Edición Impresa|Mayo 2017, 2

Por el fin de la opresión

Millones de mujeres de todos los continentes se movilizaron para exigir el derecho a una vida digna y sin violencia y contra todo tipo de explotación capitalista. Hubo mucha actividad en la región y desde La Pulseada compartimos algunos testimonios en primera persona y la crónica de un día de lucha.

Por Paula Bonomi
Fotos Gabriela Hernández

 

 

Compañeras,
el asfalto
las banderas
y el amor rabioso
nos espera.

Hagamos culto a esta alianza eterna.
Dejemos el dolor y el miedo enterrados.

Besemos la libertad
que parimos entre todas.

Escribamos la historia.

Hoy,
otra vez,
y como siempre
el amor se hace en
la calle.
Quimey Figueroa

 

El movimiento de mujeres está fuerte, movilizado, generando una revolución sensible en los lugares de trabajo, las casas, en distintos territorios y en las calles. Se habla de un feminismo que se construye en la práctica, en el encuentro con otras, en la toma de conciencia cotidiana en torno a las relaciones de poder.

Cómo vivimos el Paro

En los distintos espacios de reunión, multisectoriales y asambleas, las mujeres de La Plata, Berisso, Ensenada y Punta Indio se planearon y motorizaron acciones, documentos, radios abiertas, intervenciones urbanas, stencileadas que se desplegaron en nuestras ciudades. El color violeta, símbolo de las mujeres feministas, fue el elegido para señalizar con banderas o carteles las casas, trabajos, edificios públicos, las redacciones de los medios, los cuerpos y las calles.

Las trabajadoras de prensa en la puerta de Radio Provincia

Desde la mañana comenzaron las asambleas de trabajadoras en las oficinas de la administración pública, en los ministerios y organismos, en la Municipalidad, en las escuelas, en la universidad, en las empresas y en las calles. Audios y fotos comenzaron a circular en distintos grupos de WhatsApp y nos dieron el pulso de la magnitud de la convocatoria.

La colectiva de mujeres de ciencia y tecnología convocó a una asamblea de docentes, no docentes, investigadoras y estudiantes en el hall de la Facultad de Humanidades (122 y 50), que desbordó de asistentes y debates. Diversos grupos de trabajadoras estatales señalizaron los edificios de la Comisión provincial por laMemoria, el Museo de Arte y Memoria, la Subsecretaria de Género y Diversidad, el Rectorado de la UNLP, la Defensoría del Pueblo de la Provincia, la Gobernación. A partir de las 13 hs comenzaron los cortes de calle, ruidazos. Pronto decenas de mujeres organizadas de distintas dependencias comenzaron a circular por las calles.

En el Parque Saavedra se dictaron talleres de ginecología natural a cargo del grupo Mujeres Unidas. Y las trabajadoras de prensa de la región (periodistas, fotógrafas, editoras, redactoras, movileras, administrativas) además de señalizar la sede del Sindicato de Prensa Bonaerense, se autoconvocaron para retratarse en una fotografía histórica en la puerta de Radio Provincia, la radio pública bonaerense. Todas portaron una credencial con la leyenda “Las trabajadoras de Prensa Paramos!”.

Las Amandas

A partir de cuatro de tarde, en Plaza Moreno, las mujeres llegaron de a cientos: encolumnadas, organizadas, enfamilia, solas. Sonaban las voces de la radio abierta organizada por la Asamblea Feminista de La Plata donde también tocaron la murga La Gran Puta, Leticia Carelli, Ely Quirino, Dra. Love. La colectiva de mujeres aRtivistas lAs AmAndas comenzó una intervención en la escalinata de la Catedral al latido de un mantra: “Causas archivadas, mujeres asesinadas. Sin aborto legal hay violencia institucional. Ni una Menos, vivas nos queremos”. También estuvieron presentes las mujeres que sostienen la Feria de la economía popular. A la misma hora, en Berisso, la Multisectorial de mujeres realizó una caminata desde calle 60 y 143 hasta el Polígono. Y en Punta Indio, Verónica, la concentración se realizó en el Museo Histórico, con una radio abierta y las chicas colgaron la muestra “No es amor, es trabajo”.

