DICIEMBRE 2003

Cecilia Todd

EL DULCE ENCANTO

Por Juan Bautista Duizeide

Es el máximo exponente de la música folklórica venezolana, y una de las intérpretes latinoamericanas que marcan un antes y un después. Argentina, gracias a una gira que afortunadamente incluyó a La Plata, volvió a tener el privilegio de escuchar a esta verdadera anti-diva de voz prístina, sonrisa aniñada y gracia sin poses ni renuncia

Los jirones de una sudestada excepcionalmente furiosa, aún sacuden árboles y paraguas por todo Buenos Aires. Gris, llovizna y frío, dominan la ciudad, quizás el último coletazo invernal en esta primavera ya casi verano. Abrigos y minifaldas, botas de goma y tacos aguja, se contradicen entre los charcos. Los canillitas vocean catástrofes, evacuados y muertos. Otro tanto habrá hecho o estará haciendo el canal de televisión adonde se fijó la cita con esa mujer, a la salida de un reportaje en vivo que le harían. Basta asomarse, y ella que sonríe desde el asiento donde espera, ella que pregunta, "¿eres tú?". Y es como un hálito tibio de Caribe y simpatía que por un momento parece vencer a las distancias, al invierno, a cualquier catástrofe y hasta a la misma muerte.

Camino del bar que esté a mano, ella cuenta del vicio irreprimible al que sabe ceder en sus incursiones porteñas, un vicio que la hace jalar bolsos pesadísimos y pagar por exceso de equipaje en los aviones: "Yo muero por ir a las librerías de aquí, que además conservan esa figura del librero que puede guiarte, aconsejarte. Comparativamente, hay una octava parte en Venezuela de lo que se consigue en la calle Corrientes. Además, allí es cariiiiiiisimo. Cada vez que estoy me llevo containers. Los libros son lo que más me gusta; en eso gasto. En ropa no gasto, evidentemente, ¿no?", coquetea, sencilla y bellísima.

Años
Ya al reparo, mientras un té como para mimar su garganta le lanza señales de humo, hay también unas palabras para nuestra ciudad. Muchas fueron las veces que cantó en el mítico Almacén San José. Y hasta recuerda al inmenso Eduardo Rovira, por entonces exiliado en las diagonales, animador a puro fueye y talento de las noches platenses. Es que Cecilia no es en absoluto una extranjera. Podemos afirmar, sin temor a celos o incidentes diplomáticos, que su florecimiento se produjo en Argentina, adonde llegó en 1973. En tres fructíferos años de estadía, estudió técnica vocal con Susana Naidich -maestra de cantantes-, cantó, grabó, fue amada y aplaudida, recibió el espaldarazo de Mercedes Sosa, y se la consideró la más importante revelación folklórica.

De aquella época es su primer LP: "Un disco que no fue producido. Simplemente que un amigo, Naldo Labrín, músico de Huerque Mapu, me dijo vamos a grabar una cinta para que vean lo que haces. Nos fuimos a un estudio y grabé las canciones que yo cantaba en mi casa, sin ninguna producción de nada, sin pensar esto va a ser un disco. Y eso fue lo que quisieron que quedara. Después le montamos los demás instrumentos. Domingo Cura en percusión, Cacho Tirao en guitarra, y Horacio Corral, el director de Buenos Aires 8. Así fue, así salió: sin pensarlo, sin diseñarlo, sin imaginarme lo que iba a ser. Yo estaba empezando, pero empezando-empezando, pues", rememora.

Tras el verano del '76, Cecilia regresó a su Caracas natal. Volvimos a tenerla recién cuando la dictadura cívico militar se derrumbó. Desde entonces, su derrotero musical -que abarca tanto Finlandia como Estambul, Londres, París, Praga o Cuba- incluye a la Argentina. En la última pista de su último disco -Canciones de Henry Martínez- el bandonéon de Rodolfo Mederos es otra prueba de esos lazos que desafían al tiempo y las vueltas de la historia. "A Rodolfo lo conocí hará como hace quince años. Siempre habíamos pensado en tocar algo juntos; no sabíamos qué. Cuando hicimos este último disco, quisimos tener como invitado algún músico o cantante de aquí. Y bueno, se dio la posibilidad de que fuera él. A tu regreso -que yo ya lo había grabao anteriormente- fue vuelto a arreglar por Willian Sigismondi pensando en la sonoridad del bandoneón. Es un lujo que me di".

