“Una pedagogía de la presencia”

Margarita Palacios, integrante de La Colmena, una de las organizaciones que forman el movimiento de Lxs Chicxs del Pueblo nos contó sobre la reunión con el ya confirmado futuro ministro de Desarrollo Social de la Nación, una charla en Junín y las tareas de su asociación.

A fines de los ’80 líderes de instituciones civiles que trabajaban con la población infantil y juvenil más vulnerable, como Alberto Morlachetti y Carlos Cajade, crearon al interior de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) el Movimiento de los Chicos del Pueblo. Llegaron a nuclear más de 400 entidades similares y, bajo el lema “El hambre es un crimen”, realizaron múltiples actividades para visibilizar sus reclamos, incluidas las recordadas marchas que partieron desde puntos tan remotos como La Quiaca para confluir en la Capital Federal.

Actualmente, con la participación de hogares para pibxs y jóvenes, redes, colectivos y movimientos sociales, gremios, trabajadores estatales y militantes de derechos humanos, el Movimiento Nacional de Lxs Chicxs del Pueblo ha sido recreado para sumar voluntades provenientes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, los partidos bonaerenses de La Plata, Berazategui, Florencio Varela, Quilmes, La Matanza, Moreno, San Martín y Pilar; ciudades de la provincia de Buenos Aires como Junín y Mar del Plata y otras del interior del país como Rosario, Santa Fe y San Luis.

A pesar de ese contexto desfavorable, la cultura, la educación y la esperanza siguen siendo las banderas más relevantes para La Colmena

“Con sus opciones de vida –dicen– nos antecedieron Alberto Morlachetti, Juan von Engels, Teresa Rodas, Carlos Cajade y Claudio ‘Pocho’ Lepratti; en ellos nos vemos reflejados y con sus consignas caminamos este tiempo levantando las banderas de Evita, de Carlos Mugica y de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo”.

La Pulseada Radio ciclo radial conversó con Margarita Palacios, referente de una de las tantas organizaciones que hoy componen el Movimiento, la Asociación de Mujeres La Colmena de José León Suárez, en el partido de San Martín. Esta agrupación ya tiene una extensa trayectoria y gestiona, entre otras iniciativas, la Casa del Niño, a la que asisten 170 pibxs de 6 a 12 años; variados talleres de capacitación laboral a los que concurren 160 adolescentes; una Orquesta Juvenil de Música Popular que cuenta con 45 integrantes; un comedor social infantil que atiende diariamente a 720 comensales; un jardín de infantes con 340 pequeñxs inscriptxs; capacitaciones para micro-emprendimientos; una huerta orgánica; un programa de prevención y tratamiento de las adicciones y una colonia de vacaciones.

Margarita habló de la charla abierta que miembros de Lxs Chicxs del Pueblo ofrecieron el 8 de noviembre en Junín sobre “el rol de las organizaciones sociales en la promoción y protección de derechos de niños, niñas y adolescentes”.

¿Cómo resultó esa actividad?

–Uno de los asuntos claves era reactivar estas cuestiones del piberío también en Junín, donde las compañeras del lugar querían saber cómo había hecho cada uno de nosotros para trabajar estas temáticas que sintetizamos diciendo que “el hambre es un crimen” y “ningún pibe nace chorro”. Querían que les aportáramos contándoles cómo laburamos con todos, desde los más pequeños hasta los jóvenes. Aprovechar el bagaje que hemos ido acumulando al trabajar en los conurbanos de las grandes ciudades en el marco de las situaciones de extrema pobreza que se están viviendo en este momento en nuestro país. Como pasó en Junín ocurrió antes también en Santa Fe. Lxs Chicxs del Pueblo es una organización dispuesta a satisfacer las demandas e ir allí donde se la invite para compartir su experiencia y entusiasmar a otros para que se vayan sumando. No desaprovechamos nunca las oportunidades de hacer escuchar nuestra voz.

¿Cómo trabajan ustedes desde La Colmena?

–Somos una asociación de mujeres que trabaja desde hace muchos años en José León Suárez, una zona de extrema pobreza del partido de San Martín. Se extiende desde la Panamericana hasta la ruta 8 y desde Lamarque hasta el Camino del Buen Ayre. Allí se encuentran los enormes basurales de la Ceamse (Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado), la empresa pública que gestiona los residuos sólidos urbanos de la Capital Federal y el Conurbano, y los pabellones 47 y 48 de la cárcel de hombres y mujeres, que están cada vez más poblados. Es un territorio en el que se encuentran insertos muchos barrios y villas muy pobres. Una de las particularidades del lugar es que como está la Ceamse se han conformado cooperativas de cartoneros que tienen una importancia muy significativa. Más allá del trabajo con la basura y los temas vinculados con la pobreza, muchas de las organizaciones que participan junto a La Colmena en la Mesa de Reconquista se han dedicado expresamente a tareas de carácter educativo. Así es como se contribuyó para que los cartoneros implementaran bachilleratos populares o pusieran en marcha el Plan FinEs o los internos de la cárcel fundaran el Centro Universitario San Martín (CUSAM), que depende de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Ya hay varios presos que han obtenido sus títulos. Estamos hablando de un impresionante conjunto de iniciativas que ha merecido el reconocimiento del intendente y del Concejo Deliberante declarándolo “territorio educativo”. Algo particularmente valioso tratándose de una zona tan pobre y con tantos problemas ambientales. A pesar de ese contexto desfavorable, la cultura, la educación y la esperanza siguen siendo las banderas más relevantes para nosotros. La Colmena comenzó a desarrollarse en barrios de emergencia situados en Villa Hidalgo. Había en la década del ’80 un grupo de mujeres que tenía la necesidad de salir a trabajar. Entonces nos propusimos un doble objetivo. Por un lado, fortalecer a esas mujeres. Y, por el otro, crear jardines de infantes y otras posibilidades de compartir el cuidado de los hijos e hijas. Al poco tiempo ya nos habíamos conformado como “asociación civil”. En 1988 surgió una radio comunitaria, FM Reconquista, que en marzo cumplirá 32 años de vida y es gestionada por La Colmena. Una muy buena noticia, después de tanta lucha, es que finalmente la radio ha recibido la licencia para funcionar con reconocimiento legal.

