“No quieren que se vea la pobreza que hay en la ciudad”

En nuestros estudios estuvo una representante de la organización de la Federación Cartonera y contó cómo la Municipalidad de La Plata le quita los caballos y qué nueva forma de trabajo se han visto forzados a adoptar.

Fotos: Vanina Artola y Municipalidad de La Plata

Tendrán que empujar ellos mismos sus carros porque les decomisan constantemente los caballos, ven cómo cada día se suman otras familias a las más de mil que ya sobreviven hoy en la región con esta actividad, el municipio prometió incluirlos en una cooperativa pero apenas tomó a 50 personas por $ 4.500 mensuales y están convencidos de que con la excusa de prevenir el maltrato animal sólo buscan que los condenados a la miseria resulten invisibles para los demás.

Estos son algunos de los datos que ante los micrófonos de nuestro ciclo radial brindó Marisa Cantariño, integrante de la Federación Argentina de Carreros, Cartoneros y Recicladores (FACCyR) del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), quien al definirse como “promotora ambiental cartonera” destaca las ventajas ecológicas del trabajo que realizan.

En lo que va del año la Municipalidad de La Plata, a cargo de Julio Garro, ya les secuestró 80 caballos y en la mayoría de esos casos, junto a funcionarios judiciales y agentes policiales, les quitaron también los aperos.

“La gestión hace campaña con esto hablando de ‘recuperación de equinos’ que ‘pasaron de ser víctimas de maltrato a vivir en libertad y recibir atención profesional’. Pero -afirma Marisa- desde la Federación les respondimos que como organización les enseñamos a cada uno de nuestros miembros, con el apoyo de estudiantes de Veterinaria, cómo manejar a los animales, alimentándolos de manera adecuada y suministrándoles las vacunas necesarias. Para nosotros los caballos no son sólo una herramienta de trabajo: son como un componente más de nuestra familia. Sabemos que si están en mal estado no pueden salir así que les realizamos todos los cuidados”.

“Entendemos -prosigue Cantariño- que en la ciudad de La Plata hay una superpoblación de autos y micros y que transitarla con carros puede causar accidentes. Lo comprendemos. Pero queremos que ellos también entiendan que lo hacemos por necesidad. Los caballos son nuestra propiedad y sentimos que es un robo que nos los quiten. No nos informan dónde van a parar los animales y pretenden cobrarnos multas, que van desde $ 3.000 hasta $ 150.000, que son imposibles de pagar para quienes vivimos al día”.

Marisa señala que “los cartoneros siempre fuimos perseguidos pero este año el acoso fue más intenso que nunca. A partir de una gran marcha que se hizo en 2018, con todos los carros desfilando por el centro en reclamo de los puestos de trabajo que Garro prometió y no creó, la persecución se hizo más fuerte”.

“Después de tres años de lucha -continúa Cantariño- en 2018 el Municipio les dio empleo a 50 compañeros, que están en una cooperativa, en un galpón de reciclado, desarrollando su tarea al servicio de la comuna, con un sueldo que actualmente es de $ 4.500. Pero alrededor de 900 personas más se quedaron fuera. Se habían comprometido a que paulatinamente iban a incorporar a más. Pero eso nunca ocurrió. Los excluidos saben que están obligados a seguir saliendo con sus carros porque de lo contrario no tienen qué comer”.

“Lo que no quieren -enfatiza Marisa- es que se vea la pobreza que hay en nuestra ciudad”.

“La Federación -rememora Cantariño- llega a La Plata en 2010 para ayudar a los carreros. Nos demuestra, para abrirnos la cabeza, que veníamos realizando un trabajo valioso desde hace más de 30 años y que por eso debíamos reclamar que se respeten nuestros derechos. Puso en evidencia lo que podíamos hacer, el potencial que teníamos. Siempre digo que cuando se busca cubrir un cargo laboral se solicita un currículum que  pruebe que se trata de mano de obra calificada. Nosotros, los cartoneros, somos mano de obra calificada en la recuperación de materiales reciclables”.

Sistemas “puerta a puerta”

Para evitar males mayores por las situaciones de creciente violencia que se producían ante el decomiso de los caballos, el 11 de junio pasado la FACCyR realizó en La Plata su Cuarto Congreso y tomó distintas resoluciones.

Al término, en un contundente comunicado, manifestó: “Nos encontramos todos y todas para definir el rumbo de la organización ante la imposibilidad de salir a trabajar con el carro a caballo y la constante persecución y quita de las herramientas de trabajo por parte de la Municipalidad de La Plata, sin ofrecer ninguna alternativa para trabajar, mientras el hambre y el desempleo azotan la región. Este gobierno se dedica a perseguir pobres que revuelven la basura para poder comer”. El pronunciamiento apuntó también que estas “políticas planificadas de exterminio de nuestra forma de trabajo” se asocian a la represión que padecen “manteros, feriantes, vendedores ambulantes y personas trans”.

La medida adoptada consiste en utilizar carros a mano para recolectar cartones, papeles y otros materiales, para luego trasladarlos con el apoyo de camiones a un centro de acopio y reciclado. Este sistema, “puerta a puerta”, abarca el área comprendida entre las calles 38 a 60 y 7 a 19. A los vecinos se les solicita que colaboren sacando las bolsas verdes después de las 18 horas.

