Edición Impresa, Las otras voces|5 Septiembre, 2010

Las pioneras: de la resistencia a la ofensiva

La democracia parecía un hecho, sobraban ganas de hacer cosas y cosas por ser hechas y dichas. Había una huella abierta en Latinoamérica, y Europa empezaba a descartar tecnología de Frecuencia Modulada. La revolución de internet no era siquiera un rumor y la convergencia digital, ciencia ficción pura. Sobre este fondo se montaron, a fines de los ochenta, las primeras radios comunitarias del país. Empezaron a transmitir a tientas, sin lugar propio, con equipos caseros, cassettes y vinilos. Fueron “subversivas, truchas, piratas”. Muchas quedaron en el camino, vencidas por el Comfer, la ley de la dictadura, los decomisos o la imposibilidad de sostenerse en un contexto de ahogo para las iniciativas populares. Pero otras pudieron resistir, pulseando por ser visibles y legales. Siguieron la huella, aprendieron a trabajar en red, diversificaron sus proyectos y tuvieron “hijas”. Soñaron otra ley, la garabatearon y empujaron por décadas hasta verla nacer, por fin, hace muy poco, aclamada por más de 40.000 personas en la plaza del Congreso Nacional. Aquellas aprendices son hoy las decanas de la comunicación popular. Fueron referentes para las iniciativas que les siguieron y hoy lo son para las que empiezan a construirse al amparo de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Saben que ninguna norma modifica por sí sola la realidad, que hay que pelear para llenarla de contenido. Pero también saben que no es lo mismo pelear en contra de la ley que pelear para que una ley se aplique. Presentamos a algunas de las “pioneras”

Pablo Antonini y Josefina López Mac Kenzie

Un faro en Villa Elvira

Ficha técnica:

Nombre: Futura,  FM 90.5

En internet: www.radiofuturalaplata.blogspot.com

Localidad: La Plata

Inauguración: 1987

Pocos periodistas platenses no pasaron por Futura. Eduardo Candreva, su fundador, recuerda que estudiaba Comunicación Social a mediados de los ’80 cuando se le ocurrió construir una FM de baja potencia, y arrancó con Gustavo Pescetta. Tras un tiempo pasando sólo música, el 10 de octubre de 1987, con las primeras palabras, se fundó la radio en el barrio platense Villa Elvira. “La inquietud inicial fue un poco hablar de cosas que habían pasado en la Argentina y en el mundo, difundir música popular latinoamericana y dar inserción a algunas instituciones intermedias y gremios combativos que no tenían voz en los medios”, explica Candreva. También la describe como un lugar de encuentro “de gente que había pasado una época o había militado”. La FM todavía era un territorio nuevo, y había muy pocas emisoras en La Plata. Candreva recuerda a Estilo, en la galería Géminis; Keops, en Villa Elisa; la 2000, por 2 y 33; la 92, cerca de los Tribunales de calle 13; y Capital, en Plaza Italia. Futura se les sumó.

“Se acercó gente del teatro, la música, organismos de derechos humanos como Madres, Abuelas o Amnistía Internacional. Así se formó el eje: la memoria, estar presentes en las luchas de la época”, revive Candreva, que no olvida la primera visita de Hebe de Bonafini ni los intercambios iniciales con referentes de la comunicación como Eduardo Aliverti. Pero lo más gratificante fue empezar madurar periodísticamente, con programas como los de Gerardo Zamora o Miguel Croceri. “Mucha gente de los medios trabajó en Futura, y rescato el haber aprendido de ellos”, señala. “Hemos sido no sé si una escuela pero sí una referencia para muchos que debutaban y veían que había otras maneras de hacer comunicación”. Como otra pata del clima de época inicial, mientras las “radios clandestinas” eran perseguidas, un grupo de gente ya discutía sobre la ley de Radiodifusión. Se juntaban en el auditorio de Radio Provincia o en el teatro La Nonna.

