Memoria escolar: «El sueño es el mundo entero»

Dos fotógrafos platenses recorren el país con el objetivo de documentar a través del retrato las escuelas públicas primarias rurales.

Por Lucrecia Gallo

Fotos: Erica Voget | Bernardo Greco

“Nunca voy a perder mis sueños,
es el único tesoro que tengo”
(Tesoro, Gustavo Cerati)

 

En la heladera hay un mapa de la República Argentina dibujado en lápiz, que Amelie –10 años, hija de Erica– cuelga y descuelga cada vez que colorea una a una las provincias que visitan cada mes.

Erica Voget (37) es fotógrafa y calígrafa y junto a su pareja Bernardo Greco (43) diseñador en comunicación visual, también fotógrafo, son los mentores del proyecto al que denominaron “Memoria Escolar”, donde conjugan sus influencias fotográficas, la defensa de la educación pública, la pasión por los viajes y mucho -mucho- amor por la infancia.

Erica Voget y Bernardo Greco en Formosa

“El fin es que la fotografía genere un recuerdo, y se convierta en un producto iconográfico que permanezca en espacios del recuerdo familiar y/o institucional, y que en consecuencia influya en la construcción de una memoria tanto individual como colectiva”, explica Erica sobre la importancia de documentar a los niños en esa etapa de la vida.

De La Plata a todas las provincias

En el inicio la idea fue simple: fotografiar escuelas rurales de La Plata, pero enseguida comprendieron que el deseo iba más allá de la ciudad que los vio nacer. Recorrer en dos años una provincia por mes es el plan que comenzó en agosto con destino a Formosa, siguió por Jujuy en septiembre, San Luis en octubre -donde fue declarado de interés legislativo- y Neuquén en noviembre.

Dos cámaras, cuatro lentes, baterías, accesorios, zapatillas para electricidad, alargues, tabla de corte, trincheta, regla, pegamento y las bolsas en las que les entregan las fotografías de regalo, más la impresora profesional que una cooperativa les donó, son el equipaje con el que llegan a cada escuela.

La visita comienza con la entrega de las donaciones que también transportan hasta cada lugar. Útiles escolares y ropa son algunas de las cosas que reciben constantemente de las personas que colaboran con el proyecto.

“Casi siempre nos esperan con carteles de bienvenida”, cuenta Erica cuando describe la llegada a las escuelas. “Los nenes enseguida nos preguntan cosas, se aferran, te llevan a recorrer la escuela y si bien tratamos de mantener la jornada escolar tal como es, sin intervenir, los maestros nos invitan a hacer recorridas”, comenta.

En algunas escuelas dan una charla sobre fotografía, los componentes de la cámara y la luz. Si pueden, les muestran el proceso de impresión. En una de las instituciones, como tenían un proyector, pudieron mostrarles las fotos. Una preselección de 200 imágenes generó un momento único. Las maestras, las cocineras, todos en el comedor viendo las fotos. “Se mataban de risa”, recuerdan.

Ir a destino

Cada viaje comienza con un contacto que facilita la llegada. En algunos casos, coordinan la financiación del colectivo o avión. Pero no siempre es fácil. A las escuelas les piden que cumplan ciertas condiciones, como por ejemplo, que tengan hasta 25 alumnos, que sean de difícil acceso, para acercar la fotografía y el recuerdo permanente en papel.

Alumnos de 3ro y 5to grado de Punta del Agua, Formosa

En Formosa se encontraron con un paraje, la escuela, la comisaría y 20 o 30 familias que se fueron corriendo porque el río se iba ganado el pueblo. Una comunidad que se formó alrededor de la escuela con 100 años de antigüedad. Tenían dos escuelas programadas, una de la comunidad Wichí, pero no pudieron fotografiar ambas instituciones porque al segundo día de su estadía una tormenta feroz hizo que lloviera lo que no había llovido en los últimos 8 meses. “No pudimos hacer fotos pero llevamos las donaciones y nos invitaron a pasar por las casas cercanas”, relatan.

Fue en uno de esos hogares donde, al pasar a saludar, se encontraron con la foto escolar arriba de la mesa. Estaba prolijamente enmarcada y decorada con cartulinas. “Iba directo a ser pegada a la pared –dice Bernardo y remarca–. Vimos el valor de lo que estamos haciendo en vivo y no lo registramos”. Así van, aprendiendo en el camino. Fue en Formosa donde también decidieron darle una vuelta a la foto grupal documentando la escuela a través del paisaje.

Así es como una vez en Jujuy, su segundo destino, se subieron a un cerro con los niños y maestros. Todos juntos, después de una caminata y desde ahí arriba, encontraron la foto. La escuela y la iglesia, presentes desde abajo. En otro lugar el paisaje incluyó a las llamas y en cada lugar lo que más represente cada provincia.