“Les pedimos -aclara Marisa- que esperen el momento en que los compañeros retiren los residuos en los horarios y los lugares acordados”. Las paradas de los camiones se han fijado en las plazas Rocha, España, Italia, Paso, Moreno y Olazábal. Allí los vehículos cargan los bolsones con los residuos secos y los llevan hasta el galpón de reciclado levantado en 144 entre 47 y 49. A ese sitio también se pueden acercar donaciones, de lunes a viernes, de 21 a 23 horas. Son especialmente bienvenidas las ruedas o cualquier otro elemento útil para armar carros.

Claro que este cambio obligado de modalidad de operar implica mayores sacrificios: “Valiéndonos de la tracción humana -especifica Cantariño-, para conseguir una cantidad aceptable de material, hay que hacer dos o tres viajes diarios, cada uno de tres o cuatro horas de duración. No es que en una misma cuadra ya encontrás todo: hay que recorrer”. Por otra parte, la nueva forma de proceder tiene como ventaja que, vendiendo colectivamente, se obtienen mejores precios, aunque también el perjuicio de que hay que esperar unos 15 días para el cobro.

Se estima que los carreros recogen en el distrito aproximadamente 50 toneladas de materiales reutilizables. “Es la única manera -puntualiza Cantariño- de que se reciclen y vuelvan a la industria. Las manos cartoneras contribuyen a que no se sigan despilfarrando recursos naturales”.

En esa dirección, uno de los proyectos que impulsa la FACCyR es el de formar promotoras ambientales, iniciativa pensada especialmente para las mujeres adultas que no están en condiciones de tirar de los carros. En muchos casos es una oportunidad para que vuelvan al seno de sus familias, retomen los estudios o desarrollen otros planes personales.

“Nosotros brindamos un servicio y queremos que nuestra tarea sea reconocida. Lo único que pretendemos es una alternativa de trabajo. Pero solos no se consigue nada y es necesaria la unidad para que, con mucha lucha de por medio, se vayan logrando los objetivos”, concluye Marisa.  ///


Los “puntos azules”

 Desde noviembre de 2016, merced a un acuerdo entre la FACCyT y cuatro establecimientos educativos dependientes de la Universidad Nacional de La Plata, se crearon lugares de acopio de materiales reciclables llamados “puntos azules”. Están ubicados en la Facultad de Humanidades (124 y 51), la Facultad de Bellas Artes (Plaza Rocha), el Bachillerato de Bellas Artes (10 entre 62 y 63) y el Liceo Víctor Mercante (diagonal 77 entre 4 y 5).

Al lanzarse la iniciativa, desde la Federación se manifestó que “generalmente estas campañas se identifican con el color verde porque sólo ponen el acento en lo ambiental. El ‘punto azul’ surge de la necesidad de incorporar la dimensión social. Sobre todo que se reconozca a quienes buscan vivir de esta actividad y trabajan sin derechos. Así otras instituciones de la comunidad pueden acompañarnos en la pelea por un Sistema de Gestión Social del Reciclado que permita que la basura deje de ser un negocio millonario para unas pocas empresas privadas y se creen empleos dignos para los que hasta ahora efectúan un reciclado informal”.


Derechos Humanos

Con la excusa del “maltrato animal”, la Municipalidad viene secuestrando a los carreros los caballos que utilizan para recolectar cartones. Así, del paisaje urbano este año literalmente desaparecieron los equinos y su reemplazo es… ¡el de un hombre tirando un carro!. ¿Derechos humanos vs. derechos de los animales?

Según la comuna, los 150 equinos “recuperados” este año estaban “abandonados, eran utilizados para acarreo, y/o presentaban signos de desnutrición y maltrato físico”.  Es decir, todo en la misma bolsa, lo que refuerza el estereotipo de que los carreros maltratan a sus propios animales.

Según la información oficial, los agentes pro-natura “buscamos concientizar a los vecinos sobre la tenencia responsable de animales y al mismo tiempo instarlos a realizar denuncias que nos permitan intensificar las tareas de rescate”. La idea instalada es: los animales están a la buena de Dios y, “nosotros” (es notorio el uso de la primera persona en los títulos de las gacetillas municipales) los “rescatamos”, con la ayuda de, usted, vecino, que llama al 147.  El área a cargo se llama dirección de Protección Animal y la dirige Dolores Oliva de Losa, una veterinaria que realizaba este trabajo desde el tercer sector como integrante de Con Alma Asociación Civil, que en 2012 recibió el premio “Abanderados de la Argentina Solidaria”. “El animal vive en la familia y en el medio ambiente. No se puede separar: ni la familia ni el medio ambiente, ni el animal”, decía la hoy funcionaria, en aquellos tiempos menos oficialistas.

Según las imágenes que difunde la Municipalidad, los caballos son llevados a un predio. “Después de que el personal veterinario revisa al animal y verifica que presenta signos de desnutrición y/o maltrato, se los rescata de la vía pública y se los traslada a un campo”.

 

 

 

 

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