Sincerarse

ChispitaGobernantes que no están a la altura de las circunstancias ni de la militancia. Un Estado provincial que vigila y no protege. La opinión de Marcelo R. Blanco, coordinador de las Casitas, sobre la coyuntura en la Obra de Cajade.

Parece ser que para el gobierno de la provincia de Buenos Aires la tarea por los niños y adolescentes que se realiza en los centros de día de la obra del Padre Cajade está culminada.

Que ya hay muchos jardines maternales para nuestros bebés y que las madres consiguen vacantes con mucha facilidad; que hay colegios técnicos y escuelas de oficios para nuestros jóvenes a borbotones; que las mujeres que además son madres tienen resueltas las problemáticas de violencia de género; que se cumplen las restricciones de perímetro y exclusión de hogar; que se triunfó en la lucha contra los atorrantes que les venden la droga a nuestros pibes; que hay muchos servicios locales de niñez en los barrios para promover y proteger los derechos de los niños y adolescentes; que los centros de salud están provistos de insumos y recursos materiales para que los usen los profesionales para la comunidad; que la educación pública atraviesa el mejor momento en infraestructura y condiciones laborales; que las madres no necesitan de nuestros centros de día porque tienen resuelta su organización familiar y cuentan con apoyo en sus casa para cuidar a sus niños…

En fin, podría seguir infinitamente, pero lamento decirles a las autoridades provinciales y, particularmente, a los responsables de decidir sobre las políticas de niñez y adolescencia, que nada de eso ocurre. Sólo si algo de esto sucede es por un fuerte compromiso social de los militantes de la vida, como nos enseñó Cajade, que ponen la mente y el cuerpo para tener una infancia feliz. Pero los gobernantes no están a la altura de las circunstancias y el ejemplo claro es la deuda que el Ministerio de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires mantiene con los Centros de Día de la obra del padre Cajade.

Siempre trabajados con diversas problemáticas que atraviesan a la niñez, como la inserción en las escuelas, la nutrición, el combate de las adicciones… Pero esta vez la problemática es la ineficiencia por parte de un Estado provincial que parece ser lleva adelante un paradigma que pensamos desterrado, como controlar y vigilar (ojalá me equivoque), y pierde de vista la promoción y protección de los derechos de los niños y adolescentes.

Es hora de un sinceramiento y de preguntarse qué vale más, si la vida de un pibe o la compra de un auto oficial; la pancita llena de un bebé o una publicidad estática del señor gobernador en la autopista La Plata- Buenos Aires; la criminalización de los pibes mediante cámaras de seguridad o recursos humanos laburando en el territorio para que los pibes no caigan en el delito.

Por eso llegó el momento de sincerarse y preguntarse: que nuestros gobernantes y nuestros representantes en ambas cámaras legislativas y en el concejo deliberante existan si les importa una infancia feliz, si les importan jóvenes con proyectos.

Y si realmente les importa cumplan con las obligaciones que deben asumir, así como nosotros las cumplimos como ciudadanos y como parte del sistema integral de protección y promoción de los derechos de los niños, como lo estable la legislación.

Y para el señor ministro de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires, Eduardo Aparicio: SOLUCIONES YA para nuestros pibes y nuestras educadoras.

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