La marea llegó a la Gobernación y comenzó un acto organizado por la Multisectorial de Mujeres que tuvo, entre las oradoras, a Nelly Gamboa, madre de Sandra Ayala Gamboa, asesinada hace 10 años en el edificio de ARBA, y a otros familiares de víctimas de femicidio. Posteriormente se dio lectura al documento consensuado. Con el acompañamiento de las organizaciones gremiales, culturales, estudiantiles, universitarias y políticas, se calculó que unas 15.000 personas se movilizaron en la región.

 

Un femicidio cada 18 horas

 

En Argentina, el año pasado se registraron 290 femicidios,  401 hijos e hijas que se quedaron sin madre. Entre ellos, 242 menores de edad.  En los primeros 60 días del 2017 se registraron 60 femicidios, se produjo el asesinato de una mujer cada 18 horas y aún no se han contabilizado los travesticidios y los crímenes de odio. Durante el Paro Internacional en el Día Internacional de la Mujer, la fuerza del movimiento de mujeres logró la adhesión de 58 países en todos los continentes y marcó un hito en el marco de una lucha histórica por la igualdad, el reconocimiento de los derechos y el fin de todas las formas de opresión.

 

¿Por qué paré?

Por Paula Bonomi

Tendría unos siete años y caminaba junto con mi vieja por la calle, riéndonos de un chiste. De frente, vimos que venía un hombre que silbaba una canción y cuando nos cruzó y estuvo a la par nuestra, el cuerpo de mi mamá giró demasiado rápido, dándome la espalda y no logré ver nada más. El tipo siguió caminando, sin voltear, mi mamá comenzó a vociferarle. Le había manoteado las tetas. Nadie intervino ni se nos acercó. Me puse a llorar, ella me abrazó y se tranquilizó, fue la primera vez que sentí miedo de andar por la calle.

A los doce, estaba fascinada con la gimnasia artística. Un hombre adulto, conocido de mi familia, se acercó a bajarme del tirante donde yo probaba mis juegos. Me tomo de las piernas, me sujetó y me pidió que me soltara. Lo hice y mientras me bajaba, metió su mano entre mis piernas. Horas más tarde le conté a mi mamá llorando, sintiendo vergüenza y sintiendo ¿culpa? Ella supo qué hacer.

Llegue a la adolescencia, comencé a salir con amigas, a vestirme como me gustaba y a sentir el acoso en la calle. Alos 21 años fui sola a un ginecólogo varón que abusó de su poder e impunemente me violentó, generándome terror. Jamás volví a sacar turno con un médico varón, siempre busco que me atiendan mujeres. También viajé sola, hice dedo, me emborraché, me fui de algún bar con un desconocido y tantas otras cosas. Hoy pienso que tuve suerte, sigo viva.

Muchas de las mujeres que conozco, feministas o no, pueden hacer una lista parecida, con la misma cantidad de lágrimas y rabia que me traen esos recuerdos y pensar en todas las niñas, mujeres y travestis muertas. Cuando se hizo el primer #NiUnaMenos, muchísimas de las mujeres que estábamos en la plaza ese día tomamos la calle impulsadas por una sensación de duelo. El duelo era y es por todas las mujeres que nos faltaban y faltan, víctimas del femicidio. El duelo también por nuestras propias heridas y marcas como mujeres simplemente por ser mujer y porque el socializarse como mujer implica conocer todo un mapa de violencias que sufrimos cotidianamente desde muy chiquitas. 

El #8M yo paré porque asumo las tareas domésticas y, con amorosidad, las de cuidado. Pero nadie las reconoce y porque como mamá tuve que atravesar la experiencia de discutir durante dos años con mi ex pareja la cuota alimentaria, donde sólo la intervención judicial hizo que ese hombre asumiera sus responsabilidades económicas.

