Centros culturales|Octubre 2013, 12

Hoy presentamos: La “Fabriquerita”

Como contamos en agosto en nuestra edición impresa y en la web, un lugar clave de la cultura platense en los ‘90 fue La Fabriquera, ubicado en la zona de la Terminal (2 entre 41 y 42) y especializado en la formación y experimentación en danza y teatro. También fue gran escenario para el rock. Nació en 1995 como el proyecto de una pareja que se transformó en un colectivo de trabajo que abrió las puertas a grupos de la ciudad por 13 años. Cuando cerró, siguió funcionando como colectivo -encabezado por Laura Valencia y Patricia Ríos- de forma itinerante por distintos espacios de la ciudad.

Cuatro años anduvieron sin lugar fijo, hasta que un día Valencia recibió el llamado de Alejo Marrone, un abogado y músico a quien no conocía, que le ofrecía una casa para las actividades. Historia de una familia platense: aquella vieja casona de 46 entre 13 y 14 (Nº 943) había pertenecido a su padre. En otra época tuvo una casa gemela, con la que compartía patio. Hoy hay un edificio cuya construcción dejó escombros que destrozaron los techos y, en ese momento de angustia y nervios, Marrone padre sufrió un ACV. “Después se cura, pero Alejo jura y perjura que nunca le va a vender esa casa a ningún Building ni a nadie, por todo eso que pasó —cuenta Valencia, que conoció la historia en 2012—: Y como está económicamente bien, con su novia pensó que la casa se podía utilizar para alguna actividad artística, aunque no sabían bien qué”.

Marrone tampoco conocía a Valencia. Se la nombró un amigo, exploró lo que hacía su grupo y la contactó. Así surgió el nuevo sitio de La Fabriquera, por cuyas dimensiones suelen llamar “La Fabriquerita”. Adoptó un perfil más asociado a las artes visuales y algunos cursos teóricos; a veces ofrecen obras íntimas, para menos de 10 espectadores y en días cálidos utilizan el patio para danza o teatro. “Lo que más nos interesa ahora es hacer muestras más de tipo galería o exposición porque el espacio da, y después ofrecer algunos seminarios”. En el último año, La Fabriquera albergó muestras como “Instituto Nacional de las Variaciones”, de Andrea Suárez Córica, o “Así cae el hombre perfecto”, de Dani Lorenzo. Íntimo, el lugar también funciona como “centro de operaciones” del grupo, que sigue desplegando su actividad en otros ámbitos de la ciudad, siempre vinculada a la experimentación con el cuerpo.

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