La extinción de un modelo científico

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Leonardo Ramírez, joven de la comunidad Rafaela Ishton, en el acto de restitución realizado en el Museo de La Plata. Foto Gabriela Hernández

El Museo de La Plata devolvió a la comunidad Selk´man de Tierra del Fuego los restos de cuatro personas que eran parte de sus “colecciones” formadas durante las campañas de exterminio del siglo XIX. Es una etnia que la antropología daba por desaparecida, comenzó a reorganizarse tres décadas atrás, logró reconocimiento y ahora tiene 36.000 hectáreas propias. Hay menos reticencia en el Museo que hace diez años.

Por Daniel Badenes

 

“Devolver un hermano a su tierra es algo muy significativo para la comunidad”, dice Leonardo Ramírez. Habla bajito y se nota la emoción en su voz. Está en La Plata, lejos de su casa. Todavía no conoció el Museo de Ciencias Naturales, donde durante más de un siglo se guardaron restos humanos de la comunidad Selk´nam a la que pertenece, esa a la que durante mucho tiempo los blancos llamaron “onas” y que muchos todavía dan por extinta. Leonardo tiene 31 años. Una década antes de que él naciera, murió Ángela Loij. Se decía que era la última representante de ese pueblo, pues los demás eran mestizos. La antropóloga franco-estadounidense Anne Chapman se encargó entonces de difundir al mundo la desaparición de la etnia. Leonardo nació poco después del retorno de la democracia, cuando descendientes Selk´man como Rafaela Ishton se organizaban para reivindicar su identidad y reclamar tierras. “Es una lucha de 30 años por rescatar los valores de la comunidad, restablecer todos nuestros derechos como pueblos originarios”, dice. Él tiene la edad de esa lucha. En el acto por la restitución de los restos que coleccionaba la institución platense, se parará firme frente al micrófono: “Nunca deberían haber sido llevados a otro lado para que se los manipule. Disculpen la gente del Museo, pero son mis sentimientos”.

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Les dijeron “onas”, pero en realidad son Selk´nam y, en Tierra del Fuego, llamarlos pueblos originarios es encontrar la palabra justa. Según estudios arqueológicos, esta etnia vive en la zona desde hace más de 11.000 años. Fueron nómades; vivían de la caza y la recolección. Se estima que hacia 1885, antes del avance colonizador, eran entre 3.500 y 4.000 personas. El guanaco era su principal fuente de alimentación, junto con los frutos silvestres que la tierra fueguina ofrecía cada estación.

Hoy son muchos menos y viven cerca de Tolhuin, una localidad ubicada a mitad de camino entre Río Grande y Ushuaia. Son mestizos, ya no crían guanacos, pero se reivindican Selk´man. En su lengua originaria, el nombre de la localidad era Tolve, que significa “corazón” o “con forma de corazón”. Junto a Tolhuin están los terrenos cedidos a la comunidad Rafaela Ishton, donde habitan los descendientes de la etnia arrasada por los ejércitos chileno y argentino, por sicarios de los latifundistas y también por las enfermedades que trajeron los blancos, que los liquidaron en las reducciones salesianas a fines del siglo XIX y principios del XX.

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Entre La Plata y las tierras de los Selk´man hay más de 2.000 kilómetros en línea recta; unos 2.800 en rutas. Esa distancia recorrieron, hace más de un siglo, restos humanos de cuatro integrantes de aquel pueblo originario que pasaron a formar parte de las “colecciones” del Museo de La Plata. Eran donados por distintos militares y exploradores de la zona. Salvo uno, perdieron hasta el nombre. Quedaron identificados con un número de inventario cada uno: “1339”, “1340”, “1863”, “1864”, Catálogo Lehman Nitsche.

Fundado por Francisco Moreno en 1884, el Museo de La Plata fue una institución científico-política con una participación importante en esa avanzada del Estado sobre los pueblos originarios (La Pulseada 43). Los inventarios de principios del siglo XX son una confesión de parte estremecedora: figuran casos como el de un araucano “muerto en 1888 por expedición del Museo” o cuerpos desenterrados por el propio Moreno, como Sam Slick -hijo del cacique Casimiro Biguá-, por el que una comunidad indígena de Chubut ya formalizó un pedido de restitución.