“El secreto es ‘estar estando’. Si uno está, percibe la situación, el detalle, la particularidad del momento que está viviendo cada niño o niña”

Muchas veces los programas de la radio son musicalizados por la propia Orquesta Estable de FM Reconquista.

–Sí, muchos chicos y chicas que asistieron a nuestro jardín luego pasaron a formar parte de la Orquesta. Aunque en el conjunto musical hay gente de diversas edades. Tenemos un jardín de infantes con la singularidad de que no es público ni privado: es estatal de gestión comunitaria. Es el primero de este tipo en el partido de San Martín.

La Orquesta Estable de Radio Reconquista se constituyó como resultado de los talleres experimentales de música popular que desde 2009 reunieron a un nutrido grupo de jóvenes. Este ensamble grupal multi-instrumental, dentro del que también se cultiva el canto, ha efectuado ya numerosas presentaciones y participado de múltiples producciones artísticas y musicales.

Ustedes reivindican siempre, y así lo hicieron también en la charla efectuada en Junín, lo que llaman una “pedagogía de la presencia”. ¿En qué consiste esencialmente?

–El secreto es “estar estando”. Si uno está, percibe la situación, el detalle, la particularidad del momento que está viviendo cada niño o niña. Cómo va cambiando y cómo eventualmente su estado  se vuelve más crítico. Así se tiene la posibilidad de ofrecer una respuesta más inmediata. Siendo vecinas de los barrios, habitando allí, sabemos qué sucede, por qué ocurre y cómo poner el cuerpo para modificarlo. La presencia que permite el abrazo es lo que hace tan fuerte nuestra relación con los pibes y las pibas. La constancia y la permanencia nos han permitido ganarnos un respeto por parte de la comunidad. En muchos de esos barrios se producen situaciones muy difíciles de controlar. Pero incluso los sectores más conflictivos nos respetan y no se meten con lo que nosotros hacemos. Sus disputas pasan en todo caso por otro lado. Así ha sido a lo largo de muchos años y durante ese tiempo jamás nos hemos quedado quietas.

El movimiento Lxs Chicxs del Pueblo tuvo hace muy poco un encuentro con Daniel Arroyo, quien será parte del gabinete del próximo presidente Alberto Fernández como ministro de Desarrollo Social. ¿Cuál fue el balance de esa reunión?

Efectivamente tuvimos la ocasión de encontrarnos con Arroyo para plantearle cuáles son los temas que más nos preocupan a las organizaciones que integramos Lxs Chicxs del Pueblo. No hubo protagonismos. Nos dividimos para ir exponiendo las diversas cuestiones. Cada uno las desarrolló brevemente pero con mucha claridad. Arroyo demostró que tiene mucha experiencia para recibir los reclamos y proponer posibles soluciones. Queremos que lo que charlamos en esa reunión se transforme en una hoja de ruta concreta. Uno de los asuntos más importantes que abordamos es el famoso “no a los patronatos”. También hablamos de la negativa a la baja de la edad de imputabilidad. Planteamos asimismo el rol de los trabajadores sociocomunitarios y la necesidad de que sean jerarquizados. Mencionamos las dificultades jurídicas que padecen las organizaciones sociales a las que se les exige cumplir con requisitos legales tales como si se tratara de empresas. Por mi parte creo que lo más importante es tomar conciencia de la necesidad de unirse. Todos tienen una conciencia clara de cómo su organización le ha metido energía, vida e historia a cada una de las acciones que ha emprendido. Esto permite que exista entre las diferentes instituciones una relación de respeto y muy democrática en la que se escuchan y se incorporan todos los aportes. Esta construcción de unidad, retomando lo que fue el origen del Movimiento de los Chicos del Pueblo, es muy importante, sobre todo en este momento que está atravesando América Latina. Proceder en común será muy positivo para nuestras organizaciones, nuestros compañeros, cuidadores, docentes, colaboradores en general y, sobre todo, para nuestra niñez.

Con Daniel Arroyo, planteamos el rol de los trabajadores sociocomunitarios y la necesidad de que sean jerarquizados

¿Percibieron en Arroyo una voluntad de escucha? 

–Sí. Nos encontramos con alguien dispuesto a calcular de inmediato cuánto cuesta llevar adelante cada una de las iniciativas que le íbamos acercando. Lo vi como un funcionario muy ejecutivo. Lo importante ahora, insisto, es que todos esos planteos que formulamos, que pueden sintetizarse en una serie de títulos, sean puestos en una hoja de ruta que aclare quién, cuándo, cómo y cuánto.

Seguramente ante la acumulación de demandas hay que establecer un orden de prioridades y la emergencia alimentaria tiene que ocupar el puesto número uno.

–Venimos de cuatro años de un desastre tan grande que nos lleva a pensar que prácticamente todo tiene que pasar al primer plano. Por ahora lo bueno es que compartamos toda esta alegría y esta esperanza. Que haya más gente esperanzada va a ayudar sin dudas a que los sueños se concreten.

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