Tomate platense: una cita con el sabor

Por Mariana Arocena

Es sábado y el calor quiere revancha. En la Estación Experimental Julio Hirschhorn (66 y 167) de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales a la altura de 66 y 167 se celebra la 16° edición de la Fiesta del Tomate Platense con la participación de productores, instituciones, puestos de comida y consumidores en busca de los tomates de su infancia.

Desde hace 16 años, el grupo de productores de Tomate Platense organiza esta fiesta junto a la UNLP. Es la principal instancia de difusión y comercialización de tomates de cada temporada y para eso se preparan durante meses. Una ronda de stands recibe a los visitantes que entran con reposeras para pasar el día y salen con bolsas de verduras, quesos y conservas.

Detrás de los cajones de tomates “florones” que se reparten por todo el predio hay meses de trabajo agroecológico, años de rescate de semillas y tradición hortícola y, sobre todo, un grupo de personas que asume el compromiso de mantener viva la hortaliza local, preservando y distribuyendo semillas año a año para seguir produciendo.

Isabel Palomo, una de las productoras fundadoras del grupo de Tomate Platense, cuenta a La Pulseada: “Yo me fui enamorando de producir este tomate porque lo veía como un hecho cultural más que nada, de rescatar esta hortaliza local. Y lo sigue siendo, porque no se cultiva a gran escala, somos pocos los productores que lo hacemos y hay que entender que requiere mucho cuidado y esfuerzo porque lo hacemos de forma agroecológica. Es diferente al híbrido que se vende en todas partes; porque es blando, se madura rápido, no aguanta llevarlo lejos. Entonces la gente se fue volcando a lo otro, pero te das cuenta que a la larga no va con lo que es la alimentación sana.”

Antes de la llegada del híbrido y los paquetes tecnológicos para la producción en los ’80; este era el tomate que se consumía en la región y el que trabajaban todos los quinteros

En el centro del predio Radio Estación Sur transmite en vivo, entrevistando a los protagonistas de la fiesta: los productores y productoras. En la ronda de stands se suman varias facultades de la UNLP con sus secretarías de extensión; cada una con acciones que, desde sus disciplinas, tienen el objetivo común de difundir y valorar el rescate del tomate platense. También está presente la “Feria la Periurbana” de la UNAJ y otras organizaciones que este año se sumaron a producir como el MTE Rural y la feria Manos de la Tierra. Como siempre, además, abundan los puestos de comida y venta de productos artesanales y orgánicos. No hay dudas de que esto es una fiesta.

Durante el evento, también se realizan intercambios de semillas entre visitantes, productores e instituciones como el INTA y su histórico programa PRO HUERTA, el Grupo de semillas locales de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales o el Banco de Germoplasma de la Facultad de Ciencias Exactas. También se realizan visitas a la huerta viva que año a año permite mostrar cómo es una plantación de tomates platenses y cosechar los propios.

Poco antes del final, en la radio abierta se escucha que alguien dice “el sabor del tomate platense es el sabor de la infancia”. Antes de la llegada del híbrido y los paquetes tecnológicos para la producción en los ’80; este era el tomate que se consumía en la región y el que trabajaban todos los quinteros. Fue desplazado por uno de manual que garantiza rindes, durabilidad, estética, dureza, pero no sabor. Será compromiso también de los consumidores y de las políticas públicas, entonces, que siga estando en nuestras mesas.

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