La matriz sudaca

La próxima fecha de Cultura Cumbia, este fin de semana
La próxima fecha de Cultura Cumbia, este fin de semana

Para fomentar el intercambio entre bandas latinoamericanas, el grupo Medio Limón organiza fiestas y recitales de la escena cumbiera. Pero también brinda talleres y charlas para reflexionar profundamente sobre la estética, la presencia en las prácticas cotidianas y los conflictos en torno a ese “lenguaje que chorrea por Latinoamérica”. ¡Cumbia! 

Por Juliana Celle

A pocas cuadras de la estación de trenes de La Plata hay un restorán de comida peruana llamado El Limonero. No es casual que los “medio limones” (¿medio ‘limados’?) Julia Durá y Oscar Benitez hayan elegido ese lugar para sentarse a hablar sobre la “cultura cumbia”. Porque los proyectos de Medio Limón, el grupo de arte y comunicación que integran, están atravesados por lo latinoamericano desde distintos ángulos. El más evidente es el artístico, pero también las comidas y las formas de vestirse, moverse y comunicarse dan cuerpo a la matriz ‘sudaca’.

Ambos confiesan su gusto por viajar por América y nutrirse de ella, y así preguntarse por las prácticas culturales que se reproducen. De esos deseos y de una incontrolable productividad que volcaron en distintas actividades (recitales, ciclos, presentaciones de libros, talleres, charlas, etc.), surgió en 2010 el primer germen de lo que sería luego Cultura Cumbia: Las Tardecitas Latinoamericanas. Ese ciclo reunía bandas de música representativas de distintos género populares de nuestra América, menús típicos y una gran exposición de fotografías de viajes por el continente.

“Fue un clic en nuestra búsqueda estética —explica Durá en diálogo con La Pulseada—. Cultura Cumbia rejunta todo eso y busca conocer otras estéticas, cómo hacen otros, otros territorios con otros públicos. La cumbia es algo que, además de que nos gusta escuchar y bailar, es un lenguaje que supera lo musical y se chorrea por toda América Latina. Dialogamos desde la cumbia el cómo comemos, cómo nos vestimos, qué decimos, cómo pensamos, cómo movemos el cuerpo, cómo se consume”.

Cultura Cumbia nació en 2012 luego de un año de conversaciones en torno a ese género musical y las prácticas que lo rodean. Consiste en un festival que reúne a bandas cumbieras emergentes del continente, pero va más allá: impulsa talleres en barrios y dicta charlas en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata y en espacios más íntimos. Para ellos reúnen a músicos, gestores y comunicadores, e intentan generar conocimientos y teorías acerca de este movimiento cultural y social.

El proyecto se financia a través de IberMúsicas, “un fondo que nace en el Encuentro de Presidentes Iberoamericanos que se hizo en el 2011 en Paraguay —explica Oscar—. Ahí se decidió que iba a generar un fondo para el desarrollo cultural de los países que participaron del encuentro, y se generaron varios proyectos (IberEscenas, IberMuseos, etc.)”.

Cuando se enteraron de la convocatoria, movilizados por las conversaciones mantenidas durante el último año, escribieron el proyecto en “¡72 horas de inspiración!”, define Oscar. Dicho proyecto consiste en financiamiento para generar circulación de bandas por América Latina. Cuando trasladaron esas ideas al papel vieron que tenían “algo muy elaborado”, dice Oscar, “y muchos aliados, espacios y vínculos de años anteriores, que cuando lo necesitamos se materializó, y cristalizó experiencia y deseo”, completa Julia.

Al ver materializadas esas ideas y conversaciones, y aún sin saber que luego ganarían la convocatoria de IberMúsica, arrancaron. Primero con las Tertulias Cumbiancheras, después con la presentación del libro Familias Musicales (La Pulseada 102), y cerraron 2012 con la presentación de la obra de teatro-danza Un Pollo Rojo. 2013 los recibió con la obtención de un subsidio de Ibermúsicas que se gestiona a través de la Secretaría de Cultura de Nación y continuaron con el proyecto.

Benítez aclara: “Si bien el fondo tiene que ver con la circulación de propuestas musicales de América Latina, en la fundamentación decíamos que también queríamos generar encuentro entre escenas de cumbia diferentes. No es el mismo circuito el de la cumbia y chamamé, con el que tocan los Cheremeques o Yerba Brava. Por ejemplo La Nueva Invasión —una banda de cumbia emergente de Perú— cuando vino los llevamos a tocar a Romero con Jinetéame el Pony, que también son emergentes, pero son una banda del under de la cumbia villera local”.

No sólo la fiesta

La iniciativa no sólo retrata lo celebratorio de la escena de la cumbia sino también las problemáticas y conflictos que la surcan. Durá señala: “Hay muchas discusiones culturales y políticas en torno a la cultura cumbia: genera prejuicios, hay tensión sobre a quién le pertenece, si es ‘careta’ o ‘de negros’”. Las reflexiones deambulan conceptos como acceso, territorio, expresión, derecho a la música, al arte, al juego, el respeto del cuerpo y las distintas estéticas.

