MANTHOC: El largo camino de la pedagogía de la ternura

 La Pulseada estuvo en Lima en la asamblea de una de las organizaciones de niñez más antiguas de América Latina. Reúne a 1.500 niños, niñas y adolescentes y pone el foco en el trabajo. Hablan cuatro de los adolescentes que fueron elegidos como delegados nacionales y una histórica del MANTHOC, que evoca los primeros contactos con Argentina a través de Alberto Morlachetti.

 Entrevistas: Débora Elescano y María del Carmen Flores Calderón

Desde Lima

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“Somos protagonistas de nuestra historia, titulares y defensores de todos nuestros derechos humanos y de nuestra madre tierra”. Ese fue el lema de la 35ª Asamblea Nacional del Movimiento de Adolescentes y Niños Trabajadores Hijos de Obreros Cristianos (MANTHOC) que se reunió a principios de este año en Villa El Salvador, en la capital peruana.

Nacido en las barriadas del sur de Lima, el MANTHOC realiza acciones orientadas a mejorar las condiciones de trabajo y vida de los “NNATs” (Niñas, Niños y Adolescentes Trabajadores). Fundado por Alejandro Cussiánovich y Nelly Torres, se define como una organización autónoma, que apuesta al protagonismo de los niños y adolescentes “como sujetos de derechos y actores de su propia historia”. Y aunque su alcance es nacional, reivindica una “vocación internacional”. Por eso, tempranamente se conectó con otras experiencias como Pelota de Trapo, la organización fundada por Alberto Morlachetti en Avellaneda. En 1988 hicieron en Perú un primer Encuentro-Taller que proyectaba un movimiento latinoamericano. “Vinieron de Argentina, Paraguay, Bolivia, Chile y Brasil”, recuerda Janeth Maribel Urcuhuaranga, una histórica del movimiento (ver aparte). “En ese momento no había organización de niños trabajadores, sino experiencias, que sí los organizaban, pero no con un protagonismo como debería ser. Me acuerdo que ese encuentro fue una responsabilidad bastante grande para nosotros, con casi mil personas. Alberto Morlachetti daba elementos que ayudaban a la reflexión. Como resultado final sale un pronunciamiento, ´El grito de los NNATs´. Ahí denunciábamos todo el maltrato que había hacia la infancia trabajadora, la situación de pobreza que existía, hablábamos de los derechos”. Janeth asegura que mucho de lo que allí se planteaba se recogió en textos posteriores como, por ejemplo, la Convención sobre los Derechos del Niño (1989): “Nosotros ya habíamos reflexionado antes de que se aprobara la Convención”.

Desde el principio, una pelea del MANTHOC fue por el reconocimiento social, político, económico y jurídico de los derechos de los niños, niñas y adolescentes trabajadores y no trabajadores en el Perú. La situación legal siempre es una preocupación, ya que muchos códigos y convenios “de escritorio”, cuando prohíben taxativamente el trabajo infantil, generan una desprotección sobre una situación que existe de hecho y tiene una raigambre cultural muy fuerte.

Daniel Pachamango Arce (15 años), uno de los adolescentes que integran hoy el movimiento, cuestiona esas posturas: “Nuestras autoridades primero tienen que ver cuál es la realidad, por qué motivo nosotros trabajamos. Tienen la mentalidad de que somos explotados”.

La Asamblea Nacional del Movimiento de Adolescentes y Niños Trabajadores Hijos de Obreros Cristianos (MANTHOC) se reunió a principios de este año en Villa El Salvador, en la capital peruana.

“A mí me llenó de alegría saber que hay chicos que conocen sus derechos, que están organizados como niños trabajadores”, agrega Salomón Ramos, reconociendo el trabajo del MANTHOC: “Yo fui niño trabajador, soy un adolescente trabajador y me reconozco por el trabajo y yo he visto que el trabajo que nosotros hacemos no es explotación, nuestro trabajo es una identidad que nos nace, para aportar a nuestras familias, para mejorar nuestra vida, para conocer, ampliar nuestras visiones y enfoques que tenemos. Y lo que más nos gusta de nosotros los trabajadores es que nos levantamos temprano, somos más responsables”.

