“Ni una menos es fundamental en todo sentido”

Nota principal Pabellón 4: resistencia letra a letra

Carlos Mena, sentado en el banco de remera bordó, en el taller literario.

Carlos Mena pasó su vida de cárcel en cárcel y aprendió a leer a los 32 años, cuando entró en la editorial. Hoy está en libertad, es operador del ministerio de Justicia y da talleres en penales para adultos. También trabaja ad honorem en distintos institutos de menores y se declara fan de Jean Paul Sartre: “Alguna vez llegué a pensar que había nacido para ser chorro, pero después entendí que si no te dan las herramientas para saber lo que podés ser, apenas vas a ser lo que hicieron de vos”, dice.

¿Qué cambió desde que pisaste por primera vez un instituto hasta hoy?
–No se pueden violar a los chicos tan fácil ahora, aunque todavía lamentablemente los siguen violando. Hay docentes buenos y hay docentes que son como “empleados”, que sería el penitenciario que lamentablemente es parte del sistema opresor y oscuro que todavía sigue fomentando que el pibe sea chorro. En un instituto si robaste un celular no tenés derecho ni a comer el postre, y si vas a robar tenés que robar con pistola, doble acción. Hay nenes que están con una condena larguísima y tienen 13 años, nada más ni nada menos que tres años más que mi hija, que tiene 10. Son criaturas todavía, están ahí y los tienen como perritos, les pegan, los verduguean, los hacen chorros… El tema es cómo los van fabricando cuquitos ¿viste? A mí por ejemplo el Estado me tiró ahí para que se haga cargo la vida, y sin cultura ni nada salí con cara de pistola.

¿Cómo era el pabellón antes de que llegara la editorial?
–Las cárceles de la provincia de Buenos Aires, todas las cárceles, son un infierno. Antes de que venga Alberto se peleaba con faca para ver quién era más fuerte o quién hacía ruido cuando caminaba y golpeaba las ojotas en el piso. No sé, era re complicado. En mi casa yo no era el zorro, y en la calle lamentablemente robaba pero no hacía esgrima. Entonces me dieron puñaladas en la cara, el ojo, la boca, la cabeza, la espalda. Todo fomentado, avalado y encubierto por el oficial de guardia, que decía que los chorros tienen que pelear con faca para que se solucione el problema. Y ahí sí o sí hay una muerte interna de por medio.

“Ahora hay que buscar en el infierno una llave de luz” (Carlos Mena)

¿Tenés algún filósofo predilecto?
–Soy fanático de Jean Paul (Sartre). Siempre digo que el hombre nació libre, y yo empecé a sentirme libre, boxeador y rapero. Me comí el personaje en el buen sentido, sin entrar en la arrogancia o el narcisismo, porque en realidad era cooperar con todos. Entonces el pabellón no era un pabellón sino un centro cultural. De repente lo que hacía tenía un nombre, ya no era más un número o un código, era una persona con sentimientos, un sujeto de derechos. Era un artista.

Pronto van a sacar Ni Una Menos en el Pabellón 4 ¿Qué pensás de ese movimiento?
–Ni Una Menos fue fundamental porque mi papá mató a mi mamá a los golpes. Ni una Menos es fundamental porque en una cárcel de hombres el machismo es terrible. No es lo mismo que yo ingrese con una camiseta de Los Andes a que ingrese con una remera rosada, ajustada al cuerpo, y unas zapatillas con corazones. “¿No había ropa para hombres?”, te dicen. ¿Por qué? Y porque parecés una nena. Y qué, ¿entonces ser nena es ser gil? ¿es un garrón ser nena? O sea que ser nena es algo inferior, o sea que las mujeres son una mierda, en otras palabras. Y ahí estamos, hay que ser poronga en la cárcel.

–¿Qué le dirías a alguien que recién entra a un penal?
–Le diría que busque el colegio, las maestras, a los pibes universitarios que están detenidos, los que llevan mucho tiempo en cana y están metidos en el tema del aprendizaje. Ya estás en el infierno, ahora hay que buscar en el infierno una llave de la luz. Yo nunca desvinculo a Dios, viste. Walter Benjamin dice que cada tanto el mesías aparece por una hendija de la vida. Quiere decir que yo estoy en un buzón y no me quiere nadie, y me quieren robar pero justo viene uno y me dice che, acá en nuestro taller hacemos marionetas, ¿querés venir? Y ya eso es Dios.

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