El otro miedo

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A Juan Fernández le decían el Chami. Tenía 17 años y era pampeano. Salió a bailar y apareció con el cuerpo golpeado e incendiado en una comisaría de General Pico. El 29 de noviembre se cumple un año de su muerte y no es la primera de este tipo en la provincia. Mirta López, su madre, sueña con justicia.

Por Verona Demaestri


“Se ha pasado de una gestión social, paliativa o asistencial de la pobreza

a una gestión punitiva, donde cada vez hay más presos y menos derechos.

Sabemos que la mayoría de los delitos graves provienen de corporaciones mafiosas

integradas por cuerpos de seguridad, políticos y barra bravas barriales.

¿O todavía seguimos pensando que esto se arregla a los tiros?”

Carlos Cajade

Mirta López aún está entera: “Tengo siete hijos… No, ahora seis. Y a mi marido, que tiene problemas del corazón y está depresivo porque nunca asumió la muerte de Juan. Pero yo no. Yo trato de ser fuerte por él y por la de siete años. Trato de no llorar, pero necesito que alguien me escuche”.

Mirta es bajita, mira fijo desde su cara redonda, no parpadea. Lleva unas fotos que no suelta: “Este es el Chami cuando le pegaron antes. Porque esta no fue la primera vez… Pero de esta no pasó”.

La familia del Chami vive en el barrio El Molino. En “la 29 entre la 8 y la 6”, como nombran las calles en General Pico, La Pampa. Calles que van de dos en dos, impares y pares perpendiculares. El marido de Mirta es trabajador rural y sus hijos van, de lunes a viernes, a una escuela con internado. Los fines de semana, los chicos –“como todos los chicos”- salen a bailar. Ese sábado 21 de noviembre de 2009, Juan “el Chami” Fernández “estaba conmigo en la cocina y me dijo que se iba al boliche. ‘Mirá el frío que hace’, le dije como para retenerlo, porque cuando hacía frío yo le hacía la cama y se quedaba ahí. Yo algo me olía y él se fue a Ozono, un boliche medio cheto donde iba la novia: ‘No pasa nada ma, quédese tranquila que vuelvo’”.

-¿Siempre te trató de usted?

-Todos mis hijos me tratan de usted.

-Y qué pasó en Ozono…

-Hubo disturbio. Fue a las 4 de la mañana del domingo 22 de noviembre de hace un año. Tipo 8 menos cuarto vino a mi casa la Policía y me imaginé lo peor, y no le erré. “Sentate -me dicen- vengo a darte una mala noticia: tu hijo se quemó con un colchón”. Me llevan a la Comisaría 4ta. a declarar y después me voy al Hospital Centeno de la ciudad. Cuando lo veo no lo puedo creer, me quebré. El hermano mayor también. Después nos llevan en avión al Instituto del Quemado de Buenos Aires. Juan iba con respiración mecánica. Después de cinco días de agonía, murió. Entró con un 40 por ciento de quemaduras, pulmones, riñones, todo.

-¿Qué te dijeron en el Instituto?

-Lo que me explica la médica que lo recibe es que llegó en un cuadro crítico y que era probable que no saliera. Yo estaba sola, no conocía a nadie. Todos los partes médicos, sola; dormí en los bancos del Instituto y pedía que me lo salvaran. A la mañana recibía un parte médico y a la noche otro. El médico me decía que día a día el fuego avanzaba más, las quemaduras. En el medio tuve que volver un día a La Pampa a buscar al papá para que tenga el coraje de verlo… Tiene problemas de corazón. El médico nos da una mala noticia: no tiene mejoría y hay que despedirse. “De hoy no pasa”, dijo. Y no pasó.

-Volviendo a Ozono… ¿Qué pasó esa noche?

-A la salida del boliche la Policía le pega una semejante paliza, lo llevan esposado a la Comisaría Primera. Cuando se dan cuenta que es menor, lo llevan a la 4ta del Menor y ahí no lo querían tomar por los golpes que tenía. Yo misma vi que el chico tenía un corte profundo en la rodilla. El Chami declara antes de morir que la Policía le pegó en la Primera. Eso figura en Tribunales… Pero ellos sabían que era menor porque le habían pedido el documento.