Salomón destaca el trabajo educativo que sostiene el movimiento: “Los NNATs somos educadores a base de nuestra vida. Le enseñamos a los demás NNATs y eso es muy bueno porque como compartimos una identidad hacemos más amigable el contexto de la enseñanza… Simplemente informamos para que conozcan sus derechos y para que ellos ejerzan un protagonismo y tengan el valor social que se les ha quitado hoy en día. Porque la participación la tienen los adultos y los niños no. En la casa ¿quién es el que manda? El padre. ¿Y los niños? También debemos tener la importancia debida. El mundo es adultocéntrico. Debería centrarse en las infancias y no tanto en los adultos”.

La asamblea

El MANTHOC es la primera organización de su tipo en América Latina y actualmente congrega a más de 1.500 niños, niñas y adolescentes trabajadores, organizados en 16 “bases” distribuidas en 10 regiones del país (Lima, Ayacucho, Jaén, Cajamarca, Puno, Pucallpa, Iquitos, Piura, San Martin, Chachapoyas y Cusco). En la asamblea, realizada en enero de este año, se encontraron 35 delegados, más 15 “colaboradores” y otras personas que acompañan el movimiento.

“La Asamblea Nacional es una de las más grandes instancias del Movimiento, y es en donde se toman decisiones muy importantes”, explica a La Pulseada Leydi Milagros Huaynapata Tacca (16 años). Aunque la organización nació en 1976, fue en 1984 cuando adoptó la dinámica de las asambleas anuales, en las que los delegados de las bases –elegidos por sus compañeros– se reúnen para reflexionar sobre la situación de los NNATs, evaluar el trabajo realizado en el año y proyectar las acciones para el que sigue. Además, cada vez eligen a los miembros que integrarán la coordinación nacional: “Son los mismos niños y adolescentes los que eligen a quienes los van a representar y ahora somos diez delegados nacionales, que estamos representando al Movimiento”, detalle Leydi. A su vez, los delegados serán acompañados por la colaboradora nacional, también electa en la Asamblea, Patricia Rivera.

No sólo la educación y el trabajo son temas de la asamblea. La realidad cotidiana y la actualidad atraviesan la vida de los niños y adolescentes, y eso se refleja en el movimiento. Entre los talleres de formación y reflexión se destacaron temas vinculados a la jurisprudencia de la tierra, reconocer a la madre tierra desde un enfoque de derechos, y los derechos sexuales y reproductivos: en la asamblea se advirtió sobre los ataques que ponen en riesgo el enfoque de género instaurado en la currícula del sistema educativo.

Todos los protagonistas –algunos de cuyos testimonios acompañan estas páginas– coinciden en señalar el cambio y el empoderamiento que significó participar en MANTHOC. “Yo era muy tímida, no tenía esta libre expresión como lo tengo ahora, no sabía nada de mis derechos, no sabía que existen esos temas de los que hablamos ahora”, sintetiza Leydi Milagros. // LP

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Leydi Milagros Huaynapata Tacca, de Ayavirí, Puno

“Si no trabajan, no tendrían para comer”

Leydi Milagros Huaynapata Tacca

Leydi se integró al Movimiento a los 12, invitada por una profesora del colegio. “Primero fui por curiosidad y poco a poco me fue gustando porque vi que tocaban temas muy diferentes al que tocaban en el colegio, porque esos temas se hablaban libremente ahí, mientras que en el colegio siempre había una restricción”. Entre otras cosas, asegura que a través del MANTHOC “empecé a valorar mi trabajo y a reconocerme como niña trabajadora e identificarme así”.

Hoy tiene 16 y es mesera en un restaurante, pero antes pasó por otros trabajos: vendió gelatinas y artesanías, hizo trabajo doméstico y, por supuesto, en el campo. “Voy a zonas rurales y hago siembra de papas, sembramos la quinua, cañihua, la papa, o sea, todo lo que rodea esa zona”.

¿Qué características tiene el trabajo en tu región?
–Allá en el sur, se ve más la agricultura y la ganadería… Todos los niños, niñas y adolescentes que estamos allí trabajamos en agricultura, las chacras, en llevar a pasear a los animales. Y también en artesanías, porque cada niña, adolescente o niño empieza a hacer artesanías y con eso empiezan a sostenerse su propia vida, ya que si ellos no trabajan, no tendrían nada que comer.


