Cruzados

Nota principal: Con Aguer hay una especie de Inquisición en La Plata

El caso de Claudio Simone tiene muchos antecedentes, pero hay uno en particular que generó una reacción similar de la comunidad en un colegio y evidenció hasta qué punto algunas persecuciones toman rasgo de cruzada en el clero platense: Antonio “Tony” Fenoy, compañero inoxidable de Cajade y de La Pulseada, y columnista de nuestro programa de radio, expulsado en 2005 del colegio Sagrado Corazón por incluir en sus clases de formación teológica un apunte considerado “tóxico y nocivo” por la jerarquía local.

“No estamos pocos… no somos solos. Somos amigos, somos hijos, somos padres. Somos compañeros de camino. Somos comunidad”, era la primera frase del sacrílego escrito. “Pensamos esperanza, decimos no —miedo, pensamos servicio, decimos no—señorío feudal. Pensamos obediencia a la vida, decimos no —obediencia debida. (…) Pensamos libertad, decimos no —persecución. Pensamos diálogo fraterno, decimos no —autoritarismo jerárquico”, continuaba en algunos de sus párrafos, tal vez más proclives a que alguno de sus censores se sintiera aludido. Y se permitía citar al fallecido obispo de Neuquén Don Jaime De Nevares, entre otras herejías.

Simone subraya este antecedente porque en su opinión demuestra “hasta qué punto es ideológico” el trasfondo, más allá del detonante o argumento formal utilizado en casos como el suyo. Y porque le tocó de cerca, ya que Fenoy también daba “formación religiosa” en Del Valle: “Cuando a Tony lo echan del Sagrado Corazón, desde el Arzobispado bajó la línea de que tampoco podía seguir dando clases en nuestra escuela. O sea: tratan de borrarlo de todos lados a Tony. ¿Qué hicimos nosotros? Como desde tiempos del EGB, antes del secundario, había un Polimodal que no era arzobispal, abierto por padres de ex alumnos que egresaban del noveno, Tony intercambió sus horas con una profe del Polimodal donde Aguer no podía tocarlo, y ella se vino a nuestro colegio”.

Bajo las estructuras más rígidas la solidaridad sigue siendo posible si hay decisión de ejercerla, concluye el ex director, respondiendo, sin darse cuenta, una de las preguntas que tal vez haya resultado más molesta de aquel texto prohibido: “¿Cómo podremos un día… mirar sin vergüenza los ojos de nuestros hijos, si hoy entregamos, traicionamos, abandonamos, si no luchamos por lo que creemos?”.

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