Mailén, volviendo por todo

113-MailenMilagro de Cajade, de la risa, de la vida… La increíble recuperación de nuestra nena, declarada “en estado vegetativo” tras electrocutarse en febrero en barrio Aeropuerto, ya supera toda explicación. Sorprendidos, no terminábamos de escribir un relato de su visita al Hogar en silla de ruedas cuando volvió a aparecer… ¡caminando! Repasamos lo que fue y lo que es ahora, pero apurados: ¡no se le vaya a ocurrir correr una maratón y tengamos que rehacer todo!

Por Pablo Antonini

Colaboraron Carina Pérez, Marcelo Santillán, Josefina López Mac Kenzie

El lector usual de La Pulseada ya lo sabe, pero repasemos para recién llegados: fue el 7 de febrero pasado, alrededor de las 18, en 5 bis y 605. Mailén Cantero, de 8 años (desde los 7 integra el Hogar de Cajade), estaba de visita en lo de Eduardo, su papá. Jugaba en la vereda cuando recibió una fuerte descarga de un poste de alumbrado público; el peligro no era nuevo: los vecinos habían hecho muchas denuncias porque “daba patadas”…. Hay una causa penal iniciada, hasta ahora sin avances (ver Causalidades y políticas malditas).

Mailén cayó seca en el suelo y su papá empezó a pedir ayuda, desesperado, a los gritos. La ambulancia nunca llegó y un vecino la llevó al hospital de Niños de La Plata.

Hasta la primera reanimación ya había pasado más de media hora, cuenta su tía Lidia. “La reanimaron con electroshock. Encima que tuvo electricidad, para reanimarla tenían que darle más electricidad”.

“Nos quedamos todos en el Hospital hasta la madrugada, porque ella tenía que pasar sí o sí las 12 horas. Si en ese lapso no hacía un paro, pasaba”, recuerdan en la familia que les explicaron los doctores.

Tampoco faltó cierta brutalidad policial: “Me vine para el Hogar a cambiarme y llevar cosas —reconstruye Lidia—. En cuanto llego aparece un policía a decirme que la nena había fallecido… ¡No puede ser! Le digo, ‘recién vengo del hospital’.  Y el tipo insistía que sí, que del destacamento de Aeropuerto le habían mandado al de Arana para avisarnos. Yo entro desesperada y los llamo a ellos: ‘¡¿Qué pasa?! Vino la policía a decirme que Mailén falleció’”.

El llamado fue una bomba para toda la familia apostada en el Hospital. “¡Se armó un quilombo! Se fueron todos corriendo a Terapia, a mi hermana le dio un ataque de nervios”, recuerda Lidia. Completa Estela, que estaba del otro lado: “Llegamos como locos a terapia y había uno de la Municipalidad y un policía, que se enoja encima con nosotros, diciendo ‘tu hermana te está mintiendo’… ¡La acusaban a ella!”. Los uniformados terminaron pidiendo disculpas; alegaron que había habido “un teléfono descompuesto”.

“Entonces allá los médicos agarraron a mi hermano y a la mamá, y les dijeron que a los únicos que iban a informar si pasaba algo era ellos. A nadie más”.

“Todas pálidas”

Pasaron las 12 horas y los pronósticos eran sombríos. “Estado vegetativo”, les dijeron. “Daban los partes médicos al mediodía y eran todas pálidas. Nos remarcaban mucho: ‘Ustedes piensen que el cuerpo humano lo máximo que aguanta son 5 minutos en que no le llegue oxígeno a la cabeza, y ella estuvo media hora.  Entonces prepárense, que si sale no va a ser la nena que era antes… no va a reír, no va a reconocer, no va a poder moverse, no va a comer, no va a hablar, no va a hacer nada’ —recuerda Estela—. Y lloraba, pobrecita…  era el único sonido que hacía; se acalambraba, se quedaba toda dura del llanto”.

Se turnaban para acompañarla y se reunían en la ermita del Hogar para rezarle al cura. Primero, por su recuperación en general. Después decidieron ser más específicos: “Como la nena estaba en coma farmacológico, todas sus funciones corporales eran asistidas —explica Lidia—. Un aparato para respirar, otro para mantenerle el corazón latiendo… —Entonces fueron pidiendo aparato por aparato—. Una noche le pedimos al cura que le sacaran la pastilla del corazón y al otro día no la tenía más. Después le pedimos que le sacaran el respirador: a los tres días se lo sacaron. Y así con todo”.

Hasta que en abril pasó a terapia intermedia. Seguía sin poder hablar ni moverse, todo el día con dolores. Se seguían turnando para estar con ella, y una de esas mañanas, tomando mate a su lado, la tía fue testigo de la primera sonrisa.

En mayo la trasladaron al San Lucas, un centro especializado que queda en Olmos. Ahí le sacaron “los últimos aparatos —detalla Estela—. Unas sondas que tenía porque supuestamente nunca iba a poder comer con la boca y le iban a tener que hacer un botón gástrico en la panza, para que se alimentara por ahí”.

Predicciones apresuradas

Ahí, repasan las tías, “todo se aceleró”. El 5 de junio dijo su primera palabra: “Mamá”. Empezó a hablar y reconocer, a participar en los talleres de cocina y teatro del Hospital, a reírse todo el tiempo. “Hay verdad en eso de que la risa cura”, afirma Carina Pérez, asistente del San Lucas que siguió paso a paso su recuperación en esta segunda etapa. Como “payamédica”, es una de las encargadas de garantizar el asunto, y también se ríe “un montón junto a Ramón, el encargado de la tarde, y a Romina, una asistente de la mañana”,  puntualiza. Todo el equipo del San Lucas está enamorado de esta nena, y tampoco lo pueden creer.

“Es una luchadora”, resume Lidia. El 14 de julio volvió en silla de ruedas, por primera vez, de visita al Hogar. Habló hasta por los codos, se comió un buen plato de fideos con carne, reconoció a todo el mundo e hizo anuncios. Dijo  que empezaba otra rehabilitación y que el 7 de agosto iba a volver a caminar. ¿Por qué ese día?, le preguntamos. No sabía, pero repetía “quiero caminar”, y se le había puesto esa fecha en la cabeza.

Sin embargo, no pudo cumplirla… ¡Se adelantó! El entusiasmo fue más fuerte que la predicción y el 24 de julio ya estaba dando los primeros pasos. Así que el 7 de agosto se fue acompañada por una asistente y una enfermera, caminando, a la parroquia de San Cayetano. El 11 de agosto, cuando volvimos a verla, jugaba a las escondidas al trote con otros chicos en casa de sus “abuelos de corazón”.

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