Los condenados

134-RefugiadosIndignados. Tristes. Azorados. Impotentes. Avergonzados. Dolidos. ¿Cómo decir lo que nos provoca la llamada “crisis migratoria”? Presentamos dos testimonios, uno que tiene el valor de lo vivencial de una abogada platense que reside en Alemania y el otro que se nutre de la ideología de Carlitos Cajade y de los barrios en donde dejó su huella.

Siéntanse bienvenidos

Por María Ester Alonso Morales *

Desde Hamburgo

Todos los miércoles en la mañana, desde hace algunos meses, hago el mismo recorrido en bicicleta. Salgo a las diez de mi oficina en la Osterstraße y voy siguiendo en la superficie la ruta del metro U-Bahn 2 hasta la parada de Schlump. Luego continúo bordeando el parque Schanzenpark hasta el final, paso frente a la Torre de Comunicación y bajo todavía a más velocidad por la Karolinenstraße cruzando los pabellones de Messehallen (Centro de Exposiciones). A pocos metros, en Sievenkingsplatz, se encuentra el Juztisforum (Foro de Justicia), sede de los tres Palacios de Justicia, donde hago una primera parada para dejar y retirar correspondencia.

Como siempre, me detengo a observar el majestuoso palacio del Oberlandesgericht (Tribunal Superior). Especialmente me llama la atención el muro frente de la puerta, una pared de concreto que nadie puede ignorar y que tiene tallado el año en el que comenzó el nazismo: 1933.

También allí hay una placa con la siguiente frase:

Conmemoramos a las víctimas, que desde de 1933 hasta 1945 fueron privadas de sus derechos, maltratadas, torturadas, privadas de su libertad y condenadas a muerte por jueces y fiscales de la justicia de Hamburgo. Su sufrimiento es nuestro recordatorio”

Fuertes palabras que me acompañan el resto de mi camino. Continúo por la avenida Glacischaussee, paso por el estadio de fútbol del Club St. Pauli hasta la estación de metro con el mismo nombre, cruzo la legendaria avenida Reeperbahn y me acerco a mi destino: el Centro de Salud que funciona en el antiguo Hafenkrankenhaus (Hospital del puerto) a orillas del río Elba. En el consultorio de Haveno, cuyo nombre significa Puerto en Esperanto, tengo cita con mi terapeuta, el Dr. Bruni, que forma parte de un grupo profesional especializado en la atención de inmigrantes y personas provenientes de todo el mundo traumatizadas por razones políticas.

Como cada miércoles, hice el mismo recorrido, pero esta vez fue especial. Al pasar por el Centro de Exposiciones en la Entrada Sur debajo de un cartel que decía en inglés: Feel Welcome, es decir Siéntanse Bienvenidos, vi a los refugiados de la Messehallen. El gobierno de Hamburgo ha decidido que transitoriamente ―hasta fines de septiembre― sean alojados allí cerca de 1200. Se les destinó un galpón de 13 mil metros cuadrados, lo que equivale a dos canchas de fútbol, donde duermen todos juntos en catres. Mientras resolvía la comida diaria, se instalaron baños químicos a un costado.

Cuando pasé con mi bicicleta me quede observándolos. Había grupos sentados en las escalinatas. Eran hombres jóvenes, familias con niños y personas mayores, provenientes en su mayoría de países en conflicto bélico o en crisis humanitarias como Siria, Afganistán, Irak, Palestina, Eritrea, entre otros. Varias generaciones juntas, seguramente con el alivio de haber sobrevivido a una odisea, pero con la incertidumbre del futuro en sus miradas. Pasan el día esperando, matan el tiempo conversando, los chicos son chicos y juegan, van dando saltos en los escalones y vueltas con los pasamanos.

Últimamente, la llegada de tantos refugiados a Alemania divide a la sociedad y saca los más profundos sentimientos de cada uno. Hay gente que se ofrece como voluntaria, personas que juntan ropa, calzados, juguetes… Hay historias de solidaridad increíble. Un matrimonio de alemanes jubilados tenía un apartamento lindero a su casa para cuando los visitarán sus hijos mayores; como estaba casi siempre vacío lo ofrecieron para que el gobierno alojara allí a refugiados. Aunque no querían alquiler, les obligaron a hacer un contrato y recibieron a una joven africana con su bebé. ¿Choque cultural? Para nada, al poco tiempo los anfitriones le estaban enseñando a la mujer el idioma, le festejaron el primer cumpleaños al bebé y ya pensaban reformas en el jardín y la piscina para diversión y seguridad del niño. El extraño, el ajeno, el diferente, si se lo observa de cerca ya no es tan distinto. Mirándonos a los ojos los prejuicios se diluyen.