Tonos
Cecilia Todd, a diferencia de otras grandes cantantes de nuestra América, eligió concentrarse en el folklore de su país. En pocos o ningún caso, se ha dado una identificación tan profunda entre una intérprete y un repertorio. Pese a esa limitación autoimpuesta, sorprende la altísima y pareja calidad musical y poética de lo que Cecilia canta. Para nada una casualidad, sino el fruto de un trabajo paciente: "En busca de repertorio, he recorrido bastante el país. También trabajé con el Instituto Nacional de Folklore, ellos me abrieron sus archivos musicales, muy importantes. Y una vez que uno empieza a cantar, ya la gente se te acerca. Pero la selección siempre es ardua. Por ahí me llegan canciones muy buenas musicalmente, pero la letra no está a la altura de la música; o al revés, letras muy buenas, muy bonitas, muy poéticas, pero la música no es tan buena. Se hace por eso difícil. Yo, para el tiempo que llevo cantando, he grabao muy pocos discos. Diez".

Entre las revelaciones que esos pocos discos nos deparan, se encuentra sin duda lo que para los argentinos es un descubrimiento absoluto: Henry Martínez, a cuyas composiciones está dedicada íntegramente la última producción de Cecilia. "Aunque ya dejó, fue médico muchos años. Siempre compartió ese trabajo con la composición y la guitarra. Nació en Maracay, en el estado Aragón, cerca de Caracas. Desde hace más de veinte años que sus canciones se vienen conociendo en nuestro medio musical. Es un pilar en la música venezolana. Todos los cantantes y los grupos instrumentales incluso, tenemos canciones de Henry en el repertorio. Es muy bueno tanto en las letras como en la música". Ahí están para probarlo joyas como Cuando la mar, la mar, Oriente es otro color o Seda luz.

Y qué decir de Gualberto Ibarreto, esa voz tan terrestre y a la vez como de otro planeta, que la acompaña en Polo de lo que quiero (del disco Una sola vida tengo) y en Oriente es otro color. "Es para mí el cantante más importante que hemos tenido como voz. El y Francisco Pacheco. Pero Gualberto tiene una voz para mí espectacular. El es oriental, de un pueblito que se llama Pilar, en el estado de Sucre. Y se ha especializado en cantar música de su región. Es una persona muy cercana, tenemos una relación amistosa muy fuerte. Es un personaje muy querido. Yo creo de verdad que a nivel de público y a nivel de calle, es el artista más querido dentro de Venezuela. Muy popular, en el sentido de pertenencia al pueblo. Muy espontáneo; no tiene ningún tipo de postura. El es... como es. La gente se siente muy identificada con él. Lo quiere muchiiiiiisimo (la forma en que ella alarga la i de esa palabra, es en sí misma una canción). Andar en la calle con Gualberto es imposible. Todo el mundo lo saluda, lo abraza. Es una cosa muy bonita. El empezó a grabar por el año 75. De ahí para acá la carrera de él ha sido algo impresionante. Igualito nadie sabía quién era, él cantaba en la universidad y en su pueblo, era serenatero. Cantaba muchas serenatas en Mérida, donde estudiaba. Y de repente le llegó la posibilidad de grabar un disco y fue... ¡Una locura total! Hasta el día de hoy".

Pasiones
El cuatro, esa especie de pequeña guitarra típica del folklore venezolano, suena en casi todo lo que Cecilia canta. Así una pieza como Caramba, compartida con el piano de Chuchito Sanoja y cercana a la canción de cámara, resulta toda una rareza. En la tapa de los discos -Una sola vida tengo-, aparece de niña y ya con el cuatro en brazos. "Siempre toqué cuatro porque mis hermanos siempre tocaron", refiere ella. "Un poco imitándolos. Yo soy la menor. De seis. Desde muy pequeñita he estado tocándolo. Siempre". El comentario obligado es que la alumnita superó con creces a aquellos maestros. "Y bueno, es que yo fui la que se dedicó a eso...", los defiende y libera una carcajada contagiosa. "El cuatro es como mi idioma madre. Estudié casi dos años de piano, hace muchísimos años, y también guitarra. Pero realmente el cuatro es lo mío, porque acompaña toda la música venezolana. Forma parte de mí".

