El regreso a Bellas Artes

El Comité de Solidaridad “Santiago Maldonado La Plata” emplazó en la sede académica un mural que el artista había pintado en la Biblioteca Anarquista Guliay Polié

Por Luciana Petrocchi
Fotos: Juan Cicale

Nota relacionada > Un filme urgente y necesario

El mural fue trasladado por 8 militantes e instalado en la sede de diagonal 78 y Plaza Rocha

La memoria es una acción. Se hace. Un recorrido de actividades atravesaron el mural de Santiago Maldonado que es un ejercicio de construcción de esa memoria, que se habita de nombres. “Guliay Polie” se llamó la biblioteca anarquista de calle 64, donde el artista trabajó y sembró experiencias. El nombre proviene de un poblado ucraniano que evoca resistencias. También nombra el lugar de origen de Néstor Majnó, el revolucionario libertario que proclamó “la libertad de cada uno es la responsabilidad de todos”. Simboliza “Tierra Libre”, y dentro de ese nombre suena la Mapu donde profundizó su mirada Santiago y hacia donde dirigió sus pasos solidarios.

En una de sus paredes Santiago, el hacedor, realizó el mural. Fue en esos años en que el artista andariego transitó parte de su formación en la facultad de Bellas Artes de la UNLP. Santiago, el comunicante, pintó varios murales en las paredes de nuestra ciudad durante los años que la habitó, pero se taparon de diversas maneras. Hace algunos meses, ante la inminencia de demolición de la casa donde se domicilió la biblioteca, se inició un periplo: salvar el mural, cuidar la memoria y sociabilizar nuestra historia. Acaso sociabilizar el mural, salvar la memoria y cuidar nuestra historia.

Uno de los iniciadores de esta tarea fue Matías Santillán, integrante de HIJOS La Plata y familiar de Andrés Nuñez, detenido, secuestrado y asesinado por personal de la Brigada de Investigaciones en 1990, primer desaparecido forzado registrado en La Plata en democracia. Matías compartió experiencias con Santiago en la Guliay Polie: “La última vez que lo vi a Santiago con vida estábamos repartiendo volantes con mi vieja en parque Saavedra, convocando para alguna actividad de aniversario por Andrés para el 28 de septiembre. Y pasó Santiago, me vio, se acercó a saludar y se puso a volantear con nosotros”, recuerda en diálogo con La Pulseada.

Desde HIJOS, Matías integra el Comité en Solidaridad con Santiago Maldonado La Plata, un espacio de coordinación nucleado a pocos días de la desaparición forzada tras la represión en la Pu Lof de Cushamen ordenada por la ministra Patricia Bullrich, ejecutada por Gendarmería y encubierta por el Poder Judicial.

El Comité llevó adelante el proceso de conservación del mural, registrándolo en el documental “Santiago vuelve a Bellas Artes”. Allí, una voz en off da cuenta de una investigación previa para su extracción, mientras el acontecimiento transcurre con no más de ocho pibes andando una proeza, trasladando con sus manos el pedazo de pared, un fragmento de muro que pesa cientos de kilos. Así mudaron entero el mural de Santi, cargándolo con dolor y ternura. La escena conmueve, sostenida a gritos de empuje: “¡Vamos cumpas! ¡No aflojen, ya falta poco!”.

“La última vez que lo vi a Santiago con vida, estábamos repartiendo volantes con mi vieja en parque Saavedra. Se puso a volantear con nosotros” (Matías Santillán, Hijos La Plata)

Con la proyección de ese documental, el 3 de agosto se inició la jornada en el auditorio de Bellas Artes, con su capacidad colmada. Hablaron Sergio Maldonado y su pareja, Andrea Antico, acompañados por su abogada, Verónica Heredia.

Más que la inauguración del mural, lo que definió la tarde fue el encuentro. Sergio se acercó para abrazarse a cada hacedor de la jornada, comenzando con los obreros de la hazaña. A su turno de hablar al micrófono, volvía de otro abrazo: la noticia, horas antes, de la aparición del nieto 128, modificó lo que había pensado decir. El encuentro de cada nieto es siempre una experiencia transformadora, y Sergio hizo a un lado, por un rato, los datos de la causa judicial, para hablar sobre Santi, su hermano, y cómo resonó su ejemplo solidario en toda la sociedad: “Si no hubiera salido la gente a la calle, ¿cuántos Santiago más hubiesen desaparecido? se preguntó. No es el primero, ni será el último, porque desgraciadamente, cuando el Estado participa siempre pasan esas cosas. Pero me parece que gracias al esfuerzo de la gente que salió a reclamar apareció Santiago y se pudo evitar que haya otros, porque esa figura del desaparecido a la sociedad le pega mucho”.

***

Fue en agosto, mes de la Ñuke Mapu, mes de Santiago, a un año de su desaparición forzada seguida de muerte y del negacionismo de la ministra Bullrich. Adentro del auditorio el silencio le hizo espacio a la palabra y a los jóvenes que continuaban ingresando. Desde el palco, una enorme bandera situaba la mirada de Santiago frente a su hermano. Fue necesario volver sobre las injusticias de la causa judicial. Andrea Antico contó en primera persona el “crimen de crímenes” como llamó Nora Cortiñas a la desaparición de su cuñado Santiago. Norita supo darle nombre a lo que es necesario y también abrazar: “La primera persona que se me acercó, fue el 8 de agosto, y fue Norita”, recordó Sergio.

