Edición Impresa|4 Abril, 2011

La Casa Ludovica, un hogar lejos del hogar

Foto Luis Ferraris

Es un edificio moderno, de cuatro pisos que cuenta con 30 habitaciones para las mamás de chiquitos que requieren tratamiento ambulatorio en el Hospital de Niños de La Plata. Creada por la Fundación del Hospital, la Casa Ludovica atenderá a familias que no tienen recursos para permanecer en la ciudad el tiempo que duran las prácticas médicas. Su presidenta, Herminia Itarte, cuenta los detalles de una iniciativa solidaria para cuidar del espacio de los niños.

Por Juan Manuel Mannarino

El Hospital de Niños Sor María Ludovica fue creado en 1889 y es un centro de alta complejidad y de excelencia pediátrica que no sólo atiende miles de personas del conurbano sino también del resto del país e incluso del exterior. “Nuestro hospital tiene mucho prestigio y el porcentaje de derivación que atendemos es alto. Mucha gente no tiene obra social en nuestra provincia y sigue recurriendo a nuestro hospital, como ocurre también con gente de países limítrofes porque en sus países la salud es privada”, analiza Herminia Itarte.

Antes de estar a cargo de la Fundación, Herminia fue directora del Hospital de Niños durante once años. Es una mujer pequeña, de pelo corto y anteojos, y de una energía avasallante: sube y baja los cuatro pisos del enorme edificio de la Casa Ludovica con familiaridad, organizando los movimientos de sus compañeros y asegurando las provisiones. “La Casa” ubicada en 14 entre 64 y 65, está a punto de habilitarse y las 30 habitaciones aguardan expectantes la llegada de las familias.

“Trabajando en el hospital como terapista intensiva pre-natal veía dos problemas habituales: el acompañamiento del niño internado y la permanencia de la mamá con el chiquito cuando tenía que volver a La Plata para continuar el tratamiento ambulatorio. Cosas que confirmé cuando fui directora”, explica Itarte. Allí surgió la inquietud por abrir un hogar de tránsito que albergara a los pacientes ambulatorios. El primer problema fue resuelto por el dormicentro de calle 6 y 61, creado en 1989 por el sistema de Voluntariado Universitario. Pero no así el segundo. Y por eso se creó la Casa Ludovica.

“Al ser el Hospital de Niños un hospital de referencia para la Provincia, hay casos de interconsulta permanentes. Es común que algún médico decida hacer un tratamiento de días, por ejemplo de cardiología, donde se hace el estudio y se debe esperar el resultado, y así pasa el tiempo, con la madre y el niño a la deriva. Problema que se agrava cuando la gente viaja más de 200 km”, dice la médica.

Los “hogares de tránsito” se inauguraron en la ciudad de Buenos Aires en 1948, siendo las primeras obras edilicias de La Fundación Evita y nacieron con el fin de proteger socialmente a la mujer que con o sin hijos, estuviera privada accidentalmente de domicilio por carecer de medios. Los hogares estaban destinados a dar alojamiento provisional y alimentación en forma gratuita mientras durara el estado de necesidad. Se apuntaba así a paliar la escasez de vivienda, pero también a cubrir el alojamiento transitorio en Buenos Aires de mujeres que, viviendo en el interior, necesitaban por ejemplo, cumplir con un tratamiento médico, realizar un trámite, o conseguir trabajo. La Casa Ludovica surgió como un hogar con características similares ya que tiene condiciones de comodidad doméstica para que las madres con sus hijos se sientan “como en su hogar pero lejos de su hogar”, tal como le gusta decir a Herminia. “Nuestra Fundación surgió en 1991 para dar impulso a la investigación y la docencia dentro del Hospital. Pero a partir del 2001, tuvimos que radicalizar la dimensión social. Era impresionante la cantidad de gente que necesitaba un apoyo para sus tratamientos ambulatorios. Y la idea de la Casa Ludovica tomó relevancia”.