-¿Cómo es eso de que “se quemó con un colchón”?

-Cuando yo estaba en Buenos Aires, a mi marido lo citan en la 4ta. y la Policía le dice que Juan se prendió fuego solo, con un cigarro. Pero Juan no fumaba, además no se encontró ningún encendedor. El chico estaba desnudo en la celda.

-¿Hay testigos? ¿Los chicos que estaban en el boliche vieron algo?

-Ninguno de los chicos que esa noche vio algo quiere salir de testigo por temor a la Policía. Si la comunidad vio algo, que me ayude. Hoy me toca a mí pero le puede pasar a otros. Yo quiero encontrar al policía que hizo esto y preguntarle por qué, qué sintió cuando lo hizo. Creo que lo quemaron para tapar las evidencias de las palizas que le dieron. No dejar marca. Ese chico fue rociado, un cuerpo no se prende fuego con un pucho. Yo lo vi, el chico fue rociado con algo. Además en la celda que él estaba no podían no haberlo visto cuando se quemaba. Y escuchando los gritos. La celda tiene una reja que no tiene llave, picaporte, nada.

-Llevaba alguna prenda de vestir inflamable…

-Cuando lo queman, lo queman desnudo. Yo vi la ropa en Tribunales. Está intacta, medias, zapatillas, todo. Aparte cuando vos caés en una dependencia policial te sacan todo, anillos, ropa.

 

Mirta hace un silencio y se toca el lóbulo de la oreja izquierda… “Este arito era de él… Lo único que me devolvieron fue 50 pesos, el documento, el celular sin la memoria, y este arito… Desapareció la memoria. El chico ha llamado o mandado mensajes. Y a mí me avisan cuando ya no hay arreglo de nada”.

Con aviso

“En Pico la Policía te discrimina. Si tenés viserita tienen pretexto. Al nene mío le pegó la Policía, y lo amenazó adelante mío, cuando tenía 15 años: Estas son las fotos. Las saqué como prueba”. Mirta enseña unas fotografías en papel que lo muestran con el rostro y el cuerpo magullado.

Venía de un cumpleaños, caminando por la calle con media botella de gaseosa con fernet. Eran varios, él iba a cruzar y vio dos motos. Ahí empezó la corrida. Les empezaron a pegar por nada. Nadie se preocupa porque no es un chico bien”, se lamenta Mirta. Angie, la hermana del Chami, tiene 14 años, y la acompaña: “Yo estaba el año pasado cuando lo amenazaba la Policía. ‘Ya te vamos a agarrar a vos’, le decían. Y él corría porque ya le habían pegado antes, tenía miedo”.

“En el hospital le pusieron custodia policial. Les dije que la saquen que yo iba a ser la custodia de mi hijo. No iban a cuidarlos los mismos que le habían pegado y quemado”, la mirada de Mirta se pierde en algún lugar del mantel, piensa y habla: “Vos sabés la bronca y la impotencia que te da cuando pasan ahora por la puerta de tu casa y cómo que se te ríen y te ojean de arriba como diciendo ‘vos no podés con nosotros’… Y andá a denunciarlos”.

-¿Tenés una hipótesis de quién puede ser el culpable?

-Si, pero no puedo decir el nombre. Porque además él no está imputado en la causa porque dice que es víctima, que recibió un baldosazo cuando a mi hijo lo tenía agarrado al piso. Ellos tendrían que estar para cuidarlos, no para golpearlos. Sólo cuidan a los que tienen plata y poder. A nosotros están para golpearnos. Me enteré por una amistad que ese policía dice que a los pibes como el mío los hacía desaparecer en la noche como él quería. Y al pibe de esa misma amistad le dijo que no abriera la boca porque le iba a pasar lo mismo… Le pido a dios que me de fuerzas.

