“Mi madre fue víctima de la inundación y debería figurar en el registro”

Rosa murió dos meses después del temporal. La noche del 2 de abril resistió en barrio Norte pero luego sufrió dos ACV en una semana. Su hijo, Daniel Olivera, plantea que el caso debería ser computado en la lista de víctimas fatales.

Tenía 85 años y buena salud. La extraordinaria crecida del 2 de abril la agarró en su casa de barrio Norte, donde pasó la noche con mucho miedo y logró ser rescatada con vida a la mañana siguiente. No obstante, Rosa Cayetana Miranda murió el 5 de junio pasado, tras dos ACV sufridos en una semana en los 10 días posteriores al temporal. Después del segundo episodio, Rosa soportó una larga internación. Su hijo, Daniel Olivera, está convencido de que “ella fue una víctima de la inundación y debería figurar en el registro”.

Como los casos de Francisca Ibarra y Alejandro Nucitelli (fallecidos 12 y 15 días después del temporal, respectivamente), el de Rosa pone en crisis el criterio oficial de conteo más cerrado, que sólo considera víctimas asociadas a la inundación a personas ahogadas o electrocutadas entre el 2 y el 3 de abril.

La mujer vivía sola hacía 11 años, en su casa de 34 entre 13 y 14. “Tenía una salud buena, se manejaba, vivía sola, tenía una pareja que no vivía con ella, o sea que ella hacía todos sus trámites, nos visitaba a nosotros… —describe Daniel—. Si vos me decís ‘¿fue provocado por la inundación?’, yo te digo que sí”, sostiene, en diálogo con La Pulseada, a casi tres meses de la inundación y menos de un mes de la muerte de su mamá. Él recién se está empezando a reponer de un sinfín de peripecias médicas y aún debe afrontar la reconstrucción de la casa de Rosa.

Casa de Rosita

“Esa noche le dio mucho miedo. Quiso salir pero tenía miedo de que se la llevara la corriente. El agua le movía sillas y mesas —describe Daniel—. Ella se llevó una silla a la cocina y tomando mate resistió toda la noche”. Por papeles que encontraron sus familiares cuando llegaron a buscarla al día siguiente, aparentemente Rosa tomó notas de lo que iba viviendo y escuchando por radio: “tantos muertos, tantos evacuados”…

Por el agua que cubría la ciudad, Ariel, hijo de Daniel y nieto de Rosa, no logró llegar a lo de su abuela esa noche, ni desplazarse por casi ningún lado. De hecho había llegado de una reunión familiar en la localidad de Benavidez y debió ser rescatado por un amigo en un departamento del centro platense. Daniel, en tanto, de Benavidez se volvió al barrio de Devoto “porque en casa había grandes problemas”, recuerda. La Ciudad de Buenos Aires estaba anegada.

Recién al día siguiente, el 3 de abril a eso de las 7.30 u 8 de la mañana, Ariel logró llegar a barrio Norte. Y un rato más tarde consiguió hacerlo desde Buenos Aires Daniel. Rosa “había pasado una noche tremenda pero estaba relativamente bien… nos abrazamos”, recuerda ahora su hijo. “Estaba shockeada, no hablaba mucho del tema… La llevamos a Benavidez porque en Devoto seguíamos sin luz. Ella estaba bien… los días siguientes la pasamos bien, charlamos, cocinó… pero el viernes a la mañana la fuimos a despertar y le había dado un ACV”.

Daniel pone el acento en que ese día era el que tenían que volver a una ciudad de La Plata desvencijada por la inundación: “En el momento en que ella tiene que volver a reconstruir su casa le da el ACV”, señala.

Cuando la encontraron, Rosa estaba inconsciente. “La llevamos al hospital de Pacheco, que era el más cercano, y tenía un ACV”, resume Daniel. Su madre estuvo internada cuatro días. No podía hablar “pero se hacía entender y comía”. Por eso la pudieron trasladar de nuevo a Devoto. Pero el 12 de abril sufrió otro ACV, en el otro hemisferio, “y ya quedó sin ninguna posibilidad de recuperación”, lamenta Daniel. Rosa permaneció con respirador artificial en terapia intensiva del hospital Zubizarreta hasta que falleció el 5 de junio. Está enterrada en La Plata.

Alejandro Nucitelli, Francisca Ibarra, Rosa Miranda y Elena Esther Gandolfo de Couso murieron días, meses después de la inundación, por consecuencias derivadas de ésta (sólo Alejandro fue nombrado por las autoridades del Ejecutivo provincial). Algo parecido podría ser aplicable a una mujer que se quitó la vida dos o tres días después del temporal, por tristeza o desesperación, como le contaron dos vecinos, en La Loma, a esta revista.

 

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