La Pulseada en el Paco Urondo

“Hoy nos reunimos en el Centro Paco Urondo para contar la historia de una revista, La Pulseada, con un proyecto editorial que me pareció de excelencia. Toda la problemática que aparecen en sus números tiene que ver con la llamada realidad nacional y a partir de una noción de proyecto nacional. Entiendo que el Paco Urondo es un buen lugar para hacer esta presentación porque de alguna manera hay una coincidencia ideológica entre los objetivos de este Centro y la línea editorial de la revista”, comenzó diciendo la profesora Graciela Dragoski, directora general del Centro Cultural Francisco Paco Urondo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, aquella tarde del 1 de junio en el edificio ubicado en 25 de Mayo 221 de la ciudad de Buenos Aires.

El Centro Cultural, se fundó en 1973 bajo los principios de la llamada Ley Taiana que le otorgaba “un espacio importantísimo a la extensión universitaria que antes quedaba reducida a un segundo término”, explicó Graciela y agregó que “fundamentalmente fue armado por Paco Urondo, que por aquel entonces era el director de la carrera de Letras”. Después llegó la dictadura y “con el proceso militar hubo desapariciones simbólicas como el Centro Cultural”, que se reabre hace 6 años cuando Héctor Trinchero asume como decano de Filosofía y Letras.

Graciela Dragoski hizo un recorrido por temas y artículos publicados por La Pulseada y dijo que quedó “impactada al leer en la revista el derrotero de Rodolfo Walsh y ver una hermosa foto de Walsh con Paco Urondo”. Es que, como aseguró luego “Paco siempre está presente”, y miró hacia un retrato ubicado en el frente del salón en donde hicimos la presentación de la revista del padre Cajade, que fuera realizado por el artista plástico paraguayo Alberto Barrett, nieto del escritor Rafael Barrett. Todo un símbolo del regreso a “los proyectos nacionales, populares y latinoamericanos”.

Para los que integramos La Pulseada fue un orgullo haber presentado la revista en el Centro Cultural Paco Urondo. Desde acá, un agradecimiento especial para Graciela Dragoski, para nuestra compañera Soledad Iparraguirre y para Marina Sikora del Instituto de Historia del Arte Argentino y Latinoamericano de la UBA.

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