Otro de los sellos de Futura, famosa por sus cumpleaños callejeros con música popular, es la impronta barrial, “acercar a la gente a experiencias que los grandes medios no reflejan. Capaz que el vecino de al lado tiene que reclamar algo y llama a un multimedio, cuando al lado tiene una radio comunitaria”, plantea Candreva. La radio se autofinancia con sus producciones, sostiene la biblioteca “Osvaldo Bayer” y hoy está plagada de jóvenes que toman las decisiones en asambleas. Su fundador valora “que tengan la polenta de decir otras cosas, pasar la música que sienten, ser alternativos”. Marca ciertos quiebres de época: “Venía alguien y nos traía un cassette con lo que pasaba en el barrio. Pero jamás íbamos a pensar en intercambiar audios con una agencia de tal lado de Latinoamérica” .Y renueva la satisfacción “de que la gente tenga en cuenta a los medios comunitarios, pueda expresarse a través de ellos y ya no sea como en los comienzos, cuando te decían ‘no, ustedes son una radio trucha, pirata, fantasma’”.

Trinchera cordobesa

Ficha técnica:

Nombre: Radio Sur, FM 90.1

En internet: www.cecopal.org

Localidad: Villa Libertador, Córdoba capital

Inauguración: 1988

 

La radio fue impulsada por el Centro de Comunicación Popular y Asesoramiento Legal (CECOPAL), fruto del encuentro entre abogados que trabajaban con derecho alternativo, capacitando y patrocinando a sectores populares, y gente empapada de experiencias de comunicación popular que flotaban por América Latina. De ese ensamble nació FM Sur, como medio para la construcción de ciudadanía. Vecinos, problemas, soluciones, proyectos, instituciones comunitarias que difunden actividades y demandas.

Aunque, como explica Mario Farías, su director, Sur también vino a cubrir una necesidad de oferta: “Había restricciones para la instalación de medios, pero también se hablaba mucho de libertad de expresión y en esa rendija nos colamos nosotros junto a otras radios comunitarias que comenzaron a transmitir, a ser la alternativa para oyentes que no tenían en la oferta comunicacional de algunos barrios de Córdoba, la posibilidad de, intercambiar, discutir,  escuchar música de su agrado. Una radio cerca de sus vivencias e intereses”.

“Estamos en la zona más pobre de Córdoba, con una cantidad de elementos que la hacen activa en la defensa de sus organizaciones”, explica Farías. En Villa Libertador hay 200 mil habitantes, que son parte de la audiencia y desde el inicio participan activamente del proyecto. “En ese entramado comenzó a jugar un rol la radio, desplegándose en todo Córdoba pero, sobre todo, en este sector de la ciudad”. Además, destaca la particularidad de haberse movido siempre integrando redes: “Siempre hemos sostenido que nuestra radio también ha crecido gracias al producto de ese encuentro, de otras experiencias entre las que está FARCO (Foro Argentino de Radios Comunitarias), en la que participamos desde sus inicios”. Y evalúa: “Estamos bastante satisfechos, la radio ha cumplido un rol interesante y conquistas importantes que impactaron en la calidad de vida de la gente de ese sector de Córdoba”.

La formación en comunicación comunitaria es otro de los pilares de Sur, que se expresa tanto en los espacios para talleres que fueron creciendo junto a la radio, como en producciones como el manual Radio Feroz, de Judith Gerbaldo (ver “Las otras voces”, nota 1, en La Pulseada Nº 81). Sus gestores están en la primera línea de formación en distintas redes de los ámbitos nacional y latinoamericano. “Falta muchísimo por hacer, reivindicar y reclamar. Tenemos muchos desafíos por delante en el aspecto técnico, en nuestra programación, en la renovación permanente en que tenemos que pensar como radio y proyecto radiofónico. Tenemos un lugar pero hay que pelearlo todos los días. La radio está en esa trinchera”, cierra Farías.

Plantaron bandera

Ficha técnica:

Nombre: Aire Libre,  FM 91.3

En internet: www.airelibre.org.ar

Localidad: Rosario

Inauguración: 1988

La historia de Aire Libre es la de la multiplicación, porque se inspiró en otras radios. Fue un día en que “en una AM grande de Rosario −recuerda Daniel Fossaroli, hoy director de la emisora− trajeron a un invitado que había hecho un video sobre tres o cuatro radios comunitarias que surgían en Buenos Aires”. Los oyentes de la AM no tardaron en empezar a llamar: pedían ver ese video, saber qué era eso de las radios comunitarias. Los conductores hablaron con una parroquia, organizaciones vecinales, centros de salud y una cooperativa de trabajo donde participaba Fossaroli, y el video inspirador se pasó en uno de los centros de salud de la zona oeste rosarina.