En el caso de “Seriot” o “Capello” -uno de los cuatro Selk´man restituidos-, los restos fueron entregados en 1898, un año después de su fusilamiento (ver recuadro “El ona guerrillero”). El donante fue el coronel Pedro Godoy, primer gobernador fueguino, el mismo que había escrito al Presidente de la Nación alternativas para el problema indígena: “tomarlos y mantenerlos por cuenta de la Nación” y “exterminarlos por el hambre y la miseria, o por muerte violenta en la lucha con la policía” eran opciones frente a “dejarlos en libertad de seguir su vida y depredaciones con perjuicio de los intereses privados” (La Pulseada 74).

En ese marco, la relación entre Godoy y la institución platense no era circunstancial. En el Museo hay también fotografías y estudios antropométricos de la comunidad Selk´man. En 1895, el gobernador le pidió a Moreno el envío de personal para el estudio de “estas lejanas zonas”. Desde el Museo se envió al doctor Fernando Lahille, experto en clasificaciones de especies naturales, que fotografió a 88 miembros de una tribu “Oona” (sic) trasladados desde San Sebastián (hoy Río Grande) hasta Ushuaia.

Robert Lehmann-Nitsche también estudió a esa etnia. En 1898 no tuvo que viajar tanto, ya que Godoy secuestró y trasladó a dos familias a la Exposición Nacional de Buenos Aires. El alemán, recién asumido como Director de Antropología del Museo platense, los midió y los fotografió allí. Años después escribió sobre aquella exposición: “El público se precipitaba para contemplar este espectáculo exótico para la capital de Argentina, y disfrutar de un cuadro vivo, que recordaba los tiempos prehistóricos (…) ellos miraban con desconfianza las observaciones antropológicas, y las dos mujeres, incitadas por sus maridos, me permitieron solamente medirle la talla”. Una de ellas dio a luz durante la Exposición.

En 1902, Lehman-Nitsche y Eduardo Holmberg viajaron a Río Grande para hacer más observaciones y mediciones de los Selk´man. En esa ocasión, el antropólogo visitó la reducción comandada por los salesianos. “Si llegué a realizar un trabajo antropológico, algún día tal vez de importancia, sólo pudo ser hecho gracias a la abnegada ayuda de los misioneros que se interesaron en sumo grado por mis investigaciones”, escribió el científico alemán.

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Ejército, ciencia y religión eran brazos de un mismo proyecto. Tanto en Argentina como en Chile, la avanzada sobre los indígenas implicaba la expansión de la ganadería hacia los terrenos más australes. Tenía nombres, apellidos y empresas. La Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, fundada en Chile, llegó a acaparar tres millones de hectáreas.

La mayor parte de las veces, la conquista territorial expresaba intereses extranjeros. En 1882 el diario londinense Daily News publicó un reportaje a un empresario interesado en las posibilidades patagónicas: “Se piensa que la Tierra del Fuego sería adecuada para ganadería, pero el único problema en este plan es que, según parece, sería necesario exterminar a los fueguinos”, decía.

Así se hizo. Los estancieros tuvieron asesinos a sueldo y contaron también con el Ejército nacional. Algunos relatos dicen que pagaban una libra esterlina por cada indígena muerto: para cobrarla, había que entregar orejas o manos. Los testimonios de asesinatos impunes se extienden hasta la década de 1930. La población Selk´man quedó reducida a una mínima expresión.

Y al exterminio se sumó la invisibilización: censos que no los contaban y sucesivos anuncios de extinción hicieron su parte. En 1974 los diarios informaron la muerte de la última representante de esa etnia. En 1999 se dio la misma noticia. Y en 2004, otra vez.

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Tan grande había sido la derrota que no fue fácil organizar la comunidad, admitir la identidad y juntar fuerza para los reclamos. Tras los primeros fusilamientos, en la década de 1880, en las antiguas tierras de los Selk´man aparecieron alambrados que demarcaron grandes estancias. Se multiplicaron las ovejas y casi desaparecieron los guanacos: los nuevos ganaderos los consideraban enemigos de su producción ovina. La vida no volvió a ser igual.

Con todo, entrado el siglo XX, los Selk´man sobrevivientes intentaban mantener formas de vida ancestrales. Los padres de Rafaela Ishton, nacida en 1919, eran cazadores. Ella vivió convencida de la necesidad de preservar la identidad comunitaria. Fue una de las dirigentes que peleó por la sanción de una ley de política indígena al regreso de la democracia, una meta que se logró en septiembre de 1985 con la ley 23.302, que creó el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) y estableció la base para el reconocimiento de comunidades y la adjudicación de tierras.

