Otra muerte enluta a la Nación Qom

Foto Gentileza Edgardo Gómez - Tiempo Argentino
Foto Gentileza Edgardo Gómez – Tiempo Argentino

Hace seis meses, Micaela Fernández, la nieta de un dirigente toba de Tigre apareció muerta de un balazo en la cabeza en la casa de un hombre mayor de 40 años. La Policía decretó “suicidio” pero sus familiares denuncian que fue asesinada y develan un entramado de explotación sexual y trata de menores con complicidad de las fuerzas de seguridad.

 

Por Pablo Badano

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Esta vez no fue en el interior profundo del país, donde en los últimos tres años se conocieron 12 asesinatos o muertes dudosas en comunidades indígenas. Esta vez sucedió a sólo 30 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, en el partido de Tigre.

Son 60 familias las que integran la comunidad Qom Yechtakay, que reclaman a ese municipio tierras “aptas y suficientes”, como garantiza la Constitución Nacional, para vivir de una forma digna. Eugenio Fernández es uno de sus dirigentes y la muerte de su nieta Micaela, de sólo 14 años, que la Policía encuadró como suicidio, hizo que la existencia de Yeckthakay se hiciera notoria para miles de vecinos que la desconocían.
El cuerpo de Micaela apareció en la casa de una persona conocida como Pato Cenizo, en el barrio La Paloma de El Talar, el 17 de enero de 2013. Su familia denuncia que allí eran obligadas a prostituirse ella y otras chicas menores de edad.
La Pulseada tuvo acceso a declaraciones testimoniales de la causa que se tramita, todavía como suicidio, en la oficina fiscal sede El Talar (departamento judicial San Isidro). Seis personas aseguran que la adolescente fallecida quería escapar de Cenizo, un hombre de más de 40 años con antecedentes penales, pero estaba amenazada y tenía mucho miedo. También coinciden en señalar que cuando destaparon el cuerpo de la víctima en el cajón “estaba toda golpeada, en las manos, en la boca, en las piernas, en los brazos y en la espalda”.
La mamá de Micaela, Nancy Fernández, aportó el testimonio más fuerte. La mujer involucró directamente a la comisaría 6º (El Talar). Del documento judicial surge que “su hija le comentó que en la casa de Cenizo se presentaban policías para dejarle droga y que el nombrado la obliga a tener relaciones sexuales con algunos efectivos policiales”.
Nancy también denunció en su testimonial que el día que falleció su hija la trasladaron a la comisaría de Talar centro y “allí varios policías le propinaron golpes en diversas partes de su cuerpo. Uno de ellos dijo ser el comisario y, además de agredirla físicamente, le ordenó que no dijera nada de ellos ni de Cenizo, que ya él manejaba a este último”. “India de mierda, con el Pato Cenizo no te metás porque lo manejó yo, me dijo el comisario”, contó la mujer a los medios de prensa que le dieron espacio.
El 15 de marzo, el presidente del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), Daniel Fernández, le solicitó al fiscal Diego Molina Pico una copia del expediente, y le avisó que el área indigenista de la Nación se hacía eco de los reclamos de la comunidad.

Resonancia local

El concejal Luis Cancelo (Unidad Popular-FAP) asegura esta revista que no recuerda otro caso similar en el partido de Tigre: “Esclavitud sexual, trata de personas, de eso nunca escuché nada”. Pero aclara que la prostitución tiene una larga historia en la zona: “Tigre y San Fernando fueron la cuna de la prostitución a principios de siglo, venían los ricos al hotel donde hoy está el Museo de Arte Moderno e incluso traían chicas desde Europa. Pero esto es otra cosa: me agarrás una nena de 12 años, me la drogás, me la prostituís…”.

“Massa, hacete cargo”, fue una de las pintadas en la fiscalía y en la comisaría de El Talar en la movilización realizada el 5 de abril, cuando unas 200 personas se reunieron para pedir justicia por el crimen de la adolescente qom.
En diálogo con La Pulseada, el referente de la comunidad y abuelo de la víctima, Eugenio Fernández, destacó: “Hasta ahora nunca habíamos tenido una manifestación de apoyo. El reclamo de tierras está pendiente, no es de ahora, es de hace tres o cuatro años. Después de la marcha es como que estamos más seguros, nos sentimos más acompañados”. Si bien el Municipio de Tigre, algunas escuelas y organizaciones conocían de la existencia de Yecthakay, “más ahora resalta la comunidad indígena por la difusión en los medios del caso de Micaela”, dice Eugenio.
“A través de un hecho tan doloroso como éste, miles de vecinos de Tigre se han enterado de la existencia de una comunidad indígena —evalúa el concejal Cancelo—. La mayoría lo desconoce porque la histórica política de los últimos 20 años ha sido parte de la lógica de los últimos 500 años: invisibilizarlos”.

Un legado

La muerte de Micaela también pone de relieve la problemática de los derechos humanos de los pueblos indígenas en las zonas urbanas del Gran Buenos Aires, donde hay unos 200.000 integrantes de pueblos originarios según el INAI.

La Secretaria Ejecutiva del Consejo Provincial de Asuntos Indígenas bonaerense, Gabriela Comuzio, considera que situaciones similares pueden repetirse en otras comunidades urbanas de la provincia. “No creo que sea un hecho aislado, esto está generalizado, sólo que no se denuncia —afirmó en declaraciones al portal Indymedia, y consideró que este caso puede ser un punto de inflexión—: La muerte de Micaela deja un legado”.
Aunque el crimen esté vinculado a la trata y explotación sexual de una persona menor de edad, su abuelo, su mamá y otros referentes indígenas no pueden evitar relacionarlo con la lucha ancestral por las tierras. Dice el referente de Yecthakay que para los hermanos en las provincias este caso puede ser una sorpresa, porque se cree que en Buenos Aires hay más derechos: “Parece mentira, yo antes representaba a mi comunidad y matan a uno de mi familia. Parece que hay una masacre que no se nota, porque es de a poco”.
El reclamo de Yecthakay no se resuelve y la muerte de una de sus niñas no parece ser tomada en serio por las autoridades. Pero el Paseo Victorica, la costanera mas coqueta del distrito, sigue homenajeando al General Benjamín Victorica, responsable de la conquista militar del Gran Chaco, que izó la bandera argentina con la cabeza del Cacique Yaloschi. “Hubo una matanza contra nosotros, fueron nuestros ancestros saqueados. Estamos siendo tratados como si fueran aquellos tiempos”, dice Nancy.

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