“Para nosotros la radio era un mito”, recuerda Fossaroli. Más que para difundir una gacetilla, era impensable una emisora más cercana a la gente, y ni hablar de que la gestionaran los vecinos. “Era una herramienta de comunicación muy poderosa y ajena. La única que existía era esa gran radio, con rejas en la puerta y un señor que pedía documentos y no dejaba entrar. Eso era la radio para nosotros. Pero en ese video había un radio en una villa, en una vecinal, en un departamento de un grupo de jóvenes… Y empezamos a saber que probablemente con un equipo pequeño que se podía fabricar caseramente”.

En el proyecto confluyó gente de raíces, trayectorias y creencias disímiles. A los cuatro meses, con la habilidad de un técnico (“un señor con pipa y bigotes”) y el esfuerzo acumulado de rifas, peñas, festivales y bingos, consiguieron el transmisor y lograron su primera emisión desde en una escuela pública del oeste rosarino. Fue “una fiesta, un evento muy importante para nosotros”, recuerda Fossaroli. Y describe el aparato como “una cajita pequeña con dos entradas, para micrófono y tocadiscos de la escuela, y la antenita con el cable. No teníamos dónde poner la antena, no había torre, entonces la pusimos en el lugar más alto que encontramos: la atamos a la soga del mástil de la bandera, izamos la antena hasta arriba y prendimos el transmisor. Algunos salíamos con la portátil a caminar el barrio y ver hasta dónde es escuchaba. A las 6 o 7 cuadras no salía más, pero ya era importante. Así fue el principio, cada uno parado al lado del mástil de la bandera, donde poníamos el transmisor y cada domingo era el evento. Enchufábamos los equipos, izábamos la antena en el mástil y cada organización tenía 15 minutos para su programa”.

Las opciones técnicas para voces y sonidos no eran muchas: había un micrófono, un tocadiscos Winco y un grabador a tecla con funda de cuero, pero sólo dos entradas de audio. Entonces “como el Winco tenía un parlante abajo, armamos una caja hueca. Lo poníamos encima y le abrimos una puertita a la caja para poner el micrófono adentro; entonces el disco salía por aire, por el micrófono, y la cortina por la entrada de audio, con el cassette. Para los programas de tango teníamos todos discos de pasta, que traía un amigo del barrio en bici los sábados a la tarde”.

Pronto llegó la denuncia. “Nos tildaron de subversivos, la Policía quiso venir a ver qué pasaba ahí adentro, y nos tuvimos que ir para que no echaran a la directora”. Los años siguientes sobrevino un derrotero de mudanzas durante el cual la radio funcionó un año en el fondo de una parroquia, otros tres “en el lavadero de la casa de un compañero, hasta que cansamos a toda la familia, que ya no tenía vida privada, y también tuvimos que irnos”, y de ahí a la casa del propio Fossaroli, “que terminó por ser una radio con una camita donde me dejaban dormir”. Más de una vez pensaron en bajar la persiana. “Fue la terrible época de Menem, donde se desmembró toda la organización social. Ya no había que creer en nada de esto y comprarse todas las licuadoras posibles y con la mayor cantidad de cuotas. La organización social había pasado de moda”, refresca Fossaroli. Pero en el ’93, a unos 5 años de la primera transmisión, consiguieron que una organización alemana financiara la construcción de una casa y esto les dio un nuevo impulso: “Empezó una etapa de no conformarnos, de soñar con un proyecto cultural, social y educativo”. Hoy los enorgullece, además, contar con “Cachilo”, una de las mejores bibliotecas populares de Rosario, que la Comisión Nacional Protectora de las Bibliotecas Populares nombró “Biblioteca del Bicentenario”.

