Ese hombre: Walsh en presente

De la mano de la incipiente editorial Indómita Luz, el libro invita a revisitar la prosa del escritor, periodista y militante que dejó una obra difícil de encasillar. “Todavía tiene mucho para decirnos en términos políticos, literarios, periodísticos y particularmente en términos coyunturales”, dice su compilador, Diego Ardiles, en diálogo con La Pulseada

Por Josefina Oliva

Escritor en tiempos difíciles, militante que puso el cuerpo, “periodista de acción” que hizo valer su palabra como un arma de lucha. Para muchos lectores es conocido por Operación Masacre o su Carta Abierta a la Junta Militar, las últimas palabras que escribía para hacer públicas, con el inmenso valor de escribir en tiempos difíciles más allá de conocer el peligro de que lo cercaban las fuerzas represivas que finalmente se lo llevaron aquel 25 de marzo de 1977. Para otros, su obra, que abarca desde crónicas periodísticas, cuentos, papeles personales, obras de teatro, resulta inacabable. Atravesado por la tensión del sentido de su escritura, entre volcarse a la literatura o a textos de denuncia o de lucha política, sus cuestionamientos quedaron siempre dentro del compromiso. Sus lazos con la palabra, sea a través del periodismo o de la literatura, quizás sean difíciles de encuadrar y resumir.

Hace unos meses salió Walsh en presente, el primer libro de la nueva editorial Indómita Luz, que invita a revisitar la obra del autor de Quién mató a Rosendo a través de diez artículos que desglosan diferentes aspectos de su producción, algunos de los escritos más conocidos como Carta abierta a la Junta militar, hasta sus papeles personales, crónicas periodísticas y obras de teatro. “Es un autor fundamental para rescatar y para repensar siempre, hubiera dicho lo mismo en el 2010 o en el 2012, pero sobre todo en este contexto es un autor muy importante para releerlo y ver todo lo que deja”, considera Diego Ardiles, el coordinador editorial del libro y autor de uno de sus artículos. Es también integrante de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), desde donde surge la editorial como forma de articular la política y la palabra, y como resultado de diferentes actividades culturales que se fueron dando en ese marco de militancia.

El libro cuenta con prólogo de Iciar Recalde, y nueve artículos que abordan diferentes puntos de la obra de Walsh. A través de una entrevista con Eduardo Jozami –autor de Rodolfo Walsh. La palabra y la acción– se hacen presentes los principios de su militancia, sus primeras ideas sobre la política, y cómo el Walsh de antes de escribir Operación Masacre va dando un giro hasta convertirse en militante montonero.

Luego se centra en los textos, qué hay en Walsh para ver, qué es aquello que no se conoce tanto. Un artículo invita a leer las crónicas que escribió en la revista Panorama. Allí Walsh “mira donde todos dan vuelta la cara. Sobre esas omisiones descarga litros de tinta”, dice Rodolfo Edwards, el autor del artículo. Señala como ejemplos “La isla de los resucitados” –publicada en junio de 1966–, que narra la estadía de Walsh en una colonia de leprosos, situada en la Isla del Cerrito, en plena selva chaqueña, a cuyos habitantes el periodista describe como “los últimos parias del siglo XX”, y denuncia el estado de abandono de esas personas que cuenta con nombre y apellido. Otro de los ejemplos que aparecen es “Carnaval Caté” –aparecida en Panorama, en abril de 1966–, en donde Walsh “pone en evidencia las diferencias de clase que afloran durante las fiestas de carnaval de Corrientes” a través de las comparsas que representan a diferentes sectores sociales, desde la oligarquía terrateniente, la ascendente burguesía de comerciantes y profesionales y el pueblo común, las clases populares que generan su propio espectáculo, ajenos al star system de las comparsas profesionales.

Esas crónicas marcan su interés por los olvidados, los desclasados, los no escuchados, el mismo que estaba presente cuando Walsh escuchó aquel diálogo, en diciembre de 1956, mientras jugaba un partido de ajedrez: “Hay un fusilado que vive”. El fusilado era Juan Carlos Livraga, un colectivero de 24 años baleado por la dictadura de Aramburu. Walsh se entera del caso, lo busca para que se lo cuente y así comienza el camino de Operación masacre. “El Walsh que nace con Operación masacre quiere ser leído y entendido por todos; no quiere desprenderse de la literatura y al mismo tiempo quiere denunciar los crímenes de Estado más atroces ocurridos en Argentina hasta ese momento; tiene la esperanza de que se hará justicia”. En una entrevista a poco tiempo de publicar ¿Quién mató a Rosendo? le preguntan por qué con ese material no había escrito una novela. Él dijo sin dudar: “No la hice porque esa concepción es una concepción típicamente burguesa, ¿por qué? Porque evidentemente la denuncia traducida al arte de la novela se vuelve inofensiva, no molesta para nada, es decir, se sacraliza como arte”.

Esa permanente pregunta para resolver la tensión entre escritura y militancia aparece en sus diarios, reunidos en ese gran libro titulado Ese hombre y otros papeles personales, una pieza clave para entender los pensamientos que fueron atravesando a Walsh a lo largo de toda su vida y obra. “No puedo o no quiero volver a escribir para un público de críticos y de snobs. Quiero volver a escribir ficción, pero una ficción que incorpore la experiencia política, y todas las otras experiencias. Para eso debo salir de un chaleco de fuerza”, decía en marzo de 1971.

Aparece también el paso de Walsh incursionando en géneros en los que luego no profundizó. El artículo de la escritora platense Paula Tomassoni habla de las obras de teatro La granada y La batalla publicadas en 1965; y de la versión cinematográfica de Operación Masacre. Allí, recuerda el paso de Walsh por esos otros géneros, y reflexiona acerca de esa experiencia como una forma de búsqueda del escritor de, quizás, otras formas de expresión y de llegada al público.

La Carta abierta a la junta militar no falta en este libro, que señala grandes parecidos entre la Argentina de ayer y la de hoy y recuerda el valor de Walsh para informar arriesgándolo todo. Hacia el final los artículos hablan desde el presente, por un lado a través de un artículo de Natalia Vinelli, que desglosa todo lo que le dejó al periodismo, y un texto que motoriza y sintetiza el porqué de seguir leyendo y reflexionando sobre Walsh en la actualidad. Sobre eso dialogó Diego Ardiles con La Pulseada.

–¿Por qué Walsh en presente?
Porque es actualizarlo en todo sentido, falta leerlo un montón, y todavía tiene muchas cosas para decirnos en términos políticos, de la literatura, del periodismo, y particularmente también en términos coyunturales, es importante leer lo que tiene para decirnos respecto a lo que estamos viviendo hoy como país y como sociedad porque creo que está en la Carta Abierta…, cómo funciona el neoliberalismo, cómo trabaja la derecha, está en Operación masacre, eso ya en lo específicamente político, pero creo que en líneas generales.

–¿Qué rescatarías?
–Sus diarios son inagotables, se puede leer y releer y siempre hay algo nuevo sobre todo para los escritores, periodistas o no, sobre esa tensión entre el arte y la vida, el arte y la política, el oficio de escritor y la militancia y la política en general, cómo escaparle o cómo ponerle el cuerpo a esa tensión, porque aparte Walsh no lo resuelve, eso hace que sea más interesante porque no es que alguien lee sus diarios y tiene una receta. Y hasta el último día de su vida está en una búsqueda, que es la de cómo ser más militante y menos escritor, o cómo hacer que su escritura esté en función de la política y no escribir más literatura burguesa, porque lo que escribe no termina de convencerlo cómo para que sirva de aporte al pueblo, y sin embargo su Carta abierta… la firma como “carta de un escritor a la junta militar”, y eso lo hace más rico también.

–¿Te parece que esa tensión no la termina de resolver?
Yo creo que no. Y que cuando la empieza a resolver da un giro… me parece que su literatura más utilitaria, es la de ANCLA, o la de la carta, o la de Cadena Informativa. Incluso más que Operación Masacre, porque todo lo que generó ese libro, para la sociedad o para la historia del país, escapa de sus manos, él no tenía esa intención, y es la biblia de la resistencia peronista, y él la escribe siendo antiperonista. Entonces escapa de sus manos. Ahora sobre el final está haciendo una literatura que es lo que quizás está más cerca de lo que él planteaba, de escribir una literatura que sirva para lucha, sin embargo cuando escribe la Carta abierta… la firma como escritor pero aparte él había retomado su escritura de ficción, que la había abandonado durante diez años, entonces es algo raro porque acá está llegando a lo que el todo el tiempo estaba pensando que quería hacer y hace una pirueta.

–¿Qué sería eso que quería hacer?
Y si se quiere Ancla o Cadena informativa que son trabajos periodísticos pero que tenían la función específica de ser una herramienta de contrainteligencia, pero a la vez en ese último tramo también vuelve a escribir ficción y ocupando bastante de su tiempo mental, eso está registrado en los diarios, y firma su carta como escritor, entonces uno dice, bueno acá cuando lo estaba resolviendo vuelve a lo anterior. ¿Qué es lo que pasó? Creo que lo vivió con mucha intensidad y tensión, y que no está del todo resuelto en él, también porque truncan su vida en ese momento. Lo que nos dejó fueron sus reflexiones, que aunque no nos dé algo ya masticado, concluido, creo que está muy abierto y tiene mucho para decir.


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Para conseguir el libro se puede a escribir a indomitaluzventas@gmail.com. O en los puntos de venta: La Coop y el Centro Cultural de la Cooperación, en CABA.

 

 

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