Pero hay otra parte de la sociedad alemana que no está de acuerdo con darle refugio a tanta gente y protesta. Se escuchan quejas en voz alta. Son pobres con miedo contra pobres desesperados. Estos argumentos abonan la intolerancia, el racismo y la violencia. El neonazismo florece y se organiza. Salen a la calle con consignas de “¡Fuera extranjeros!”. En los primeros seis meses del año en todo el país existieron ataques cotidianos de la derecha racista: incendiaron edificios que iban a ser destinados a los solicitantes de asilo. Hay localidades, sobre todo en el este de Alemania, donde los neonazis persiguen y agreden verbal y/o físicamente a los migrantes. Los refugiados temen por sus vidas. Un país no debería olvidar su historia.

A la vuelta de la cita con el Dr. Bruni, pensaba al ver a los refugiados de la Messehallen en la escalera que ellos necesitaban mucho más que yo la hora con mi terapeuta. Sentí vergüenza por tener en Alemania una vida confortable como inmigrante.

Según fuentes oficiales se calculan que 800 mil refugiados llegarán a Alemania este año, todo un record histórico. En Hamburgo se presentan cotidianamente 200 a 300 nuevos solicitantes de asilo. El primer fin de semana de septiembre llegaron a Hamburgo en trenes entre 500 y 800 refugiados, que estuvieron varados varios días en Hungría y que finalmente pudieron seguir su camino. Otros más están en camino. ¿Qué les decimos? ¿Siéntanse bienvenidos?

* Abogada platense, hija de un militante asesinado por el Terrorismo de Estado. Nació en Bernal, en 1974, y fue la primera abogada de la filial La Plata de Abuelas de Plaza de Mayo. En 2006 se radicó en Hamburgo, Alemania, donde actualmente asesora en derecho de familia y extranjería. Tiene dos hijos y escribe poesía.

 

Ese nene sos vos

Por Tony Fenoy *

La crisis migratoria que vive Europa, visibilizada por la foto de Aylan, desató infinidad de reflexiones, lamentos desgarradores, hipocresías moralistas y variedad de pronunciamientos. Las redes sociales, nuevo ágora de la humanidad, han destilado lástima, indignación, broncas, y xenofobias varias que mostraron claramente la condición contradictoria de ese colectivo llamado “humanidad”.

Entre tantas reflexiones vacías, encontré una muy esclarecedora de Diego Richiusa, nuestro compañero de la Casa Joven de la Obra de Cajade:

“El nene muerto en la playa que tantas conciencias ha movilizado es el mismo nene que duerme en la calle, es el mismo que pide monedas en la esquina. Ese que no ves, porque está cerca. Es el mismo nene que anda sucio, es negro y es hijo de los que despectivamente llamás planero. Ese nene es el hijo de un boliviano, paraguayo, peruano o del país que sea, a los que despreciás. Ese nene es tu abuelo cuando se escapó de la hambruna europea. O sea, ese nene sos vos”.

Este texto desnuda la hipocresía y el falso moralismo en el que estamos inmersos como sociedad. El dolor extremo frente a la injusticia que no nos toca, frente a ese chico blanco y de clase media que nos genera un falso compromiso, y la estigmatización, juicio y condena frente al morocho con gorrita de uno de nuestros barrios.

El tema es el otro. El tema es la otra. El otro nos constituye, nos interpela, nos define. Nos vamos haciendo sujetos en la medida que nos reconocemos mutuamente con los otros. Sin el otro no somos, no existimos.

Por eso despierta amores y odios, empatía y antipatía, saca lo peor y lo mejor de nosotros. El otro desnuda la profunda contradicción en que vivimos, revela nuestras hipocresías y moralismos falsos. Pone sobre el tapete la contradicción entre lo que hacemos y lo que decimos, porque el otro, la otra, soy yo.

¿Por qué Aylan me enfurece y despierta mis deseos de justicia y el pibe que se murió en los monoblocks de Soldati al venirse abajo una escalera es un negro de mierda?

¿Por qué estamos dispuestos a recibir una familia de migrantes sirios y frente a los bolivianos y paraguayos hablamos de “bolitas” y paraguas” despectivamente y queremos que se vayan porque “nos sacan el trabajo”?

En la consideración que tengamos por el otro, por la otra, especialmente del que está cerca, se esconde el modelo de sociedad que queremos construir. Para pocos o para muchos. Fraterna o hipócrita. Igualitaria o injusta. Porque como dice Diego Richiusa: “ese nene sos vos”.

* Coordinador del Colectivo de Teología de la Liberación “Pichi Meisegeier”. Comentario efectuado en la habitual columna “Los pies sobre la tierra” de La Pulseada Radio.

 

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