Salomón Ramos Huyón, de Piura

“Gané protagonismo dentro de mi familia”

En la calle, Salomón combina el trabajo vendiendo pan, el arreglo de celulares y la charla con otros niños trabajadores para “decirles que tienen derechos”. “El MANTHOC me hizo descubrir que mi vida tan solo no era ser un niño, sino que también era ser un sujeto de derecho, que tenemos una voz importante dentro de la sociedad, de conocer que somos parte fundamental del Perú”.

Salomón Ramos Huyón

-¿Qué le dirías a un represenctante de la OIT?
-Si estuviera uno y me dijera sobre la erradicación del trabajo infantil yo le contestaría: primero tiene que ver la realidad. Hay un contexto. No sólo tiene que partir de la opinión pública. Tiene que partir de la propia realidad, de cómo se vive en cada una de las regiones, de cómo se vive en el Perú. Los niños trabajadores que viven hoy en día, tienen la necesidad y tienen esa identidad porque sienten que deben aportar porque el trabajo en el Perú está desvalorizado (…) Cada niño trabajando en el campo, vendiendo pan, bodoques o caramelos en las calles, es una identidad que no se puede erradicar (…) Yo no sé por qué muchas organizaciones quieren erradicar el trabajo infantil, cuando es un pilar fundamental de la crianza, de la etapa nuestra, los niños, niñas y adolescentes, que nacemos en barrios humildes y nacemos de padres de familia de pobreza, algunos de extrema pobreza, y eso es lo que nos impulsa a cambiar y es lo que llevamos en el movimiento.


Ezequiel Tuanama Pereyra, de Loreto

“Cuando los chicos trabajan solos, son mal pagos”

Ezequiel Tuanama Pereyra

 “Yo trabajo en la labor de desplumaje de pollo junto con mis padres, en distintas avícolas en Belén”, cuenta Ezequiel. “Me levanto junto con mis padres, para ir a la avícola, trabajo y luego voy al mercado de Belén a apoyar a mi mamá. Después de eso me cambio para ir a la escuela, que salgo a las seis. Sábados y domingos descansamos, y después en las tardes me voy a una chacra por decir, que tiene mi padre, donde están los animales, y me quedo cuidándolos. Después vuelvo el domingo y hago mis reuniones con el MANTHOC. Una característica principal que tiene el trabajo es que cuando los niños, niñas y adolescentes trabajan solos, y cuando no trabajan con sus padres, son mal pagados, porque los adultos piensan que nosotros con esa plata no sabemos qué vamos a hacer”


Daniel Pachamango Arce, de Cajamarca

“Acá no hay yo ni hay líderes”

Daniel trabaja en el molino de granos de su papá y cursa el quinto grado de la secundaria. Tuvo trabajos –siempre con su familia– desde los siete años.

¿Cuánto hace que estás en el MANTHOC?
–Desde el año 2009. Empecé a ir a un grupo de chicos como a los cinco, por mi hermano. Era muy bueno porque hacía manualidades, salíamos a pasear, a los campos deportivos, jugábamos, hablaban de derechos, de deberes. Y me empezó a gustar, he estado yendo y yendo, hacía un proceso. Y pasé un tiempo estando en el grupo. Luego vieron los chicos mi participación, vieron mis actitudes y me eligieron como delegado del grupo.

¿Qué significa el MANTHOC en tu historia de vida?
–Ha cambiado de mi ser. Por ejemplo antes siempre tenía esto de yo: “yo, yo yo”. Y cuando me di cuenta, en el MANTHOC no es uno, sino son varios. Aprendí que somos un movimiento de protagonistas, que acá no hay líderes, que no hay yo. Y me ha ayudado más que todo el trabajo en equipo, ver cómo podemos hacer un trabajo entre todos. Me cambió bastante mis actitudes, en la forma de pensar, en la forma de dar opiniones. Ser activo socialmente. Yo por ejemplo, antes era tímido, ahora tengo rápido eso de ganarme la confianza de los chicos, de las chicas, de los colaboradores, soy un poco más social. En eso también me ha ayudado bastante.

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