En este sentido, Benítez destaca “la negación que ha hecho Argentina del mestizaje que la compone. Y sin embargo, en ese prejuicio que existe en relación a las expresiones populares de la cultura, la cumbia es parte fundamental de nuestra identidad, que nos conecta con un montón de ríos que bajan de Latinoamérica”.

“No hay un solo público —asegura Benítez—. Pensamos Cultura Cumbia como un proyecto integrador, en el que generamos cruces; no ponemos frontera entre las búsquedas que se van dando”. Estos cruzamientos se han dado entre investigadores, músicos, productores, fotógrafos, y los asistentes a los talleres de música en barrios como Puente de Fierro y Altos de San Lorenzo. “Con ellos es con los que nos interesa generar diálogo”, subraya.

Julia cuenta: “Llevamos a una banda a una cárcel y tocó una banda de ahí adentro ¡y fue tremendo! Nos dimos cuenta que hay mucha tela para cortar; venimos de una formación de respeto a la diversidad, y acá se mezcla todo”.

En esa diversidad de públicos, la participación de Cultura Cumbia en Tecnópolis, la megamuestra oficial de ciencia y arte, con 15 recitales durante las vacaciones de invierno fue un ejemplo claro. “La gente que iba a ‘flashearla’ con los dinosaurios de repente se encontraba con una propuesta artística diferente, con un corazón gigante de decía Cultura Cumbia, y un escenario en el que había instrumentos que no son tradicionales del género”. Los trabajadores de la Secretaría de Cultura de Nación, encargados del pabellón que ocupó Cultura Cumbia, “de golpe estaban laburando con bandas de cumbia”, comenta Julia. En Tecnópolis se desplegó el crisol de subgéneros cumbieros que se fusionan con el folclore típico latinoamericano y genera más lenguajes.

En lo que resta del 2013 harán más festivales, talleres y charlas, volverán a Tecnópolis y producirán materiales audiovisuales que registren toda esta reflexión sobre la cumbia como una identidad regional.

 

Exprimido de Limón

Formado por personas provenientes de distintos recorridos artísticos, Medio Limón “nos permite encontrarnos en una conversación, no sólo de palabras, sino de acciones, dialogando con otros: otro modelo de gestión, otra idea sobre la cultura, sobre el arte”, explica Oscar Benítez. En este equipo de trabajo de arte, cultura y comunicación se oyen todo el tiempo expresiones como “manijas” y “hasta las manos”.

Julia Durá cuenta: “en este último tiempo entendimos que muchos artistas y personas que consumen cultura nos identifican como productora, y ya no nos negamos tanto”. “En un momento empezamos a generar nuestra propia estética —prosigue Oscar— y empezamos a querer que ese diálogo se transforme en nuestro espacio trabajo, y eso nos generó nuevas conversaciones”.

El grupo que compartió recorridos con la murga Tocando Fondo, la Muestra Ambulante impulsada por el grupo La Grieta, HIJOS, entre otros grupos, estuvo siempre “vinculado a espacios donde discutíamos y pensábamos, pero siempre a través de la realización”, sostiene Durá. En ese camino realizaron proyectos de Extensión de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, investigaciones sobre los carnavales, talleres sobre gestión y producción de materiales alternativos, ciclos como los Conciertos Piolas, y más cosas.

Sus propuestas artísticas apuntan a lo integral. A trabajar todos los sentidos. “Nos gusta disfrutar el proceso de producir”, afirma el integrante de Medio Limón, grupo que “fue mutando -como cuenta su compañera- por el que pasó mucha gente, con un núcleo que se mantiene entre 5 o 6 personas”.

La cumbia es solidaria

El primer festival de Cultura Cumbia estaba pautado para la primera semana de abril, cuando ocurrió la trágica inundación en nuestra ciudad. Rápidamente reformularon la actividad e hicieron el recital que tenían planeado en el playón del Centro Cultural Estación Provincial, con ayuda del Galpón de La Grieta. Se convirtieron así en un centro de acopio de donaciones. “¡Y eso también es ‘cultura cumbia’!”, agita Julia Durá, y remarca que la solidaridad y el adaptarse a esas situaciones son características de las prácticas cumbieras.

“Laburamos en Romero, con una banda de cumbia villera de allá, en un festival solidario, en la Facultad de Bellas Artes con la gente de la carrera de Música Popular, sobre la cumbia y las migraciones, y con talleres en Altos de San Lorenzo”, enumera una de las organizadoras del ciclo que cuenta con la colaboración de entre 20 y 30 personas, con grupos como el colectivo de ambientación Wepa, el espacio de producción Mate, los cocineros de Comida al Pasto, entre otros espacios.

Publicaciones Relacionadas

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *