“En la asamblea aprendemos y nos contenemos”

Nota principal: Entre abril y octubre

A la semana del naufragio se fundaron o reactivaron, con vecinos de distintas edades que están “en la misma”. Asociadas a un partido político o sin referencias partidarias, en todas “se filtran tensiones”, dice Silvia Migoni, y varias atravesaron divisiones, allá por 2002 y ahora. Confluyen en la “asamblea de asambleas” y en el petitorio que presentaron el 2 de mayo y buscan que firmen todos los candidatos que competirán en las elecciones de este mes.

“A los que nunca nos habíamos inundado nos sirvió para conocer las causas que llevaron a esto”, dice Alejandra en una de las asambleas de Tolosa, la de Autoconvocados. La formaron 20 o 30 vecinos, a una semana del temporal en 14 y 530. Se reúnen en la calle o en el club Belgrano los domingos, entre sillas, bicicletas, panfletos y barquitos de papel. Benjamín Palumbo, delegado, considera que tienen “una organización fuerte y un grupo humano interesante, y como el petitorio común está muy claro y no registra concreciones” eso les permite “ser ejecutivos en actividades”. Ellos marchan con una bandera argentina “de 5 metros por 30 sin ninguna inscripción”, caracteriza Palumbo. Su empuje es destacado desde asambleas de otro perfil.

Casi todas organizan, como en 2002, encuentros con geólogos, ecólogos, ingenieros hidráulicos, “donde tratamos temas puntuales, desarrollamos notas y vamos aprendiendo. Te da más fuerza para el reclamo”, amplía Alejandra. Juliana, su compañera, se suma: “Nos informamos mucho y podemos analizar desde otro lugar esto que nos pasó y puede volver a pasar”. Con ese bagaje, muchos de los que hablaron con esta revista se sienten fuertes para criticar: “Bruera no tenía la menor idea de lo que había pasado con el Servicio Meteorológico”; “Le estabas hablando de la inundación y parecía que le hablabas de la China: ¡no sabe nada!”. También se han reunido con el juez Arias, que investiga al Estado por el tratamiento de las víctimas fatales.

Apoyo

“Además de informarnos de un montón de cosas técnicas de las que no tenemos idea y de discutir qué hacemos, la asamblea nos contiene —dice Lucas Ibarlucía, delegado de parque Castelli—. Vas a tomar mate con vecinos y encontrás que la casa está en ruinas y si se quedaran ahí estarían todo el día deprimidos, llorando…”. Durante las elecciones Primarias, a Lucas le dijeron: “Dejate de joder con las asambleas”, mientras le pegaban. En su zona también recibió ataques un mural que hicieron, alusivo al 2 de abril, y la camioneta del militante Néstor Rodríguez.

Para Damián Demaro, de barrio Norte, los lazos tejidos el 2 de abril “modificaron la parte social del barrio” y ejemplifica: “Nos permitió después hacer una chocolatada, algo que en otro contexto no hubiera sucedido, e hicimos un taller para enseñar la técnica de mosaiquismo”. Al cierre de esta edición se inauguraba el mural resultante , en 7 y 32. “Valió la pena. Al que se acercaron personas que no pueden ir a la asamblea porque están psicológicamente mal pero no querían darle la espalda a la tragedia”. La contención psicológica para las víctimas es una de las más curiosas deudas del Estado provincial ante semejante catástrofe. A 5 meses y a partir de la iniciativa de Soledad Escobar, muy activa en la causa del juez Arias (donde se presentó como “amiga del tribunal”), el ministro de Salud Alejandro Collia se comprometió de palabra a ocuparse del tema.

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