“Trabajamos para alimentar al pueblo, no para sacarle la plata”

La puja por los precios de los alimentos durante el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio deja al descubierto la especulación de algunos sectores. En contraste, aparece el rol solidario de la agricultura familiar en la sostenibilidad del abastecimiento a precios justos en la región. Los números que marcan la diferencia.

Por Mariana Arocena

Al cierre de esta nota, el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) Rural, a través de su programa Pueblo a Pueblo, llevaba distribuidos más de 30.000 bolsones de 5 Kg de verdura a $350 cada uno. Si bien se le dio prioridad a la población de riesgo que no puede salir de casa, y a habitantes de zonas alejadas de los mercados; dos veces a la semana abren un formulario en sus redes para que el público general pueda hacer su pedido. La Unión de Trabajadores de la Tierra, por su parte, abre su almacén todos los miércoles y sábados para pasar a buscar bolsones de fruta y verdura que producen en 19 provincias del país, de manera agroecológica, a un valor similar.

Como contraparte, según el relevamiento que realizó la Municipalidad de La Plata, entre el 10 y el 20 de abril en más de 420 comercios como supermercados, hipermercados, mayoristas, comercios de cercanía y verdulerías se sancionó a más de 50 establecimientos por sobreprecios. El informe se realizó a través del Sistema de Monitoreo de Abastecimiento y Precios de Productos Esenciales (SIMAP).

En los hipermercados Wallmart, Disco, Carrefour y Maxiconsumo la lista de productos con precios por encima de los máximos establecidos por el gobierno nacional estuvo integrada por alimentos esenciales: polenta, arroz, agua embotellada, harina de trigo 000, puré de tomate, yerba y fideos. En cuanto al relevamiento de verdulerías en la región, se dan variaciones de precios por zona que en algunos casos llegan al 100% de diferencia, como el registrado en el caso de la papa: a $29 el Kg en Melchor Romero y a $60 en Ringuelet; o el de los zapallitos cuyo precio oscilaba entre $45 el Kg en Hernández y $100 en Los Hornos.

Nilda Avendaño y Lautaro Leveratto, referentes de la rama rural del Movimiento de Trabajadores Excluidos-UTEP se suman a la ola de transmisiones en vivo de Instagram de esta cuarentena, en una conferencia desde su cuenta @mteruralutep. En ella comparten algunas claves sobre este escenario: “La Agricultura Familiar tiene un rol fundamental en la generación de precios. Los intermediarios especulan y en este contexto vimos los límites de la privatización del comercio de alimentos, que genera sobreprecios y desabastecimiento. La realidad de los más humildes es que no pueden acceder. Vamos a tener que sacar conclusiones de esto que está pasando”, dice Lautaro a cámara.

Nilda aporta su experiencia: “Los camiones te lo llevan fiado, te lo pagan cuando quieren ellos, te ponen el precio. Nos pagan bajo y venden caro, pero a la gente le dicen que nosotros se lo vendemos caro. Nosotros trabajamos para alimentar al pueblo, no para sacarle la plata”.

Campo concentrado

Según un informe realizado por la ONG internacional GRAIN, el 70% de los alimentos que se consumen en el mundo son producidos por la agricultura familiar. Sin embargo, la propiedad de la tierra producida está cada vez en menos manos. El modelo productivo actual tiene su radiografía social: según el último Censo Nacional Agropecuario (2018-2019), en 16 años pasó de 520 a 627 la cantidad promedio de hectáreas de cada Explotación Agropecuaria (EAP) y desaparecieron más de 82.652 de ellas, afirmando la tendencia que ya se había evidenciado en 2002 cuando se censaron 87.688 menos que en 1988. Mientras tanto, el 1% de los propietarios es dueño de casi el 40% de las tierras que producen. Además de las 250.881 EAP, solo el 20% está a cargo de mujeres.

El almacén de la UTT abre miércoles y sábados para pasar a buscar bolsones (Foto: Gabriela Hernández/Archivo La Pulseada)

La concentración de la tierra en pocas manos va expulsando a las familias campesinas de sus territorios y obligándolos a migrar a los cordones periféricos de las grandes ciudades donde, en general, las condiciones de vida son precarias. Allí también lidian con la especulación inmobiliaria de las tierras, moviendo los cordones productivos cada vez más lejos de las ciudades, lo que impacta en el precio de los alimentos. Por otra parte, los productores que son arrendatarios (en la provincia de Buenos Aires sólo el 58% son propietarios) no tienen ningún derecho sobre la tierra que trabajan, ni siquiera, el de construirse una vivienda segura.

De toda esa población, quienes peor la pasan, son las mujeres. “Nosotras como mujeres agricultoras vamos a la quinta, salimos al mediodía a preparar el almuerzo y lavar la ropa, luego volvemos a la quinta y salimos a la noche a preparar la cena. Ahora se nos suman las tareas de la escuela con los niños. Es como una esclavitud para la mujer, no damos abasto“, dice Nilda.

La construcción de alternativas

Frente a esto se abren canales y proyectos para desconcentrar el mercado alimenticio. Una de ellas es el proyecto de ley de Cinturones Verdes impulsado por el MTE junto a la UTEP que busca proteger las tierras donde se producen los alimentos frescos para la población, y frenar la especulación inmobiliaria que avanza sobre ellas. Nilda argumenta sobre esta iniciativa: “Nosotros vemos muchos campos improductivos y nos preguntamos, por qué no nos dejan trabajarlos. No necesitamos mucho, cada familia necesita 1 o 2 hectáreas para producir, no más; y esas tierras además, tienen que estar a nombre de las mujeres que son las que se ocupan de la producción, la familia y la casa. Nosotros sabemos trabajar, queremos pagar las tierras en cuotas”.

Por otra parte, el Frente Patria Grande impulsa por estos días un proyecto de ley para crear una empresa pública de alimentos, con el objetivo de conectar a productores con consumidores. El texto de la iniciativa plantea la instalación de plantas de fraccionamiento locales, para productos secos y de almacén, quitando de la cadena a los intermediarios que son los que inciden drásticamente en los precios.

También desde la Universidad Nacional de La Plata se dan estrategias para acercar a productores y consumidores. En la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales funciona el programa de extensión “Grupo de Semillas Locales” (ver La Pulseada Marzo 2020) que se ocupa de rescatar y distribuir semillas de hortalizas producidas en la zona entre organizaciones, escuelas y particulares, además de generar materiales para la formación de todos aquellos que quieran tener una huerta en su casa.

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