Como homenaje, el grupo que recién obtuvo reconocimiento y personería en 1995 tomó su nombre: son la Comunidad Indígena Rafaela Ishton, la única de esa etnia en el mundo.

Unos años antes, apenas después de que Tierra del Fuego alcanzara el estatus de provincia, se sancionó una ley que declaró al 25 de noviembre “Día del Aborígen Fueguino”, que con el tiempo se convirtió en un momento de reunión y conmemoración de la memoria indígena regional.

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La fecha rememora una de las peores matanzas, que estuvo a cargo del militar argentino Ramón Lista, designado por Roca en 1886 como jefe de una Expedición Exploradora de Tierra del Fuego. En su libro Viaje al país de los onas, Lista se jactaba de poseer, después de Moreno, “el mayor número de cráneos y objetos de piedra pertenecientes a los primitivos habitantes de aquellas regiones”.

El 25 de noviembre de 1886 Lista encontró una toldería Selk´nam en las playas de San Sebastián. Sin que le mostraran hostilidad, ordenó disparar contra ellos: murieron 26, entre hombres, mujeres y niños. En un recorrido posterior encontraron a un joven sobreviviente, al que mataron con 28 balazos. Días más tarde se produjo otra matanza. El accionar de Lista indignó al capellán salesiano José Fagnano, que acompañaba su expedición, pero el militar nunca fue sancionado por aquellas matanzas.

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El relato de las restituciones tiene como referencia varios días del Aborigen Fueguino. En 2006, el año en que un grupo de estudiantes y graduados de antropología de La Plata formaron el grupo GUIAS para impulsar que el Museo devolviera sus “trofeos de guerra”, los Selk´man se enteraron del asunto y pidieron más datos. “Nosotros elaboramos un informe y lo entregamos, fue leído el 24 de noviembre de 2007”, recuerda Fernando Pepe, coordinador de GUIAS. Un año más tarde, la comunidad yamana o yagan de Puerto Williams (Chile) decidió hacer un reclamo al Museo por los restos que correspondían a esa etnia. Entre ellos estaba Maish Kenzis, un joven que vivió en cautiverio en la institución platense, y cuando murió en 1894 pasó a estar expuesto en una vitrina. Permaneció así hasta septiembre de 2006, cuando La Pulseada publicó un informe sobre el tema y el impulso de GUIAS logró una resolución para que retiraran todos los restos humanos que estaban exhibidos al público.

“Para apoyar aquel pedido de la comunidad de Puerto Williams -recuerda Pepe- hicimos un libro que se llama Fueguinos en el Museo de La Plata. 122 años de ignominia; la difusión de ese libro y de los casos llevó también a que la comunidad Rafaela Ishton solicitara los restos de todos los Selk´man: Seriot y tres NN que se agregan a esta restitución, una mujer y dos hombres”.

El pedido ingresó en el Museo en noviembre de 2010, con el respaldo de la gobernación de Tierra del Fuego y del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, que completó los pasos burocráticos necesarios. En el acto del 19 de abril pasado, cuando se concretó la restitución, el vicepresidente del INAI, Gustavo Peters, tuvo un lapsus de sinceridad gubernalmental: “Es la sociedad la que empuja al Estado a tener estas políticas de restitución”, afirmó.

El Museo aprobó la restitución en 2013, a tres años del pedido formal, y pasó otro tanto hasta su concreción. Esta vez, fueron internas al interior de la propia comunidad las que demoraron el trámite final. “Primero tuvimos que derrotar a los indios de papel”, grafica Pepe: “Entre las comunidades y el Museo, había como intermediarios indios de papel; ellos también eran actores en la no restitución. No había un interés de esos pseudo dirigentes de restituirlos. Su negocio era el conflicto permanente. Cuando pudimos ir al seno de las comunidades, y tenemos el orgullo de que muchas comunidades nos han abierto las puertas y confiado sus pedidos, empezaron a concretarse las restituciones”.

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Se calcula que hoy son más de 500 los descendientes Selk´man. “En la comunidad viven diez familias, un grupo de 50 o 60 personas, un 10% del total”, cuenta a La Pulseada Rubén Maldonado, un referente de la comunidad, que llegó a conocer a Rafaela Ishton y su lucha. “Estos últimos meses se han instalado más familias, hay tres asentamientos nuevos. Esa es la meta, que la gente vuelva al territorio, para eso se peleó casi 30 años y se recuperó la tierra”.

En 1998, después de un proceso “con mucho tropiezo pero un final feliz”, la Comunidad Rafaela Ishton logró una ley de adjudicación de tierras que restituyó 36.000 hectáreas en Tolhuin. Allí se dedican a la producción maderera, tienen cerdos, vacas y caballos, y “algo de siembra”. “Algunos viven permanentes en la reserva, y otros que van en forma esporádica, tienen casa, tienen sus cosas, pero van los fines de semana. Trabajan en Río Grande o en Ushuaia”.

La restitución de los restos alojados en el Museo de La Plata y también en otras instituciones (ver recuadro “Las reducciones”) forma parte del largo proceso de recuperación de la identidad después del genocidio, que no está exento de tensiones internas. “Es muy importante por cuestiones que hoy por hoy estamos pasando. Yo creo que va a llevar un poco más unidad a la comunidad”, espera Leonardo Ramírez. “Además va a ser importante para lo que es el espíritu de Seriot y los otros tres hermanos que no están identificados. Van a tener la paz que necesitan. Cada uno necesita estar en su tierra, en su lugar”.

“La recuperación es un acto de reparación histórica”, agrega Rubén Maldonado. “Con esto nosotros pensamos la verdadera historia, que es lo que más importa”.

 

“El ona guerrillero”

Sólo uno de los cuatro restos óseos de la comunidad Selk’man devueltos el 19 de abril está identificado, bajo el nombre de “Capello”. Se trata de un hombre fusilado en la Estancia Harberton por el comisario Ramón Lucio Cortés en 1897. Su esqueleto y su cráneo fueron donados por el coronel Godoy en 1898 al Museo de La Plata.

El nombre real era Sekriot o Seriot. “Capello” fue un apodo que, según se cree, recibió por un gorro cónico que usaba, parecido al capelo o galero propio del clero en la Iglesia Católica. “Capello es un nombre dado por el hombre blanco, por eso nosotros también queremos que se lo nombre como Seriot en los distintos actos”, dice a La Pulseada el Selk’man Leonardo Ramírez

Se sabe que Seriot tuvo una buena relación con los blancos y colaboraba con la Subprefectura de su zona. Rubén Maldonado, otro referente Selk’man agrega un vínculo con los anglicanos, que “a raíz de su capacidad deciden darle una oportunidad de estudiar en Buenos Aires”. Ese sería el motivo del viaje que realizó por unos meses y que, según las crónicas, aceptó con el compromiso de que cuidaran a su mujer, a quien no quería perder. Pero cuando volvió, unos meses después, ella ya no estaba. Se la habían llevado y no se supo más de su paradero. “Ante esa situación se rebela, toma armas de la prefectura y empieza una especie de guerra de guerrillas contra los profesionales que estaban midiendo las tierras para usurparlas y los distintos agentes del Estado”, sintetiza Fernando Pepe, del grupo GUIAS. Maldonado suma a la reconstrucción: “Junta un grupo de aproximadamente 30 indígenas y comete varios asaltos. Toma las armas de la gente que eran autoridades, policías. En esa época no había argentinos en Tierra del Fuego, eran todos extranjeros”. Desde 1891 Seriot/Capello fue acusado de distintos delitos. En 1897 el misionero anglicano inglés Thomas Bridges lo delató y terminó fusilado en su propia estancia. Al año siguiente, el gobernador Godoy convirtió sus restos en trofeos de guerra.

Las reducciones

Durante la avanzada latifundista hacia el sur más austral, las misiones salesianas surgieron como una alternativa a las balas de los ejércitos. Los indígenas fueron deportados en masa a las reducciones creadas en Isla Dawson (Chile, 1888-1911) y Río Grande (Argentina, 1893-1912) y forzados a sedentarizarse, adoptar una nueva cultura y aprender oficios “útiles” para la nueva economía. Después de dos décadas, casi ningún Selk´man había sobrevivido. La tuberculosis y otras epidemias hicieron estragos.

“Para nosotros la Isla Dawson fue un campo de exterminio -define Fernando Pepe-. Los 3.000 hombres, mujeres y niños que van ahí, terminan todos en un gran cementerio, hay muy pocos sobrevivientes”. A su vez, los registros realizados y conservados por los salesianos “son el reservorio más importante de datos para poder reconstruir esta triste historia”.

En 2006 un grupo de antropólogos de la Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires comenzó un trabajo en el cementerio de La Candelaria en Tierra del Fuego, previa consulta a los distintos actores involucrados, entre ellos la comunidad indígena. El destino que se dará a los restos identificados, una vez finalizados los estudios, es parte del mismo debate que atraviesa hoy al Museo de La Plata.