La mar es otra hermosa presencia en ese cancionero. A la mar, así como le dicen los habitantes de Isla Margarita, están consagrados versos y versos. Cecilia fundamenta: "Sucede que Venezuela tiene muchísima costa. De este a oeste, todo el norte es costa. Y yo particularmente tengo pasión por el mar. De toda la geografía es lo que más me gusta. No hay mar en Caracas porque lo separa una montaña, pero a media hora lo tenemos. Y siempre estoy permanentemente en contacto con el mar, siempre. Yo soy pescadito, soy Piscis, del 4 de marzo. Por ahí de alguna manera esa identificación...", vuelve a reírse. "Además me parece que el mar es riquísimo. A mí me gusta mucho, por ejemplo, todo el trabajo de Jorge Amado que se relaciona con el mar. Toda la vida de la gente de la costa, todo eso me parece muy lleno de historias, de cuentos, con una personalidad muy fuerte. Creo que el hombre de mar tiene una forma de ser muy particular. Pasa lo mismo con los gallegos, que son tan pescadores, con los isleños, los que viven en Cuba, Santo Domingo, las Canarias. Hay una cultura marítima muy fuerte".

Y por la mar precisamente fue que llegaron los dos linajes de Cecilia, españoles y el escocés Todd, que suena a nombre de pirata, cosa que traída a la conversación, parece encantarle a ella: "Yo creo que sí. Que ese hombre ha sido pirata. Me gusta más que haya sido pirata y no un conquistador; más divertidos los piratas, un poquito más divertidos los piratas. De hecho era marino mercante, así que algo de pirata tendría. Foto de él no hay, no había, ahí te habría podido decir si tenía un parche en el ojo".

Luchas
A pesar de la consagración internacional, Cecilia no transita precisamente por una senda de flores: "Además de la dificultad para encontrar repertorio, ha sido siempre complicao para esta música el acceso a las grabaciones. En su momento existió una buena compañía pequeñita. Estábamos Gualberto, Alí Primera, yo... Pero después fue absorbida por las dos grandes compañías de los dos grandes canales privados de la televisión venezolana. Y después esas dos compañías fueron absorbidas por las grandes transnacionales. Un proceso que se viene dando en forma parecida en todos laos. Ahorita ya todo lo que hacemos es producciones independientes porque no hay otra manera".

Tampoco la difusión es de lo mejor: "Los conciertos siempre son muy concurridos, pero no hay un espacio en otros sentidos. Por ejemplo, en la televisión no hay un programa musical, no existe. Directamente no hay. Entonces no salimos nunca. Y en la radio, cada vez más, se oye música puramente comercial. Un fenómeno que vengo viendo por donde voy pasando. Aquí se escucha lo mismo que en Brasil, que en México o que en España. Un producto que se fabrica en un lugar para distribuir por todas partes, imponiéndolo porque así es más negocio. Hay emisoras que su lema es no pasar música nacional. Por supuesto hay gente que se está ocupando de eso. Se está tratando de hacer una ley que proteja un poco a la música nacional. Es que hemos llegado a unos extremos preocupantes. Ahora se está discutiendo en el Congreso la Ley Orgánica de la Cultura, una ley que va a proteger al artista nacional, a todas las manifestaciones culturales".

El tema es de los que la desvela. Deplora que sea tan enrevesado para los latinoamericanos intercambiar su producción, conocerse sin que medien los grandes pulpos: "Todos los que andamos en la vida, en la calle, tenemos que oír la misma música que cierta gente quiere que uno oiga. Por ejemplo, Lucecita Benítez, que es una cantante portorriqueña famosísima allá, ¿cómo hace uno para conocerla? Uno se anda pasando discos como clandestinamente, antes grabábamos en cassette y ahora tenemos discos quemaos".

Dan ganas de seguir conversando eternamente. Pero dejamos ir a Cecilia Todd bajo una estricta condición: que ni se le ocurra, con este frío y este ventarrón, resfriarse. Para que nada altere la pureza de tamaña voz. Y que así ella pueda seguir recorriendo caminos como una embajadora de las palabras justas, repartiendo espigas de libertad, haciéndonos sentir, por siempre, que sean cuales sean las tormentas y negruras, el cantar tiene sentido.

CLIMAS
Juancho que va y viene, que revisa y revisa para que todo esté bien, para que cada cual encuentre su sitio desde donde disfrutar. Miguel en la consola, maniobrando perillas como si las acariciara, para que se porten bien y ni se les ocurra la travesura del más mínimo ruido. La gente colma el teatro, falta sólo que haya butacas en el techo. Cuando ella se aparece, sola, con un largo vestido que combina rojos y naranja, el aplauso amenaza no dejarla comenzar jamás. Al fin Cecilia está en La Plata.