Entrega de carpetas y retrato escolar

Poco a poco empezaron a ver subtemas dentro de la escuela: las cocineras con un rol muy importante, establecimientos a cargo de dos personas, lugares donde solo hay agua de lluvia o una cantidad de docentes superior a la cantidad de alumnos y hasta una escuela albergue donde los chicos viven durante la semana.

“No conocíamos estos lugares y no los íbamos a conocer nunca. Eso es lo más lindo”, afirman los fotógrafos, dando cuenta de que llegar a cada lugar del territorio argentino es el descubrimiento de algo nuevo.

Ya en San Luis recorrieron cuatro escuelas. César, un maestro con el que hicieron el contacto, les organizó el itinerario y los acompañó en la estadía. “Esa organización se vio reflejada también en una parte estructural de las escuelas rurales de San Luis, que están bien equipadas, cuentan con el personal necesario, materiales para los chicos y hasta wifi”, recuerda Erica.

Pensar la foto

“Los niños siempre estuvieron presentes en mis búsquedas”, dice ella. “Yo entré a la fotografía haciendo documental de mis hijos y de mi vida”, completa él.

Unieron todo: la experiencia de cada uno, las búsquedas y ese acercamiento con la fotografía desde lo cotidiano y desde sus lugares como madre y padre. Amor por la infancia y la educación pública.

Desde lo documental y lo rural reconocen grandes influencias fotográficas pero aseguran que no están pensando en eso a la hora de armar los retratos. Tratan de ser libres en el trabajo.

“Nos vamos conociendo y afianzando en este proyecto, nos llevamos muy bien, podemos salir de la pareja y ponernos a trabajar”, cuenta Erica, para explicar que el amor entre ellos surgió casi al mismo tiempo que el proyecto.

Corría el mes de junio cuando comenzaron a pensar en esto, le pusieron un nombre, armaron un logo y arrancaron. Como en un cauce natural todo fue fluyendo rápido aunque, claro, el proyecto no tiene horarios, están todo el día trabajando.

Contacto

Quienes estén interesados en colaborar con Memoria Escolar o realizar donaciones pueden contactarse a través de Facebook o Instagram o telefónicamente: facebook.com/memoriaescolar/  | instagram.com/memoriaescolar/ | +54 9 221 525 0249

“En este momento las empresas no colaboran mucho más allá de nuestros pedidos pero la gente se suma de forma individual y voluntaria, acompaña y alienta desde y como puede”, aseguran. Al principio les sorprendía que al contar el proyecto, sin conocerlos, muchos les alcanzaran dinero. Cada día que pasa las redes sociales dan cuenta de ello: “Entran 100 personas por día a la página, es impresionante la cantidad de mensajes que nos escriben”.

Por estos días analizan como sostenerlo, de qué modo financiarlo. Al tiempo que definen qué destino seguirá. “Por ahora lo pensamos de a dos pero es un proyecto que puede crecer. Podríamos documentarlo en video o escribir una bitácora de viaje. Por ahora somos dos los que entregamos los útiles, sacamos las fotos, imprimimos, hacemos todo”, señalan.

Sin ir tan lejos, mientras dan esta entrevista para La Pulseada, reciben mensajes y buscan información sobre una colonia menonita en La Pampa. Los dos trabajan en forma free lance para otros espacios: ella escribe a mano los títulos de una universidad privada y él se mueve entre la dirección de arte, el diseño y los videoclips.

“El sueño es el mundo entero”, responden cuando se les pregunta por el horizonte. “Si es por soñar, ya estamos en África”, lanzan, entre risas. Saben que el trabajo de llevar la fotografía en papel durante dos años por toda la República Argentina les abrirá puertas. Que cuando se enfocan en algo, como el ejercicio que hacen cada vez que encienden la cámara, lo hacen desde búsquedas individuales y colectivas, sociales y políticas. Saben que, como reza Cerati en la contratapa de la carpeta que les regalan a los chicos, nunca hay que perder los sueños porque es el único tesoro que tenemos.   /// LP


El Comandante

La foto escolar es la que todos los que hemos pasado por la escuela tenemos en la memoria: cada uno en un banco con el pizarrón atrás y una luz de ventana.

Todavía recuerdan la noche que se encontraron titulando una foto. Era la segunda escuela que visitaron en Jujuy, en Abra Colorada y Jonathan (foto) -”un petiso terrible y movedizo”, dice Bernardo- que tenía conjuntivitis, se sentó en el banco para sacarse la foto al igual que todos. Le tuvieron que poner un almohadón porque no llegaba al banco. Estaban armando las carpetas cuando la vieron: “No se cómo fue la expresión pero los dos dijimos: “El Comandante”, dice Erica y agrega. “Era un Che Guevarita, por la ropa, los verdes. La actitud. Una firmeza tenía”.

Es así como cada foto y cada escuela los lleva a reflexionar. Con la cámara colgada desde que se despiertan, todo el tiempo que pasan con los chicos están registrando, ya sea en el desayuno, el almuerzo o haciendo las tareas. El resultado de la fotografía es ese acercamiento.

 

 

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