Subnota|20 Noviembre, 2011

“Estoy enloquecida con la juventud”

Nota principal:¡Cuidado, chicos con zoom!

Parada bajo el sol, una mujer fuma y observa. Su foco son los chicos. Los mira entregarse al juego inicial que propone Carlos Rotela y piensa: “Esto vale la pena”.

Todos la llaman Nina. Nació hace más de 70 años en un campo del sur de Salta, tuvo una infancia “linda” en la que ella ignoraba la existencia del dinero, porque en el campo se producía todo, y de más grande se mudó a Buenos Aires con 6 de sus 11 hermanos. Hoy lleva adelante un centro comunitario que levantó, “trabajando a la par de dos hombres”, en el barrio Un techo para todos de Ciudad Evita, La Matanza, donde viven dos de los chicos documentalistas. Nina –Alejandra Aurelina Leguizamón– llega a Varela precisamente en representación de ellos.

“Creo que es la primera vez que faltan. Son muy comprometidos, pero el sábado tienen que trabajar para ayudar a sus familias, que son de muy bajos recursos, y para comprarse ropa, zapatillas, lo que sea”, cuenta Nina, que dio el presente para apoyarlos en el proyecto del documental.

Palabras seguras, entusiasmo juvenil y pitadas profundas al presentarlos: Hernán (18) trabaja y estudia para entrar a la universidad en Ciencias Sociales. “¡Así que no puede salir ni jugar al fútbol! —explica Nina—. Es muy comprometido y educado. A su papá le faltan las piernas, tiene tres hermanos más chicos y la mamá. Sí o si tiene que trabajar, pero no deja de estudiar”. David (16) vino de Paraguay hace cuatro años con dos hermanos y su mamá, que como muchas  en el barrio trabaja en casas de la Ciudad de Buenos Aires sin que les alcance. Y como Nina, que limpia y lava ropa en casas de chicos de Salta que llegan a estudiar. “Hay que pagar la luz y comprar el gas”, argumenta.

Un techo para todos se formó en 2000 después de una toma de tierras que la Policía reprimió con violencia. Hoy lo pueblan 500 familias numerosas. Allí, Nina vive sola, pero eso es un decir. “Con una compañera y sin ayuda de ningún lado” se ocupa del centro, al que concurren chicos de hasta 18 años. “La mayoría varones y todos buenísimos”, asegura ella, que los conoció “de re chiquititos”, cuando se acercó a las tierras que luego serían el barrio. Algunos participan hace años en el espacio de jóvenes del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos y en Cine en Movimiento (CEM). Como Hernán, que hizo el corto Va a servir.

¿Qué te interesa de CEM?

-Está muy bueno. Es algo que yo, que soy grande, no conocía, y a los chicos también les llamó la atención. Cuando ves una película, ves que aparecen los nombres, ves escenas, pero no sabés cómo fue. Nunca habíamos visto cómo se filma. En los talleres ven cómo se van formando las escenas, cómo se escribe la historia. Y todo eso les interesa. Viste que a los adolescentes nada les llama la atención…. En este momento, CEM les dio cámaras para que se las lleven a cada lugar. Los chicos de mi barrio están mostrando cómo vive la gente, cómo mejoró, qué hacen los chicos… Hicieron bastantes entrevistas que estuvieron buenas. Sobre todo, preguntan a las personas grandes qué opinan de los jóvenes.

¿Y vos, qué opinás de los jóvenes?

Yo estoy enloquecida con la juventud, porque veo que cambió muchísimo a pesar de que hay muchos aún que ayudar. Veo que esto vale la pena. Se entusiasman, tienen curiosidad, prestan atención a que un mayor les enseñe cosas. Si te llevás por lo que dice la televisión, los noticieros… ahora no están contando la verdad. Los chicos aprendieron a darse cuenta de que a veces la televisión o un diario mienten, y tuvieron la oportunidad de hablar con personas para ver qué mirada tienen de la juventud, cómo la entienden. Los chicos pueden tener una diversión, salir, y no por eso son malos.

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