Reír para no llorar

El Guasón
Dirección: Todd Phillip
(EE.UU., Canadá, 2019)
121 minutos

Está batiendo récords en todos partes y en la Argentina, en un mes, la vieron dos millones y medio de personas. Algo que por sí solo no significa mucho porque la masividad puede no ir de la mano de la calidad. Pero en esta oportunidad estamos ante esas ocasiones felices en que la gran convocatoria es merecida. Aunque hay mínimas alusiones a la historia de Batman, no es una película de superhéroes (ni de supervillanos). No consiste en un mero entretenimiento plagado de efectos especiales pero sin sustancia argumental. Es un angustiante drama personal en el contexto de una creciente debacle social. También una alegoría política sobre aquello a lo que puede conducir el gobierno de una plutocracia insaciable e insensible. Metáfora, evidentemente, más que vigente. Porque la Ciudad Gótica de principios de los ’80 donde todo transcurre bien podría ser Nueva York o cualquier otra gran metrópoli actual. Y el millonario Thomas Wayne que pretende ser alcalde bien podría llamarse Donald, Sebastián o Mauricio. En ese marco acontece lo que podría llamarse, parafraseando a Gabriel García Márquez, la increíble y triste historia de Arthur Fleck y su sociedad desalmada. Hay una estética deslumbrante y unas actuaciones superlativas. En especial de Frances Conroy (Penny Fleck), Robert De Niro (Murray Franklin) y, sobre todo, Joaquin Phoenix. Todo lo que se pueda decir suena a poco frente a su extraordinaria interpretación de Joker. Sólo el tiempo puede confirmar si este filme oscuro y nihilista califica para obra maestra. En principio lo parece.

Carlos Gassmann

 

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