“Viene una etapa de desafíos, por la experiencia acumulada, los saberes aprendidos y la responsabilidad que nos toca: transformar, no hacer comunicación para sentirnos bien por rebeldes”, agrega Fossaroli. “Para que eso sea realidad necesitamos compromiso. Los grandes multimedios nos llevan 30 acumulando poder económico y político. Tenemos que recuperar kilómetros y el Estado tiene que garantizar, como lo hace la ley, que las radios comunitarias hagan comunicación transformadora y no que sean las radios simpáticas de este modelo; tenemos que competir con los sentidos que generan los grandes medios.

Tenemos que estar a la altura de esta época”

Ficha técnica:

Nombre: La Tribu,  FM 88.7

En internet: www.fmlatribu.com

Localidad: Ciudad de Buenos Aires

Inauguración: 1989

Como un caleidoscopio, pasaron de ser una FM a incluir centro de capacitación y producciones con auditorio, galería de arte, bar, biblioteca… Una diversificación que no apagó la frescura de un grupo de estudiantes de carreras sociales de la UBA que, al borde de los ’90, amasó un proyecto político y cultural apostado en una radio. Ligados a la izquierda, trocaron la militancia partidaria por una autónoma, informal, con otras lógicas, estructuras y discusiones, vinculadas menos a la representatividad que a la autoría colectiva: “A la posibilidad de juntarse con otros para ‘hacer cada día un mundo mejor’”, resume Rodrigo Tornero, echando mano de un viejo eslogan de la emisora. “Conseguir tecnología para las FM e incluso planos para fabricar transmisores era bastante accesible. En los ’90 muchísimos proyectos iniciaron transmisiones caseras,  como La Tribu”, repasa.

También subraya que la apertura hacia otros sectores y experiencias que los específicamente vinculados a la comunicación es una clave en la historia de las radios comunitarias y casi un principio teórico de un proyecto como La Tribu. “ Somos un proyecto autónomo y autogestivo en una ciudad como Bs As, llena de proyectos similares. Pero la autonomía no es posible sin articulación con otros espacios −encuadra−. Creemos fervientemente que se construye con lazos. Y que podemos inaugurarlos y fortalecerlos con otros proyectos”.

La Tribu devino una de las “pioneras” más célebres y otro faro en el rubro: su primer transmisor, aunque débil, sirvió para que dieran sus primeros pasos algunas descendientes como la Minka (Jujuy), Mapuche Petu Mogeleiñ (El Maitén-Chubut), Revés (Córdoba) y De la Azotea (Mar del Plata, ver La Pulseada Nº 70). En este tren multiplicador, el año pasado montaron para sus 20 años el mediometraje documental “Distorsión armónica”, que exhibe a 12 radios comunitarias de Latinoamérica en el marco de un proyecto de capacitación. Casi como el video que inspiró a Aire Libre en Rosario a fines de los ’80, pero 20 años después.

En estas dos décadas, el mapa comunicacional (tecnológico y político) del país se híper actualizó. Diseñadas en gran medida por “las pioneras”, hay reglas de juego nuevas, tan auspiciosas como desafiantes, y “las radios comunitarias tenemos que estar a la altura de la época, poder dar las discusiones sobre el mapa de comunicación −plantea Tornero−. Porque muchas veces las prácticas van muy por delante de la capacidad de reflexión de quienes estamos en el campo de la comunicación. Tendemos a pensar que los soportes que permiten transmitir informaciones concluyen con el desafío de la comunicación, pero muchas veces lo que hacen es garantizar que algunos emisores sean legitimados o tengan las herramientas técnicas para multiplicar su perspectiva y su verdad, y la comunicación, ese famoso ida y vuelta, queda descargado de sentido”. Y redondea: “Creemos que a la hora de plantear un proyecto de comunicación hoy, el diálogo, ese principio de las radios comunitarias de los‘80 en América Latina (superando todas aquellas teorías de la intervención en las cabezas de las personas como si no tuvieran herramientas) es una clave. La comunicación dialógica se actualiza hoy de manera subliminal. De algún modo, las nuevas tecnologías proponen que esas personas antes consideradas oyentes o televidentes y ahora usuarios, no sólo pueden recibir, frente a una computadora, sino también de emitir. El tema es cómo usamos y damos la discusión sobre el acceso a las nuevas tecnologías”.