Paré junto a millones de mujeres en el mundo, para decir basta a la desigualdad, a la opresión de nuestra creatividad, denuestro trabajo, de nuestras voces y miradas. Fuimos millones de mujeres las que nos organizamos y sí, el paro lo hicimos entre todas. Lo hicimos articuladas, lo hicimos desde el movimiento de mujeres, desde las organizaciones, desde los espacios de lucha que se fueron encontrando en los diversos lugares de trabajo, en cada asamblea, en las redes sociales, con una consigna común: “Si nuestras vidas no valen, ¡produzcan sin nosotras!

Nos movilizamos, nos encontramos en el espacio público, en los abrazos, en la alegría de estar presentes. Nos manifestamos para exigir que se despenalice el aborto y que sea ley, porque su criminalización afecta a las mujeres más vulnerables y empobrecidas, paramos contra la trata de niñas y mujeres para explotación sexual, contra las políticas que criminalizan a las migrantes, contra las violencias que se desatan frente a las disidencias sexuales, y porque en un contexto de ajuste las más golpeadas somos las mujeres: sin autonomía económica es más difícil para una mujer víctima de violencia salir del círculo de la violencia.

Nos unimos en una internacional feminista que hizo temblar la tierra. Gritamos BASTA a las violencias machistas y a los femicidios, que son el último eslabón de una cadena de desigualdades que nos afectan en nuestras vidas cotidianas, ahí por donde pretendemos transitar libremente.

Yo paré porque soy madre de varones y estoy convencida de que tenemos el inmenso desafío de construir un mundo más igualitario, con oportunidad para las mujeres, las personas trans y los varones, donde los derechos sean respetados. La diversidad, horizontalidad, heterogeneidad del movimiento de mujeres pone en crisis a las estructuras del patriarcado y de la explotación capitalista. Deseamos cambiarlo todo. El desafío será continuar provocando estos espacios de ruptura porque no vamos a parar hasta conseguir que nuestros reclamos se traduzcan en acciones y políticas públicas concretas que nos cuiden, respeten y promuevan.

Ahí vamos, andando y encontrándonos en las calles. Felicitaciones para todas, estamos en lucha.

 

 

 

Luciana Vega D´Andrea, artista visual y socorrista

Paré por la genealogía de mujeres de las que vengo, que desde esta y otras dimensiones, soplan fuerte mi aliento de cada día y se hacen cuerpo en mi voz.

Soy la Ángela, mi abuela materna, obrera textil que cruzó en una frontera ilegal en plena dictadura a sus nietas para que se encuentren con su madre, también clandestina. Soy también la Eulalia Isabel, mi abuela paterna, sirvienta de una familia feudal que parió los hijos no reconocidos del patrón, tan acostumbrados los patrones a apropiarse de todo, también se quisieron apropiar de la prole de la Eulalia Isabel. 

Paré porque de tantos abusos que se tuvo que callar la Eulalia Isabel , me da dolor de garganta y me  parece que el cáncer me apaga la voz.

Paré para rebelarme ante toda la historia de opresión de las mujeres de mi  familia, para sanar esa herida. Paré porque estamos haciendo Historia.

Paré porque siendo proletaria del cuidado,  no hallo  la forma de rebelarme individualmente ante la invisibilidad de todo lo que el capital, el Estado, mi concubino y todos los varones de esta sociedad me expropian.  Paré porque ni mi vida, ni mi cuerpo me pertenecen si no estoy aliada con otras. Paré porque sólo en la multitud de las tetas me siento libre y a salvo. 

