La nueva cara del colonialismo

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Nota principal: Desmonte, negocio y silencio

El puerto de contenedores construido por TecPlata S.A. se enmarca en un proyecto continental de obras conocido como “IIRSA”, que busca eliminar las “barreras naturales” para el transporte de mercancías. Uno de los objetivos del nuevo puerto es potenciar la circulación y el acceso a la refinería de YPF ubicada en el límite de los partidos de Berisso y Ensenada.

El Proyecto Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) fue refrendado durante la Reunión de Presidentes de América del Sur que se hizo en Brasilia en agosto de 2000, tomando como modelo un documento que había presentado el por entonces presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Enrique Iglesias García.

El plan propone la construcción de carreteras, oleoductos, hidrovías, gasoductos, represas, tendidos eléctricos y puertos marítimos y fluviales, que beneficien la salida de toneladas de productos de las industrias extractivas (granos, minerales, madera, entre otras). Para el presidente de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas, Enrique Viale, el IIRSA está “destinado a favorecer la sobreexplotación de recursos naturales y la rápida circulación a los puertos para la exportación de estos recursos; es decir, toda la infraestructura destinada a favorecer rápidamente la mercantilización de los productos de la naturaleza”.

El IIRSA divide en ejes la zona sur del continente y se desarrollará en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. Las obras tienen la finalidad conectar ríos y eliminar ambientes naturales, como bosques, montañas, selvas y montañas que la industria considera “barreras” para la circulación. Estos emprendimientos serían financiados por el BID, el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (FONPLAT) y algunos bancos privados. Los países “beneficiarios” de los emprendimientos se comprometen a devolver la totalidad de los créditos.

Los préstamos destinados a la infraestructura favorecen a empresas trasnacionales en detrimento de poblaciones locales, que en muchos casos además son desplazadas. “Esto se enmarca en el extractivismo extremo que se está dando en la región, donde en el altar de las ventajas comparativas se están sacrificando pueblos y comunidades. América Latina está aceptando pasivamente el rol de exportador de naturaleza, como si fuese un destino y no una decisión geopolítica mundial que nos pone en ese lugar”, subraya Viale.

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