Seba Ibarra: “El acento también es el paisaje que uno lleva por ahí”

134-SebaIbarraEs uno de los nuevos referentes de la canción chaqueña. En él conviven tonadas litoraleñas –como el chamamé y el rasguido doble– con pinceladas de toques y rasgos contemporáneos. Y siempre con ese sonido mestizo de fondo que significa estar tan cerca –y a la vez– de Brasil y Paraguay. Otra vez el río de las músicas populares encuentra nuevos cauces por donde echarse a andar.

Por Nacho Babino

Algunas cosas. Los dos tíos que, a cada lado de la casa, musiqueaban: uno con chamamés, el otro con chacareras. Alguna otra: las visitas y andadas recurrentes por el río, cada vez. Y también: aquellas tardes en que el barrio se convertía en un lodazal y él –y sus amigos– se echaban a chapotear felices por ahí. Y las lluvias, aquellas lluvias.

Esas cosas –dice Seba Ibarra– están en su música, todo el tiempo.

Sebastián Ibarra nació en Resistencia (Chaco) y se crió en esa casa que, estando a mitad de camino de esos dos tíos, se abría al mundo en canciones: “Uno tocaba chamamé y el otro hacía zambas, chacareras, boleros. Hoy mi situación y la de mi familia es un tanto distinta a la de aquella infancia mía, pero si uno se aleja un poco del centro de la ciudad y se corre hacia esos márgenes, esas mismas imágenes y situaciones, se siguen dando. Cuando recorro y vuelvo a esos lugares, o descubro lugares nuevos, veo algo muy parecido a aquello. Las imágenes, los olores, es como si esa misma situación no hubiera cambiado, sólo que se fue emplazando un poco más allá”, dice Sebastián.

Y aquella imagen de la infancia se completa con su abuelo acordeonista y con los discos de Vox Dei, Beatles y León Gieco, entre otros, que escuchaba junto a su padre. “Creo que ahora que sale el tema y me viene decirlo, León Gieco es quizás la influencia más grande que siento en mi música, en lo que hago. Son influencias y gente que hizo cosas que a uno le permiten, desde su lugar, incurrir en lo mismo porque cierto camino ya está marcado. Incursionar en esas cosas, en esos estilos”.

No tuvo clases de música en el colegio secundario pero sí tuvo su típica banda de rock de la adolescencia –“aluciné con el rock que me había llegado por mi papá”. Después de ello fue que, de alguna manera, Sebastián encontró su sonido y sus tonadas, que no eran otras que aquellas que sonaban en su casa y en las de sus tíos: canciones que resuenan en el litoral y en esa sonoridad propia de un lugar rayano a varios puntos limítrofes a la vez: Argentina, Brasil y Paraguay.

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Su primer trabajo, Collage de río (2007), es un disco que recorre el sonido del litoral con la esencia del río omnipresente: tanto desde el nombre como desde el arte de tapa –la ilustración un río de azul fuerte de un lado, la tierra roja del otro; y la ribera recorrida por algunas palabras que apenas se perciben. Rasguidos dobles, aires de chamamé, de chacarera. Disco breve pero que tiene gemas exquisitas y hermosas como Barcazas del Paraguay o la propia Collage de río que recorren y recogen la poética del lugar.

-Collage de río tiene una fortísima presencia del río, sonora y visualmente…
Al momento de grabarlo yo ya tenía algunas canciones y muchas de ellas eran imágenes que yo decidí rescatar de mi niñez, cómo uno ve su mundo cuando recién aparece en ese mundo. Y lo primero que encontré fue esta cosa de la lluvia, la visión que uno tiene de pequeño de eso, todo lo que pasaba una vez que la lluvia terminaba, la calle de tierra. Esas imágenes, ese es mi primer Chaco y eso está muy plasmado en ese disco. Nuestras vacaciones, cuando chicos, eran todas por allí cerca, a Corrientes, el Río Paraná. Ese río o esas imágenes de andar bicicleteando en las calles llenas de agua de mi barrio y jugar que eso era un barco o una lancha. Todas esas cosas fueron las primeras en salir en aquel primer disco.

-Y las letras, además, recogen cierta poética del lugar.
Me pasa que, cuando compongo, la música tiene que acompañar de alguna manera lo que estoy diciendo. Entonces, en Collage de Río quería hablar justamente del Paraná, del río.

Así, por ejemplo, en Río Paraná, una parte de la canción dice “la isla que resiste porque sabe, que ya va amainar” y pareciera que las palabras mismas fluyeran, se dejaran llevar por ese mismo río de la canción.