Una monja del hospital le comentó a Herminia de un terreno que estaba en venta a sólo 50 metros del hospital. En 2003, con recursos propios y algunas donaciones, la Fundación compró el terreno, que tenía una pequeña casa, posteriormente demolida y cinco años después escribió una carta requiriendo ayuda a la Presidencia de la Nación. Le dieron una entrevista y en 48 horas Cristina Fernández de Kirchner le habilitó un subsidio para la construcción de la “Casa Ludovica” a través del Ministerio de Desarrollo Social. Luego, se anexó una ayuda estatal para el equipamiento y el mobiliario.

La Casa cuenta con 30 habitaciones con dos camas, cuna y baño privado, cinco de ellas para chicos con capacidades diferentes, un salón de usos múltiples, tres espacios para que las mamás puedan recibir visitas y un espacio de lavado y planchado. El terreno, de 10 por 60 metros, está frente al parque Saavedra, y ubicado en una situación ideal para que las madres estén cerca del Hospital y de sus hijos.

¿Cómo se ingresa al hogar de tránsito? “Es el Servicio Social del Hospital el enlace por el que los chicos llegarán al hogar. El alojamiento no será por más de dos semanas con prioridad para los pacientes ambulatorios que vivan a más de 100 kilómetros de La Plata”.

¡Los niños a jugar!

Hay un color para cada piso: está el rojo, asociado a la tierra, el azul al agua y el amarillo al aire. El último piso es el de lavandería: un servicio completo de lavado, secado y planchado, para que las madres puedan cuidar la ropa de sus familias. “La Casa Ludovica” parece un hogar de ensueño: ascensores inteligentes con medidas para camillas, los mejores juguetes, los vidrios lujosos y un silencio que espera las conversaciones de pasillo entre las madres y los gritos de los niños en la sala de juegos.

Herminia Itarte aclara que la Casa, que dará el desayuno, la merienda y la cena a madres y niños (el almuerzo lo provee el Hospital), no es un ámbito asistencial, sino más bien un hogar donde se priorizará el entretenimiento. Las actividades serán coordinadas por un equipo profesional integrado por el consejo de administración de la Fundación, una contadora y una trabajadora social, y habrá diferentes talleres, gestionados por un voluntariado legalmente establecido.

Los talleres serán de nutrición para abordar “el tema de la alimentación, de la mala nutrición y la obesidad”, y de coro, “que ya funciona en la parte social de la Fundación”. También habrá de pintura y de estética. Herminia es optimista: “la comunidad es muy solidaria para apoyar las actividades del Hospital y creo que se acercará masivamente para ayudar a cubrir las necesidades que tiene la Casa”.

La máxima autoridad de la “Casa Ludovica” rescata el poder del Tercer Sector: son las ONG, integradas por la Fundación, el dormicentro y la cooperativa del Hospital quienes articulan y coordinan las acciones sociales sobre los pacientes ambulatorios. Una experiencia en base al modelo de Cuba, donde el Hospital Pediátrico William Soler ha sido pionero en el continente en el desarrollo de la especialidad y, paralelamente, en  el impulso de una intensa actividad asistencial: tiene un barrio propio donde se alojan los papás para la atención de los chicos.

“Tenemos un vínculo muy estrecho con la Casa Garraham y también con las Casas Mc Donald, si bien con una diferencia, porque sus requerimientos no son muy afines al componente social de nuestros pacientes”, agrega Itarte, quien explica que el modelo de atención ambulatoria se está imponiendo en el mundo: reducir el período de internación de los pacientes facilitando su recuperación en el ambiente familiar. La Casa Ludovica, subraya la directora, “tendrá una infraestructura de alojamiento que permita que esas personas puedan venir a La Plata a hacer lo que corresponda y permanecer en el Hospital sólo las horas que deben requerir esa atención”. Y agrega con contundencia: “Como sociedad, tenemos que mirar las circunstancias sociales, políticas y económicas además de las médicas. Y dar lugar a los que menos tienen. Ese es nuestro objetivo con la Casa Ludovica”.

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