamos hacer acá.

-Yoga

-Boxeo, Karate.

-Educación Física.

-Apoyo escolar.

-Pongamos un metegol.

-Computadoras con internet.

-¿Y qué nombre le vamos a poner?

-Casa Joven del Hogar del Padre Cajade.

-¿Cómo se imaginan que funcionaría la Casita? ¿Estaría todo el día abierta o un rato?

-Yo salgo de la escuela y me vengo para acá.

-Se puede poner un horario.

-No, que haya siempre alguien para tomar mate.

-Marlén es fanática de las poesías. Podemos aprender.

-Mechi es otra escritora y lectora.

-Podemos hacer entre todos una carta para Carlitos Cajade.

-Podemos hacer una biblioteca con poesías, cuentos.

-¿A partir de qué edad tendrían que venir?

-De 11 para arriba.

-No, de 12.

-En la Casita están hasta los 12, 13.

 

Finalmente, antes de terminar la jornada, el Moqui hace la última pregunta: “¿Todo esto a partir de cuándo?”… Y la pregunta quedó vieja.

Javier Sahade

 

Un viejo proyecto de Carli

“El cura quería crear un espacio para los pibes y pibas que iban llegando a la adolescencia y que, ya no viviendo en el Hogar y estando en las casas de día o en los emprendimientos productivos, debían seguir teniendo un lugar que los cobije y les ofrezca armas nobles para seguir peleándole a la vida”, cuenta Carlos Fanjul, coordinador de la Casa Joven. “Mucha gente de la Obra, como Mercedes, Marcelo Blanco, Diego Richiusa, Tony Fenoy, Germán Leder, Florencia Ferreyra, Luis Dalessio, ya venían participando de iniciativas con los jóvenes. La idea era crear un espacio que nos junte a todos”.

“En principio –agrega- pensamos en algo simple: fijar un día cualquiera de la semana para que, durante dos o tres horas, juntáramos a los pibes para mirar un película y debatirla, traer a alguien para que nos diera una charla sobre el tema que sea, respaldar a Diego con la murga, o a Germán con su gimnasio, o a Tony con sus cursos, y que de allí salieran otros proyectos. Podía ser enseñar oficios, formarse socialmente o, simplemente, armar un equipo de fútbol para jugar con el nombre de ‘Carlitos Cajade’. Luego aparecieron, como enviados por Carli, Roberto y Gustavo Martini, dos tipazos que, sin saber de todo esto, ofrecieron el uso de una casa para que la Obra la utilice como quiera. A partir de ahí, la idea creció hasta límites que todavía no logramos imaginar. Ahora hay un lugar en el que todo el día y todos los días podemos crear proyectos junto a los pibes”.

“Más tarde –relata Fanjul– se sumaron Mariana Chavez, Mariana Speroni, Celeste Hernández, Elena Berge y Tomás Bover, más Diego, Flor y Luis, pero básicamente están los propios pibes que se engancharon desde la primera convocatoria: el Moqui, Juan Angel, Omar, Esteban, Yésica. Ellos serán algún día quienes conduzcan la Casa Joven”.

Durante esos encuentros iniciales, surgieron los primeros sueños: “Un lugar para ser parte, compartir, aprender y acompañarnos”, dijo Mariana Chávez. “Un lugar que den ganas de ir. Que se converse y se cuenten cosas y hagamos propuestas entendiendo a los pibes, ver en qué mambo andan y entre todos preocuparnos por algo”, agregó Diego. “Un espacio de ellos, para ellos –dijo Florencia –; que lo sientan propio y lo manejen a su gusto y que se haga lo que ellos quieran. Que sea una pata más de la obra, junto a la casita de los Niños y de los Bebés. Que sientan que sirven y que son parte de la Obra. Ampliar horizontes de proyectos de vida… que se construyan a ellos mismos”.

También dijeron lo suyo los propios chicos. “Un lugar que esté bueno para que los que dejan la Casita porque ya son grandes, tengan adónde ir y no estén en la calle. Un lugar para estar y no tener quilombo con la policía… Está bueno tener una casa para estar”, pensó el Moqui. “Que vuelvan los egresados de la Casita de los Niños”, coincidió Juan Angel. “Que haya talleres de oficios, murga y se hagan cosas desde los adolescentes para los chicos de la Casita”, pidió Yésica. “Que los chicos que salgan de acá no vivan en la droga ni roben, ni maten. Que estén en sus vidas… que tengan una buena pareja. Quiero tener un taller y mostrarle a los más chiquitos”, agregó Omar.

“Cada vez que los escucho –concluye Fanjul- se me aparece Carlitos Cajade, cuando decía que si a los pibes se los cría en un mundo salvaje, vas a tener respuestas salvajes; pero si los acompañás con amor en su crecimiento, sólo vas a recibir amor. Carli aseguraba que ‘si a los pibes les das amor y posibilidades, no te van a fallar’”.

 

Sumate

Aunque sea pensada para adolescentes, la Casa Joven está dando sus primeros pasos. Podés ayudarla aportando cosas que no te sirvan (mesas, sillas, heladera, TV, DVD, equipos musicales, computadoras, pizarrón, bibliotecas o metegol) También podés sumarte con proyectos y talleres. Estamos en calle 97 Nº 588 entre 6 y 7. Llamanos al (0221) 15 569-3737 ó al (0221) 15-5644068.

También te puede interesar!

Otro rastrillaje negativo en la búsqueda de Bru

El procedimiento del 20 de abril en un terreno de Berisso no detectó la presencia de restos óseos humanos.

Read More...

Pantalón Cortito, 34 años con la niñez de San Carlos

La Pulseada Radio sigue recorriendo las Organizaciones de Lxs Chicxs del Pueblo. Hoy nos acercamos a la actualidad de

Read More...

Convocan al segundo certamen literario: “La Memoria no es un cuento”.

 Los textos podrán presentarse de forma individual o colectiva. El tema propuesto en esta segunda edición es Memoria y

Read More...

Dejar un comentario:

Your email address will not be published.

Mobile Sliding Menu