Defender lo conseguido y pelear por lo que falta

136-TapitaNo es cierto que el pueblo nunca se equivoca. Hay múltiples ejemplos en la historia mundial que demuestran lo contrario. Entre nosotros, sin ir más lejos, se equivocó cuando volvió a apoyar a Carlos Menem cuando ya estaba claro que lo suyo no era “revolución productiva” ni “salariazo”. El domingo 22 de noviembre, al votar mayoritariamente –si bien por una diferencia muy exigua- a Mauricio Macri, el pueblo ha vuelto a equivocarse. Lo decimos con pesar y sin soberbia, porque también se equivocó -junto a la dirigencia gobernante- al dejar como única alternativa a Scioli, dueño de una impronta con muchas similitudes a su adversario. No se equivocaron, claro, los sectores altos, que saben dónde están sus intereses y quiénes son los más aptos para defenderlos. Pero es evidente que entre los millones de sufragios recibidos por el PRO los hay también procedentes de los sectores medios y de los sectores populares. El marketing electoral, el machacar incesante de los medios de comunicación concentrados y su falta de conciencia política los llevaron a elegir contra sus propias conveniencias.

América Latina no es África: no es un continente pobre sino un subcontinente mal distribuido. Los dueños de la riqueza concentrada, que Macri encarna y representa, no pueden ser la solución: son una parte fundamental del problema.

Pero la democracia es, entre otras cosas, el derecho que tienen las mayorías ha equivocarse. Son las reglas del juego y corresponde respetarlas. Lo que no significa que no sea también el momento oportuno para compartir algunas reflexiones con nuestros lectores.

Este espacio, el del artículo editorial, estuvo a cargo, mientras vivió, del querido cura Cajade. Es inevitable que cada vez que nos toca reemplazarlo nos preguntemos qué hubiese dicho Carlitos en estas mismas circunstancias. En este caso, no es necesario adivinar lo que pensaba de Macri. Basta con acudir al archivo para recordar que, en julio de 2004, escribió: “Si logran hacernos creer que los males de nuestra sociedad son los piqueteros y los pibes chorros y consiguen hacernos aceptar que estén todos sueltos los que nos robaron el país en serio y en grande, entonces no debería llamarnos la atención que terminemos reclamando que vuelvan los Alsogaray, Cavallo, Menem, Macri o alguna de esas porquerías que dejaron a la mayoría de nuestra infancia a la intemperie”. Y en junio de 2005 dijo: “En materia económica sabemos por la experiencia que tenemos en América Latina que, o peleás como Chávez, o morís como Menem. Poner piloto automático nos hará terminar en Macri o López Murphy”.

Es cierto que la otra opción que ofrecía el balotaje no nos parecía precisamente cautivante. Cabe aquí una fuerte autocrítica de la izquierda, los movimientos populares y, fundamentalmente del kirchnerismo,  por no construir una opción progresista. Somos muchos los que tampoco nos sentimos representados por quien terminó siendo en definitiva el candidato del Frente para la Victoria. Scioli negó los muertos de la trágica inundación de La Plata y fue, entre otras cosas, el que desfinanció a las organizaciones e instituciones que trabajan con los pibes y el que, con gestores de la «seguridad» como Casal o Granados, es responsable de la multiplicación de casos de «gatillo fácil», torturas y otros tipos de violencia institucional. Sin embargo, hay dentro del heterogéneo conjunto de fuerzas que lo apoyaron sectores que no le habrían permitido volver atrás respecto de innegables avances que se lograron en la pasada década.

Isabel Penayo, coordinadora de la Casa de los Bebés, uno de los emprendimientos de la Obra de Cajade que ya cumplió 16 años de vida, comparaba hace poco el panorama vivido en los barrios en los ’90 con la realidad de estos últimos años: “La Casita de los Bebés no se pensó desde la necesidad de la desnutrición. Era más bien acompañar para que el Hogar no siga acumulando chicos. La idea era trabajar en el barrio desde las casas para contener pero después los problemas de desnutrición comenzaron a acentuarse y se hizo muy difícil para nosotros. Existía la leche maternizada pero no estaba económicamente a nuestro alcance y teníamos que inventar leche. Un médico, Carlos Bertolotti, que nos ayudó un montón, nos decía: ‘preparemos mamaderas y con un gotero le tiramos aceite y lo mezclamos bien para darles calorías a los chicos’. Fue un tiempo duro, desgarrador. Nunca estuve en una guerra pero era como si estuviésemos atravesando una. Era cruzar los dedos para que ese chico no nos baje de peso o se nos muera. Era un momento de desolación y angustia en el que se nos morían los chicos. Ya no se trataba de estimularlos sino de rescatarlos de la desnutrición. Pero a muchos no pudimos salvarlos”.

La misma Isabel describe el cambio producido en la última década: “Hoy gracias a Dios ya no tenemos chicos desnutridos. Trabajamos con las mamás en los talleres. Les decimos que con el dinero de la Asignación Universal por Hijo pueden comprar lo que necesitan para la alimentación de los hijos. Trabajamos para que los chicos vayan al jardín. Antes eso era impensable y sólo era dar, dar y dar sin pedir nada a cambio. No podíamos pretender que nos llevaran a un chico sano con todas las vacunas. No podíamos pedirles nada a las mamás porque muchas de ellas estaban a su vez desnutridas, no estaban en condiciones. Hoy esas mamás están bien, trabajan en las cooperativas, han recuperado la dignidad. Hoy mandan a los chicos al jardín, son mamás que trabajan. Y nosotros estamos para contenerlas y para que puedan salir a trabajar”.

Consideraciones como estas llevaron a la Obra de Cajade en su conjunto a pronunciarse orgánicamente una semana antes del balotaje. Vale la pena reproducir parcialmente ese documento porque su contenido sigue estando plenamente vigente: “Porque para seguir peleando por los derechos que nos faltan tenemos que defender y no perder lo ganado. Porque tenemos que ir para adelante y no para atrás. Porque sabemos y sufrimos lo que falta, pero también somos testigos en los barrios de los avances de la última década. Porque para caminar hacia el mundo que soñó Carlos Cajade necesitamos más Estado. Porque si nos gobierna el mercado nos quedamos sin nada. Porque a pesar de la diversidad de nuestros espacios, consideramos necesario fijar postura en momentos que se juegan conquistas ganadas con pies gastados, muertes y desapariciones. Por todo esto decimos: Nunca un gobierno conservador, liberal y de derecha. Nunca Macri. (…) Sea cual sea el resultado, no dudaremos un segundo en seguir organizados para reclamar más Estado presente, unión de los pueblos latinoamericanos, más derechos, tierra y vivienda, salud y educación gratuitas, colegios en condiciones dignas y acceso irrestricto a la enseñanza, políticas para la vida y no para la represión, menos poder a la policía y justicia a las víctimas del gatillo fácil, promoción y protección de los derechos de la niñez y la adolescencia”.

Muchos han manifestado su temor de que los neoliberales de “Cambiemos” sean en realidad los promotores de “volvamos” (a los ’90). Pero la historia nunca se repite en forma idéntica. El desánimo y la desmovilización popular –salvo honrosas excepciones– hicieron entonces posible las privatizaciones, el desguace del Estado, la destrucción del aparato productivo y la híper-desocupación. Ésta es otra coyuntura en la que seguramente muchos sectores políticos y sociales estaremos dispuestos a resistir políticas semejantes. Ésa es en definitiva la clave: gobierne quien gobierne, estar dispuestos a ocupar las calles, cada vez que sea necesario, para defender lo conseguido y para seguir peleando por lo que todavía nos falta.

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