Nacer para encontrarse

Ficha técnica:

Nombre: Radio Encuentro, FM 103.9

En internet: www.radioencuentro.org.ar

Localidad: Viedma, Río Negro

Inauguración: 1990

Empezaron en el ’89. Ya había varias emisoras comunitarias funcionando y estaban convencidos de que la radio era el mejor instrumento para la comunicación popular. Y Néstor Busso se atreve a decir que sigue siéndolo. Radio Encuentro anidó primero en el obispado de Viedma. El obispo era Miguel Hesayne, cuyo compromiso con los derechos humanos es cosa conocida. También había lazos con sindicatos (trabajadores de prensa, docentes) y organizaciones barriales. Entre todos le dieron forma a la idea de una radio, que nació como la Fundación Alternativa Popular en Comunicación Social. Los ’90 los encontraron trabajando el equipo para ese proyecto, con transmisiones que crecieron paulatinamente en carga horaria y profesionalidad. El debut fue el 15 de abril de 1990. Hoy, además de radio, motorizan un centro tecnológico comunitario con internet gratis para jóvenes, un programa de capacitación docente, una red de organizaciones de derechos humanos y un foro de hábitat y vivienda.

Como otras “pioneras”, Encuentro comprendió de entrada la necesidad de trabajar en red. Aislados, no tenía sentido. A la vez que montaban la radio fundaban una red que luego devendría en FARCO. Incluso antes de estar al aire, en febrero del ’90, impulsaron la Asociación Norpatagónica de radios populares. Fue desde “la Patagonia, donde las distancias son impresionantes”, ilustra Busso, que luego se volcaría de lleno a la creación de una red nacional y hoy preside Farco y el Consejo Federal de Comunicación Audiovisual creado por la ley nueva.

Algunos hitos en la historia de Encuentro son la mudanza, en 2001, a una casa propia para la radio, y la obtención en 2007 de la licencia, tras una odisea judicial. Con el precedente sentado por radio La Ranchada, una FM cordobesa asociada a la mutual Carlos Mugica que en 2003 ganó una batalla judicial contra el artículo 45 de la vieja ley 22.285 (que prohibía a cooperativas y mutuales ser titulares de emisoras de FM), Encuentro ganó una de sus batallas: “La resolución definitiva de la Justicia salió en 2005, cuando ya estaba el fallo de la Corte Suprema en la causa de La Ranchada. A partir de eso llegaron el llamado a adjudicación directa y la obtención de la licencia”, cuenta Busso.

La necesidad de cambiar la ley de la dictadura estuvo en la agenda desde el principio: “Planteamos un cambio en el modelo comunicacional y pensamos la radio como una herramienta para eso, y para un cambio social, político, económico, cultural, desde la comunicación, para la transformación del país, en un contexto muy difícil, de auge del discurso neoliberal. Los primeros años fueron en ese contexto, de resistencia, totalmente distinto del de hoy. Fuimos conscientes de que un proyecto así era posible si formábamos una red nacional y latinoamericana, y que eso necesitaba de una modificación de la ley. Creamos la organización desafiando a la ley”. Y agrega: “Hubiera sido más fácil poner la radio a nombre del obispado o de una sociedad comercial, y relativamente fácil en Viedma conseguir una licencia de esa forma, e incluso nos la ofrecieron. Pero elegimos dar la pelea por la modificación de la ley”.

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Otras pioneras

-FM Pocahullo, 91,1, San Martín de Los Andes, Neuquén // www.fmpocahullo.org.ar

-FM Reconquista, 89,5, José León Suárez, Buenos Aires // www.fmreconquista.org.ar

-FM La Ranchada, 103,7, Córdoba Capital //www.laranchada.com.ar

-FM Gente de Radio, 90,3, Bariloche, Río Negro //www.fmgentederadio.blogspot.com

-FM Alas 89,1, El Bolsón, Chubut // www.fmalas.org

-FM En Tránsito 93,9, Castelar, Buenos Aires //www.fmentransito.org.ar

-FM De La Calle, 88,1, Bahía Blanca, Buenos Aires

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