Pero ni bien suenan su cuatro y su voz, hay uno de esos silencios como el que, cuentan los charrúas viejos, se hizo en el Maracaná después del gol uruguayo que valió una copa del mundo a unos y una tristeza que não tem fim a los otros. Entra el grupo de guitarra, contrabajo y teclado, formado por tres argentinos, y se van sucediendo los aguinaldos, joropos, merengues, malagüeñas, polos y demás géneros del folklore venezolano. Melancolía, ternura, humor, euforia, ironía, se suceden, se relevan, se entrelazan y dialogan.

Para cada canción tiene Cecilia unas palabras, que vuelven al recital un verdadero recorrido por la geografía y la cultura venezolanas. Habla de las parrandas y de las fiestas religiosas, que también algo de parranda tienen, de cómo se relacionan esos hábitos festivos con la música y el canto. Asocia cada género a cada región, habla de los instrumentos, de los compositores, de cómo se mixturaron las influencias españolas, indígenas y africanas. Bromea un poco a costa de sus músicos, los cuales, asegura, "eran bien cuerdos cuando los conocí, pero se volvieron locos para sacar el ritmo de 5/8". En esa exposición, no hay asomo de arrogancia , todo es ganas de compartir.

Cuando se refiere al género llamado "golpe", termina escapándose de la musicología, pícara, y dice "en Venezuela también ha habido otro tipo de golpes, algunos fallidos... Afortunadamente". Se refiere al que intentó, con el apoyo de los EE.UU., el empresario Pedro Gutiérrez Carmona. "Duró 26 horas. ¿Saben cómo le dicen desde entonces?", pregunta . Y se contesta: " Pedro el breve". Todo es risas y aplausos. Alguien sacude una bandera de Venezuela.
No hay canción que no haga vibrar de aplausos la sala. Aunque algunas, más sabidas, ya le arranquen como un terremoto a esas paredes. Y así, tras cantar Pajarillo verde, Cecilia un poco reconoce, un poco reprende y otro poco festeja: "Esta canción no necesita que la presente. Hace unos días se cumplieron 31 años de mi primer concierto como profesional. Y me la siguen pidiendo. No hay caso, no me puedo librar de ella".

Con todo, aún tiene energías como para ponerse a enseñarle coros al público. Primero es bendita la flor morena, y luego trabalengua pa'bailar. Termina ella misma aplaudiendo, asegura que este coro es el mejor que ha oído en lo que lleva de la gira. Invita a la gente a que la siga, si no cómo va a hacer en ciudades donde la gente no canta tan bien. Con tanto conocimiento como malicia, remata: "¿Qué vamos a hacer en Rosario, donde no hay músicos?".

No hay manera de irse. Un bis y otro, y otro se le ruega, se le exige. "Uno más y no jodemos más", miente el cantito que desentona el coro, de pie. Antes del último bis, La embarazada del viento, sin que se le note el mínimo de fatiga en la voz o en la sonrisa, Cecilia se sale con otra de las suyas: "Yo les voy a preguntar algo, ¿ustedes a estas horas no tienen hambre?".
JBD

RAZONES DE LA MAR
Yo estaba enamorado de esa voz. El barco cruzaba olas y noches, y yo a solas en mi camarote, descansando del trabajo y las guardias, escuchaba El sapo, Constancia de un pescador, La lavandera. Eran años de descubrimiento y conquista: nuestros increíbles mares y costas, la certeza de volverse adulto, los libros que hasta hacía tan poco estaban prohibidos, las voces fundamentales hasta hacía tan poco exiliadas, los discos desaparecidos. Violeta Parra, Yupanqui, Zitarrosa, Cecilia Todd, Elis Regina. Demasiados eran los compañeros de tareas convencidos con que la globalización y las privatizaciones y el primer mundo bla bla bla. Pero aquellas voces me hacían pensar otras cosas. Mientras tanto, proyectaba algún día bajarme de los barcos y estudiar periodismo. Soñaba lo bueno que podría ser, con muchísima suerte, llegar a hacerle un reportaje, por ejemplo, a Cecilia Todd.
Ahora ella está justo ahí, al otro lado del mar negro de mi café. Ella, que me pregunta, con esa voz: "¿Y tú no has sio pirata?". Mucha agua pasó por la estela, y los argentinos nos quedamos sin barcos, sin aviones, sin trenes, sin petróleo, sin fábricas, sin Argentina casi. Y la voz de Cecilia indemne. Más que una voz, un milagro. Hoy la necesitamos como nunca, "como la aurora que busca su despertar".
JBD

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