 

Otros pedidos

Pasó una década desde el informe “Trofeos de guerra” que fue tapa de La Pulseada, cuando el Museo de La Plata todavía exhibía al público los restos de las víctimas del genocidio. Hasta entonces la institución sólo había hecho dos restituciones, obligada por leyes específicas: la de Inacayal (1994, sin el cerebro y el cuero cabelludo) y la de Mariano Rosas (2000). Desde el 2006, en particular con el trabajo de GUIAS, los pedidos de restitución se multiplicaron. En 2010 se restituyó a Damiana/Krygui a la comunidad aché de Paraguay (La Pulseada 81). En 2014 se completó la restitución del cacique Inacayal, y se devolvieron los restos de su mujer y de su sobrina, Margarita Foyel (hija del lonko Foyel). Los tres mapuches habían muerto entre 1887 y 1888 durante su cautiverio en el Museo.

“Nosotros entendemos que en el 2014 hay un quiebre y a partir de ahí cambia la política institucional”, afirma el coordinador del colectivo GUIAS: “Después de ocho años de difusión de los casos, con la muestra fotográfica ´Prisioneros de la ciencia´ que recorrió 16 provincias y con la campaña en la que firmaron distintas personalidades, referentes de los derechos humanos, las autoridades entendieron que era inevitable abrir procesos de restituciones”.

Si es así, varios pedidos podrían avanzar en los próximos tiempos (ver tabla). Algunos tienen larga data, pero acaban de cobrar un nuevo impulso. El día de la restitución de los Selk´man, el lonko Lorenzo Pincén (bisnieto del cacique de las pampas) firmó un pedido similar al que había hecho en 1989, cuando muy pocos hablaban de los restos del Museo y los abogados de la Universidad gambetearon el problema.

Por su parte, GUIAS sigue interesando a otras comunidades para que se presenten como reclamantes.

-El cambio en la institución es en cuanto a la respuesta, pero no promueve los pedidos, ¿o sí? -sugiere La Pulseada en el diálogo con Fernando Pepe.

-Es un retiro táctico… Ellos han expresado públicamente que les parece mal ir a buscar comunidades y a “ofrecerles”, según sus palabras, los restos. Están en contra y consideran que no es una actitud ética la que tenemos nosotros con las comunidades. Es una lectura muy rara…

Año Reclamante Reclamo Lugar de destino
2009 Comunidad Indígena Yagan de Bahía Mejillones Identificados como yamanas o yaganes. Hay al menos cinco (entre ellos Maish Kenzis) Puerto Williams, Chile
2015* Seis lonkos mapuches (entre ellos Luis René Namuncurá) Cacique Calfucurá Comunidad Ceferino Namuncurá (Departamento Collón Curá de la provincia de Neuquén)
2016 Comunidad Mapuche Tehuelche Ceferino Namuncurá-Valentín Sayhueque Sam Slick Gaiman (Chubut)
2016* Lorenzo Pincén Cacique Gherenal (cráneo, Nº 317) Trenque Lauquén (Comunidad de Lorenzo Pincén)
“Indio Brujo” (cráneo, Nº 333)
Manuel Guerra o Manuel Grande (cráneo Nº309) Tapalqué (Parlamento Mapuche Tehuelche)
Gervasio Chipitruz (cráneo, Nº 337)

*Renovación de pedidos previos.

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3 commentsOn La extinción de un modelo científico

  • Gracias hermanos de La Pulseada, y a tantos que aún siguen luchando, por estos triunfos sobre un comportamiento inhumano e irracional, escondido detrás de una falsa “ciencia” y en nombre de la misma. No difiere el pensamiento de esos “pseudo investigadores” (Francisco Moreno, Eduardo Holmberg, etc.), de aquel mostrado en épocas más recientes por Joseph Menguele. Que esta lucha continúe. Marichiwew!!

  • los estados chileno argentino kisieron exterminarnos ,pero aki estamos.nuetros hoowen nos dan la kesorren. para k ellos no keden en el olvido .sin juzticia.

  • Hola: es la primera vez que los leo y me resultó muy grato.
    La temàtica de los pueblos originarios siempre me atrapó y la de los Selk nam en particular, a pesar de las distancias que me separan de esa realidad.
    Quisiera conocer más de ellos ¿Podrían facilitarme una via de comunicación con Rubén Maldonado y esa comunidad?
    Gracias
    Atte,
    Matías Levin

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