 

Una causa con antecedentes que no se denunciaron

“Hay dos causas abiertas por la muerte de Juan: la original y la alternativa. En la primera se investiga a los policías de la Comisaría del Menor por homicidio culposo. En esta causa los policías pretendieron siempre instalar la idea de que Chami fue quien originó el incendio y que por eso murió, y que la responsabilidad de los policías se reduciría a no haber requisado bien a Chami”, explica Ezequiel Marquesoni, abogado de la familia de Chami. “La investigación paralela –agrega- la logramos iniciar luego de mucho insistir: se busca saber si Chami fue golpeado, y por ende, si el homicidio fue intencional, y si existió luego la intención de encubrir este hecho grave. Vale decir que, en una u otra hipótesis, suponemos que habrá condenas, aspirando lógicamente a que se condene a los efectivos por homicidio intencional, que es la firme convicción de los padres de Chami”.

-¿Cuáles son las posibles condenas?

-Las consecuencias para los imputados, de ser encontrados culpables, variaría según fueran condenados por homicidio culposo o por homicidio intencional. En el primer caso, la condena máxima sería de hasta 5 años de prisión; en el segundo caso, la condena tendría un máximo de hasta 25 años o más, de acuerdo a los agravantes con los que pueda ser calificado el tipo penal. En cualquier caso, los policías condenados serían inhabilitados para ejercer cargos públicos.

-La familia habla de antecedentes en este tipo de agresiones a Juan Fernández. ¿Eso puede aportar a las causas?

-Hubo muchas golpizas previas, pero según me refirió el padre del Chami, jamás hizo ninguna denuncia al respecto, por temor. Obviamente, de contar con causas anteriores en este sentido, claramente otra sería la situación.

 

Continuidades

Raquel Barabaschi integra la Asamblea Permanente por los Derechos de la Niñez en General Pico, La Pampa, y es una de las querellantes en el juicio contra los represores que formaron el grupo de tareas de la Subzona 14 durante la última dictadura. Se juzga a los acusados por veintiocho casos. Pero hubo más de 260 personas detenidas, demoradas o encarceladas sin proceso judicial o secuestradas ilegalmente en aquellos años en la provincia de La Pampa. Los «grupos de tareas» estaban conformados por militares y policial. Raquel, por entonces estudiante de la Universidad Tecnológica en General Pico, fue secuestrada en marzo del ‘76 y estuvo en la Comisaría Primera -la misma en la que estuvo el Chami 35 años después-, y luego fue trasladada a Santa Rosa. Sus compañeros de la Asamblea la describen como una mujer que “a pesar de todo eso todavía cree que las cosas pueden mejorar y por eso sigue en la pelea”.

“No puede ser que en una provincia de 360 mil habitantes mueran dos chicos quemados en dos comisarías en menos de un año y no hay un reclamo masivo”, sintetiza Raquel Barabaschi luego de detallar un caso similar al del Chami ocurrido previamente. También denunció que su propio sobrino de 15 años fue golpeado hace unos meses en la Comisaría Primera, lo cual quedó certificado en el Hospital Centeno.

“La Pampa aún no adhirió a la Ley Nacional de Protección de los Derechos de la Niñez y Adolescencia -26.061- que rige a nivel nacional. Esta ley es importante porque toma al niño y adolescente como sujeto de derecho además de plantear la corresponsabilidad social”. Y vale la aclaración a riesgo de caer en obviedades en un difícil contexto pampeano que detalla Ricardo de Udaeta, otro de los integrantes de la Asamblea, quien vive en Pico junto a su mujer y su hijo: “Cuando los pibes son demorados en la comisaría, si no firman un acta de ‘resistencia la autoridad’ no los dejan salir. Así se produce un cambio de figura, de ‘actitud sospechosa’ a ‘resistencia a la autoridad’ lo cual es una mancha jurídica para conseguir trabajo luego. Por eso nadie denuncia, porque quedás expuesto”.

Y finaliza: “El trato que se le da a la niñez en La Pampa es policial no asistencial. Creíamos que no había políticas para los jóvenes, pero ahora vemos que sí. Hay presencia policial constante, en los barrios las detenciones arbitrarias, el abuso mediante figuras discriminatorias como actitud sospechosa son políticas. Los pobres son el chivo expiatorio. El enemigo público que se quiere instalar en La Pampa son los pobres”.

Contacto

Asamblea Permanente por los Derechos de los Niños y Adolescentes de La Pampa.

(02302) 15487911-548043-489029

apdnlapampa@hotmail.com

www.corazondebarrilete.com.ar

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