 

 

  

Valentina Pereyra, activista de ATTTA y FALGTV

Nosotras paramos como mujeres trans: muchas de nosotras no menstruamos, ni nacimos con vaginas, ni podremos engendrar hijo/as en nuestros cuerpos, pero apenas mostramos un mínimo de renuncia a la masculinidad imperante, somos criminalizadas, excluidas, humilladas, segregadas y asesinadas como el resto de las mujeres. Sin atenuantes, pero sí, con agravantes. La cultura patriarcal y binaria genera un falso sentido común que hace tolerable un sistema que nos violenta, expulsándonos a los márgenes de las posibilidades de supervivencia. La expectativa de vida de una mujer trans es de 35 a 40 años. Y eso es una masacre social, un femicidio colectivo.

Somos las que renunciamos al patriarcado, las que movemos los márgenes del género y la autopercepción del mismo. Somos las que generamos la apropiación del propio cuerpo, porque es nuestro, porque así lo sentimos. Somos las travas, travestis, transgéneros y transexuales que no nos subordinamos ante el discurso biologicista y naturalista, y nos animamos a construirnos desde la propia subjetividad, rompiendo estructuras, deconstruyendo lo que otros creen inamovible. Somos esas otras mujeres que gritamos ¡Basta de matarnos!

 

 

Melisa Randev, lesbiana feminista, integrante de la campaña por el derecho al aborto en Necochea – Quequén

Mi adhesión al paro es un acto de repudio a los crímenes de odio. Contra la heterosexualidad obligatoria y su régimen político que pretende aleccionar la existencia lesbiana. El caso de Higui es claro: aun sobreviviendo a la violencia de los 10 chongos que la hostigaron con ánimo disciplinador, ella fue la acusada de asesinato y continúa presa por haber actuado en defensa propia. Hoy es víctima además de violencia institucional. Estas tramas de complicidad patriarcal pretenden mantenernos aisladas, victimizadas, tristes, en competencia entre nosotras. Porque la violencia machista se alimenta de nuestras opresiones. Por eso salimos a la calle, rompemos el silencio, desafiamos el poder patriarcal y paramos.

 

 


Sandra Gómez, militante por los derechos de las pibas y pibes

Cuando tenía 19 años y estaba embarazada de 8 meses el padre de mi hijo casi me mata a golpes. Esa fue la primera y única vez, jamás me animé a contarlo. A raíz de mi militancia y la lucha que estoy dando desde hace 4 años, aprendí a que no hay que callarse. Si sos golpeada, maltratada, violada tenés que denunciarlo. Eso me llevó a luchar por las que están vivas y denunciar las muertes de las que no están. Paré porque no quiero que mueran más pibas en manos de violadores, de golpeadores. No queremos más femicidios.

 

 

 

 

 

Laura Bonomi, docente

El año pasado trabajaba con mis estudiantes algunas cuestiones de género. Uno de mis alumnos me cuestionó: qué tiene que ver esto con la literatura. Le pregunté a las mujeres, entonces, a cuántas de ellas les había pasado tener miedo en la calle. Todas levantaron la mano. Por ellas, por mí, por todas las que tenemos miedo frente a una calle oscura, paré.

Paré  también contra las pequeñas violencias cotidianas que sufrimos cada vez que tenemos que explicarles a nuestros ex maridos que la educación de los hijos no puede ser terreno de disputa. Contra la hipocresía de quienes salen a marchar con un bonito cartel y un discurso armadito pero que son incapaces de ser solidarios con las madres de sus hijos y cuestionarse sus privilegios. Paré porque tener que explicar que tengo los mismos derechos y las mismas ganas de militar, trabajar o estudiar a esta altura parece algo de otro mundo, pero debo hacerlo todos los días.

 

 

Gabriela Pereyra, empleada

Paré porque la soledad y el desamparo hacia las niñas, mujeres y trans en estado de vulnerabilidad es muy alto. Porque una vez que reconocernos el problema, las soluciones por parte del Estado no existen. Sumado al egoísmo general, necesitamos hacernos visibles y hacernos oír. Sentir que no estamos solas, que somos muchas y poderosas. ¡Quiero que se declare el estado de emergencia!

 

Dejar una respuesta