En Palimay (2009) afianzó su cancionística –identificada e influenciada fuertemente por los folclores del lugar– pero a eso le sumó, esta vez, sonoridades más propias del pop y del rock, que ya estaban en su disco debut pero aquí tienen una presencia muy notoria. Un disco más largo y con más texturas. “Un estilo sebaibarresco, ¿no?” dice. Y agrega: “En Corrientes, por ejemplo, la gente se enciende con el chamamé. Eso te contagia, uno crece con eso, lleva eso a todas partes. Y el acento también es el paisaje que uno lleva por ahí. Yo estoy seguro que uno construye sus oraciones para poder respetar y seguir respetando su acento. Entonces hay una forma de hablar chaqueña, correntina, cordobesa, lo que sea. Además del acento, hay una manera de acomodar, de poner las palabras. Eso sí que lo llevamos con uno”. La canción Un silencio de acá está incluida, además, en el compilado Por algo será. Música por los derechos humanos (Ver La Pulseada nro. 90). “Tiene que ver, al mismo tiempo, con la memoria y el presente. Otra vez una historia que bien podría haberle sucedido al propio Sebastián de niño”, cuenta.

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Mundo. No es casual que –después de una breve introducción de kalimba y unos suaves arpegios de guitarra– la primera palabra del tercer y hasta ahora último disco de Seba Ibarra –Infrenable paraíso, 2012– sea justamente esa: mundo. Porque si se voltea la vista hacia su derrotero se nota cierto hilo narrativo que recorre sus canciones.
-Tu primer disco sale desde ese habitáculo que es, justamente, aquel río. Palimay empieza a andar por la ciudad, conocerla, y en Infrenable paraíso ya es el mundo el que se abre y por el que vale echarse a andar. ¿Sentís que ese es el recorrido de todas tus canciones?
Venía relatando una historia en cada disco. En el primero estaba todo lo que tiene que ver con el agua y el río. Situar geográfica y ancestralmente el lugar. El segundo, Palimay, es un bicho que sale del agua y se transforma en un ser humano y empieza a vagabundear por una ciudad como Resistencia, o como Corrientes. El tercer disco, intento seguir profundizando en esa cosa urbana. La idea del disco era buscar un sinónimo de la palabra mundo y fue el sinónimo perfecto que encontré para referirme. Engloba algo más grande. Nosotros crecimos y los discos fueron creciendo a la par nuestra, también.
-Y esta cosa urbana, además, se tradujo en el concepto musical de Infrenable paraíso
Claro. Mi intención era meter cosas que tienen más que ver con lo que podría entenderse los ruidos de la ciudad. Y las músicas que salen por las ventanas en las ciudades, todo lo que se puede escuchar desde las veredas. Además se dio que confluyeron mucho los diferentes gustos musicales de los integrantes de la banda, que son como todas esas músicas que se escuchan y conviven en la ciudad: el pop, el rock, lo experimental. El disco se fue armando así y en algunos casos dejé que la música fuera hasta donde tuviera que ir. Tiene mucha coherencia estética, de sonido. Acá no estoy queriendo hablar de un solo lugar por eso no estoy queriendo meter un solo ritmo.

En este disco el músico chaqueño musicalizó dos poemas. Verano (de Claudia Masin) y Plutamis Raldalmeses (Tony Salazar). Este último recoge cierta leyenda de que el dolor de muelas se puede curar haciendo un té con alas de colibrí. Y lo hace de una particular manera: el poeta chaqueño Tony Salazar escribió un poema sobre esta leyenda en el que la primera parte son palabras –al parecer– sin sentidos, mezcladas sin ningún tipo de orden; y la segunda es la correcta correspondencia en un claro castellano. Como si fuera la traducción de esa primera parte de palabras alucinadas. Así, por ejemplo, en la canción –que sigue su aire de milonga sobre una suave melodía de acordeón– se escucha: “Plutamis raldasmese, murbo en nisterfirre” y luego –en la parte B– “plumitas esmeraldas rumbo a Finisterre”

-¿Podés comentar el proceso de la canción Plutamis raldameses?
Tony Salazar es el tipo que escribe las cosas que a mí me gustaría escribir. Siempre que leía cosas suyas, me gustaban. El día que cayó ese libro a mis manos, lo abro y el primer poema que leí era ese, con esas palabras que parecían sin sentido pero llenas de bellezas. Me aboqué a la tarea de encontrarle los significados. Es un tema fundamental en el disco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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