¿Cuántos pibes fueron víctimas de estos crímenes de Estado? La familia Maldonado desanda los pasos de Santiago, que derivan en Luciano Arruga, también hallado un 17 de octubre. La familia Maldonado pudo despedir sus restos recién el 25 de noviembre, mientras prefectos uniformados, diligentes de la muerte, asesinaban al peñi Rafael Nahuel. El cabo Francisco Javier Pintos, hoy el acusado por su asesinato, está libre por decisión del fiscal de la causa.

La charla discurre sobre otras violencias. El caso de Daniel Solano, desaparecido en 2011 en Choele Choel, por el que la Justicia dictó siete prisiones perpetuas, sin responder aún “¿dónde está Daniel?”. Sergio consideró que lo judicial no siempre basta para reparar las heridas y cuánto representa el incuantificable dolor de buscar un familiar desaparecido. Recordó a Gualberto Solano, el papá de Daniel, quien falleció este año tras interminables días de intensa lucha, dejando en su ejemplo entrañable la pregunta por su “chango”. Sergio Maldonado lo mantuvo presente: “Lo de Gualberto Solano me quedó pendiente, porque no pude, por estar todo el tiempo con la lucha por Santiago, ir a acompañarlo. Y ahí me parece que el Estado tuvo doble crimen por la desaparición de Daniel Solano, que por más que haya 7 condenados a cadena perpetua aún su cuerpo no aparece. Ahí falta una persona, falta Daniel. Después, la responsabilidad de la muerte de Gualberto, yo la atribuyo por experiencia propia que fue por la tristeza y por la desazón de cuando hicieron la excavación buscando el cuerpo de Daniel, no haberlo encontrado”.

Agosto es Santiago y es también Miguel Bru. Frente al auditorio, Sergio recordó el 25 aniversario de la desaparición del estudiante de Periodismo y que el único culpable preso recibirá su libertad el próximo año sin decir aún dónde está Miguel, aquel pibe tan parecido en su solidaridad y en su noble rebeldía justiciera a Santiago.

En una jornada cargada de emociones, fue brevemente contundente la manifestación de pibes que desde el pasillo arengaron “no somos infiltrados, somos los compañeros de Santiago Maldonado”, en reacción al debate por los actuales documentales en pantalla, mientras adentro del auditorio, amigos de Santiago dirigieron su canto al Brujo, que permanecía interpelándonos con su mirada desde las banderas. En el patio de la facultad, los sikuris de la banda “Camote Picante” resonaron las cañas y cantaron canciones anarquistas. Mientras las horas transcurrían, debajo de la escalera el serigrafista debajo de la escalera el serigrafista imprimió innumerables copias del mural de Santiago. Cayó la noche en el patio, cuando la mamá de Santiago descubrió el mural, multiplicándo abrazos y Santiagos. Entre la multitud bajo el cielo abierto, los artistas Chempes y Yapán, encargados de llevar a cabo el proceso de conservación del mural, simplemente sonreían, tras cuántas jornadas a cuestas de trabajo repintando a Santiago y Julio López en las plazas y en las medianeras.

Santiago fue y es parte de la facultad, ¿quién hubiera dicho que un pedacito de la biblioteca anarquista “Guliay Polié” iba a ser una pared de la universidad pública?

Las razones militantes fueron más que el paso de Santiago por la facultad. Durante este año de lucha se multiplicó a Santiago junto a otras víctimas de la violencia institucional del Estado, en diversos espacios públicos de la ciudad, que debieron ser repintados y restaurados demasiadas veces. Uno de ellos se repintó más de dos veces sobre la calle 1 y 33. Se comenzó entonces a gestionar el espacio facultativo como destino, para proteger la exposición del mural realizado por Santiago de aquellos que actúan desde lo oscuro tapando de un solo trazo la verdad. El patio de la facultad, fue pensado como espacio de abrigo y de cuidado, un espacio público que convoca a ser concurrido, incluso para quienes el interior de la universidad no forma parte de su cotideanidad.

***

La mamá de Santiago Maldonado descubre el mural en la Facultad de Bellas Artes de la UNLP

En Bellas Artes Santiago estudió, consciente de que el arte es más político que “bello”. Por sus pasillos soleados se sentó a dibujar muchas veces y en el patio transcurrió parte de su historia, allí, donde su familia estuvo de pie y de lágrimas para inaugurar el emplazamiento de su mural. En esa facultad donde Santi cuestionó el arte que se produce y que se enseña. En su aniversario, Radio Futura recuperó una entrevista a Santiago de 2011. Allí, entonces, es donde se emplaza su mural, cargado de energía y de símbolos, entre elefantes y seres alucinantes, y activistas alzando la bandera anarquista para germinar la memoria.

Santiago volvió a Bellas Artes, volvió a donde ya había regresado, pues cuando la noticia de su desaparición rompió los cercos informativos, en los pasillos emergieron expresiones de los estudiantes de la facultad preguntando ¿Dónde está?, como único modo de atravesar esa ausencia, pero fundamentalmente sintiendo que Santiago es uno de nosotros.

“Santi está en cada uno de nosotros, de todos, cada uno lo siente y lo vive como si fuera lo que cada persona quiso ser. Por ejemplo, a mí me hubiera gustado ser Santiago… no me animé”, dijo Sergio, con su mirada de transparencia. “Por eso –concluye– si Santiago se fue de algún lado, me parece que se fue físicamente, pero volvió reinventado en un montón de cosas, y con una mirada que me parece que ya habla por sí sola”.

 

 

Nota relacionada > Un filme urgente y necesario

Publicaciones Relacionadas

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

X